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Populismo económico

viernes, 10 de abril de 2026

 

Publicado en Portafolio el 10 de abril de 2026

Frente a los eslóganes populistas no hay argumento técnico que valga. No obstante, trataremos de mostrar algunos elementos para entender la situación reciente.

Uno de los equilibrios básicos en economía se relaciona con el gasto público y la inflación. Si el gobierno gasta más que sus ingresos, la diferencia (déficit fiscal), debe financiarse, teniendo en cuenta la capacidad de pago y la confianza de los prestamistas.

Este gobierno ha crecido el gasto de forma exagerada aumentando los impuestos a las empresas y la deuda del país. El crecimiento del gasto ocasionó el déficit primario (ingresos menos gastos antes de pago de la deuda) más alto de las últimas décadas. Problema uno: se ha concentrado en gastos de funcionamiento (más burocracia) y no en inversión para mejorar el bienestar de la población. Por esto, los inversionistas internacionales ven con recelo los niveles de endeudamiento público.

Problema dos: la inversión privada crece poco. Esto ocurre porque el gobierno considera a los empresarios privados enemigos del pueblo; además de subirles los impuestos, la persecución está acabando con el sector de la salud, tiene al país al borde del apagón, el sector minero-energético se está marchitando, la construcción se estancó con la eliminación del subsidio a la vivienda social y cayó la inversión extranjera directa. Por esos cambios en las reglas de juego, la inversión está en uno de los niveles más bajos en décadas y esto nos condena a mediocres tasas de crecimiento.

Problema tres: el fortalecimiento de las presiones inflacionarias. Otro equilibrio básico en la economía es el de la oferta y la demanda. Cuando el gobierno crece las nóminas de burócratas de forma desaforada, aumenta el salario mínimo a tasas exorbitantes sin justificación técnica y regala primas adicionales a los maestros, impulsa la demanda por encima de la capacidad de respuesta de la oferta.

Si este gobierno tuviera control total de la política monetaria, sería feliz imprimiendo dinero a manos llenas y bajando las tasas de interés con el argumento populista de fortalecer el crecimiento. Las experiencias de muchos países muestran que eso solo genera hiperinflaciones, desempleo y crisis económicas. Justamente, el banco central autónomo existe para evitar esos deslices del populismo. La respuesta lógica a la irresponsabilidad en el manejo fiscal es el aumento de las tasas de interés para evitar que la inflación se salga de cauce. Aun cuando esta política tiene un impacto positivo mayor en el bienestar de la población en el mediano plazo, sus argumentos no venden tanto como los de tildar de neoliberales y vendidos al capital financiero a todos los que tengan la firmeza de decirle NO a las barbaridades que propone el gobierno. La autoridad monetaria autónoma debe ser respaldada.

¿Camino a la recesión?

viernes, 18 de enero de 2019
Publicado en Banca & Economía, Edición 11, diciembre de 2018 - febrero de 2019

Un número creciente de analistas prevé una recesión en las economías desarrolladas hacia el 2020. Pero, las políticas económicas que ellas vienen adoptando también aumentan el riesgo de desaceleración de las economías emergentes.

La Reserva Federal incrementó su tasa de intervención –desde el rango de 0% a 0,25%, hasta el actual entre 2% y 2,25%–, y se espera que lo siga haciendo en diciembre de 2018 y durante 2019. El Banco Central Europeo siguió recortando el monto de compra de títulos y anunció que su tasa de interés comenzará a incrementarse en enero.

Esas decisiones propiciaron un mayor flujo de capitales hacia Estados Unidos, la apreciación del dólar y de las monedas de otras economías desarrolladas, una salida neta de capitales de las economías emergentes, la fuerte apreciación de las monedas de estos países y el aumento en la percepción de riesgo por parte de los inversionistas internacionales.

Estos factores externos sumados a una guerra comercial y a factores internos, como las malas decisiones de política económica, pueden desencadenar una crisis de las economías emergentes.

Durante la crisis mundial de 2008-2009, la mayor parte de las economías emergentes pudo implementar políticas fiscales y monetarias expansivas que les amortiguaron el impacto de la contracción de la demanda mundial. En los años siguientes hubo países que iniciaron procesos de consolidación fiscal, aprovechando los recursos del auge de precios internacionales de los productos básicos, y aumentaron las tasas de interés de sus bancos centrales, especialmente por las presiones inflacionarias generadas por la depreciación de las monedas con el choque petrolero.

Pero en la actual coyuntura hay aspectos que aumentan la probabilidad de crisis. No todos los países completaron la consolidación fiscal, pues una parte de los ingresos derivados del auge de los precios internacionales de los productos básicos fue orientada a un mayor gasto. Además, la abundante liquidez global y las bajas tasas de interés desde la crisis mundial de 2008-2009 indujeron un alto endeudamiento de gobiernos y empresas privadas, lo que los hace muy vulnerables a subidas en las tasas de interés y a las depreciaciones cambiarias. De ahí que diversos analistas perciban un aumento del riesgo de default.

La prolongada etapa de bajas tasas de interés está terminando porque los procesos de normalización de la política monetaria en las economías desarrolladas y el surgimiento de mayores presiones inflacionarias llevan al aumento de las tasas de intervención de los bancos centrales. En el caso de Estados Unidos, esa tendencia se ve acentuada por la situación de pleno empleo y por el efecto de los estímulos fiscales en el crecimiento de la demanda agregada.

El FMI señala que la inflación en las economías desarrolladas se puede acelerar más de lo previsto, lo que endurecería las políticas monetarias, induciendo mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales y la imposición de condiciones más restrictivas para los países que conserven el acceso a nuevos recursos.

