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¿Ministerio de industria?

miércoles, 29 de enero de 2014
Publicado en Ámbito Jurídico Año XVII – No. 387; 27 de enero al 9 de febrero de 2014



Los clamores de algunos empresarios y analistas por un “Ministerio de Industria” repicaron hasta las postrimerías del 2013 y no tardan en resurgir en 2014. Sus fundamentos son la supuesta carencia de política industrial y la presunta desindustrialización del país.

La carencia de una política industrial como punto de partida anula cualquier posibilidad de debate sobre el tema. Cosa distinta es discrepar sobre el enfoque, algunos instrumentos, o la forma de implementación.

La Coalición para la Promoción de la Industria Colombiana, pionera de esa visión, contrató un estudio con José Antonio Ocampo y Astrid Martínez que, curiosamente, en una de sus conclusiones demostró lo contrario de lo que venía formulando esta agrupación:

“En todo caso, en los últimos veinte años se han adoptado políticas de desarrollo productivo que combinan instrumentos verticales y horizontales y que acogen las iniciativas público-privadas para identificar actividades con potencial exportador. El andamiaje institucional se ha perfeccionado y se han superado parcialmente algunas dificultades como la carencia de indicadores y seguimiento. De hecho, en el contexto latinoamericano, Colombia es uno de los países que ha avanzado más en construir dicho andamiaje”.

Conclusión: la afirmación sobre inexistencia de política industrial no tiene fundamento.

La presunta desindustrialización es un debate anacrónico, pues la pérdida de participación de la industria en el PIB viene desde 1973. Para más señas, la caída empezó en plena aplicación del modelo sustitutivo de importaciones o de “industrialización dirigida por el Estado”, como optan por denominarlo Bértola y Ocampo (2013).

Cabe recordar que después de 35 años de políticas de “industrialización dirigida por el Estado” (1945-1980) la industria colombiana no logró una participación en el PIB como la que alcanzó Brasil (35% en 1982) o Corea (31% en 1988). Si supuestamente estábamos aplicando las mismas recetas ¿por qué no obtuvimos resultados similares? ¿Y por qué con ese recetario empezó a caer la participación de la industria colombiana antes que en esos otros países? Estas preguntas deberían ser resueltas por los teóricos de la prematura declinación de la industria.

El reciente estudio de Esteban Carranza y Stefany Moreno (2013), del Banco de la República, demuestra que la desintegración vertical es un elemento importante para comprender este asunto; además, ayuda a entender lo que está ocurriendo en el mundo.

Conclusión: las visiones sobre desindustrialización en Colombia adolecen de miopía.

La reducción de costos de transacción, incluyendo la gradual eliminación de barreras al comercio, está generando una creciente fragmentación de los procesos de producción y fortaleciendo las cadenas globales de valor (CGV) como forma óptima de organización de los procesos productivos.

Un efecto notable de estas CGV es la desintegración vertical. “El aumento de la integración de los mercados mundiales ha llevado a la desintegración de los procesos de producción, de forma que la manufactura o los servicios realizados en el extranjero se combinan con procesos locales. Ahora las empresas encuentran rentable la tercerización de parte creciente de su proceso productivo, tanto en el país como en el exterior” (R.Feenstra (1998) “Integration of Trade and Disintegration of Production in the Global Economy”).

Las CGV y la desintegración vertical generaron espacios para el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas productoras de bienes y servicios. “Los bienes y servicios ahora se entrelazan totalmente y son inseparables en su producción” (Sheila Stephenson (2012) “Global Value Chains: The New Reality of International Trade”).

A partir de estos elementos, los círculos académicos y los hacedores de política económica de otras economías discuten los retos y los cambios que deben ocurrir en las políticas comercial e industrial para que las empresas se beneficien de la nueva organización mundial de la producción. Poco y nada se ventilan esos temas por estas latitudes.

Conclusión: un ministerio exclusivo para la industria quedaría cojo e impediría una eficiente vinculación de las empresas a las CGV.

Por último, cabe preguntarse qué hace en otros países su ministerio del tema industrial. En Brasil tiene a su cargo la política industrial, la comercial y la de innovación y tecnología. En México, formula y aplica las políticas de “industria, comercio exterior, interior, abasto” y la minera. En Alemania, responde por las áreas de economía, tecnología, energía, comercio internacional y turismo; en economía se incluyen los temas de competencia, política de pymes, política industrial, industria de servicios y política vocacional.

Conclusión: en los países que valdría la pena tener como modelo, no existe un ministerio especializado en manufactura; por el contrario, abarca una mayor amplitud de áreas que en Colombia.

Solucionar una coyuntura de caída temporal de la producción industrial creando un ministerio de manufacturas, lejos de solucionar los problemas los complicaría; para empezar, serían necesarios esfuerzos adicionales de coordinación, por ejemplo, con el Ministerio del Comercio Exterior. Y el desarrollo seguiría siendo una utopía para Colombia.

BPO… portunidades a la vista

miércoles, 30 de diciembre de 2009
Publicado en la revista MisiónPyme de diciembre de 2008

BPO&O es la sigla en inglés de Business Process Outsourcing and Offshoring. Esas palabrejas se suelen traducir como “tercerización” de servicios de las empresas.

El avance de la tecnología de comunicaciones y de transporte, y la reducción de sus costos, está repercutiendo en el mundo globalizado en un cambio estructural en la forma de producir bienes y servicios: la fragmentación geográfica de los procesos de producción.

Un creciente número de sectores y empresas están separando etapas de sus procesos de producción y concentrándolas en un solo sitio geográfico, al tiempo que algunas de ellas son contratadas con otras empresas (son “tercerizadas”) ubicadas en economías subdesarrolladas. De esta forma, las empresas vuelven más eficientes sus procesos de producción y reducen costos; y en los países receptores se crean nuevas empresas que generan riqueza y empleos de calidad.

