Economía andino–tibetana

jueves, 17 de mayo de 2012
Publicado en el diario La República el 27 de abril de 2012

Así califica el Alcalde Mayor de Bogotá a la economía bogotana, porque es “casi autárquica”; la producción se orienta a su mercado interno, poco al mercado nacional y nada a exportación, salvo las flores que no produce. Lamenta el infortunio de estar lejos del mar y de ríos navegables, pues los onerosos costos de transporte por carretera y la deficiente estructura vial le quitan cualquier competitividad a la ciudad.

Concluye que el TLC con Estados Unidos exige a Bogotá un salto a una economía vinculada al mercado internacional; pero el Plan Nacional de Desarrollo no incluyó obras de infraestructura como la vía férrea hasta Puerto Salgar para conectarse con el río Magdalena y el mundo.

En realidad, la calificación de andino–tibetana podría aplicarse en general a la economía colombiana y no sólo a la bogotana. Y no por el hecho de estar lejos del mar y de los ríos navegables.

La organización geográfica de la producción colombiana es herencia del modelo de crecimiento hacia adentro, implementada en el país desde la década del cincuenta y hasta bien entrada la del ochenta. Se postulaba que el mercado interno era la base para el desarrollo del país y que, por lo tanto, la producción se debía ubicar cerca de los grandes centros de consumo.

Pero el cambio a un modelo de economía abierta conlleva una nueva organización de la geografía económica. Ahora lo deseable es que la producción exportable se ubique cerca a las fronteras para reducir los costos de transporte hasta los puertos.

La apertura económica de comienzos de los noventa no tuvo esos efectos, porque los rentistas del proteccionismo se las arreglaron para “diseñar” mecanismos sustitutos de protección. Por eso, en el índice de prevalencia de barreras al comercio del World Competitiveness Report Colombia aparece clasificado 110 entre 149 economías.

Veamos lo que dicen los datos sin minería, para quitar la distorsión en las comparaciones: Bogotá exporta en productos no minero–energéticos el 3.8% del PIB no minero, lo que indica que en efecto es una “economía cerrada”; pero departamentos como Valle (6.9%), Antioquia (7.5%) y Atlántico (8.8%), también lo son en términos relativos. Los departamentos con mayor coeficiente de apertura son Caldas (13.8%), Risaralda (13.2%) y Cundinamarca (10.9%), todos ellos lejos del mar.

Las exportaciones no minero–energéticas per cápita de Bogotá en 2010 fueron de US$382, que es una cifra baja, pero similar a la de Antioquia (US$468), Atlántico (US$451) y Valle (US$440).

Sin embargo, Bogotá es la segunda región con menor concentración de las exportaciones (después de Atlántico) y la de mayor número de productos exportados. Mientras que en 2011 exportó 916 productos diferentes, Antioquia exportó 805, Cundinamarca 630 y Valle 626.

Los dos primeros indicadores comprueban que el país es relativamente cerrado, mientras que el de concentración y el de productos exportados indican que Bogotá tiene una posición mucho mejor que la del resto del país en materia de inserción internacional.

En el nuevo contexto de TLCs, es apenas lógico que algunas actividades se muevan a las costas para ganar competitividad, pero otras se quedarán y unas nuevas se desarrollarán. Además, no se puede perder de vista el gran potencial de Bogotá en la exportación servicios: es el primer destino turístico de Colombia y tiene oferta creciente en BPO, TICs y servicios empresariales (arquitectura e ingeniería, en especial).

Contrario a lo que piensa el Alcalde, es grande el potencial que tiene la ciudad para aprovechar los TLCs. Pero si el punto de partida es que Bogotá no exporta nada y que el gobierno nacional no le da las obras de infraestructura que necesita para conectarse al mundo, las perspectivas no son nada halagüeñas.

Financiación para crecer

Publicado en la revista MisiónPyme No. 51 de abril de 2012

En los años recientes la oferta de financiación para las empresas viene cambiando en Colombia. Esta es una tendencia importante, porque el acceso al capital es uno de los obstáculos principales para el crecimiento empresarial y para el desarrollo económico.

Hasta comienzos del presente siglo las opciones de financiación para las empresas estaban limitadas al crédito del sector financiero y al acceso del mercado de capitales. La literatura académica evidencia una relación directa entre la magnitud relativa de estos mercados y el desarrollo económico. Pero en el caso colombiano ambos son de un tamaño reducido.

El sector financiero se redujo con la crisis financiera de mediados de los noventa y apenas ahora está llegando al nivel que tenía hacia 1997. El Banco de la República calcula que el indicador de profundización financiera (cartera bruta/PIB) en diciembre de 2010 fue 32.9%, que es bajo en el contexto internacional.