Las cifras indican la alta probabilidad de hacer efectivos los riesgos de recesión en el mundo emergente. Según la Unctad, la deuda total de las economías emergentes y en transición llegó a USD$7,64 billones en 2017 y creció al 8.5% anual desde 2008. La misma fuente señala que el endeudamiento del sector privado de las economías emergentes y en desarrollo creció de forma explosiva; su participación en la deuda mundial pasó de 7% a 26% entre 2007 y 2017. Además, el crédito a empresas no financieras, que en 2008 era el 56% del PIB, llegó al 105% en 2017.

Para ese organismo, “la vulnerabilidad se refleja en los flujos de capitales transfronterizos, que no solo son más volátiles, sino que han pasado a ser negativos para el conjunto de los países emergentes y en desarrollo desde finales de 2014, habiendo sido la salida de capitales especialmente cuantiosas en el segundo trimestre de 2018”. Los movimientos netos de capital a estos países fueron positivos hasta comienzos de 2018 y luego se volvieron negativos, contribuyendo a la presión a la depreciación de las monedas.

Las cifras y los hechos mencionados generan señales de alerta. Renombrados analistas están llamando la atención sobre los riesgos actuales y el escaso margen de maniobra que tienen los países para implementar políticas contracíclicas que permitan frenar los riesgos de crisis cambiarias y de default.

El nobel de economía Paul Krugman afirma que “se ha vuelto al menos posible imaginar una crisis auto-reforzadora del estilo clásico de 1997-8: las caídas de las monedas de los mercados emergentes causan un estallido de la deuda corporativa, causando estrés en la economía y una mayor caída de la moneda”.

La Unctad resalta el riesgo implícito en la entrada de inversiones de portafolio a las economías emergentes, pues se trata de capitales altamente sensibles a los cambios en las condiciones financieras del mundo, como las que se vislumbran a partir de las decisiones mencionadas en las economías desarrolladas.

Señala este organismo que “en muchas economías emergentes, los cambios en sus balances externos de deuda a capital (tanto en el activo como en el pasivo) entre 2000 y 2016, promovidos por los gobiernos como una forma de reducir las vulnerabilidades de la deuda externa, solo han servido para aumentar otras vulnerabilidades financieras, como una presencia extranjera grande y volátil en los mercados locales de acciones”.

En síntesis, se avecinan tiempos de turbulencias. Si bien hay economías emergentes que han implementado buenas políticas económicas y tienen margen para adoptar medidas contracíclicas, hay otras que tienen un alto grado de exposición a las depreciaciones y las salidas de capital; lo vivido recientemente por Argentina y Turquía es un campanazo de alerta.

El problema de fondo es que, como lo muestran experiencias anteriores, si lo que pesa en los inversionistas es su percepción del vecindario habrá un efecto contagio que ponga en riesgo al mundo emergente. Países como Colombia, que hasta ahora son percibidos como de menor riesgo, podrían ser afectados por el deterioro de otras economías emergentes.

¿Recesión a la vista?

viernes, 21 de septiembre de 2018
Publicado en Portafolio el 21 de septiembre de 2018

En junio pasado, el presidente Trump afirmó en Twitter que la economía de los Estados Unidos está en el momento más grande de su historia. Con ello reclama para su política económica el éxito del buen crecimiento del PIB y el pleno empleo alcanzado en el mercado laboral.

También podría cobrar la mayor inflación, por el impulso de demanda ocasionado por su reforma tributaria. Lo cierto es que el crecimiento de los precios permite a la FED continuar su proceso de normalización monetaria, a pesar del disgusto de Trump por el aumento de las tasas de interés.

En cambio, no comenta que la inversión extranjera neta viene disminuyendo y que el déficit de la balanza comercial a julio de 2018 es el mayor de los últimos años. El primer indicador reflejaría que la confianza de los inversionistas en EE.UU. no es tan grande como se esperaría. El segundo, que, en consonancia con la teoría económica, las políticas proteccionistas no reducen el saldo negativo del comercio exterior.

La euforia del mandatario contrasta con un análisis reciente de Born y otros investigadores del CEPR (“Stable genius: Estimating the 'Trump effect' on the US economy”). Mediante la comparación con una economía sintética, concluyeron que el desempeño económico de EE.UU. sería el mismo con o sin Trump.

Numerosos analistas reconocen que la dinámica de la economía de EE.UU. fue impulsada por la reducción de impuestos. Pero el crecimiento viene de años anteriores, como lo evidencia el hecho de que el actual periodo de expansión es el segundo más largo en la historia de ese país y está próximo a alcanzar un récord.

Precisamente por esa razón un número creciente de analistas prevé que el ciclo de expansión está próximo a terminar y que las políticas de Trump contribuirán a que la recesión sea más profunda.

Varios indicadores sustentan la probable recesión. Las tasas de interés reales negativas incentivaron las burbujas anteriores en la economía y en el periodo reciente llevan ocho años por debajo de cero. Hay una “burbuja de riqueza” de los hogares que alcanza el 500% del PIB; los picos de esta variable se observaron previamente a las burbujas de las puntocom e hipotecaria. La curva de rendimientos se está aplanando, como lo muestra la diferencia entre las tasas de los bonos del Tesoro a diez y dos años; en las recesiones más recientes esa diferencia fue negativa y actualmente se acerca a cero. Según Shiller, el mercado bursátil actualmente es similar a “los picos previos a la mayoría de los 13 mercados bajistas” pasados.

Economistas como Robert Shiller y Nouriel Roubini sugieren que la recesión podría iniciarse hacia el 2020. El problema es que la reforma tributaria de Trump aumentó el déficit fiscal y redujo el margen de maniobra de la política fiscal. Lo propio ocurre con la política monetaria, cuya tasa real de intervención todavía es negativa, lo que limita su capacidad para inducir aumentos en la demanda agregada.

