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EE.UU.: ¿Víctima de la globalización?

viernes, 11 de abril de 2025

 

Publicado en Portafolio el 11 de abril de 2025

Lo que está ocurriendo por estos días en el mundo es inaudito. EE.UU., el país más poderoso del planeta se declaró víctima de la globalización. 

En un artículo del Financial Times (“Donald Trump’s tariffs will fix a broken system”), Peter Navarro, el arquitecto de la visión comercial de Trump, expuso los argumentos que subyacen a los tristemente famosos aranceles “recíprocos”.

Según esta visión, el comercio mundial es un “sistema manipulado en contra de EE.UU.”. ¿Cómo opera en contra ese sistema? 1. Los aranceles promedio de EE.UU. (3,3%) son menores que los de China (7,5%), Vietnam y Tailandia (10%). 2. Hay un “aluvión de armas no arancelarias que utilizan las naciones extranjeras” contra EE.UU. 3. El déficit comercial acumulado de EE.UU. entre 1976 y 2024 equivale al 60% del PIB de 2024. 4. El empleo manufacturero se redujo en 6,8 millones desde 1979 por la baja del arancel NMF. 5. El sistema de resolución de disputas de la OMC es deficiente y “las consecuencias han sido catastróficas”.

La realidad es un poco diferente. 1. En la OMC los países desarrollados negociaron permitiendo a las economías en desarrollo aranceles consolidados más altos y ofreciéndoles acceso a sus mercados, a cambio de que aceptaran los acuerdos sobre propiedad intelectual (Hausmann “El punto ciego comercial de 16 billones de dólares de Trump”). 2. El International Trade Barrier Index 2023 ubicó a EE.UU. en el puesto 65 entre 88 países. Canadá, Chile y Colombia se ubicaron en el 4, 10 y 16, respectivamente, porque tienen menos barreras arancelarias más no arancelarias. Además, la elevada protección agrícola de EE.UU. distorsiona el comercio internacional en detrimento de los países en desarrollo. 3. El indicador carece de sentido económico, y Navarro no menciona que “el superávit de EE.UU. en servicios e ingresos de capital extranjero prácticamente compensa su déficit comercial en bienes” (Hausmann). 4. Es cierto, pero el empleo en servicios creció en 64 millones de personas en igual periodo y el número de profesionales, científicos y técnicos se incrementó en 6,3 millones desde 1990. 5. Según Chatam House, “entre 1995 y 2019, Estados Unidos fue demandante en 124 de un total de 593 disputas en la OMC… [y] fue demandado en 155 casos”. Desde 2019 ese sistema de la OMC no funciona por el bloqueo de EE.UU. al nombramiento de nuevos jueces.

Un tema final. La globalización puede entenderse como el conjunto de cadenas de suministro de las multinacionales, que buscan reducir sus costos y maximizar sus ganancias. De las 100 empresas más grandes del mundo en 2024, 63 son de EE.UU. De China, su archienemigo, son ocho.

Síntesis: La base de los populistas aranceles “recíprocos” son verdades a medias.

Victoria pírrica

viernes, 20 de marzo de 2020
Publicado en Portafolio el 20 de marzo de 2020

En medio de la baraúnda de las últimas semanas por cuenta del Covid-19 y la guerra del petróleo, quedó sepultada la noticia de la balanza comercial de Estados Unidos. Vale la pena sacarla a flote, pues se trata del eje central de la visión trumpiana sobre la relación económica entre países y es el fundamento de la guerra comercial que tanto daño le está haciendo al mundo.

El déficit comercial de Estados Unidos en 2019 ascendió a US$853 mil millones, con una reducción del 2,5% respecto al observado en 2018; en términos absolutos disminuyó en US$22 mil millones, después de dos años de altos crecimientos.

El saldo del comercio de bienes que mayor interés suscita es el de Estados Unidos con China, que es el blanco principal de la guerra comercial; con esta nación el déficit fue 17,6% menor que el del año anterior y su caída fue de US$74 mil millones, cifra nada despreciable; este resultado refleja una contracción del 16,2% en las importaciones y una del 11,3% en las exportaciones.

