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Trump y el mundo que viene

viernes, 22 de noviembre de 2024

 

Publicado en Portafolio el 2 de noviembre de 2024

La incertidumbre debería ser menor en este segundo periodo de Trump y muchos de los interrogantes de los analistas sobre lo que viene para el mundo en los próximos años ya deberían tener respuesta. Sin embargo, como anota Peter Feaver, profesor de Duke University, “debido a la imprevisibilidad de Trump, su estilo errático y su pensamiento poco coherente, algunas de esas mismas preguntas siguen abiertas hoy en día”.

Por eso son muy preocupantes los potenciales impactos de sus políticas extremistas en el mundo, en un escenario de fragmentación de la globalización, malestar social y ascenso del populismo.

China enfrenta dificultades con la amenaza de Trump de un arancel del 60% a los productos chinos. La reacción anticipada de esta nación al cambio de entorno ha sido la ubicación de fábricas en varios países. En el caso de Estados Unidos, China busca beneficiarse del nearshoring con inversiones en América Latina; el problema es que Trump puede bloquear esta “filtración” impactando negativamente a los países de la región que exporten productos chino-latinoamericanos con las preferencias de los TLCs.

En la Unión Europea hay un creciente fraccionamiento con el ascenso del populismo de derecha y de izquierda, que dificulta la toma de decisiones comunitarias para afrontar los nuevos escenarios. Es probable que Trump reduzca el apoyo a Ucrania, incrementando los riesgos que representa Rusia para Europa; además, es posible que retome su decisión de reducir el respaldo a la OTAN. Esto obligará a la UE a un mayor gasto militar, agravando los altos niveles de endeudamiento y forzando el sacrificio de las políticas sociales.

América Latina seguirá siendo el patio trasero, salvo quizás por los problemas migratorio y de narcotráfico. China está aprovechando ese vacío con inversiones y créditos, ejemplo de lo cual es la reciente inauguración del megapuerto de Chancay en Perú, con la presencia de Xi Jimping.

Ese contexto pilla a Colombia en malas condiciones. El actual gobierno mostró su incapacidad para implementar políticas de reactivación y, por el contrario, se ha empeñado en políticas y reformas que mantienen deprimida la inversión, deterioran sectores como el de la minería, los servicios públicos y la salud, ponen en entredicho la sostenibilidad fiscal y desincentivan la generación de empleos formales. Así, el país está condenado a mediocres tasas de crecimiento que, en el mejor de los casos, serán del 3% según las propias proyecciones del gobierno. Las políticas de Trump le darán una mano al gobierno Petro con el anuncio de imponer un arancel del 10% a todas las importaciones y deportar a Colombia muchos de los más de 200 mil migrantes ilegales que huyeron del país en busca de un mejor porvenir.

Distribución del ingreso y populismo

viernes, 19 de enero de 2018
Publicado en Portafolio el 19 de enero de 2018

La creciente concentración del ingreso en las economías desarrolladas ha suscitado numerosos debates y es una de las presuntas culpables de las manifestaciones de descontento de las clases medias en Estados Unidos y en Europa.

En Colombia el interés por el tema es esporádico; pero debería ser más relevante, dado que tenemos una de las peores distribuciones del ingreso del mundo. El índice de Gini es el octavo más alto, según el PNUD, y solo nos superan Haití y algunas de las economías africanas más pobres del planeta.

El mundo se sorprendió cuando diversas investigaciones mostraron que en Estados Unidos el 1% superior de la distribución aumentó su participación en el ingreso total del 8.9% en 1973 al 20.0% en 2010 y al 22.0% en 2015. Según Facundo Alvaredo y Juliana Londoño (“Altos ingresos e impuesto de renta en Colombia, 1993-2010”), estamos en las mismas, pues ese grupo captó el 20.4% del ingreso colombiano en 2010.

De forma complementaria, con base en el Índice de Multimillonarios de Bloomberg, el diario alemán Welt am Sonntag calculó que en 2017 la fortuna de las cinco personas más adineradas de Estados Unidos (Bezos, Gates, Buffet, Zuckerberg y Page), que están entre los 10 más ricos del mundo, equivale al 2.1% del PIB. Por contraste, los tres con mayor riqueza en Colombia (puestos 77, 107 y 450 en el índice) representan el 11.3% del PIB, es decir, 5.4 veces más que los cinco estadounidenses; esa concentración es mayor que la de nuestros principales socios latinoamericanos: Chile el 9.3%, México el 7.9% y Perú el 2.9%.

Aun cuando estos indicadores reflejan la magnitud del problema en Colombia, no parece que estemos dispuestos a solucionarlo, pues ni se aprovechan las oportunidades del crecimiento y ni se toman las decisiones de política económica para mejorar la distribución del ingreso.