Por fortuna la crisis mundial de 2008-2009 mostró que era infundada la prepotencia de los economistas que creían tener dominados los ciclos económicos. Ahora el riesgo nace de las restricciones de la política económica, que pueden exponer al mundo a una recesión prolongada. Solución: ¿Nueva heterodoxia?

Normalización monetaria, ¿y ahora qué?

viernes, 14 de noviembre de 2014
Publicado en Portafolio el 14 de noviembre de 2014

Finalmente la FED desmontó los estímulos monetarios (“Quantitative Easing” –QE) a partir de este mes. Cesa la heterodoxia sin precedentes y da paso a la ortodoxia de la política monetaria. Ahora las expectativas del mundo están en el aumento de las tasas de interés en Estados Unidos.

Hay dos razones básicas para prever el aumento de las tasas de interés. La primera, las potenciales presiones inflacionarias derivadas de la enorme expansión de la base monetaria bajo el esquema del “QE”.

La segunda, es el riesgo de una nueva burbuja financiera, como parece indicarlo la evolución reciente de los precios de las acciones. Es la recuperación más rápida del S&P500 con relación a crisis anteriores, según lo muestra The Economist.

Pero, de otra parte, el aumento de las tasas de interés puede frenar la recuperación de la economía estadounidense. Por eso resultan cruciales el momento de adoptar la decisión y la magnitud del incremento.

Las variables decisivas son la tasa de desempleo y la inflación. Lo que se observa, y llama poderosamente la atención de los analistas, es que el desempleo bajó hasta 5.8%, pero la tasa de empleo no crece.

Una hipótesis explicativa es el cambio estructural relacionado con el envejecimiento de la población, que también se refleja en la caída continua de la tasa de participación. En este caso, se podría dar un compás de espera al aumento de las tasas.

Una hipótesis alternativa afirma que el mejor indicador no es el desempleo total sino el de corto plazo; según Martin Feldstein, este último empieza a generar presiones inflacionarias cuando se encuentra en un rango entre 4.0 y 4.5% y actualmente está en 4.2%. Cabría esperar, por lo tanto, que la FED iniciara el aumento de sus tasas de interés hacia marzo de 2015.

Con relación a la magnitud del cambio, diversos analistas creen que para finales de 2015 la FED habrá subido la tasa de interés a un rango entre 1.25 y 1.5%. Pero, como anota Feldstein, con una tasa de inflación de 2% anual, la tasa real sería negativa, lo que sería insuficiente para frenar las presiones inflacionarias e incluso las alimentaría; él sugiere que la tasa debe aumentar a 4.0%.

Para los países de la región la decisión de la FED es importante, porque puede generar turbulencias en los mercados financieros (salidas de capitales y dificultades de acceso al crédito) y mayores depreciaciones de las monedas.

Según la CEPAL, los flujos de Inversión Extranjera Directa (IED) hacia la región cayeron 23% en el primer semestre. También el IIF observó que los flujos de portafolio hacia las economías emergentes, que oscilaron alrededor de US$38 mil millones mensuales en el periodo mayo-julio de 2014, apenas llegaron a US$9 mil millones en agosto.

En ese contexto, Colombia sigue apareciendo como una notable excepción en la región. En el primer semestre los flujos de IED se incrementaron en 10%; las inversiones de portafolio se duplicaron; y el nivel de las reservas internacionales, sumado al crédito flexible con el FMI, da un margen de seguridad al país.

No obstante, no existe un blindaje total, por lo que no se puede bajar la guardia y es necesario un seguimiento estricto a las señales que dé la FED.

La economía mundial en la encrucijada

jueves, 23 de octubre de 2014
Publicado en la revista MisiónPyme No. 79, octubre de 2014

La economía mundial sigue dando tumbos y no despega con la solidez que se espera. En varias ocasiones el FMI, el Banco Mundial y la OCDE han revisado a la baja el crecimiento proyectado para el 2014 y prácticamente se espera que sea similar al de 2013 (3.4% versus 3.2%).

Entre las economías desarrolladas, sólo Estados Unidos parece ir por la senda del crecimiento, mientras que la Unión Europea y Japón siguen estancadas. Entre las emergentes sobresalen India Colombia y China, aun cuando su crecimiento es menor al de la última década (7.4% frente al 10% promedio); la mayoría se están desacelerando rápidamente e incluso Brasil entró en recesión. Hay varios factores detrás de ese lento despegue.

Débil recuperación del comercio mundial

Según la OMC, las exportaciones mundiales crecieron 2.3% en el primer semestre de 2014 con relación a igual periodo de 2013, y las importaciones 2.1%. Aun cuando son variaciones positivas, distan de las tasas superiores al 20% de 2010 y 2011.

A ese crecimiento están aportando más las economías desarrolladas que las emergentes. Las exportaciones crecen débilmente en Estados Unidos (2.9%) y en la Unión Europea (4.4%), y registran caídas en Argentina, Brasil, Perú y Colombia; entre las economías grandes de la región, solo hay variaciones positivas en México (4.2%); en Chile presentan un modesto incremento del 0.1%. Incluso, China se desaceleró y sus exportaciones crecieron apenas 0.9% con relación al primer semestre de 2013.

Terminación del súper-ciclo de precios altos de los productos básicos

La reducción de la demanda internacional ocasionó la caída de los precios internacionales de los productos básicos, poniendo fin al periodo de buenos precios que comenzó a mediados de la década pasada y solo fue interrumpida por la crisis mundial.

