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¡A cambiar de país!

lunes, 15 de octubre de 2012
Publicado en Portafolio el viernes 12 de octubre de 2012

Debo aclarar que no hablo de Colombia… ¡Me refiero a Brasil!

Diversos analistas vienen insistiendo en que hay que mirar a Brasil no solo por su vistoso fútbol; que la política industrial de Brasil debe ser el modelo para Colombia; que Brasil no se ha desindustrializado mientras que Colombia lo está haciendo aceleradamente; que Brasil rompió su dependencia de exportaciones de productos primarios y, en cambio, nosotros dependemos cada vez más de ellos; que Brasil es una economía más desarrollada que Colombia porque su política macroeconómica es mejor; etcétera.

No hay duda; es un país con muchos atributos: es el más extenso de América Latina; la economía de mayor tamaño en la región, al menos mientras no se cumplan las proyecciones del Nomura Equity Research en las que México la desplaza; y fabrica aviones, y nosotros no; y es el líder mundial en la producción de biocombustibles, y nosotros no; y es un gran exportador de pollo, y nosotros no; además, es un país BRIC, aun cuando ya algunos analistas, incluido el propio Jim O’Neill autor del famoso acrónimo, ven su posible exclusión por el pobre desempeño económico de los años recientes (Wall Street Journal “La desaceleración pone en duda el modelo de crecimiento brasileño”).

Con todo esto, no hay más opción; hay que mirar y analizar a Brasil con más detalle… ¡Y qué sorpresas las que se encuentran!

¡Que Brasil tiene riesgos de enfermedad holandesa! ¿Y por qué? ¿No dizque era un país que había diversificado sus exportaciones? Bueno, pues eso lo afirma nada más y nada menos que el renombrado Jim O’niell: "Brasil enfrenta dos desafíos. Uno es reducir su vulnerabilidad a la “enfermedad holandesa”, esto es, ser menos dependiente de la persistente mejora en sus términos de intercambio ocasionada por el aumento de los precios de los commodities… Segundo, necesita deshacerse de la apreciación de su moneda o se volverá más y más dependiente de los commodities”.

Ese diagnóstico, lejos de resultar concordante con las apreciaciones sobre la gran diversificación, es consistente con la percepción del Wall Street Journal: “En los últimos años, Brasil diseñó un salto a la prosperidad basado en un crecimiento acelerado alimentado por sus inmensos recursos naturales”.

Quizás pudieran ser cosas del azar, pues, según el World Economic Forum, Brasil es una economía más competitiva que Colombia. De todos modos es bueno explorar más.

En el libro del BID “La era de la productividad” se incluye un cálculo de la productividad total de los factores con relación a la de Estados Unidos. Pues la de Brasil y la de Colombia son similares (gráfico 2.7). Y en el cálculo de la productividad laboral relativa por sectores, Brasil nos supera en la del sector agropecuario, pero Colombia registra un nivel mayor en industria y en servicios, tanto en 1973 como en 2004 (gráfico 3.5); no obstante, el crecimiento de la productividad total de los factores en el sector de agricultura en 1961-2007 es superior en Colombia que en Brasil (gráfico C recuadro 3.2).

Ya entrados en gastos, por qué no explorar otros indicadores macroeconómicos y sectoriales.

Por ejemplo, el análisis del PIB en dólares constantes de 2000 durante los últimos 50 años muestra que la tasa media de crecimiento anual de Brasil fue superior a la de Colombia en las dos primeras décadas, pero inferior en las tres siguientes. Es más, también la dinámica del PIB colombiano a precios de paridad en dólares internacionales constantes en las últimas tres décadas (que es el periodo disponible en las series del Banco Mundial), es superior al brasileño.

A nivel sectorial, en el valor agregado industrial (que incluye minas, manufacturas, construcción, electricidad, gas y agua) hay información de las últimas cuatro décadas y aquí ha sido intercalado el resultado. Brasil creció más en las décadas de los años setenta y noventa, pero Colombia fue mejor en las de los ochenta y la primera de este siglo. Igual comportamiento se registra en el sector manufacturero, del cual solo hay datos del Banco Mundial para las dos últimas décadas.