El mercado de capitales también es pequeño en términos relativos. El número de empresas que cotizan es reducido y la emisión de bonos se restringe a empresas de gran tamaño. En esto pesan factores culturales, pues los empresarios tradicionales son poco proclives a la emisión de acciones y prefieren el crédito bancario.

Esto repercute en un exceso de demanda de crédito del sector financiero y el acceso queda limitado a la “crema” de las empresas. El resto se ve constreñido al uso de recursos propios y a caer en las redes de los agiotistas, lo que frena su velocidad de desarrollo.

Consciente de la importancia de derribar los obstáculos a la financiación, el gobierno viene trabajando en el entorno para el desarrollo de nuevos vehículos financieros, que permitan a las empresas tener una estructura de capital más diversificada.

En esa línea, se dio un giro en la operación de Bancoldex dejando su especialización en la financiación de los exportadores, para enfocarse más en las pymes. Ahora está avanzando hacia su estructuración como banco de desarrollo con nuevas funciones para el fomento del emprendimiento y la innovación.

Otro paso importante fue el programa Bancoldex Capital, mediante el cual se está conformando en Colombia la industria de fondos de capital privado. Ellos adquieren parte de la propiedad de una empresa ya constituida; esa inyección de capital más el acompañamiento gerencial aceleran el crecimiento. Una vez logrado ese objetivo, salen de la inversión, promoviendo la entrada de la empresa a bolsa o vendiendo la parte al socio o a otro inversionista.

Para el caso de las microempresas se desarrolló el programa de Banca de las Oportunidades. Este no sólo repercute en el aumento de los niveles de bancarización del país, sino que brinda recursos para mejorar las condiciones de vida de las familias que dependen de microempresas de subsistencia, alejándolas del fatídico gota a gota.

Actualmente se está trabajando en el fortalecimiento de las redes de ángeles inversionistas y la creación de fondos de capital semilla. Estos se enfocan en actividades empresariales que están en sus primeras fases de desarrollo y son, por lo tanto, de mayor riesgo.

Esta es una panorámica general, que demanda una exposición y evaluación más detallada de cada vehículo financiero. Pero queda claro que de cara al siglo XXI los empresarios colombianos contarán con mayores posibilidades de superar el obstáculo de la financiación y tendrán mejores condiciones para crecer sus empresas.

Productos primarios versus mercado interno

Artículo publicado en el diario La República el 12 de abril de 2012

En el foro sobre el TLC en la Cámara de Comercio de Bogotá, el alcalde Petro planteó la existencia de dos grupos de países en América Latina, según el papel que juegan en su desarrollo la integración al mercado mundial y el mercado interno.

Por un lado están las economías exportadoras de materias primas no renovables que están creciendo por el aumento de los precios internacionales de esos bienes: Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela. Por otro, las que hacen énfasis en el mercado interno y desarrollaron sus sectores industriales y agroindustriales: Brasil y Argentina. Mientras el primer grupo depende de la dinámica de la demanda mundial, especialmente de China, los otros están salvaguardados pues tienen una estructura productiva más diversificada y dependen de su propia demanda interna.

La realidad es un poco diferente a lo que plantea el burgomaestre, pues los dos grupos de países son exportadores de productos primarios. Según la Cepal, en 2009 en Argentina representaron 45%, en Brasil 42% y en Colombia 56% del total exportado. En México, que el alcalde no menciona, en 1990 fueron el 47% y en 2009 apenas el 15.8%; y no es un caso de desarrollo volcado exclusivamente al mercado interno, sino uno de integración con el NAFTA a Canadá y Estados Unidos.

Claro, en el caso de Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú y Chile, que tampoco mencionó el alcalde, predominan los productos mineros, mientras que en Argentina y Brasil los agropecuarios. Pero como los precios internacionales de los alimentos cambiaron radicalmente su tendencia descendente de largo plazo por una al alza, también han contribuido al crecimiento de los países productores.

El Atlas de Complejidad Económica, elaborado por investigadores de la Universidad de Harvard y el MIT, muestra que la complejidad de las estructuras productivas y de exportaciones de Brasil y Colombia es menos disímil de lo que se piensa. Ocuparon los puestos 52 y 54 entre 128 economías evaluadas (cuarto y quinto lugares entre 21 países de América Latina); México ocupó el puesto 20 en el mundo y el primero en la región, evidenciando de nuevo la compatibilidad entre diversificación de la producción y apalancamiento en el comercio internacional, en este caso mediante un TLC. En la clasificación quedan más atrás Argentina (puesto 57), Chile (78), Perú (89), Ecuador (93) y Venezuela (111).

Con relación al mercado interno, pareciera que se quiere repetir la historia del modelo de desarrollo hacia adentro. ¿Será eso lo que denominan modelo de crecimiento endógeno?

Sobre este tema es ilustrativo el caso de China. Mientras mantuvo su posición de economía “casi autárquica”, como el alcalde enuncia que es Bogotá, y se empeñó en un desarrollo basado en el mercado interno, logró ser la economía más pobre del mundo.

