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Emprendimiento de calidad

jueves, 14 de enero de 2010
Publicado en la revista MisiónPyme de diciembre de 2009


Colombia es un país de emprendedores. Así lo ratifican los estudios Global Entrepreneurship Monitor (GEM); en su última edición (2008) el país aparece clasificado en el puesto tres entre 43 naciones por su tasa de actividad emprendedora.

Además, Colombia ocupó el segundo lugar en el indicador de nuevas empresas que esperan crear más de cinco puestos de trabajo en los próximos cinco años y el primero en las que esperan crear 19 o más puestos de trabajo.

Otro resultado interesante es la tendencia descendente que registra la tasa de cierre de empresas del país. Mientras que en 2006 tenía la segunda más alta, en 2008 registró la décima.

Estos resultados son positivos, pues entre mayor sea la creación de empresas y menor su mortalidad, más importante será su impacto en el crecimiento económico y en la generación de empleos. Por eso el país debe seguir fortaleciendo todos los instrumentos que incentiven el emprendimiento y lo orienten hacia la formalidad.

Este último aspecto es un lunar en el buen balance de emprendimiento. Según el informe GEM Colombia 2008, sólo el 17% de las nuevas empresas con edad inferior a 42 meses es formal. Aun cuando ese indicador refleja un avance respecto al del año anterior (13.9%), predomina la informalidad con sus consecuentes impactos negativos en la productividad del país y en la calidad del empleo.

Entre los diversos aspectos de la política de formalización que adelanta el gobierno, cabe destacar tres medidas del último año: la figura de la sociedad por acciones simplificada (SAS), la gradualidad de los parafiscales y el acceso prioritario de las mipymes a las compras públicas.

Mediante la SAS el país evoluciona en materia de organización societaria hacia un modelo más sencillo y más flexible para todos los tamaños de empresas. Según el Mincomercio, “las empresas familiares y pequeñas cuentan ahora con una estructura societaria que pueden adaptar perfectamente a sus necesidades particulares”. La respuesta de las empresas ha sido entusiasta; entre diciembre de 2008, cuando entró a regir la Ley 1258, y octubre del presente año, se han matriculado 10.288 SAS en las cámaras de comercio.

El Decreto 525 de 2009 estableció un mecanismo gradual en los parafiscales con el fin de aliviar este costo, que las nuevas empresas han identificado como uno de los obstáculos a la formalidad. Con esta norma, se paga el 25% de los parafiscales en el primer año, el 50% en el segundo, el 75% en el tercero y sólo a partir del cuarto el 100%. Hasta septiembre de 2009 se han acogido a este beneficio 432 empresas.

El Decreto 3806 de 2009 reserva para las mipymes creadas hace más de un año el acceso a licitaciones de las compras públicas de cuantía inferior a $372 millones. Es un mercado de $6 billones al cual pueden acceder las empresas formales de este segmento empresarial.

El mensaje para los emprendedores es claro: Aprovechar los incentivos para crear más empresas formales.

Fábrica de empresarios

miércoles, 13 de enero de 2010
Publicado en la revista MisiónPyme de febrero de 2009

¿Pueden “fabricarse” los empresarios? Sin duda, la respuesta predominante en el país sería que “los empresarios nacen, no se hacen”. Y la evidencia tendería a darles la razón, pues muchas de las empresas más destacadas del país fueron iniciadas por empresarios empíricos.

Aun cuando esa apreciación está muy arraigada en nuestra cultura, estos empresarios –a los que denominaremos “silvestres” y que se caracterizan por sus dotes innatas para los negocios–, no son la única clase que existe.

Además de ellos están los del “rebusque” y los formados o “fabricados”. Los primeros terminan como empresarios por la fuerza de las circunstancias: pérdida del empleo y dificultades para contratarse en su área de especialización, por ejemplo. Los segundos son producto de los sistemas de educación que han virado hacia la formación de emprendedores, en lugar de la tradicional capacitación para ser empleados.

La taxonomía no tendría importancia si no fuera porque la creación de empresas es fundamental para el desarrollo de las economías, por su contribución al incremento del PIB y el empleo. Por esta razón, los países fomentan el emprendimiento.

Aun cuando Colombia tiene la tercera tasa de creación de empresas en el mundo, según los estudios “Global Entrepreneurship Monitor”, también tiene la segunda tasa más alta de cierre de empresas. Ese resultado obedece a múltiples razones, pero en parte se explica por el predominio de los empresarios del rebusque.

Las economías desarrolladas percibieron la importancia de fomentar la clase de los empresarios “fabricados” y enfilaron baterías a tal fin. En la Unión Europea lanzaron en el 2000 la “Carta europea de la pequeña empresa”, en la que enfatizan la importancia de la enseñanza de temas empresariales desde la educación primaria:

“Europa educará el espíritu empresarial y las nuevas habilidades desde una edad temprana. Debe transmitirse en todos los niveles escolares un conocimiento general sobre la actividad y el espíritu empresariales. Deben crearse módulos específicos sobre temas empresariales, que constituyan un elemento fundamental de los programas educativos de la enseñanza secundaria y superior”.

Ese objetivo no se quedó en el papel. Lo están implementando en todos los países y le hacen seguimiento permanente, además de complementarlo con otros programas de emprendimiento.

En el caso de Colombia, la “fabricación” de empresarios viene ganando terreno por iniciativa de las instituciones de educación superior y como resultado de la Cátedra de Creación de Empresas (Ceinfi) del Mincomercio. Pero con la “Ley de fomento a la cultura de emprendimiento” (1416 de 2006), se hace obligatoria y se extiende a todos los niveles de educación.

Estamos en el camino. Cuando se reglamente la ley y se diseñen los contenidos de las materias de cada nivel, podremos empezar a adoptar el lema de la asociación de jóvenes emprendedores de Europa: “Los empresarios se hacen, no nacen”.