Los precios de los alimentos, según el índice de la FAO, están en los niveles más bajos desde 2010 y, de seguir la tendencia descendente, pronto estarán por debajo de los de ese año. Los precios de la energía también se han contraído, aun cuando en proporción menor porque los del petróleo se mantienen relativamente estables alrededor de US$100 el barril. Estos hechos, sumados a la fuerte apreciación de las monedas, han repercutido en caída de los ingresos de los países exportadores.

El FMI proyecta que en los próximos años seguirá la tendencia descendente de los precios de estos productos, incluido el petróleo. Aun cuando es probable que las tasas de cambio logren niveles más competitivos, difícilmente compensarán el efecto negativo de los precios.

Cambios en la geografía mundial del petróleo

La producción de petróleo y gas no convencionales en Estados Unidos está generando cambios estructurales en el mapa energético mundial y tendrá profundas repercusiones sobre economías como la colombiana.

Estados Unidos ya es el principal productor mundial de petróleo y se proyecta que, después de 40 años de restricción, volverá al mercado de exportación de crudo. Como consecuencia viene disminuyendo las importaciones del hidrocarburo desde niveles de 5.000 millones de barriles por año en 2006 a menos de 3.500 millones en junio de 2014.

Aparejada a la producción de petróleo, la de gas de esquisto también viene creciendo y sus precios cayeron a un tercio de los de la Unión Europea y un quinto de los de Japón. La mayor oferta se está utilizando para sustituir al carbón en la producción de energía y tiene notables consecuencias en los costos de producción de la industria.

El impacto global de estos cambios será profundo, pues no solo mejora la competitividad de las empresas ubicadas en Estados Unidos, sino que para países como Colombia plantea el reto de reorientar sus exportaciones de petróleo y carbón a otros mercados y a precios más bajos.

Los dilemas de la política monetaria de Estados Unidos

Desde comienzos del presente año la FED inició el proceso conocido como “tapering” o normalización de la política monetaria. Este consiste en desmonte de la compra de bonos del tesoro y bonos hipotecarios desde montos de US$85 mil millones mensuales hasta cero en los próximos meses.

Con la normalización, se pone fin a la heterodoxa política monetaria implementada con el fin de estimular el crecimiento de la economía después de la crisis mundial de 2008-2009.

Aun cuando es un tema del manejo económico de Estados Unidos, sus repercusiones en el resto del mundo son importantes. Para comenzar, la laxitud en la oferta monetaria ocasionó la apreciación de las monedas de las economías emergentes. Ese fenómeno fue compensado en parte por los altos precios internacionales de los productos básicos; pero terminado ese ciclo alcista, impactó negativamente en la dinámica de las economías.

Ahora la normalización tendrá otros impactos pues es un hecho que la FED tendrá que subir las tasas de interés en algún momento próximo. Lo tiene que hacer porque el desmesurado aumento de la oferta de dinero inducirá fuertes presiones inflacionarias y porque los altos precios de las acciones han generado temores sobre una nueva burbuja financiera.

El problema es que ese aumento puede impactar negativamente en el crecimiento de las economías emergentes. Como un buen número de ellas se está desacelerando, los bancos centrales han bajado sus tasas de interés; si en ese contexto la FED sube sus tasas, es claro que habrá una migración de capitales hacia Estados Unidos, fuertes depreciaciones de las tasas de cambio y endurecimiento de los mercados de crédito.

En síntesis, la economía mundial está en una encrucijada que aumenta los grados de incertidumbre que enfrentan las economías emergentes. En ese contexto, las autoridades económicas del país se deben mover con prudencia, como lo han hecho hasta ahora. Y los empresarios deben estar alerta para reaccionar a tiempo frente a los cambios y para aprovechar las oportunidades que surgen incluso en escenarios complejos.

EEUU y UE: determinantes del crecimiento global

martes, 29 de enero de 2013
Publicado en Ámbito Jurídico, Año XVI - No. 362; del 27 de enero al 9 de febrero de 2013


Aun cuando el mundo pareciera ir camino de una recesión en 2013, hay factores que pueden reducir esa probabilidad.

La tendencia a la recesión encuentra sustento en los complejos procesos de adopción de medidas de política económica tanto en la Unión Europea, como en Estados Unidos.

En la zona euro persisten los problemas asociados a la crisis de confianza en la deuda soberana. Las decisiones se dan a cuentagotas y solo cuando el desastre parece inminente, razón por la cual los mercados se mantienen en permanente zozobra y aumenta su volatilidad. El economista español Xavier Sala i Martin resume muy bien este comportamiento: “los reformistas europeos solo se mueven a golpe de pánico y como el pánico ha desaparecido desde hace unos meses, los eurócratas han dejado de tener prisa”.

A diferencia de lo ocurrido con la crisis mundial de 2008-2009, este comportamiento impidió la adopción de medidas rápidas y oportunas para conjurar la recesión. La austeridad fiscal desacelera más las economías de la UE a la vez que impide la reducción de los niveles de la deuda pública. La demora en la negociación y aprobación de paquetes de apoyo para las economías con mayores dificultades y la negativa de los gobiernos a aceptar públicamente la urgencia de los rescates, prolonga el desánimo.

Entre tanto, el desempleo sigue creciendo y la baja actividad relativa del Banco Central Europeo contribuye a la apreciación del euro respecto al dólar. Este hecho sumado a los problemas de competitividad de las economías europeas, impide que el comercio tenga un efecto positivo mayor.

No obstante, hay algunos hechos que permiten prever una moderación de las tendencias recesivas en 2013. Alemania, que ha mantenido las posiciones más duras frente a la crisis de la deuda, las ha flexibilizado gradualmente y transmite a los mercados su firme intención de defender el euro.