Con las reformas iniciadas en 1978, China se fue al otro extremo, pasando a depender del mercado internacional para su crecimiento. Ahora buscan una relación más equilibrada con el mercado interno; a pesar de ser la economía más poblada del mundo y contar con un ingreso creciente, el consumo es apenas el 35% del PIB, frente al 50% en el promedio de las economías de mercado.

Los argumentos expuestos indican que no es muy razonable empeñarse en un crecimiento basado exclusivamente en el mercado interno; y que algunas economías latinoamericanas han avanzado en la diversificación y complejidad de sus estructuras productivas y de exportaciones, independientemente del peso relativo de las exportaciones agrícolas o mineras.

Estas disquisiciones son vitales para la evaluación del Plan de Desarrollo capitalino, que, en palabras del alcalde, propone centrar el crecimiento económico en el fortalecimiento del mercado interno, “porque Bogotá no exporta”.

Profecías auto-realizadas

Publicado en Ámbito Jurídico No. 342, 26 de marzo al 15 de abril de 2012


A alguien le escuché la historia de una pareja pobre que vivía en un pueblo lejano y tuvo un hijo al que educaron con grandes esfuerzos. Como el muchacho era muy inteligente, usaron todos sus recursos para enviarlo a la capital a cursar la carrera de economía. Una vez graduado, aplicó a una beca y se fue a estudiar el doctorado fuera del país.

Ya liberados de la presión del gasto, pensionados y mayores de edad, compraron un destartalado restaurante que había en el pueblo, con el fin de tener alguna actividad. Fueron levantándolo gradualmente; atendían a la clientela con mucho cariño; compraron nuevas mesas y sillas de madera; más adelante adquirieron manteles que se esmeraban en tener siempre limpios; luego adornaron las mesas con flores; y poco a poco fueron contratando personas del pueblo para las crecientes tareas de atención, mantenimiento y cocina.

En fin, con el correr del tiempo se convirtió en el mejor restaurante del pueblo, la pareja era muy apreciada y ellos disfrutaban atendiendo a la gente y viendo cómo el negocio prosperaba.

Un día llegó a visitarlos el hijo, que hacía poco había regresado al país y estaba vinculado a un importante centro de investigación económica. Los padres le comentaron que estaban gestionando un crédito bancario para adquirir unas neveras grandes, que les permitirían comprar mayor cantidad de alimentos por menor precio y conservarlos más tiempo.

No acababan aún de exponerle la idea, cuando el hijo reaccionó airadamente. “¿Cómo se les ocurre endeudarse en la situación actual? ¿No saben que el mundo va camino a una crisis? Estados Unidos tiene un alto desempleo que se resiste a bajar y la demanda agregada no reacciona; en la Unión Europea la crisis de la deuda soberana amenaza con arrastrar toda a Europa a la recesión y de paso derrumbar la débil demanda de Norteamérica. Por si fuera poco, el PIB de Japón sigue con dinámicas negativas. Así es que más temprano que tarde, nuestro país sentirá los efectos”.

Los padres trataron de indicarle al hijo que las ventas no habían hecho más que crecer continuamente desde que empezaron a mejorar el restaurante y que incluso desde los pueblos vecinos venía mucha clientela los fines de semana.

“¿Es que acaso ustedes saben más economía que yo, que tengo un doctorado? ¿Creen que me gané el título sin estudiar cómo funciona la economía mundial?”.

Un tanto consternados, los viejos cancelaron la compra de las neveras. Siguiendo las indicaciones del hijo, suprimieron las flores en la decoración del negocio, pues, según él, “los clientes no vienen a comer flores”; luego fueron convencidos de cambiar los manteles solo cada dos o tres días, para reducir los gastos de agua y detergente.

Al tiempo que los viejos “racionalizaban” el gasto, siguiendo las indicaciones del hijo, la clientela empezó a alejarse, pues la reducción de empleados, el deterioro de la decoración y la tristeza que fue embargando a la pareja dio un tono lúgubre al local. Finalmente el restaurante se quebró.

Y los viejos concluyeron: “Nuestro hijo tenía razón; no nos podíamos aislar de la crisis mundial y por eso nuestro restaurante se quebró”.

Esta historia ilustra un caso típico de “profecías auto-realizadas”, concepto introducido por el sociólogo Robert Merton para mostrar situaciones falsas o sin fundamento, que inducen comportamientos sociales que las tornan en verdaderas.

Viene al caso en la actual coyuntura de inminente entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, pues hay empresarios de algunas actividades del agro que se están dejando convencer de las aves de mal agüero que les vaticinan la “quiebra por la competencia gringa”. Los agoreros, sin ningún fundamento, van de región en región llevando las malas nuevas del inminente desastre y evangelizando sobre la conveniencia de sustituir la producción de alimentos por materias primas de otra índole.

