Populismo económico

viernes, 10 de abril de 2026

 

Publicado en Portafolio el 10 de abril de 2026

Frente a los eslóganes populistas no hay argumento técnico que valga. No obstante, trataremos de mostrar algunos elementos para entender la situación reciente.

Uno de los equilibrios básicos en economía se relaciona con el gasto público y la inflación. Si el gobierno gasta más que sus ingresos, la diferencia (déficit fiscal), debe financiarse, teniendo en cuenta la capacidad de pago y la confianza de los prestamistas.

Este gobierno ha crecido el gasto de forma exagerada aumentando los impuestos a las empresas y la deuda del país. El crecimiento del gasto ocasionó el déficit primario (ingresos menos gastos antes de pago de la deuda) más alto de las últimas décadas. Problema uno: se ha concentrado en gastos de funcionamiento (más burocracia) y no en inversión para mejorar el bienestar de la población. Por esto, los inversionistas internacionales ven con recelo los niveles de endeudamiento público.

Problema dos: la inversión privada crece poco. Esto ocurre porque el gobierno considera a los empresarios privados enemigos del pueblo; además de subirles los impuestos, la persecución está acabando con el sector de la salud, tiene al país al borde del apagón, el sector minero-energético se está marchitando, la construcción se estancó con la eliminación del subsidio a la vivienda social y cayó la inversión extranjera directa. Por esos cambios en las reglas de juego, la inversión está en uno de los niveles más bajos en décadas y esto nos condena a mediocres tasas de crecimiento.

Problema tres: el fortalecimiento de las presiones inflacionarias. Otro equilibrio básico en la economía es el de la oferta y la demanda. Cuando el gobierno crece las nóminas de burócratas de forma desaforada, aumenta el salario mínimo a tasas exorbitantes sin justificación técnica y regala primas adicionales a los maestros, impulsa la demanda por encima de la capacidad de respuesta de la oferta.

Si este gobierno tuviera control total de la política monetaria, sería feliz imprimiendo dinero a manos llenas y bajando las tasas de interés con el argumento populista de fortalecer el crecimiento. Las experiencias de muchos países muestran que eso solo genera hiperinflaciones, desempleo y crisis económicas. Justamente, el banco central autónomo existe para evitar esos deslices del populismo. La respuesta lógica a la irresponsabilidad en el manejo fiscal es el aumento de las tasas de interés para evitar que la inflación se salga de cauce. Aun cuando esta política tiene un impacto positivo mayor en el bienestar de la población en el mediano plazo, sus argumentos no venden tanto como los de tildar de neoliberales y vendidos al capital financiero a todos los que tengan la firmeza de decirle NO a las barbaridades que propone el gobierno. La autoridad monetaria autónoma debe ser respaldada.

¿Transición productiva?

miércoles, 18 de marzo de 2026

 

Publicado en Portafolio el 18 de marzo de 2026

La ministra de Comercio tituló “Transición productiva” el artículo en el que presentó el balance del gobierno sobre el comercio exterior en 2025 (El Tiempo, 28.02.2026). Afirmó que la balanza comercial refleja “una transformación estructural en marcha”, que estamos frente a “una modificación progresiva del patrón de especialización externa del país” y que “esta recomposición” no es solo de bienes sino también de servicios. Varias de las afirmaciones del artículo evidencian desconocimiento de la realidad o serios problemas en la información que le suministran sus asesores.

Empecemos por lo más grueso. Dado que a la balanza comercial le adicionó los servicios, veamos qué dicen las cuentas nacionales. Entre 2005 y 2025 las exportaciones de bienes y servicios bajaron del 17,1% al 13,8% del PIB, mientras que las importaciones subieron del 15,3% al 24,5%; es decir, las exportaciones perdieron peso relativo, y pasaron de ser superiores a las importaciones en 3,3 puntos porcentuales a ser inferiores en 10,7. Esto evidencia un cambio estructural en el comercio exterior, pero contrario al que se pregona.

Según la ministra, en 2025 alcanzamos “el nivel más alto de exportaciones de su historia”. Eso no es cierto, pues las exportaciones en 2022 fueron superiores en 13,4% a las de ese año. También afirma que las exportaciones no minero-energéticas lograron “la participación más alta desde que existe esta clasificación”; el ministerio no publica esa información, pero mis cálculos con base en “el formato Ministerio” indican que en todos los años del periodo 2000-2005 la participación fue mayor a la de 2025.

Sobre la modificación del “patrón de especialización”, basta mirar la página 38 del Informe de Exportaciones de la Oficina de Estudios Económicos del ministerio para dudar que haya un cambio estructural en la dependencia del esquema primario-exportador. Entre los 15 principales productos, que representaron el 70,6% del total exportado, solo el etéreo concepto de “construcciones” se exceptúa de los primario-exportadores.

Un dato importante que se olvidó mencionar en el balance del gobierno es que la balanza comercial es la más negativa en la historia económica del país. También se pasó por alto indicar que la “recomposición deliberada de la canasta exportadora” se refleja en una caída del 15,8% en el volumen exportado de minero-energéticos.

En síntesis, es muy dudoso que el comercio exterior esté mostrando una “transición productiva”; la prueba la veremos en unos meses cuando la participación de las exportaciones minero-energéticas repunte como consecuencia de los altos precios que inducirá el conflicto en el Oriente Medio. También el país verá los efectos negativos de la “recomposición deliberada” de la canasta importadora con los altos precios del gas y de los combustibles que el país está importando como fruto del gobierno del cambio.