El reciente auge de crecimiento sirvió a la mayoría de las economías de Latinoamérica para mejorar la distribución del ingreso, pero Colombia lo aprovechó en menor medida. Según la Cepal, el Gini de la región se redujo en 13.2% entre 2002 y 2016, mientras que el colombiano lo hizo en 8.2%. Además, según Alvaredo y Londoño la participación del 1% superior de la distribución se mantiene estable.

La reforma tributaria aprobada en 2016 fue una oportunidad desperdiciada. Muy pocas exenciones se eliminaron y el gravamen sobre los dividendos se quedó a la mitad del camino de lo propuesto por la Comisión de Expertos. Esto impidió mejorar la capacidad redistributiva de la política fiscal.

Tampoco se logró avanzar en la aprobación de una ley para racionalizar la asignación de los subsidios y el ambiente para tramitar una reforma pensional que elimine los regresivos subsidios a las pensiones altas luce poco favorable.

Ante este panorama, todos los ciudadanos, en especial los candidatos a la presidencia, deberíamos tener presente la sentencia de François Bourguignon en su libro La globalización de la desigualdad (2017): “Demasiada desigualdad puede conducir indirectamente a grandes daños económicos a través de la política. En efecto, las tensiones sociales, la inestabilidad política, los gobiernos populistas o simplemente las decisiones populistas que surgen de la percepción pública de una desigualdad excesiva son potencialmente perjudiciales para la economía”.

Venezuela: ¡Qué desastre!

viernes, 18 de septiembre de 2015
Publicado en Portafolio el 18 de septiembre de 2015

“Los líderes populistas como Chávez… coinciden en tomar una parte de la población y volverla el enemigo interno, que junto con el enemigo externo se convierten en lo que los populistas llaman «antipueblo». En cada discurso el populista busca insertar odio en la sociedad; hacer que el pueblo odie al «antipueblo». Una vez así, logra que parte del pueblo se enamore de él, le perdone todos los robos, actos de corrupción, cambios de Constitución, falta de justicia; porque supuestamente todo lo que el populista hace es en nombre del pueblo. Y cualquier cosa que vaya mal, siempre será culpa del «antipueblo»”.

Esta descripción que la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez hace del populismo de Chávez, también aplica a la perfección a Maduro, su heredero. Ahí están claras las razones por las que Maduro la tomó contra los migrantes colombianos. Los convirtió en el «antipueblo» externo para disimular el gran desastre económico al que el pomposamente denominado “Socialismo del siglo XXI” llevó a Venezuela; también los usa ahora que ve el riesgo de perder las elecciones del próximo diciembre, como una forma de acallar al «antipueblo» interno.

Los problemas de la frontera llevan décadas sin que se adopten las medidas correctivas. En su columna de Semana (“Conversaciones con Maduro y Santos”), el analista León Valencia comenta que el libro “La frontera caliente”, publicado en 2011 con Ariel Ávila, evidenció los crecientes problemas de contrabando, narcotráfico y presencia de “grupos ilegales que en complicidad con sectores de la fuerza pública y con líderes políticos de los dos lados controlaban negocios jugosos”. Por eso, es ridículo que Maduro saque a relucir esos problemas como si fueran nuevos y que, adicionalmente, aduzca el ataque a militares venezolanos por parte de paramilitares colombianos como el detonante del cierre de la frontera.

Por lo primero, debería jalarse las orejas por la pasividad frente a un problema de tantos años. Con relación a lo segundo, la revista Semana (“¿Cuál fue “el florero de Llorente” de la crisis en la frontera”?) afirma que el ataque es un hecho oscuro, que posiblemente está relacionado con un choque entre militares de ese país, a raíz de la intromisión de un grupo de inteligencia en asuntos del llamado cartel de los soles.

En materia económica pocos gobernantes se pueden vanagloriar de haber causado un desastre económico tan grande como el de Chávez y Maduro. Venezuela, la economía con las mayores reservas de petróleo en el mundo, desperdició la bonanza de precios que le significó la entrada de más de US$800 mil millones en el presente siglo.

Su “modelo de desarrollo endógeno” tiene totalmente desabastecido el mercado y los consumidores enfrentan el racionamiento y las largas filas del socialismo ruso y cubano para adquirir bienes básicos. La pobreza aumentó del 25.4% en 2012 al 32.1% en 2013. La inflación es la más alta del mundo (145.5% según Latin American Consensus Forecasts). El FMI estima que el PIB caerá 7% este año. Su tasa de homicidios (53.7 por cada 100 mil habitantes) es de las más altas del planeta y la de Caracas (134) es ocho veces superior a la de Bogotá.

No podemos darle papaya a Maduro, que con sus payasadas busca en Colombia los pretextos para aplazar las elecciones.