Puestos en esos términos, parecería que Trump salió victorioso de su guerra. Pero la realidad no es tan clara. En primer lugar, por la existencia de cadenas globales de valor, el costo ha sido la pérdida de dinámica del comercio internacional, lo que, sumado a otros hechos, contribuyó a desacelerar el crecimiento económico de numerosos países. Según las estimaciones del Netherlands Bureau for Economic Policy Analysis (CPB World Trade Monitor) durante 2019 el volumen de comercio y los precios unitarios cayeron 0,4% y 2,6%, respectivamente.

En segundo lugar, como consecuencia del “fracking”, Estados Unidos se convirtió en el primer productor mundial de petróleo y, en consecuencia, siguió reduciendo sus compras al mercado internacional. En 2019 disminuyó sus importaciones del hidrocarburo en US$30.000 millones y, según los cálculos del U.S. Census Bureau, el déficit comercial sin petróleo se incrementó en 1,8%.

En tercer lugar, parte de las compras que se hacían a China fueron sustituidas por las realizadas a otros países, lo que se refleja en el aumento del déficit comercial de Estados Unidos con México (26%), Canadá (42%), Vietnam (41%), Corea del Sur (16%) y la Unión Europea (5%).

En cuarto lugar, la esperanza de Trump y de los ideólogos de la guerra comercial, como Peter Navarro, era que la imposición de aranceles a China obligara a las empresas a retornar al país y a crecer la producción nacional. Sin embargo, lo que se está observando es lo contrario: el índice de producción industrial de Estados Unidos creció 4% anual al cierre de 2018 y registró una variación negativa del 1% al cerrar 2019.

En síntesis, la victoria de Trump en la guerra comercial es pírrica, como lo habían anticipado destacados economistas. Ahora en un escenario con coronavirus y guerra petrolera, el dólar se fortalece y hace que las exportaciones estadounidenses se vean perjudicadas por el cambio de los precios relativos, por lo que cabe esperar que esas deleznables ganancias se diluyan.

El problema es que la creciente probabilidad de una recesión mundial que no estaba en el radar de ningún analista hasta hace un par de meses, ocurrirá en una economía mundial debilitada y con un limitado margen de maniobra de las autoridades económicas de muchos países.

Cisnes negros

jueves, 18 de julio de 2019
Publicado en Portafolio el 18 de julio de 2019

Los ataques de Trump a Huawei representan una nueva dimensión de la guerra comercial. Prohibió a las empresas de Estados Unidos venderle insumos y “sugirió” a sus aliados seguir el ejemplo; esto plantea interrogantes sobre el trasfondo de la decisión y el riesgo de quiebra de la empresa.

Sobre el primer tema, parece que el rezago tecnológico de los Estados Unidos frente a la empresa china pudo ser un detonante. Huawei es el líder indiscutido en la carrera por la tecnología 5G, en la cual se fundamentan los desarrollos de internet de las cosas, la robótica y los vehículos autónomos. Pero, en opinión de algunos analistas, la decisión de Trump podría demorar más el desarrollo de 5G en Estados Unidos, mientras tomarían ventaja China y otros países.

Menos evidente, aun cuando no carente de indicios, es la justificación por ciberespionaje. Australia ya había tomado la decisión de restringir las contrataciones con Huawei por temor al espionaje para el gobierno chino. La presunción se fortalece porque en las empresas chinas debe existir una célula del partido comunista y Xi Jinping quiere que el partido aumente su injerencia en los cargos de administración. Además, la Ley de Inteligencia Nacional de China de 2017 establece que “cualquier organización… debe apoyar, ayudar y cooperar con el trabajo de inteligencia del Estado”.