Ningún TLC se negocia con el propósito de eliminar sectores de la producción nacional que sean eficientes o tengan la posibilidad de serlo. Se espera eso sí que su competitividad mejore para hacer frente a la mayor competencia foránea resultante de la globalización y de los tratados.

Lo que cabe preguntarse es cómo aprovecharon los empresarios la “ñapa” de cinco años de demora en la aprobación del TLC por el Congreso de Estados Unidos, y cómo proyectan aprovechar los periodos de desgravación acordados.

Si, en lugar de cerrar esas brechas de competitividad, abandonan su actividad para pasarse a otra que supuestamente enfrenta menos competencia, no sólo se estarán incurriendo en el uso ineficiente de los recursos propios y del país, sino que perderán la oportunidad de beneficiarse de un mercado mundial que requiere más alimentos.

Además, surgirá un colofón típico de las “profecías auto-realizadas”, pero esta vez en boca de los defensores del proteccionismo a ultranza: “Lo dijimos: los TLCs acabarán con la agricultura”.

Vandalismo

jueves, 29 de marzo de 2012
Publicado en el diario La República el jueves 29 de marzo de 2012

Los episodios recientes de vandalismo contra el sistema Transmilenio (ST) muestran un caso más en el que la teoría de las ventanas rotas aporta elementos para entender el problema.

Mi artículo anterior (marzo 8) concluía recordando una frase de Wilson y Kelling, los autores de la teoría: “el crimen callejero más grave aparece en zonas en las que no se hace nada frente a la conducta que altera el orden público”.

Desde hace rato es evidente la vulnerabilidad del ST a las conductas orientadas a alterar el orden público. En muchas ocasiones unas pocas personas lo bloquean. Basta recordar cómo los motociclistas lo hicieron cuando se mencionó la posibilidad de imponerles pico y placa; entonces pequeños grupos obstruían el carril exclusivo y en cuanto aparecía la policía, se dispersaban para luego bloquear en otro punto.

Pese a la múltiple y frecuente evidencia de la vulnerabilidad, no hay decisiones de fondo que anticipen o neutralicen estas acciones que afectan a la gran mayoría de usuarios.

Desde hace varios meses se observa una modalidad de “colados” que exponiendo su vida se meten por un lado del bus cuando este para y las puertas de la estación se abren para la salida y el acceso de pasajeros. Tampoco hay acciones de fondo orientadas a frenar este comportamiento que ya ha ocasionado varias tragedias, especialmente de jóvenes. Los padres de algunas de las víctimas han señalado que no lo hacían por falta de dinero, sino por “diversión” o por ahorrarse unos pesos para otros fines.

Justamente lo que plantea la teoría de las ventanas rotas es que esas conductas indebidas que no son frenadas transmiten al resto de la sociedad la idea de que todos lo pueden hacer. En el caso de Nueva York, sobre cuya experiencia elaboraron la teoría, el número de colados en el metro empezó por unos pocos, luego fue creciendo ante la inacción de las autoridades y finalmente se llegaron a contabilizar 170 mil por día. Luego aparecieron los grafitis invadiendo las estaciones y los vagones.

La falta de medidas para contrarrestar esas conductas terminó por generar el ambiente de que el metro era tierra de nadie; pronto las pandillas juveniles se “apropiaron” de él para cometer delitos menores y el número de usuarios se redujo considerablemente.

A primera vista, aplicar este escenario al ST puede parecer una exageración. No obstante, basta con observar otras actividades que van más “adelantadas”. Por ejemplo, los motociclistas. Las motos son un medio de transporte económico, eficiente e inteligente, por la relación entre el peso transportado y la energía necesaria (además, algunos dicen que es la venganza japonesa); esto es bueno para una sociedad que las utiliza adecuadamente.

En Colombia el problema radica en que los conductores de estos vehículos actúan como si las normas de tránsito no existieran; no saben que los andenes son para los peatones, que no se puede ir en contravía, que los semáforos se deben respetar, e incluso ignoran que la rampa de los puentes peatonales es para las personas mayores o en silla de ruedas y no para las motos.

¿Y por qué actúan así? La teoría de los vidrios rotos indica que lo hacen porque otros lo hacen y nadie les dice nada. Lo hacen porque es muy poco probable que la autoridad los sancione (a esto contribuyen los publicitados casos de conductores de buses que acumulan infracciones de tránsito por sumas millonarias y siguen manejando sin problema).

Volviendo al ST, las débiles sanciones (ningún arrestado por tratarse de delitos menores y tener las cárceles llenas), posibles multas moderadas (en consideración a que los papás son pobres) y aumento de la vigilancia solo por unos pocos días, dejan en la sociedad la imagen de que esos actos vandálicos no tienen mayores repercusiones.

