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Demanda interna y crecimiento económico

martes, 2 de febrero de 2010
Publicado en Ámbito Jurídico el 1 de febrero de 2010



En las recientes negociaciones del salario mínimo dos profesores universitarios que asesoraron a los sindicatos, argumentaron que la demanda interna es el principal componente del PIB y que el consumo de los hogares, que es el componente más importante de ella, viene perdiendo participación (El Tiempo, 14 de diciembre de 2009).

En su opinión, estos hechos justifican el incremento del salario mínimo del 8% solicitado por los representantes de los sindicatos, pues no sólo permitiría recuperar la participación del consumo de los hogares en el PIB sino que contribuiría a la reactivación de la economía por el mayor dinamismo de la demanda interna. También afirman que las exportaciones no pueden ser el motor que dinamice la economía por la crisis mundial y el cierre del mercado venezolano.

Este último punto refuerza las críticas de algunos sectores a la política de internacionalización que adelanta el gobierno. Aseveran que el énfasis de la política económica está en las exportaciones y no en el mercado interno, lo cual consideran erróneo por las diferencias que hay en su peso relativo dentro del PIB.

El argumento es aparentemente sólido. Sin embargo, un análisis cuidadoso muestra que no hay mayor novedad en él y que es errada la interpretación de los supuestos que orientan la política de internacionalización.

En primer lugar, la demanda interna, conformada por el consumo final de los hogares, el consumo del gobierno y la inversión, es el grueso del PIB en casi todas las economías del mundo. En Colombia representó el 102% del PIB en 2006, el 105% en Estados Unidos, 95% en Alemania, 99% en Japón, 97% en Brasil, 101% en México y 95% en Argentina.

En segundo lugar, el actual nivel de participación del consumo de los hogares en el PIB de Colombia (65.7% en 2008) no es atípico respecto a otras economías. Fue el 70.5% en Estados Unidos en 2006, 64.1% en Inglaterra, 58.4% en Alemania, 57.2% en Japón, 59.0% en Argentina, 55% en Chile y 60.4% en Brasil.

En tercer lugar, es cierto que el consumo de los hogares perdió participación, pero ello no significa que en términos reales haya caído, como lo insinúa el argumento de los asesores académicos de los sindicatos. Entre 1994 y 2007 este consumo pasó de $1.20 millones por habitante, en pesos constantes de 1994, a $1.45 millones, lo que equivale a un incremento del 20.3%.

El menor peso relativo responde a la mayor participación del gasto de consumo del gobierno a partir de la reforma constitucional de 1991 y más recientemente a la recuperación de la inversión; el primero pasó del 10% del PIB en 1993 al 23% en 1999, mientras que la segunda aumentó su participación hasta 27% en 2008, a partir del 13% que tenía en 1999.

En cuarto lugar, la política de internacionalización no busca sustituir la demanda interna por las exportaciones. El planteamiento de los críticos nace de una interpretación errada de la relación entre el comercio internacional y el crecimiento económico.

El papel del comercio en el crecimiento se percibe claramente a partir del concepto de los encadenamientos productivos, formulado por Albert Hirschman hace más de 50 años. Más importante que la magnitud de las exportaciones son los efectos que desencadena. No sólo hay unos efectos directos de generación de valor agregado y empleos en la producción y la logística de la exportación, sino unos indirectos que empiezan con la provisión de los medios de pago internacionales que brindan al país el acceso a bienes, servicios, tecnología y conocimientos que no produce. Esto abre a su vez una nueva cadena de creación de valor agregado y de empleos que no se darían en igual medida sin el comercio internacional.

El caso de China es un ejemplo contundente. En 1970 la suma de exportaciones más importaciones de bienes y servicios (indicador de apertura comercial) representaba el 5.3% del PIB. Las reformas realizadas a partir de 1978 impulsaron el crecimiento de las exportaciones y, de forma paralela, de las importaciones; entre ese año y 2006 las primeras se multiplicaron por 30, y las segundas por 33. Como consecuencia, hoy en día el comercio equivale a más del 72% del PIB. Pero no por ello se sacrificó la demanda interna; ella es el 92% del PIB, y el saldo neto de exportaciones menos importaciones aporta un 8% del PIB. ¿Podría la economía china crecer al 10% anual con un nivel de apertura del 5%? Pocos economistas en el mundo responderían afirmativamente.