Sobre el segundo tema, cabe destacar la figura de los cisnes negros. Según Nassim Taleb, los cisnes negros son episodios de casi nula probabilidad de ocurrencia, por lo que la gran mayoría de los analistas no los tienen en cuenta. Pero cuando ocurren, generan enormes impactos.

El tema viene a cuento porque la sede principal de la empresa en Shenzhen tiene un lago artificial con cisnes negros. El mensaje para los trabajadores es que, al verlos, todos los días recuerden la importancia de prepararse para lo inesperado.

La curiosidad surge en torno a cómo va Huawei a afrontar el enorme problema que genera el ataque de Trump. No hay nada cierto sobre el tema, pero se especula que ya tiene un sistema operacional que reemplazaría el Android de Google. De igual forma se asevera que tiene existencias de componentes esenciales para un año de fabricación (I. Hilton “The Huawei dilemma”). Es importante tener en cuenta que la empresa es el mayor vendedor mundial de tecnología, destina USD$14 mil millones a I+D (más que Apple, Microsoft e Intel) y tiene alrededor de 70.000 patentes.

La probabilidad de supervivencia de la empresa aumenta con los altibajos en las decisiones de Trump. Los anuncios recientes de permitir por tres meses las ventas de componentes fabricados por empresas estadounidenses y la posible moderación de la prohibición en el marco de la negociación con China, hacen pensar que no se llegará al peor de los escenarios. Quizás algo incida en eso el hecho de que unas 1.200 empresas de los Estados Unidos facturan más de USD$11 mil millones anuales con Huawei.

El mundo queda a la expectativa sobre los dos temas. Uno es la compleja combinación de una guerra comercial con una guerra tecnológica. El otro es si la capacidad de la empresa de prever escenarios extremos y altamente improbables le permitirá sobrevivir. El tiempo nos dará respuestas sobre los dos y sobre su impacto global.

¿Camino a la recesión?

viernes, 18 de enero de 2019
Publicado en Banca & Economía, Edición 11, diciembre de 2018 - febrero de 2019

Un número creciente de analistas prevé una recesión en las economías desarrolladas hacia el 2020. Pero, las políticas económicas que ellas vienen adoptando también aumentan el riesgo de desaceleración de las economías emergentes.

La Reserva Federal incrementó su tasa de intervención –desde el rango de 0% a 0,25%, hasta el actual entre 2% y 2,25%–, y se espera que lo siga haciendo en diciembre de 2018 y durante 2019. El Banco Central Europeo siguió recortando el monto de compra de títulos y anunció que su tasa de interés comenzará a incrementarse en enero.

Esas decisiones propiciaron un mayor flujo de capitales hacia Estados Unidos, la apreciación del dólar y de las monedas de otras economías desarrolladas, una salida neta de capitales de las economías emergentes, la fuerte apreciación de las monedas de estos países y el aumento en la percepción de riesgo por parte de los inversionistas internacionales.

Estos factores externos sumados a una guerra comercial y a factores internos, como las malas decisiones de política económica, pueden desencadenar una crisis de las economías emergentes.

Durante la crisis mundial de 2008-2009, la mayor parte de las economías emergentes pudo implementar políticas fiscales y monetarias expansivas que les amortiguaron el impacto de la contracción de la demanda mundial. En los años siguientes hubo países que iniciaron procesos de consolidación fiscal, aprovechando los recursos del auge de precios internacionales de los productos básicos, y aumentaron las tasas de interés de sus bancos centrales, especialmente por las presiones inflacionarias generadas por la depreciación de las monedas con el choque petrolero.

Pero en la actual coyuntura hay aspectos que aumentan la probabilidad de crisis. No todos los países completaron la consolidación fiscal, pues una parte de los ingresos derivados del auge de los precios internacionales de los productos básicos fue orientada a un mayor gasto. Además, la abundante liquidez global y las bajas tasas de interés desde la crisis mundial de 2008-2009 indujeron un alto endeudamiento de gobiernos y empresas privadas, lo que los hace muy vulnerables a subidas en las tasas de interés y a las depreciaciones cambiarias. De ahí que diversos analistas perciban un aumento del riesgo de default.