Adicionalmente, el solo anuncio de las políticas está contribuyendo a restablecer la confianza en la moneda única y a alejar el fantasma de su quiebra, con todos los efectos negativos que podría desencadenar.

Este resultado se observa, por ejemplo, con las declaraciones de Mario Draghi, gobernador del BCE en julio de 2012, en las que anunció que este organismo haría todo lo que fuera necesario para defender el euro, incluyendo la compra masiva de bonos soberanos de los países con mayores problemas; posteriormente hizo la aclaración de que esa compra se aplicaría en el marco de compromisos de ajuste fiscal por parte de esos gobiernos. Aun cuando no se han realizado compras ni compromisos como los mencionados, las presiones de los mercados sobre esos bonos se redujeron notablemente.

En igual sentido han contribuido tanto el acuerdo para poner en funcionamiento un supervisor financiero único para los bancos más grandes a partir de 2014, como las discusiones y documentos de trabajo en torno a posibles acuerdos para complementar la unión monetaria con la unión fiscal y financiera.

En el caso de los EEUU, hay síntomas de recuperación, como el crecimiento del PIB en el tercer trimestre de 2012, el gradual repunte de los indicadores del mercado de vivienda y la reducción de los indicadores de desempleo, aun cuando en este último caso hay preocupación por el lento descenso.

Pero también son evidentes los problemas de incertidumbre que generan las dificultades para la toma de decisiones de política económica. El caso más sonado es el denominado abismo fiscal. Aun cuando su impacto estaba previsto desde el acuerdo de septiembre de 2011 para aumentar el techo fiscal, apenas en la primera semana de 2013 tuvo una solución a medias: el aumento de ingresos será menor al esperado y quedaron pendientes por definir en los próximos meses los temas de recortes de gastos y aumento del techo fiscal.

Sin embargo, en el manejo de la política monetaria no solo se mantiene la flexibilidad de los dos últimos años, sino que potencialmente se amplía. A finales de 2012, la Reserva Federal adoptó lo que se ha denominado como la “regla de Evans”.

Mientras que el compromiso anterior de la autoridad monetaria era mantener la tasa de interés cerca de cero hasta 2015, la nueva regla implica que la expansión monetaria se mantiene hasta que se logre bajar la tasa de desempleo al 6.5% o hasta que la inflación supere el 2.5% anual.

En síntesis, el efecto esperado de las decisiones de política económica en la UE y en EEUU puede prolongar la débil dinámica de la economía mundial, sin ocasionar una nueva recesión, salvo que la resolución del problema fiscal en EEUU tome algún giro inesperado. La mala noticia para las economías en desarrollo será la persistencia de la tendencia de apreciación de la moneda por las políticas monetarias expansivas en ambas regiones.

Depresión

miércoles, 14 de julio de 2010
Artículo publicado en el diario La República, el 8 de julio de 2010

No acostumbro a citarme. Sin embargo, en esta ocasión lo justifica un artículo reciente del nobel de economía Paul Krugman que da fuerza a la idea central formulada en mi artículo "¿W?", publicado en Ámbito Jurídico número 298.

En "¿W?" se afirma que la reciente reactivación de la economía mundial puede ser efímera, porque hay síntomas de alerta que podrían repercutir en una reducción del crecimiento. El argumento se fundamenta en el bajo dinamismo económico de diversas regiones del mundo, en la expectativa de aumento de las tasas de interés por la aparición de presiones inflacionarias en algunos países, y en la compleja situación de la Unión Europea por el problema de los bonos soberanos.

En su columna del 27 de junio en el New York Times, Paul Krugman ve un panorama más sombrío, pues afirma que el mundo está en camino a la tercera depresión mundial; las dos anteriores fueron en 1873, la Larga Depresión, y 1929, la Gran Depresión.

Según Krugman: "Podría decirse que la recesión provocada por la crisis financiera terminó el verano pasado…, pero los historiadores del futuro nos dirán que ese no fue el final de la tercera depresión, de la misma manera que la recuperación de los negocios observada en 1933 no fue el final de la Gran Depresión".

Krugman califica como erróneas las decisiones de aumentar las tasas de interés y la adopción de políticas de austeridad fiscal en la coyuntura actual, pues ellas pueden llevar al mundo a una situación de deflación y a una depresión al estilo de la del siglo XIX. En su opinión, los países de la Unión Europea que han anunciado drásticos programas de ajuste fiscal sólo han logrado que los inversionistas los perciban como más riesgosos.

Y en el caso de Estados Unidos, "la Reserva Federal parece consciente de los riesgos deflacionarios, pero lo que se propone hacer frente a ellos es nada. La administración Obama entiende el peligro de una prematura austeridad fiscal, pero, dado que ni los republicanos ni los demócratas quieren autorizar en el Congreso las ayudas estatales adicionales, la austeridad llegará bajo la forma de recortes presupuestales tanto a nivel estatal como local".

En el caso de Colombia, en materia de política monetaria, las declaraciones recientes de un Codirector del Banco de la República sobre la necesidad de mantener bajas las tasas de interés, dan un mensaje de tranquilidad. Pero en la política fiscal las cosas son más complejas, por el aumento del déficit fiscal como consecuencia de la política contracíclia de 2009.

Aun así, ante el panorama de una probable tercera depresión, las autoridades colombianas deben mantener el pragmatismo que caracterizó las decisiones que permitieron al país salir bien librado de la reciente crisis mundial.

Síntomas de recuperación industrial

jueves, 14 de enero de 2010
Publicado en la revista MisiónPyme de noviembre de 2009


El sector industrial fue el más afectado en Colombia por la crisis mundial. Según la muestra mensual manufacturera, el valor real de la producción de este sector registró una caída del 6.5% anual en julio.

