Publicado en Portafolio el 21 de mayo de 2026
Nuestra sociedad es particularmente permeable a ese tipo de mensajes. Eduardo Lora en su libro “Los colombianos somos así” destaca que el 52% de los colombianos siente apatía frente a la política, porque no la entiende y no le interesa, y el 24% siente cinismo, porque la entiende, pero no le interesa. Ese impresionante 76% crea el escenario perfecto para los mesías populistas.
En los últimos años abundan los ejemplos de simplismo y de polarización alimentada por ese mundo binario. La Paz Total interpretó que el problema de seguridad se solucionaba mediante una simple negociación con bandas criminales y que eso sería alcanzable en pocos meses. Casi cuatro años después, es evidente el fracaso; mientras las fuerzas armadas fueron debilitadas, una floreciente criminalidad incrementó la presencia de grupos armados en 720 municipios (el 71% del total) y ejerce funciones como un Estado paralelo. El gobierno se niega a admitir su fracaso total y, en cambio acude a otro atractivo instrumento del populismo: la culpa es de los demás, de los “enemigos”. Frente al reciente asesinato de más de 20 personas con una bomba en el Cauca, el candidato comunista afirmó que fue inducido por los enemigos del gobierno que “buscan generar un clima de miedo que favorezca intereses de sectores de extrema derecha empeñados en desestabilizar el país”.
Con igual simplismo se ataca al Banco de la República, a la rama judicial, al Congreso, a la Registraduría Nacional del Estado Civil, a la Fiscalía, a la prensa y, en general, a todos los contrapesos de la democracia que cuestionan o frenan las arbitrariedades gubernamentales.
La respuesta frente al simplismo es la indignación en los sectores que realmente entienden la complejidad de los problemas y el esfuerzo por demostrar los errores del gobierno. El problema es que los expertos, al no caer en simplismos, difícilmente pueden llegar a los millones que se comen los cuentos populistas.
Lo grave es que el simplismo no es la única herramienta del populismo; hay muchas más y se están usando, como lo ilustran el aumento del salario mínimo, el crecimiento descontrolado de una burocracia mediocre; primas adicionales a los maestros de Fecode, etc. El enorme riesgo que enfrenta Colombia es la pérdida de la democracia; ojalá lo vivido por el país en los años recientes lleve a los electores a cerrar las puertas a cualquier tipo de populismo.