Así, por ejemplo, en la India hay empresas que llevan la contabilidad de compañías norteamericanas, o que atienden a los clientes de todo el mundo de una aerolínea o que transcriben datos médicos para un hospital de un país desarrollado.

El economista Alan Blinder calculó para Estados Unidos la cantidad y los tipos de trabajos que podrán moverse en el futuro hacia otras regiones de la tierra. Dividió los trabajos en dos grupos: servicios personalizados y no personalizados. En los primeros, el prestador necesariamente debe ubicarse en el mismo sitio que el consumidor; por ejemplo, los peluqueros y los taxistas. En los segundos, no es necesaria la presencia física del prestador; por ejemplo, interpretación de exámenes médicos y atención al cliente.

Con base en esa taxonomía, Blinder estima que alrededor de 30 millones de trabajos se moverán desde Estados Unidos hacia el resto del mundo. Y McKinsey calcula que las oportunidades de negocios en ese mercado valdrán US$90 mil millones en 2012.

¡Qué tal si lográramos traer a Colombia uno o dos millones de esos trabajos! Hay que atraer los que más se pueda y hay que moverse rápido, pues otros países están en la competencia por ellos.

Colombia ya está dando pasos concretos para hacerlo. En la estrategia de transformación productiva, que lidera el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo, uno de sus pilares es el desarrollo de sectores nuevos y emergentes; su implementación se basa en alianzas público-privadas, en las que gobierno, empresas y academia trabajan empujando para el mismo lado.

El BPO es uno de los sectores incluidos en esa estrategia. Actualmente se está construyendo el plan de negocios y se cuenta con una identificación de las tareas necesarias para mejorar el entorno de negocios.

Dado que en el país es incipiente el desarrollo del BPO, el sector se concentra en las tareas de menor complejidad; pero la idea es evolucionar hacia las más complejas y de mayor valor agregado.

Hay campos muy adecuados para las PYMES y buenas oportunidades para crecer.

A importar empleos...

lunes, 28 de diciembre de 2009
Publicado en el diario La República el 4 de mayo de 2007

En opinión del economista norteamericano Alan Blinder, el mundo está entrando en una nueva revolución industrial y ella, al igual que las anteriores, tendrá profundas repercusiones en diferentes aspectos de nuestras vidas.

Un efecto ya evidente es el cambio en las formas de organización de la producción mundial, caracterizado por la segmentación de los procesos productivos y el desplazamiento geográfico de puestos de trabajo. Los adelantos tecnológicos en computación y comunicaciones permiten que las diferentes etapas de un proceso productivo sean desarrolladas de forma independiente en diversas regiones del mundo.

Aun cuando aplica a todos los procesos productivos, el offshoring –como se denomina a este fenómeno– se observa especialmente en la prestación de servicios.
Jeffrey Sachs comenta en su libro más reciente el caso de un hospital de Chicago; un médico examina sus pacientes y en lugar de escribir el informe clínico, graba su voz. Una vez terminada su jornada, la grabación es enviada vía satélite a una empresa ubicada en Chennai (India), en la que mujeres capacitadas en la transcripción de datos médicos en inglés transcriben las opiniones del médico y luego envían los archivos a Chicago. Al día siguiente, el médico de turno encuentra impresas las historias clínicas y va grabando de nuevo sus apreciaciones a partir del examen a cada paciente.

¿Por qué se ‘exportaron’ esos trabajos desde Estados Unidos a la India? En primer lugar, porque los desarrollos tecnológicos lo permiten. En segundo lugar, porque el costo de la mano de obra para ese trabajo cuesta entre US$ 250 y US$ 500 en la India, mientras que en E.U. cuesta diez veces más. Y no se trata de la vilipendiada maquila. Según Sachs, lo que ganan esos técnicos en transcripción más que duplican el ingreso de los obreros industriales de baja calificación y superan en ocho veces el de un trabajador agrícola de la India.

El offshoring está generando debate en las economías desarrolladas. Hay quienes piensan que tendrá repercusiones negativas en el empleo, lo que ha dado argumentos a los sindicatos para hacer mayor oposición a los tratados de libre comercio. Otros opinan que es un fenómeno ya registrado en las anteriores revoluciones industriales, sin causar impactos negativos en el empleo; la evolución de la economía mundial ha mostrado que las actividades que se desplazan desde unos lugares del mundo hacia otros son sustituidas por nuevas industrias que generan empleos más calificados.

Sostienen los analistas, que del offshoring apenas estamos viendo la punta del iceberg. Por tal razón, en el corto plazo se debe pensar en la capacitación de los trabajadores de empleos que se están ‘exportando’ y en el mediano plazo en cambios en la asignación de recursos en educación con el fin de preparar los trabajadores para los puestos que se quedarán y para los nuevos.

La gran duda en este aspecto del debate es cuántos puestos serán ‘exportados’ desde las economías desarrolladas hacia las subdesarrolladas. Los cálculos de Blinder indican que en las próximas décadas, sólo E.U. podría exportar alrededor de 30 millones de empleos, tanto de técnicos como de profesionales.

Bonita cifra para que nos quedemos quietos. En Colombia deberíamos comenzar a analizar la otra cara de la moneda: ¿Qué tipo de empleos podemos ‘importar’? ¿Cuántos de esos puestos podrían ser atraídos hacia el país? ¿Cuáles son los cambios necesarios en la educación para tener mano de obra más calificada? ¿Qué avances en infraestructura de comunicaciones son imperativos? ¿Cuáles regiones tienen ventajas para ‘importar’ más puestos de trabajo?