De igual forma, la negociación de tratados de libre comercio que viene realizando el gobierno colombiano busca fortalecer los efectos dinamizadores del comercio internacional a partir del acceso preferencial permanente de nuestras exportaciones en los mercados de los principales socios comerciales.

En síntesis, la alta participación de la demanda interna en el PIB no es una característica exclusiva de Colombia, no es atípico el peso relativo del consumo final de los hogares y no hay evidencia de reducción del valor del consumo expresado en términos reales per cápita. Es razonable concluir que la política económica debe actuar sobre la demanda interna para reactivar la economía, y así viene ocurriendo con el plan contracíclico. Pero no se puede menospreciar el papel del comercio internacional como palanca de crecimiento por el hecho de estar atravesando por una coyuntura adversa.

Comercio y desarrollo

miércoles, 30 de diciembre de 2009
Publicado en el diario La República el 30 de julio de 2008


Hay conceptos de la economía que pese a su utilidad son relegados al baúl de los recuerdos. Tal es el caso de la idea de los eslabonamientos productivos, que postuló Albert Hirschman en su obra “La estrategia del desarrollo económico”, publicada en 1958.

En el foro organizado por la Universidad de los Andes para conmemorar los 50 años de la publicación de esa obra, Miguel Urrutia sintetizó el concepto en los siguientes términos: “El desarrollo se acelera por la inversión en proyectos e industrias con fuertes efectos de enlace hacia delante y hacia atrás. Los enlaces hacia atrás conducen a nueva inversión en instalaciones proveedoras de insumos, y los enlaces hacia delante conducen a la inversión en instalaciones empleadoras de productos”.

La idea de los eslabonamientos productivos puede contribuir a la comprensión del vínculo entre el comercio y el desarrollo económico, especialmente en el caso de los opositores a las negociaciones comerciales.

Las nefastas experiencias autárquicas de Alemania Oriental, China, India y Corea del Norte, entre otros, les ha demostrado que una economía no se puede aislar del comercio internacional. Por eso aceptan que un país no puede ser autosuficiente y necesita relacionarse comercialmente con las demás naciones; no obstante, no creen que éste sea un vehículo de desarrollo económico. Para probarlo señalan que el indicador de apertura económica de Estados Unidos (25% del PIB) es inferior al de Colombia (43%) y Angola (122%); aún así, el primero es una potencia económica mundial y los otros dos son economías subdesarrolladas, con ingreso per cápita nominal a precios de paridad de US$ 6.724 y US$ 5.590, respectivamente (el de E. U. es US$ 45.845).

Esa percepción pasa por alto que Estados Unidos es el primer exportador mundial y que tener un bajo índice de apertura no es sinónimo de economía cerrada. De hecho, el componente de comercio internacional de los índices de libertad económica muestra que es una economía que impone menores restricciones a las exportaciones e importaciones que Colombia y Angola.

La aproximación mediante el concepto de Hirschman permite apreciar que los indicadores simples no miden el impacto del comercio internacional en el desarrollo económico. Para ilustrarlo, nada mejor que un ejemplo.

Si Colombia sólo produjera café para el consumo nacional, la producción sería de apenas dos millones de sacos por año y para ello bastaría el trabajo de unas 60 mil familias. La realidad es que la cosecha anual del país es del orden de los 12 millones de sacos y requiere el trabajo de más de 500 mil familias. El sobrante de 10 millones de sacos queda disponible para exportarlo a otros mercados.

Pasar de producir únicamente para el consumo nacional a hacerlo para el mercado mundial activa eslabonamientos hacia atrás, como el incremento en inversiones para la producción de abonos, la investigación en nuevas semillas, la fabricación de empaques, y la construcción de carreteras, entre otras. De igual forma hay eslabonamientos hacia adelante, como las mayores inversiones en comercializadoras, equipo de transporte y equipos para el control de calidad. Todos estos procesos generan empleos, ingresos y crecimiento de la demanda agregada de la economía.