La prolongada etapa de bajas tasas de interés está terminando porque los procesos de normalización de la política monetaria en las economías desarrolladas y el surgimiento de mayores presiones inflacionarias llevan al aumento de las tasas de intervención de los bancos centrales. En el caso de Estados Unidos, esa tendencia se ve acentuada por la situación de pleno empleo y por el efecto de los estímulos fiscales en el crecimiento de la demanda agregada.

El FMI señala que la inflación en las economías desarrolladas se puede acelerar más de lo previsto, lo que endurecería las políticas monetarias, induciendo mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales y la imposición de condiciones más restrictivas para los países que conserven el acceso a nuevos recursos.

Las cifras indican la alta probabilidad de hacer efectivos los riesgos de recesión en el mundo emergente. Según la Unctad, la deuda total de las economías emergentes y en transición llegó a USD$7,64 billones en 2017 y creció al 8.5% anual desde 2008. La misma fuente señala que el endeudamiento del sector privado de las economías emergentes y en desarrollo creció de forma explosiva; su participación en la deuda mundial pasó de 7% a 26% entre 2007 y 2017. Además, el crédito a empresas no financieras, que en 2008 era el 56% del PIB, llegó al 105% en 2017.

Para ese organismo, “la vulnerabilidad se refleja en los flujos de capitales transfronterizos, que no solo son más volátiles, sino que han pasado a ser negativos para el conjunto de los países emergentes y en desarrollo desde finales de 2014, habiendo sido la salida de capitales especialmente cuantiosas en el segundo trimestre de 2018”. Los movimientos netos de capital a estos países fueron positivos hasta comienzos de 2018 y luego se volvieron negativos, contribuyendo a la presión a la depreciación de las monedas.

Las cifras y los hechos mencionados generan señales de alerta. Renombrados analistas están llamando la atención sobre los riesgos actuales y el escaso margen de maniobra que tienen los países para implementar políticas contracíclicas que permitan frenar los riesgos de crisis cambiarias y de default.

El nobel de economía Paul Krugman afirma que “se ha vuelto al menos posible imaginar una crisis auto-reforzadora del estilo clásico de 1997-8: las caídas de las monedas de los mercados emergentes causan un estallido de la deuda corporativa, causando estrés en la economía y una mayor caída de la moneda”.

La Unctad resalta el riesgo implícito en la entrada de inversiones de portafolio a las economías emergentes, pues se trata de capitales altamente sensibles a los cambios en las condiciones financieras del mundo, como las que se vislumbran a partir de las decisiones mencionadas en las economías desarrolladas.

Señala este organismo que “en muchas economías emergentes, los cambios en sus balances externos de deuda a capital (tanto en el activo como en el pasivo) entre 2000 y 2016, promovidos por los gobiernos como una forma de reducir las vulnerabilidades de la deuda externa, solo han servido para aumentar otras vulnerabilidades financieras, como una presencia extranjera grande y volátil en los mercados locales de acciones”.

En síntesis, se avecinan tiempos de turbulencias. Si bien hay economías emergentes que han implementado buenas políticas económicas y tienen margen para adoptar medidas contracíclicas, hay otras que tienen un alto grado de exposición a las depreciaciones y las salidas de capital; lo vivido recientemente por Argentina y Turquía es un campanazo de alerta.

El problema de fondo es que, como lo muestran experiencias anteriores, si lo que pesa en los inversionistas es su percepción del vecindario habrá un efecto contagio que ponga en riesgo al mundo emergente. Países como Colombia, que hasta ahora son percibidos como de menor riesgo, podrían ser afectados por el deterioro de otras economías emergentes.

América Latina y la incertidumbre global

viernes, 4 de mayo de 2018
Publicado en la Revista Fasecolda No. 169

En el periodo reciente aparecieron diversos factores exógenos que pueden afectar la dinámica de crecimiento de las economías de América Latina. Ante ellos, los gobiernos solo pueden adoptar medidas para mitigar sus impactos, pero no es una tarea fácil.