¿Qué podemos concluir? Pues básicamente que en las décadas recientes ha sido mejor el desempeño de Colombia que el de Brasil. Las diferencias en el nivel de desarrollo parecen haberse gestado en las décadas de los sesenta y setenta (quizás antes), cuando algunos sectores lograron su desarrollo (aeronáutica y avicultura, por ejemplo). Pero en las siguientes décadas la brecha se ha reducido.

Por lo tanto, lo que nos están vendiendo es un Brasil modelo 60 o 70 del siglo pasado y no uno del siglo XXI. Sin embargo, ese fue el que aplicó Colombia por décadas; lo que deberían preguntarse los vendedores es por qué allá funcionó y aquí no… y buscarse otro país como ejemplo de éxito reciente.

Impacto BRIC

martes, 20 de diciembre de 2011
Publicado en el diario La República el 8 de diciembre de 2011


Es ampliamente conocido que el acrónimo BRIC fue propuesto por Jim O’Neill de Goldman Sachs en noviembre de 2001, con el fin de resaltar que las economías en desarrollo con mayor proyección eran Brasil, Rusia, India y China.

Estas economías fueron seleccionadas por su tamaño. Según los cálculos de Goldman Sachs, en el 2000 representaban el 23.3% del PIB mundial, medido a precios de paridad de poder adquisitivo; China ya era la segunda economía más grande del mundo, en tanto que India era la cuarta.

Con mucha anticipación, O’Neill formuló que el peso relativo de los BRIC, los convertía en un jugador global a tener en cuenta: “Estas estimaciones plantean temas importantes sobre la transmisión de las políticas monetarias, fiscales y otras políticas económicas globales” (“Building Better Global Economic BRICs”). Sugería que los cambios en la política fiscal o monetaria de un país como China, tendrían un impacto global mayor que el de economías como Italia. Ese diagnóstico se ha hecho real, con el paso del tiempo.

A medida que se fue agudizando la crisis mundial de 2008-2009, surgió un intenso debate sobre el acople o el desacople, pues inicialmente hubo la percepción de que era un fenómeno aislado de las economías desarrolladas y, mientras estas se desaceleraban, el mundo en desarrollo parecía inmune al problema. Esa percepción se fortaleció cuando se hizo evidente que el principal canal de transmisión de la crisis era el financiero y las cifras indicaban que las economías en desarrollo tenían una baja exposición en títulos subprime o en otros títulos contaminados.

La discusión quedó opacada a medida que los efectos de la crisis se transmitieron a las economías en desarrollo a través del canal comercial. La caída de la demanda agregada de las economías desarrolladas ocasionó una abrupta contracción del comercio internacional y la desaceleración del crecimiento a nivel global. Aparentemente se desvirtuaba así la idea de O’Neill.

Además, con la crisis quedó claro que los BRIC no son un grupo homogéneo, sino que hay dos bloques diferentes; de un lado, China e India, que desaceleraron la economía sin entrar en recesión, y de otro, Brasil y Rusia, que tuvieron tasas de crecimiento negativas en 2009 y en general registran un desempeño menos brillante que el de los dos primeros.

De nuevo, la coyuntura mundial de los dos últimos años hace resurgir los argumentos del desacople, pues mientras las economías desarrolladas siguen postradas, las economías en desarrollo, y especialmente China e India, han funcionado como el motor de la economía y siguen sin registrar señales de contagio. ¿Será la hora de retomar los planteamientos de O’neill sobre el impacto potencial de las decisiones de política económica de los BRIC en el mundo?

Quizás hoy en día los impactos podrían ser mayores que en el 2001, por el creciente protagonismo que han ganado los BRIC en el mundo. Por ejemplo, nadie duda en atribuir a China e India, y en menor medida a Brasil y Rusia, el alto impacto que tienen sobre los precios internacionales de los productos básicos.

Esto implica que el canal comercial es el principal medio de transmisión de los cambios en los BRIC hacia las demás economías en desarrollo y, en general, al resto del mundo. Un estudio reciente del FMI (“New Growth Drivers for Low-Income Countries: The Role of BRICs”), calcula que después de la crisis, la contribución de ese grupo a la variación en las tasas de crecimiento de las economías en desarrollo exportadoras de petróleo es de 37% y en el de las exportadoras de otros productos básicos del 37.4%; en el caso de las economías de América Latina es del 19.1%.

Surge un gran interrogante: ¿A qué tipo de estructura productiva y exportadora llegará América Latina por esta vía?