Ventanas rotas

miércoles, 14 de marzo de 2012
Publicado en el diario La República el 8 de marzo de 2012

Imaginemos que dentro de unos pocos años pudiéramos leer la historia de un alcalde de Bogotá que “ordenó… que persiguieran los delitos que afectaban a la calidad de vida de los ciudadanos, como las bandas de pedigüeños que se acercaban a los conductores a cambio de limpiar los parabrisas… [y presionó] para reforzar las leyes contra quienes se emborrachasen u orinasen en la calle”.

Aunque parezca increíble esa historia fue real y, más sorprendente aún, el texto de Malcolm Gladwell (“The Tipping Point”) se refiere a Nueva York en 1994. Esta ciudad, como todo Estados Unidos, se vio afectada por una inusitada ola de violencia, que alcanzó niveles muy altos en los años ochenta.

James Wilson y George Kelling formularon en 1982 la “
teoría de los vidrios rotos”, como una explicación a la creciente violencia. En esencia, plantearon que si alguien rompe un vidrio de un edificio y nadie lo repone, las personas creerán que pueden romper otros y nadie les reclamará; esto conducirá al deterioro del edificio y del vecindario, a la ocupación por personas que realizan actividades como prostitución y atracos, y posteriormente a actividades criminales mayores.

El fenómeno afecta a toda la sociedad y termina haciendo que personas honradas cometan infracciones que no harían normalmente. Por ejemplo, Gladwell señala que en esa época más de 170 mil usuarios se “colaban” al metro, con el pretexto de que “¿si otros lo hacen y no pasa nada, por qué no he de hacerlo yo?”.

Las estaciones y los vagones del metro estaban llenos de grafitis y de suciedad; el metro se deterioraba y era creciente la sensación de inseguridad para los usuarios; las pandillas de adolescentes estaban a sus anchas pues pocos osaban denunciarlas y, en el peor de los casos, sufrían arrestos de un día y volvían a sus actividades de drogarse, y amedrentar y robar atemorizados ciudadanos. La experiencia mostró que con el tiempo muchos de estos jóvenes cometieron delitos como asesinatos y violaciones.

Wilson y Kelling implementaron en Nueva York desde mediados de los años ochenta una política de recuperación de la ciudad, “reponiendo los vidrios rotos”. Comenzaron por limpiar los vagones y las estaciones del metro y combatir los grafitis; si en la noche alguien ponía grafitis en un vagón las autoridades lo pintaban nuevamente antes del nuevo día, o en su defecto lo sacaban de circulación hasta que estuviera impoluto. La labor la continuó William Bratton persiguiendo a los “colados” del metro, capturando a muchos infractores, en especial los que tenían antecedentes penales, e incautando armas de todo tipo.

Los índices de violencia en Estados Unidos cayeron abruptamente durante el primer quinquenio de los noventa, por razones que son fuente de debate, pero en parte se atribuyen a la “teoría de los vidrios rotos”.

Aun cuando en nuestro medio la teoría no es desconocida e incluso algunos elementos de ella fueron aplicados en las alcaldías de Mockus y Peñalosa, deberían emularse varias de las decisiones tomadas en Nueva York.

Por ejemplo, los usuarios de Transmilenio somos testigos del progresivo deterioro de sectores como Chapinero, sin que se vean acciones de las autoridades para frenarlo. El otrora barrio de clase alta se está degradando a partir de los grafitis que invadieron todas las paredes y puertas de casas, edificios y negocios. Ya hay varias cuadras sobre la avenida Caracas con edificaciones abandonadas, con sus vidrios rotos y poblados por “desechables”. ¿En cuántos sectores de Bogotá y otras ciudades se está repitiendo esta historia?

Como afirman Wilson y Kelling, “el crimen callejero más grave aparece en zonas en las que no se hace nada frente a la conducta que altera el orden público”. En buen cristiano, es mejor prevenir que lamentar.

Compre Colombiano

Artículo publicado en Misión Pyme No. 50 marzo 2012

El mercado interno es vital para el crecimiento de las mipymes. ¿Pero, por ejemplo, una empresa localizada en Cúcuta cómo puede vender sus productos en Cali? ¿Cómo encontrar distribuidores en el resto del país?

En el “Informe sobre el comercio mundial 2008”, la OMC señala: “El efecto mercado interno establece que un país exportará aquellos productos para los que cuente con un amplio mercado interno. En efecto, ese gran mercado sirve como base para las exportaciones”.

Esto significa que las empresas que logran crecer su producción para atender la demanda interna obtienen economías de escala que les permiten reducir sus costos de producción y ser competitivas en el mercado internacional.

En general, los empresarios de las mipymes no logran tal efecto en Colombia. Este segmento empresarial se enfoca más en el mercado local o en el regional y son escasas las excepciones de empresas que logran presencia amplia en el mercado nacional.