Migración venezolana

El desastre económico ocasionado por la dictadura de Venezuela originó la migración masiva de residentes que buscan escapar de la penuria que los agobia. Según la firma Consultores 21, la diáspora, que en los últimos años supera los cuatro millones de personas, se orienta especialmente hacia países de América y Europa; Colombia y Chile aparecen como los principales destinos, con el 17% cada uno, seguidos de EE.UU. (10%), Perú (10%), Ecuador (8%), Panamá (7%) y Argentina (4%).

Al principio, migraron los empresarios afectados por la pérdida de estabilidad jurídica en el país; luego salieron muchos trabajadores calificados, bien sea por el cierre de empresas o porque los áulicos de la revolución bolivariana se apoderaron de los cargos gerenciales (como en el caso de PDVSA). Ahora están migrando familias de clase media y baja, castigadas por la escasez de alimentos y medicinas, la erosión de los ingresos que ocasiona la hiperinflación y la represión de la dictadura a cualquier forma de protesta contra el régimen.

Para los países receptores de la región, esa masiva llegada de migrantes en pésimas condiciones económicas y sanitarias tiene serias repercusiones: crecimiento de la informalidad; presión sobre los sistemas de salud para la atención gratuita; entrada de enfermedades como la difteria y el sarampión, que estaban erradicadas de América Latina; atención en el sistema educativo a niños sin recursos; incremento de la delincuencia y prostitución; y riesgo de aparición de problemas de xenofobia, debido a que los residentes se sienten desplazados de sus empleos y del acceso a servicios esenciales, por los migrantes.

Además del malestar social, es evidente que los costos económicos son elevados y afectan las ya debilitadas finanzas nacionales y municipales de los países receptores.

Comercio internacional

Aun cuando el comercio internacional está en proceso de recuperación, hay serias amenazas a la institucionalidad que ha regido durante décadas.

En la última Conferencia Ministerial de la OMC, el presidente del Consejo General afirmó que «los ciudadanos de todo el mundo… cuestionan cada vez más los beneficios del comercio internacional y los acuerdos comerciales, y ponen a prueba el multilateralismo». 

Esos sentimientos han sido alimentados por los pobres resultados del largo periodo de la Ronda de Doha y por el aumento del proteccionismo en numerosas economías durante la Gran Recesión.

A esto se suman las posiciones del presidente Trump contra los acuerdos comerciales, incluyendo la OMC; según el mandatario, este organismo no beneficia a los EE.UU. y los jueces están en su contra, lo que explica el predominio de fallos adversos.

En consecuencia, EE.UU. optó por bloquear el órgano de apelaciones de la OMC; actualmente tres de los siete cargos están vacantes porque ese país no ha dado su voto para suplirlos. Como cada apelación debe ser atendida por tres jueces, en poco tiempo se puede paralizar este órgano, que es parte esencial del mecanismo de solución de diferencias.

«Trumponomics»

La presidencia de Trump plantea riesgos para la economía mundial por sus erráticas decisiones. Dos de ellas merecen especial atención, por los efectos sobre el comercio y la economía.

Sobre comercio, desde que asumió el cargo, retiró a EE.UU. del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, congeló la negociación de la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, forzó la renegociación del Nafta, mantiene amenazas continuas contra las importaciones de China y México, e impuso mayores gravámenes a las lavadoras y los paneles solares. Más grave, sin embargo, es la decisión de imponer aranceles del 25% y del 10% a las importaciones de acero y aluminio, respectivamente.

Con esto, puso al mundo al borde de una guerra comercial. Trump y sus asesores olvidaron o desconocen la experiencia de 2002, que mostró cómo ese tipo de barreras comerciales castigan a los consumidores, vía mayores precios, y a los fabricantes de EE.UU. que utilizan esos productos como insumos, vía pérdida de competitividad. Además, el efecto sobre las cadenas globales de valor puede ser desastroso y, paradójicamente, el mayor impacto lo sufrirían las empresas y la población estadounidenses.