Además de estos aspectos, la exportación aumenta la disponibilidad de divisas, que permiten adquirir bienes que el país no produce: computadores, tecnología, bienes de capital, etc.

Sin el concepto de eslabonamientos productivos, sólo mediríamos la exportación de 10 millones de sacos de café, porque la producción inducida por el comercio internacional queda registrada en cada industria y en cada sector de servicios. Por esto hay analistas y críticos que no captan el impacto macroeconómico de las exportaciones y menos aún su papel en el desarrollo económico.

Colombia turística

Publicado en el diario La República el 14 de marzo de 2008


Es una verdad de a puño que Colombia tiene vocación turística. Por esta razón en la construcción de la agenda interna regional todos los departamentos lo incluyeron como un sector con potencial de desarrollo en diversas especialidades, tales como mar y playa, aventura, cultural e histórico, ecológico, y negocios, entre otras.

Lo que pocos saben es que es un sector con enorme impacto económico, pero difícil de cuantificar. Entre los sectores que generan el PIB no aparece uno que se llame “turismo”. Ello ocurre porque el turismo es el consumo que los viajeros hacen de un conjunto de bienes y servicios producidos por diversos sectores. Un turista además de alojarse en un hotel y alimentarse en restaurantes, usa transporte aéreo, se moviliza en taxis, compra artesanías, visita museos, va a teatro, adquiere bienes en los centros comerciales, etcétera.

Otro aspecto poco conocido es que el sector tiene lo que los economistas denominan “encadenamientos” hacia delante y hacia atrás. El desarrollo de un proyecto turístico demanda actividades del sector de la construcción (hoteles y centros de convenciones) y de todos los sectores vinculados a él; también demanda la provisión de servicios públicos (agua, energía, comunicaciones), infraestructura, servicios de transporte aéreo, fluvial y terrestre, servicios recreativos y mobiliario. Hacia adelante aumenta la demanda de bienes y servicios generales o relacionados con cada especialidad del turismo (alimentos, equipos deportivos y productos para la protección de la piel, por ejemplo). La suma de estos procesos es un impacto económico y social realmente importante.

Por esta razón, diversos organismos nacionales e internacionales vienen desarrollando metodologías de medición del turismo. La Cepal propuso el uso de indicadores básicos a partir de las cuentas nacionales, la balanza de pagos y algunas encuestas. Ellos constituyen una aproximación que permite formarse una idea del peso relativo del sector; su principal limitación es la exclusión (no captura) del turismo interno.

Otra metodología es la de cuentas satélite, liderada por la Organización Mundial de Turismo. Estas vinculan la contabilidad nacional con encuestas específicas que permiten medir la oferta y la demanda de bienes y servicios turísticos, así como la generación de valor agregado y de empleo. Las mediciones preliminares (y no completas) de Colombia indican que el turismo puede contribuir directamente con la generación de alrededor del 2% del PIB.

Las cuentas satélite se han elaborado en pocos países porque requieren información que actualmente no está disponible en la mayoría de economías subdesarrolladas; en un número creciente de ellas apenas se están iniciando los trabajos para recaudar los datos necesarios. En cambio, los indicadores de la Cepal, se han construido para muchos países y, pese a sus limitaciones, permiten comparaciones internacionales. De ellas se deriva que el consumo turístico receptor (proveniente del exterior) representa alrededor del 1% del PIB en Colombia. Esta cifra es muy inferior a la de los países del CARICOM (19% del PIB) que se especializan en turismo de mar y playa y de los centroamericanos (entre 3 y 5% del PIB), que tienen más diversificación.

¿Puede Colombia lograr niveles cercanos a los de las economías centroamericanas? No hay la menor duda. Las cifras disponibles demuestran que los resultados positivos de la política de seguridad democrática han tenido un notable impacto en la reactivación del turismo. Además, el gobierno cuenta con una estrategia orientada a crear las condiciones para el desarrollo acelerado del sector y mejorar su posicionamiento en los mercados internacionales. Este es un reto grande que será posible alcanzar con el concurso de las regiones y del sector privado: así se podrá aprovechar ese gran potencial de generación de valor agregado y empleos.