En parte la situación se explica por problemas de información. Muchos empresarios no tienen los mecanismos para establecer los contactos con potenciales compradores de otra región del país, desconocen si los canales de distribución operan de forma similar y cómo insertarse en ellos, no saben cuáles son los gustos de los consumidores en otros departamentos, etc. De esta forma, el tamaño del mercado objetivo es relativamente reducido, lo que limita el crecimiento de las empresas.

Con el fin de solucionar ese problema, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MCIT) comenzó a implementar un nuevo instrumento de su política industrial desde mediados de 2011: el programa Compre Colombiano.

Esta iniciativa tiene su antecedente en el cierre del mercado venezolano. Las empresas de los departamentos de frontera empezaron a sufrir el impacto de la abrupta caída de la demanda y la dinámica económica regional se debilitó.

Surgió la idea de reorientar hacia el mercado nacional la producción que antes se exportaba a Venezuela. Entonces el MCIT diseñó una macrorueda de negocios en Cúcuta a mediados de 2010 bajo la coordinación técnica de Proexport, entidad con amplia experiencia en este tipo de eventos aplicados al comercio internacional. La macrorueda fue exitosa y dejó una semilla.

El MCIT resolvió capitalizar esta experiencia y volverla un programa estable. Para ello acordó una alianza con Propaís, Corporación para el Desarrollo de las Microempresas, con el objetivo de utilizar las macroruedas como un instrumento para el desarrollo de las empresas con base en el mercado interno.

Si, a manera de ejemplo, se va a realizar una macrorueda en Manizales, Propaís hace la promoción entre las mipymes de la región e invita compradores de otros departamentos, interesados en la oferta productiva identificada. Los resultados esperados son la formación de redes de contactos, el conocimiento de los productos locales en otras regiones y, de ser posible, la concreción de negocios.

El éxito ha sido impresionante. En los primeros seis meses de vida de Compre Colombiano se realizaron 11 macroruedas, participaron alrededor de 1.400 mipymes, y se concretaron 6.773 citas en las que se propiciaron negocios –entre cerrados y proyectados– por un monto superior a los $40 mil millones. Para 2012 el objetivo de Compre Colombiano es al menos duplicar esos resultados.

Es hora de que las mipymes obtengan el efecto mercado interno, aprovechando este nuevo instrumento de la política industrial.

Una buena noticia mala

domingo, 26 de febrero de 2012
Publicado en el diario La República el 26 de febrero de 2012


Las exportaciones colombianas alcanzaron una cifra récord en 2011: US$56.954 millones y su crecimiento anual (43%) fue uno de los más altos del mundo.

Aun cuando gran parte de esa cifra es explicada por los minero-energéticos, los demás productos registraron la nada despreciable tasa de crecimiento del 29% anual. Esta variación es superior a la registrada por las exportaciones totales de 57 de las 70 economías incluidas en las estadísticas mensuales de la OMC.

Esta sería una noticia de primera plana en cualquier economía del mundo. Sin duda, es un excelente resultado en un escenario complejo, con creciente riesgo de crisis económica del mundo desarrollado, presiones revaluacionistas y deterioro de la infraestructura vial por un crudo y prolongado invierno.

No obstante, no faltan redactores o analistas aguafiestas. Puesto que se afirma que “en economía todo es relativo”, es muy fácil encontrar la forma de “demostrar” que un resultado aparentemente bueno, no lo es. Y esto rinde dividendos en términos de lectores en un entorno con fuerte tendencia a menospreciar lo propio.

Un truco usual es la comparación con otros países; por ejemplo, qué importa un crecimiento de la economía colombiana de 5.5% o 6.0% en ese escenario complejo, si Chile, Argentina y Perú crecieron más, y China está creciendo al 9% o 10%.

Con el reciente dato de las exportaciones no resultó fácil usar esta “técnica”. Quizás percibieron que Colombia tuvo uno de los mejores desempeños en el mundo y que no es muy vendedor un titular enunciando que Kazajistán, Estonia y Bielorrusia fueron las pocas economías que crecieron las exportaciones más que las colombianas.

Pero siempre hay otros trucos disponibles: la comparación con la propia historia, tomando el mejor dato posible. Por ahí sí es: 2008 fue el año record en exportaciones “no tradicionales”; y aun cuando 2011 estuvo cerca de ese nivel, no lo alcanzó.

Listo el titular “Baja peso de ventas no tradicionales, pese a record exportador”. Y el desarrollo: “El descenso en la participación de las ventas no tradicionales se produjo de manera simultánea con una reducción de este tipo de exportaciones en términos absolutos (12,3 por ciento, según los datos hasta noviembre)”.

Leídos textualmente, dan a entender que en 2011 esas exportaciones tuvieron un valor en dólares inferior al de 2010; ese es el análisis típico del comercio internacional, en el que las comparaciones se hacen con el año anterior (igual es la práctica con el crecimiento económico, los utilidades de las empresas, la inflación, y muchas más). Pero no. ¡La referencia del redactor es 2008 y no lo compara con todo el año 2011!