Sobre la economía, resulta difícil entender que, en un entorno de posible recalentamiento de la economía, se impulse una reforma tributaria que generará incrementos adicionales de la demanda y aumento del déficit fiscal. Algunos analistas cuestionan si realmente era necesaria. Brookings Institution señala que, si bien la tarifa corporativa de impuestos estaba en el 35%, la mayor parte de las empresas pagaban una mucho menor por exenciones y tratamientos especiales; además, en las últimas décadas, las empresas perdieron participación en el recaudo impositivo. El interrogante es qué harán las empresas con los recursos adicionales que les genera el menor pago de impuestos y cómo financiará el Gobierno el aumento del déficit fiscal.

Con el escenario hipotético de mayor gasto, aumento de la inflación y creciente endeudamiento del Gobierno, crece la probabilidad de incremento de las tasas de interés por parte de la FED, con más celeridad y en mayor magnitud a las previstas inicialmente, fortalecimiento del dólar y un déficit comercial de mayor cuantía. Esto pone en riesgo la reciente recuperación de la economía mundial y puede repercutir en dificultades de acceso de las economías emergentes a los mercados financieros.

Petróleo

El repunte de los precios del petróleo desde finales de 2017 es un alivio para las economías productoras y exportadoras. Pero no se debe perder de vista la alta volatilidad del mercado del hidrocarburo y los grandes márgenes de error de las proyecciones de sus precios a mediano plazo.

En ese contexto, es relevante la pregunta sobre la sostenibilidad de los precios alrededor de los USD 70 por barril. El reciente aumento se explica por el crudo invierno en el hemisferio norte, la reactivación de las economías desarrolladas y emergentes, y el acuerdo flexible entre la OPEP y Rusia. Es claro que el primer factor se agota en poco tiempo, pero el segundo se puede sostener por el resto del año; en el caso del tercero, es más compleja cualquier predicción.

Los precios más altos están incentivando la entrada en producción de pozos de hidrocarburos no convencionales, que fueron sellados por la caída de los precios. Es evidente que la unidad de la OPEP se ha resquebrajado en los últimos años y que su acuerdo de reducción de la producción se puede romper en cualquier momento. Aun cuando Arabia Saudita y Rusia están diseñando estrategias para fortalecer el acuerdo y vincular a más países no-OPEP, la debilidad mencionada aumentará en un escenario de mayor oferta de EE.UU.

China y la geopolítica

En enero de 2017, mientras Trump tomaba posesión de su cargo como presidente de EE.UU. con un discurso que glorifica el proteccionismo, Xi Jimping intervenía en Davos postulando a China como el líder mundial de la globalización.

China está desarrollando una estrategia diplomática global que Trump no percibe; solo eso explica que haya retirado a EE.UU. del TPP, sin valorar que el objetivo de Obama era hacer contrapeso al creciente poderío de esa nación en el Pacífico.

Los últimos gobiernos de EE.UU. no han manifestado gran interés por América Latina. Entre tanto, los chinos iniciaron una paciente labor de fortalecimiento de las relaciones diplomáticas y económicas, y lograron una notable presencia en la región: son el segundo socio comercial de América Latina y el primero de Brasil, Chile y Perú; han adquirido más de un millón de hectáreas de tierras, con la visión de producir productos básicos para exportar a China; la inversión extranjera directa se calcula en USD 90.000 millones entre 2005 y 2017 (5% del total); y, los préstamos a los gobiernos de la región, en el mismo periodo, superan los USD 140.000 millones. Además, han manifestado su intención de apoyar la construcción de obras estratégicas de infraestructura para varios países, como el corredor del Trópico de Capricornio (Chile, Brasil y Argentina) y el tren bioceánico (Uruguay, Bolivia y Perú o Chile).