Sin embargo, los datos publicados en The Economist revelan que fuimos la economía latinoamericana con menor caída de la producción real de la industria: en Venezuela se redujo el 12.4% anual en junio, y en Perú y en Brasil, 12.2% y 9.9% en julio, respectivamente.

Si la comparación la hacemos con las economías desarrolladas, la diferencia es aún mayor. En julio, la caída anual de la industria de Japón fue de 22.7%, la de la Zona Euro 15.9% y la de Estados Unidos 10.7%.

Por fortuna, varios indicadores apuntan a la terminación de esta situación. La última edición de “Perspectivas de la economía mundial” del FMI muestra que la producción industrial se está empezando a recuperar tanto en las economías desarrolladas como en las emergentes.

Según el resultado de agosto del JPMorgan Global Manufacturing Index, que recoge las opiniones de 7.000 empresarios de 27 países, los industriales perciben buenas expectativas para el fin de año.

Estos indicadores se refuerzan con las cifras más recientes del comercio mundial, que reflejan la recuperación de la demanda global. Según la OMC, las importaciones del mundo tocaron fondo en abril y han crecido en los meses siguientes.

En el caso colombiano también parecen dadas las condiciones para la recuperación. Las tasas de interés del Banco de la República han disminuido rápidamente desde el 10% en diciembre pasado hasta el 4%, actualmente. Como consecuencia, los costos de financiación están disminuyendo y hay amplia liquidez en los mercados financieros.

Las obras públicas, que impulsaron el crecimiento del sector de construcción en el primer semestre, y la reacción de la demanda de vivienda nueva por la decisión del gobierno de subsidiar las tasas de interés, impactan positivamente la producción industrial. Esta expectativa se fortalece con la tendencia ascendente que registran en los últimos meses las encuestas de opinión de los industriales, del comercio y de los consumidores.

Adicionalmente, hay varias acciones del gobierno que contribuyen a consolidar la mejora del entorno: el plan de choque exportador –que comprende la oferta de créditos de Bancoldex por $1.5 billones, con especial énfasis en las mipymes, y más cobertura de costos y aumento de los eventos de promoción de Proexport–; la reducción temporal del arancel a cero para 1.750 subpartidas de materias primas industriales no producidas en el país; y el establecimiento de prioridad a las mipymes en las compras públicas por montos inferiores a $372 millones, lo que les abre un mercado exclusivo de cerca de $6 billones.

Con esos síntomas y esas decisiones de política económica, se espera una rápida recuperación de la industria que contribuya a impulsar el crecimiento del PIB y del empleo.

Industria: ¿Tocó fondo?

miércoles, 13 de enero de 2010
Publicado en el diario La República el 22 de julio de 2009


La producción real del sector industrial siguió registrando variaciones negativas en mayo: cayó 6.5% con relación al mismo mes de 2008. No obstante, hay varios aspectos de interés en ese resultado.

1. Es la menor caída desde septiembre de 2008 (promediando los meses de marzo y abril por la distorsión que ocasionó la Semana Santa en el indicador).

2. El acumulado de doce meses se estabilizó, indicando que posiblemente la crisis tocó fondo. Esta hipótesis se fortalece con los datos trimestrales del Dane; la mayor caída se observó en el cuarto trimestre de 2008 (-9.7% anual), mientras que en el primero de 2009 fue de -7.4% anual.

3. Es el mejor resultado de la industria para el conjunto de países de América Latina. Según The Economist, Argentina, Brasil, Chile, México y Perú registraron caídas superiores al 10% en mayo (Venezuela reporta -0.9%, pero su dato corresponde a enero).

Colombia también sale bien en la comparación del desempeño industrial con los países de la Unión Europea, Estados Unidos, Japón y la mayoría de los mercados emergentes de Asia, con excepción de China e India que registran variaciones positivas de forma consistente.

4. La encuesta de la Andi muestra que las expectativas de los empresarios están mejorando: “todo apunta a que los impactos más fuertes de la crisis ya se dieron y que las expectativas de los empresarios son las de un segundo semestre mejor”. Resultado similar reporta la encuesta de opinión de Fedesarrollo; en los meses recientes, si bien el balance de respuestas sigue siendo negativo, se estabilizó e incluso algunos de sus componentes tienden a mejorar.

5. Los resultados del sector muestran una alta concentración en pocos subsectores y en algunos de ellos es claro que están siendo afectados por factores diferentes a la crisis mundial y a la desaceleración de la demanda interna. El 66% de la caída del mes de mayo está explicado por cinco subsectores: automotriz, confecciones, molinería, refinación de petróleo y trilla de café.

Las mayores caídas de la producción real se observan en la industria automotriz; la fabricación de vehículos cayó más del 40% anual en mayo, mientras que las carrocerías y las autopartes disminuyeron más del 20%. En los otros subsectores las caídas están en un rango entre 10 y 20%.

6. La concentración en los cinco subsectores mencionados evidencia que el canal comercial de transmisión de la crisis mundial ha tenido un impacto moderado en la industria colombiana. También indica que en la situación actual del sector pesa más una combinación de desaceleración de la demanda interna por la política antiinflacionaria del periodo 2006-2008 –automotriz, molinería y refinación de petróleo–, coyunturas particulares de un sector –café–, y situaciones complejas del comercio con varios socios comerciales –automotriz y confecciones–.