Siempre es válido tomar como referencia el año de mejor desempeño. Lo que no es habitual es acudir a él para destacar una caída absoluta cuando se toma el dato parcial del último año (noviembre y no diciembre que ya esta disponible). Tomando los dos años completos, la caída en dólares es el 2.6% y no el 12.3% que sale de comparar el acumulado a diciembre con el acumulado a noviembre.

Además, para “demostrar” la caída relativa de las “no tradicionales” no es necesario devolverse a 2008: ellas pasaron del 36.3% del total exportado en 2010 al 30.1% en 2011. No obstante, en dólares crecieron 18.7% (¿razón para usar 2008?).

Muchas explicaciones se le quedan debiendo a los lectores sobre las exportaciones “no tradicionales”: 1. La caída con relación a 2008 fue ocasionada por la crisis mundial y el cierre del mercado venezolano. 2. La del año pasado y antepasado se deben al notable repunte de los precios internacionales. 3. Pero en términos absolutos vienen en franca recuperación por las decisiones de los empresarios y el fuerte apoyo del gobierno para diversificar mercados.

… Muchas deudas.

La mejor industria

miércoles, 15 de febrero de 2012
Publicado en el diario La República, el 9 de febrero de 2012


Según The Economist, la industria colombiana fue la de mejor desempeño en el segundo semestre de 2011, entre las siete economías más importantes de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Venezuela y Perú). En cambio, Brasil lleva tres meses consecutivos con variaciones negativas anuales y Perú dos meses.

¿Por qué a pesar de estos resultados y de los obtenidos en crecimiento del empleo y de las exportaciones industriales, se sigue insistiendo en una presunta “acelerada desindustrialización”?

En una columna el exministro Hommes resaltó la ambivalente posición de algunos empresarios frente a los tratados de libre comercio. Cuando esperan beneficios de una negociación, nunca o muy raras veces lo expresan públicamente, pero cuando se sienten afectados sí lo hacen. Así, en la opinión solo queda la percepción negativa.

Con el análisis de los resultados económicos ocurre lo mismo, pues las malas noticias son las que acaparan los titulares. A ello se suma la inclinación a menospreciar lo propio y sobrevalorar lo ajeno. Alabamos la política industrial de otros países, pero no valoramos la que tenemos, ni le reconocemos algún impacto en los resultados positivos.

Habitualmente la sobrevaloración no va más allá de la sesgada comparación, lo que impide ver qué está pasando en el mundo globalizado. Y esto puede tener consecuencias más negativas que las imputadas a los tratados de libre comercio.

Un ejemplo es el mercado mundial de autos, que sufrió un cambio estructural, como ha ocurrido en otros sectores. Hasta hace poco dominaban los países desarrollados; en 1961 Estados Unidos y cuatro países de Europa (Reino Unido, Alemania, Italia y Francia) concentraban el 88% de la producción mundial.

Pero la globalización cambió todo. Aparecieron nuevos competidores como Japón y varias economías emergentes; las grandes multinacionales se “descentralizaron” y fragmentaron sus procesos de producción por el mundo. Hoy en día los autos son “made in the world”; perdieron su nacionalidad y la competencia es por la innovación, la productividad y los menores costos. Ahora esos países desarrollados (no las multinacionales) producen menos del 20% de la oferta mundial y en Estados Unidos solo el 37% de las ventas de 2007 fue de marcas locales; el resto son importados o de plantas extranjeras instaladas en ese mercado.

En ese contexto, no es claro cómo algunos empresarios del sector que más está creciendo en la industria colombiana (20% anual en valor agregado), y con ventas récord en 2011, puedan afirmar que el TLC con México está causando un desastre sectorial y que otros que están en camino los enterrará.

Colombia no es una isla, ni quiere serlo; por el contrario, busca aprovechar las ventajas de la economía globalizada y beneficiar al consumidor, lo que implica mayor exposición a la competencia. Por eso, desde la apertura viene creciendo la oferta de vehículos importados, al punto que actualmente compiten cerca de 50 marcas, sin sacrificar la producción nacional.

De acuerdo con Acolfa, entre 2005 y 2008, cuando sólo desde la Comunidad Andina entraban autos con arancel cero, los importados representaron en promedio el 56% del consumo aparente. Y según Fenalco, hasta octubre de 2011 ellos representaron el 48% de las ventas del país. Por lo tanto, no es atribuible a la desgravación con México ningún desastre, en particular cuando las cifras muestran un año excepcional.

Tenemos la industria con el mejor comportamiento coyuntural en la región; pero hay mucho camino por recorrer en materia de competitividad, con miras a insertarse en las cadenas globales de valor, neutralizar la competencia sin volverse “comercializadores”, y crecer los empleos de calidad. Esos son los retos que plantean la globalización y los TLC.