En este escenario, América Latina puede ser víctima de una nueva colonización que perpetuará la función de proveedores de bienes de bajo valor agregado y sin opciones claras de desarrollo. 

Síntesis

En el mundo siempre habrá amenazas y oportunidades para cada país. Pero en la situación reciente están confluyendo diversas fuerzas exógenas de gran magnitud que pueden limitar la recuperación económica de América Latina y ante las cuales es muy escaso el margen de maniobra.

No obstante, es importante que los gobiernos y los empresarios tengan plena conciencia de ellos y adopten oportunamente medidas que puedan mitigar los impactos. Por ejemplo, evitar una nueva enfermedad holandesa; diseñar estrategias de aprovechamiento del capital humano migrante y allegar recursos de organismos internacionales para afrontar la crisis humanitaria; fortalecer los acuerdos comerciales en un escenario de guerra comercial; y adoptar estrategias activas frente a China, para vincular empresas a las cadenas globales de valor y desarrollar programas de cooperación para diversificar las exportaciones hacia bienes y servicios de mayor sofisticación.

Opciones existen, pero hay que anticiparlas y fortalecer la construcción de puentes, en lugar de muros.

Aranceles y seguridad nacional

viernes, 20 de abril de 2018
Publicado en Portafolio el 20 de abril de 2018

La seguridad nacional es uno de los muchos argumentos que se esgrimen para justificar las políticas proteccionistas. Precisamente a él acudió Trump para imponer aranceles adicionales a las importaciones de acero y aluminio.

Es un argumento controvertido porque no es claro su significado ni la forma en que la política comercial subsana los presuntos problemas de seguridad nacional.

El artículo XXI del GATT considera la seguridad nacional como una excepción al principio de nación más favorecida, según el cual un país no puede dar a otro miembro de la OMC un trato diferente al que da a los demás.

Diversas lecturas de ese artículo del GATT de 1947 se enfocan en la relación entre seguridad nacional y conflictos armados, porque se incluyó recién terminada la Segunda Guerra Mundial; por eso se interpreta que en caso de guerra es permitido adoptar medidas discriminatorias contra el comercio del contendor.

Pero en la práctica se puede exagerar su aplicación; por ejemplo, durante la guerra de las Malvinas, además del Reino Unido, varias economías desarrolladas no vinculadas al conflicto invocaron el artículo XXI para imponer restricciones al comercio de Argentina.

En Estados Unidos la visión sobre el tema va más allá del GATT, pues la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial se refiere a la amenaza que puedan ocasionar las importaciones sobre la seguridad nacional, haya o no un potencial conflicto armado.

Antes de 2018 se realizaron 26 investigaciones (la última fue en 2001); en la mayoría no se identificaron riesgos para la seguridad nacional y solo dos se concretaron en medidas específicas. La primera sobre petróleo con Libia, prohibió su importación desde ese país en 1982. La segunda, en 1983, fue sobre maquinas herramientas para trabajar metales, pero se acordó con Japón una restricción voluntaria de exportaciones.

En las Proclamaciones Presidenciales 9704 y 9705, mediante las cuales Trump impuso los aranceles adicionales al acero y el aluminio, exceptuaron a Canadá y México, dado el mutuo apoyo “para abordar las preocupaciones de seguridad nacional”. Posteriormente fueron excluidos Australia, Argentina, Corea del Sur, Brasil y la Unión Europea, porque “cada uno de estos países tiene una relación de seguridad importante con los Estados Unidos”.

Con esas exclusiones resulta muy débil el argumento de seguridad nacional. En el caso del acero los países mencionados representaron el 58.2% del volumen importado por Estados Unidos en 2017, mientras que las de China fueron el 2.2%; además, el 94% de las provenientes de este último país ya tenían gravámenes adicionales. En las importaciones de aluminio, cinco de los excluidos aportan el 48.6% del total y China el 8.9%; pero, el 95.6% de las chinas están sujetas a aranceles especiales.