Y mi pensión voló

martes, 17 de febrero de 2026

 

Publicada en Portafolio el 17 de febrero de 2026 

En los recientes debates sobre los efectos negativos del desproporcionado ajuste del salario mínimo pasan desapercibidos los impactos en las pensiones. Aun cuando el Consejo de Estado suspendió temporalmente el aumento y ordenó al gobierno expedir un nuevo salario mínimo ajustado a los parámetros técnicos, ya el daño está hecho; de ahí que un segmento significativo de los empresarios sostenga que no echarán para atrás el aumento del 23% porque “se han generado algunos derechos que… no se deben afectar”.

El incremento del 23% sirve para mostrar lo que viene ocurriendo con las pensiones de tiempo atrás. Tomo como referente el incremento de mi pensión del 5,1%, que corresponde a la inflación de 2025. De la variación absoluta, ya en enero el 76% se fue en cinco rubros: EPS, caja de compensación, programa adicional de salud, administración de la copropiedad y empleada (solo ocho días al mes). ¿Será que el 24% restante me alcanzará para cubrir los mayores precios de alimentos, servicios públicos, transporte y recreación? Difícil cuando las expectativas de inflación ya apuntan a niveles superiores al 6% en 2026.

Emulando el ejercicio realizado por un connotado economista, podemos comparar la evolución del salario mínimo con la del ingreso de un pensionado que en 2004 era el equivalente a dos salarios mínimos. El resultado que se obtiene en enero del 2026 es que el ingreso del pensionado equivale apenas a 1,2 salarios mínimos. Esto se explica porque mientras la variación real de la pensión fue nula en el periodo 2004-2026, porque su incremento es igual al de la inflación del año anterior, el salario mínimo real se incrementó en 70,5%.

En buena parte ese aumento se explica por razones extraeconómicas, pues en ese periodo el salario mínimo nominal se multiplicó por 4,9 mientras que la inflación lo hizo por 2.9. La diferencia no puede ser atribuida a incrementos en la productividad. Según el Dane, entre 2021 y 2025 la inflación media fue de 7,7%, y las variaciones medias anuales de la productividad por persona empleada y del salario mínimo fueron -0.1% y 12%, respectivamente. La diferencia radica en decisiones políticas, como la que acabamos de vivir: en 2025 con una inflación del 5,1% y una caída de la productividad por persona empleada del -0.32%, el incremento del salario mínimo nominal fue del 23%.

Es claro que las decisiones políticas para favorecer al 10% de los trabajadores formales del país tiene impactos negativos en grupos poblacionales como el de los pensionados; no solo inducen un mayor costo fiscal, porque cada año es mayor el número de pensionados que converge al mínimo, sino que posiblemente repercutan en un deterioro real del ingreso de todos los pensionados.

El país de las maravillas

martes, 20 de enero de 2026

 

Publicado en Portafolio el 20 de enero de 2026.

Hace unos meses el gobierno sacó pecho porque The Economist calificó a Colombia como una de las mejores economías en 2025. Pero brillaron por su ausencia las exploraciones de cuáles fueron los criterios para esa clasificación. 

Para ilustrarlo, tomemos la inflación básica, que es uno de los indicadores usados. The Economist toma la variación anual absoluta a octubre de la inflación básica con relación al 2%, que se asume como meta. Esto da lugar a varios sesgos; los países que en el año anterior se acercaron más al 2%, en la medición más reciente lo harán en menos puntos porcentuales y serán bonificados en el ranking; además, el indicador no dice nada sobre la evolución más reciente ni sobre las expectativas. Para el caso de Colombia, el indicador fue 4,3 puntos porcentuales en octubre de 2024 y 3,3 en octubre de 2025; a pesar de esa reducción, quedó en el puesto 34 entre las 36 economías evaluadas. Pero ocurre que ese 3,3 es mayor que el indicador de los meses anteriores; es decir, la foto falla al no percibir que se está revirtiendo la tendencia, que las presiones inflacionarias están creciendo y que se espera que las tasas de interés vuelvan a incrementarse.

El mismo problema que tiene el ranking de The Economist, lo tienen los exitosos balances que presenta el gobierno. La foto muestra que el desempleo bajó, que la tasa de cambio se apreció y que el salario mínimo se incrementó en términos reales en magnitudes sin precedentes. Lo que no muestra es que el país está en una crisis fiscal por la mala política fiscal y que nos deja una economía que en los próximos años crecerá al mediocre 2,5% anual.

Tampoco muestra que el bienestar de la población menos favorecida se deteriora día a día con el chuchuchu que quebró el sistema de salud, que los jóvenes pobres no podrán acceder a la educación superior porque se eliminaron los subsidios del Icetex, que miles de familias no tendrán vivienda porque se suspendió el programa Mi Casa Ya y que el exorbitante incremento del salario mínimo, que beneficia al 10% de los empleados, erosionará los ingresos reales del 100% de la población pobre y de clase media.

La inflación que ya registraba presiones alcistas las incrementará por el efecto del salario mínimo. El país queda ad portas de una crisis energética y las familias de clase media y baja deberán pagar una factura creciente de gas por la pérdida de la autonomía en el abastecimiento, resultante de la inoportuna política contra los combustibles fósiles. En fin, enderezar la economía es la titánica tarea que le espera al próximo gobierno.