Docentes

Publicado en Ámbito Jurídico No. 338 el 30 de enero de 2012


Tremenda polémica suscitó en diciembre pasado el profesor Camilo Jiménez con su renuncia pública a una cátedra universitaria. Unos le dieron toda la razón, otros a medias y algunos rechazaron radicalmente sus argumentos.

Los primeros respaldan la idea de que las tecnologías modernas ocasionan gran daño a la juventud. Los chats no sólo los distraen del aprendizaje sino que estimulan la pésima escritura; la televisión los absorbe y el internet no les sirve como fuente de conocimiento, sino como factor de dispersión.

Los radicales afirman que el problema no es nuevo en la historia de la humanidad, pues siempre las nuevas generaciones son díscolas y van contra las normas; a ellos se les debe la evolución de los idiomas, luego el chat estaría representando solo una nueva modalidad de desarrollo lingüístico que los docentes, por ser de una generación diferente, no entienden. Además piensan que escribir no es lo importante para hacer dinero y tener buenos negocios o empleos.

En medio están quienes descalifican algunos de los elementos del debate –por ejemplo, las razones de la renuncia demuestran la incapacidad del docente para superar los obstáculos habituales en el ejercicio de esta profesión–, pero identifican los bajos niveles de lectura como un entorno inadecuado para la educación en un país.

En mi opinión el problema es más de fondo y las siguientes reflexiones se fundamentan en la experiencia personal.

Para empezar, es evidente que la tecnología está cambiando las actitudes y las habilidades de los estudiantes; el problema pedagógico surge de la contraposición entre los nativos y los migrantes en internet. Además, en nuestro medio tenemos problemas heredados de la famosa promoción automática. Por último, la docencia sigue siendo una profesión mal remunerada.

Las nuevas generaciones tienen la habilidad para desarrollar múltiples actividades de forma simultánea, sin que aparentemente le estén poniendo atención especial a una de ellas. Cuando el docente es un migrante que no ha hecho el esfuerzo de entender esa realidad, se choca contra el mundo; no solo se encuentra con estudiantes que aparentemente no ponen atención, sino que además se aburren con la clase tradicional de tablero y marcador.

Para aprovechar esas habilidades, hay facultades y docentes que están migrando a diferentes técnicas de aprendizaje basadas en la web 2.0; utilizan chats, blogs, wikis, y redes sociales, entre otras, que combinan con materiales tradicionales. Con esto no sólo logran la atención, sino una participación más activa en los procesos de aprendizaje. La limitación es que no es una estrategia generalizada sino el resultado de esfuerzos individuales y aislados.

El problema se complica si agregamos el segundo elemento. Muchos de los bachilleres graduados con la promoción automática tienen grandes falencias. Los resultados están a la vista con las pruebas Pisa de la OECD, que son lamentables y deberían haber generado una “emergencia educativa” en Colombia.

Basta citar los resultados en lectura. En esa prueba el 47.1% de los estudiantes estuvieron por debajo del nivel 2, que se considera el mínimo para comprender lo que se lee. En Shanghai (China) que ocupó el primer lugar, sólo quedan en ese grupo el 4.1% de los estudiantes y en el promedio de la OECD el 18.8%.

Peor aún es al panorama en los dos niveles superiores, donde solo queda el 0.6% de los colombianos, frente a 7.6% en el promedio de la OECD y el 19.5% de Shanghai.

Aquí puede haber una razón para el desánimo de cualquier profesor, pues no hay cómo pedirle que escriba a quien no lee o lee y no entiende.

Por último, está el tema de las remuneraciones. En Colombia la docencia termina siendo un recurso de última instancia para muchos profesionales que no logran emplearse en sus oficios. Esto ocasiona dos problemas; de un lado, no siempre llegan a las cátedras los mejor capacitados ni en docencia ni en sus áreas específicas; de otro, no asumen plenamente el compromiso que implica enseñar.

Esos dos factores contribuyen a deprimir las remuneraciones en muchas instituciones de educación superior; entonces, los docentes se ven forzados a vincularse con varias universidades para mejorar sus ingresos. Y así se completa un círculo de mediocridad, rezago en conocimientos y poco interés en hacer esfuerzos de adaptación a las nuevas tecnologías.

¿Cuántos profesores de estos tienen el tiempo de leer los trabajos de los estudiantes? Esta es una de las razones por las que prolifera el plagio, pues la habilidad del copy-paste de los nativos no puede ser contrarrestada por profesores migrantes que no tienen tiempo de actualizarse o que no saben utilizar siquiera las herramientas simples de búsqueda de internet para detectar plagios.

Quizás eso explique el argumento de una estudiante que terció en el debate, al señalar que de 29 profesores que ha tenido solo hay unos tres que le han enseñado algo.

El debate debería continuar…