Las cifras ponen en evidencia dos aspectos de la política de Trump: primero, el objetivo político de su guerra comercial es China, pero la norma carece de sentido por la baja participación en las importaciones y porque ya tienen gravámenes adicionales; y segundo, las economías pequeñas son las grandes damnificadas de una confrontación en la que no tienen nada que ver.

Lo cierto es que con los primeros disparos de la inminente guerra comercial se puede aplicar el dicho popular: “Cuando los elefantes pelean, quien sufre es la hierba”; y Colombia está ahí.

Proteccionismo improvisado

viernes, 23 de marzo de 2018
Publicado en Portafolio el viernes 23 de marzo de 2018

El proteccionismo de Trump carece de argumentos técnicos. Aun cuando él enfatiza en el déficit de la balanza comercial, la variable relevante en economía es el saldo de la cuenta corriente, que además del comercio de bienes, incluye el de servicios y la renta de los factores.

Si esa balanza es deficitaria (importaciones mayores que las exportaciones de bienes), puede tratarse de un problema de competitividad, pero también puede obedecer a un exceso de gasto que es financiado con ahorro externo. Ninguna de estas dos causas se soluciona con medidas proteccionistas ni con guerras comerciales; la primera, demanda mejorar la competitividad y, la segunda, aumentar el ahorro doméstico.

Además, el déficit comercial y el de cuenta corriente se deben analizar en términos relativos y no solo absolutos. El primero aumentó hasta un máximo del 6.0% del PIB en 2006; desde ahí se redujo a 4.0% en 2016. El segundo llegó a 5.8% del PIB y luego disminuyó a 2.4% en los mismos años. Los niveles y las tendencias de ambos son considerados de bajo riesgo en el contexto internacional.

Paradójicamente, la reforma tributaria de 2017 aumentará el déficit comercial que Trump pretende reducir. Se calcula que en los próximos años el déficit fiscal crecerá más de 1.7 billones de dólares; como el ahorro nacional es bajo, el gobierno dependerá de los capitales del exterior para financiarlo. Esos flujos apreciarán más el dólar, debilitarán las exportaciones, fortalecerán las importaciones y ampliarán el déficit de la cuenta corriente.

Los efectos negativos del proteccionismo se acentúan cuando las medidas adoptadas carecen de precisión en sus objetivos, como ocurre con los aranceles a los paneles solares y a las lavadoras y sus componentes. Funcionarios gubernamentales afirmaron que “las tarifas están dirigidas principalmente a… fabricantes chinos de paneles solares y productores surcoreanos de lavadoras” (Wall Street Journal).

En el caso de los paneles solares, Stephen Roach señala que su producción se desplazó de China a Malasia, Corea del Sur y Vietnam, países desde los cuales Estados Unidos importa dos tercios del total de estos productos. Respecto a las lavadoras, Samsung abrió en enero una fábrica de electrodomésticos en Carolina del Sur, con una inversión de US$380 millones; con el arancel, las autoridades del Estado temen que se frenen la producción y los empleos proyectados.

Otra medida reciente de Trump fue la imposición de aranceles sobre el acero y el aluminio. Pero China ya paga unos sobre-aranceles por el 94% de sus exportaciones de acero a Estados Unidos; por esto, según Chad Bown, del Peterson Institute, el impacto esperado para los demás proveedores será mayor que para los chinos. De hecho, aun cuando China es el principal productor mundial, la mayoría de las importaciones estadounidenses provienen de la Unión Europea, Canadá, Corea del Sur, México y Brasil.

En aluminio ocurre algo parecido, pues China solo provee el 10% de las importaciones de Estados Unidos y el 96% de ellas tiene gravámenes adicionales.

Visto así, es más que justificado el severo juicio del nobel de economía Paul Krugman sobre el presidente de EEUU: “Siempre hemos sabido que Donald Trump es beligerantemente ignorante sobre economía (y muchas otras cosas)”. 

Por esto, sigue creciendo el riesgo de una guerra comercial; otro efecto del proteccionismo improvisado.