Todo este conjunto de elementos abre una ventana de optimismo para lo que resta del año. A ellos se suman otros que contribuyen a mejorar el panorama: la rápida reducción de las tasas de interés del Banco de la República y su impacto potencial en la demanda interna; el esperado repunte de la producción de café; la recuperación de los precios internacionales de los productos básicos; la prolongación del ciclo de la construcción residencial por el subsidio a las tasas de interés; y la posible salida de la crisis de la economía estadounidense.

Quedan las dificultades comerciales con algunos socios, frente a las cuales la posición del gobierno es clara: la búsqueda de soluciones amigables y el rechazo al trato discriminatorio. Confiamos en una evolución favorable que no afecte las expectativas de recuperación.

Fortalecer la confianza

Publicado en el diario La República el 30 de abril de 2009


Las políticas para salir de la crisis mundial están enfocadas hacia la recuperación del sector financiero, la reactivación de la demanda y el restablecimiento de la confianza. En nuestro medio, mucho hablan los analistas de los dos primeros aspectos, pero poco y nada del último.

La confianza está muy relacionada con la crisis, porque es un mecanismo de retroalimentación. Primero, la pérdida de confianza entre las entidades del sector financiero, repercutió en la interrupción del canal de crédito en los mercados interbancarios.

Posteriormente la pérdida de confianza entre el sector financiero y el sector real, dio lugar a lo que se conoce como la restricción de crédito (credit crunch).

Por último, el puente entre la crisis financiera y la crisis real es la confianza del consumidor. Un enorme efecto riqueza golpeó a los consumidores en diversas etapas de la crisis: caídas en el valor de los títulos tóxicos, reducción del valor de los activos hipotecarios, pérdida de confianza en las perspectivas de la economía, y contracción de la demanda.

No todas las acciones para afrontar una crisis surten sus efectos rápidamente, como lo evidencian las medidas de política monetaria y el gasto público en proyectos de infraestructura. Por eso los gobiernos usan incentivos orientados a acelerar el cambio de tendencia de la demanda del consumidor.

En Colombia, que apenas está empezando a sentir los efectos de la crisis mundial, el índice de confianza del consumidor viene cayendo en los últimos meses. Ese deterioro fue causado primordialmente por la política antiinflacionaria, por lo que cabe esperar que la reciente baja de las tasas de intervención del Banco de la República tenga una repercusión positiva en los próximos meses. Pero hay que vigorizar esa reacción.

Ese es el sentido de las medidas adoptadas recientemente por el gobierno, que incluyen el subsidio para dinamizar la demanda de vivienda nueva y la disposición de recursos de Bancoldex para abaratar la financiación de vehículos particulares y electrodomésticos.

Aun cuando esto último no gusta a todos, es necesario tener en cuenta el contexto mundial en el que se adoptan las decisiones. Y entender que son medidas temporales, acotadas en la cantidad de recursos y no son créditos directos a los consumidores sino a las entidades financieras especializadas en atender esos tipos de consumo.

Lo cierto es que para conjurar las crisis hay que acudir a la heterodoxia y la creatividad. Como afirma Paul Krugman en su último libro, para el caso de Estados Unidos “lo importante es aflojar el crédito a través de cualquier medio a la mano sin enredarse en nudos ideológicos”.

Eso explica por qué la Reserva Federal abrió el acceso a cupos de crédito al sector privado, algo considerado una herejía para un banco central hasta hace unos pocos meses.

En noviembre del año pasado la Reserva Federal anunció un cupo de crédito denominado TALF (Term Asset-Backed Securities Loan Facility). Es un apoyo de US$200 mil millones para facilitar la titularización de préstamos de estudio, vehículos, tarjetas de crédito y créditos a PYMES garantizados por el Small Business Administration, con lo cual los agentes del mercado podrán atender las necesidades de financiación de los hogares y las pequeñas empresas.

En pocas palabras, el banco central de Estados Unidos está financiando el crédito de consumo mediante la inyección de recursos al mercado de titularizaciones, que está deprimido como consecuencia de la caída de las hipotecas subprime.

El gobierno colombiano quiere evitar una crisis ¿Por qué vetar la proactividad y confundirla con la politiquería? ¿Por qué no permitirse algo de heterodoxia temporal? ¡Bienvenidas las críticas y también las propuestas!

La crisis industrial

Publicado en el diario La República el 17 de abril de 2009


Aun cuando la crisis mundial es una amenaza para el crecimiento de la industria en 2009, los resultados observados hasta enero sólo responden a ella de forma marginal. Así lo señalé en mi columna del 2 de abril; en cambio, los factores internos constituyen la principal explicación de la dinámica industrial. Veamos por qué.

En abril de 2006 la Junta Directiva del Banco de la República empezó a aumentar sus tasas de intervención, con el objetivo de conjurar las presiones inflacionarias que no tardarían en aparecer. El excesivo crecimiento de la demanda agregada interna con relación al PIB sustentó esa decisión.

Es sabido que la política monetaria tiene rezagos en la transmisión de sus efectos y que ellos pueden tardar varios meses en hacerse evidentes. Fue así como la dinámica de la demanda agregada interna siguió siendo mayor que la del PIB por varios trimestres después de que el Banco de la República inició su política de alza gradual y continua de las tasas de interés.

La respuesta de la producción real de la industria al excesivo crecimiento de la demanda fue una tendencia ascendente que alcanzó su máximo en el primer semestre de 2007, cuando logró una tasa cercana al 15% anual (en el acumulado de 12 meses). A partir de ese punto se empieza a desacelerar, como consecuencia de la política monetaria y de otros factores puntuales que afectaron algunos subsectores.

Las tasas de intervención del banco central siguieron aumentando hasta llegar al 10% en junio de 2008. Por su parte, la desaceleración de la producción industrial se mantuvo durante todo 2008, y las tasas de crecimiento empezaron a ser negativas desde octubre; en enero de 2009 la producción real registró una variación de -4,8% anual.

La autoridad monetaria mantuvo inmodificada su tasa hasta diciembre pasado, cuando cambió su política. Se había logrado el objetivo de reprimir las presiones inflacionarias, pero ahora había surgido otro reto: fortalecer la demanda interna para moderar los impactos de la crisis mundial.

Con este último objetivo, las tasas de intervención del Banco de la República se han reducido en 300 puntos básicos entre diciembre de 2008 y marzo de 2009. Pero, de nuevo, no se pueden perder de vista los rezagos en el mecanismo de transmisión. Todavía se siguen percibiendo los impactos de la tasa del 10% y sólo en unos meses se empezarán a ver los del reciente descenso.

Lo anterior muestra la estrecha relación que hay entre la dinámica de la producción industrial y la política monetaria de los últimos años. Esto es importante recalcarlo, porque en diversos análisis recientes parece olvidarse el vínculo.

Y no se pretende echar culpas. Sólo recordar que la política antiinflacionaria de por sí tiende a generar recesión. En su último libro, Paul Krugman recuerda cómo se superó el episodio de inflación de Estados Unidos en los años ochenta: “Fue el predecesor de Greenspan, Paul Volcker, quien controló la inflación, logrando ese objetivo con políticas monetarias restrictivas que causaron una recesión económica severa, pero que finalmente rompieron el espinazo de la psicología inflacionaria”.

En la actual coyuntura, la política monetaria tiene margen para actuar contracíclicamente, lo que no ocurre en los países desarrollados; así como ella deprimió la demanda, cabe esperar que la rápida reducción de las tasas de interés tenga un efecto dinamizador. Si ello ocurre, las acciones de la política del gobierno tendrán impactos más efectivos, se amortiguará la caída de la demanda externa y la recuperación del crecimiento industrial se verá más pronto. Esperemos que este sea un escenario viable para lo que resta del año.

Colombia ¿bien parada?

Publicado en el diario La República el 5 de marzo de 2009

A medida que la crisis mundial avanza, crece la preocupación en el mundo subdesarrollado. Las nuevas revisiones de proyecciones macroeconómicas bajan más las tasas de crecimiento esperado e indican que todas las regiones del mundo serán afectadas.

Los países desarrollados tienen claras varias cosas: Primera, que la política monetaria no es efectiva en las actuales circunstancias; pese a que los bancos centrales redujeron las tasas de interés a los niveles más bajos de sus historias particulares, no logran estimular la demanda.

Segunda, es imperativo detener el deterioro del sector financiero. A pesar de las liquidaciones o de las inyecciones de recursos en diversas entidades, el problema persiste y no se han restablecido los canales de crédito. El debate reciente está centrado en la probable nacionalización de entidades financieras y en la contención del riesgo de pánico financiero.

Tercero, es importante reactivar la demanda agregada y restablecer la confianza. Las pérdidas de riqueza de los hogares, forzaron la contracción del gasto y el aplazamiento de consumos duraderos; las empresas del sector real empezaron a acumular inventarios, a tener dificultades de financiación, a disminuir producción y a recortar empleos.

En ese contexto, la política fiscal es el instrumento con más posibilidades de reanimar la demanda y, por eso, los gobiernos han anunciado grandes paquetes de gasto.

Las repercusiones de la crisis en las economías subdesarrolladas dependerán de cómo evolucionen y qué tan efectivas sean las políticas mencionadas, y de qué tan preparadas están las autoridades económicas de estos países.

En el caso de Colombia hay razones para un moderado optimismo. En primer lugar, la desaceleración reciente del crecimiento responde a la política antiinflacionaria de los años recientes.

A diferencia de la situación de las economías desarrolladas, es evidente que la política monetaria tiene un amplio margen de maniobra. El cambio de postura de la Junta Directiva del Banco de la República, con una reducción de 200 puntos básicos en su tasa de intervención entre diciembre y febrero, puede tener repercusiones positivas en la demanda agregada y amortiguar parte de los efectos de la crisis en el comercio internacional.

En segundo lugar, la política fiscal también tiene algún margen de maniobra. El gobierno actuó con gran oportunidad para asegurar la financiación del presupuesto de 2009 y tiene previsto el desarrollo del plan de infraestructura, con obras que en su mayor parte ya están financiadas. Aun cuando algunos analistas subvaloran y no consideran esta opción como parte de un “programa de choque” frente a la crisis, el FMI la considera importante.

En el documento “Fiscal Policy for the Crisis”, el FMI menciona entre las medidas recomendadas: “Primero, y más simple, los gobiernos deben asegurar que los programas existentes no sean recortados por falta de recursos. Segundo, programas de gasto, desde reparaciones y mantenimiento hasta proyectos de inversión aplazados, interrumpidos o rechazados por falta de recursos o por condiciones macroeconómicas, deben ser reactivados rápidamente”.

En tercer lugar, el gobierno adoptó medidas para evitar que las restricciones financieras internacionales afecten las empresas, especialmente las mipymes. Para tal fin se está capitalizando el Fondo Nacional de Garantías y se contrataron créditos externos por más de US$1.000 millones para líneas de redescuento de Bancoldex.

Por último, el país cuenta con un programa de transformación productiva, que tiene gran importancia estratégica en la coyuntura actual.

Las crisis también son fuente de oportunidades. La Gran Depresión forzó un improvisado proceso de industrialización en Colombia. La temida oleada de proteccionismo que puede desatar la crisis actual, nos encontrará con un sólido proyecto de reindustrialización en marcha. El reto es aprovechar plenamente esa ventaja.