Mostrando entradas con la etiqueta Empresas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Empresas. Mostrar todas las entradas

Financiación para crecer

jueves, 17 de mayo de 2012
Publicado en la revista MisiónPyme No. 51 de abril de 2012

En los años recientes la oferta de financiación para las empresas viene cambiando en Colombia. Esta es una tendencia importante, porque el acceso al capital es uno de los obstáculos principales para el crecimiento empresarial y para el desarrollo económico.

Hasta comienzos del presente siglo las opciones de financiación para las empresas estaban limitadas al crédito del sector financiero y al acceso del mercado de capitales. La literatura académica evidencia una relación directa entre la magnitud relativa de estos mercados y el desarrollo económico. Pero en el caso colombiano ambos son de un tamaño reducido.

El sector financiero se redujo con la crisis financiera de mediados de los noventa y apenas ahora está llegando al nivel que tenía hacia 1997. El Banco de la República calcula que el indicador de profundización financiera (cartera bruta/PIB) en diciembre de 2010 fue 32.9%, que es bajo en el contexto internacional.

El mercado de capitales también es pequeño en términos relativos. El número de empresas que cotizan es reducido y la emisión de bonos se restringe a empresas de gran tamaño. En esto pesan factores culturales, pues los empresarios tradicionales son poco proclives a la emisión de acciones y prefieren el crédito bancario.

Esto repercute en un exceso de demanda de crédito del sector financiero y el acceso queda limitado a la “crema” de las empresas. El resto se ve constreñido al uso de recursos propios y a caer en las redes de los agiotistas, lo que frena su velocidad de desarrollo.

Consciente de la importancia de derribar los obstáculos a la financiación, el gobierno viene trabajando en el entorno para el desarrollo de nuevos vehículos financieros, que permitan a las empresas tener una estructura de capital más diversificada.

En esa línea, se dio un giro en la operación de Bancoldex dejando su especialización en la financiación de los exportadores, para enfocarse más en las pymes. Ahora está avanzando hacia su estructuración como banco de desarrollo con nuevas funciones para el fomento del emprendimiento y la innovación.

Otro paso importante fue el programa Bancoldex Capital, mediante el cual se está conformando en Colombia la industria de fondos de capital privado. Ellos adquieren parte de la propiedad de una empresa ya constituida; esa inyección de capital más el acompañamiento gerencial aceleran el crecimiento. Una vez logrado ese objetivo, salen de la inversión, promoviendo la entrada de la empresa a bolsa o vendiendo la parte al socio o a otro inversionista.

Para el caso de las microempresas se desarrolló el programa de Banca de las Oportunidades. Este no sólo repercute en el aumento de los niveles de bancarización del país, sino que brinda recursos para mejorar las condiciones de vida de las familias que dependen de microempresas de subsistencia, alejándolas del fatídico gota a gota.

Actualmente se está trabajando en el fortalecimiento de las redes de ángeles inversionistas y la creación de fondos de capital semilla. Estos se enfocan en actividades empresariales que están en sus primeras fases de desarrollo y son, por lo tanto, de mayor riesgo.

Esta es una panorámica general, que demanda una exposición y evaluación más detallada de cada vehículo financiero. Pero queda claro que de cara al siglo XXI los empresarios colombianos contarán con mayores posibilidades de superar el obstáculo de la financiación y tendrán mejores condiciones para crecer sus empresas.

Microcompetitividad

miércoles, 30 de diciembre de 2009
Publicado en el diario La República el 27 de noviembre de 2008


El tema de la competitividad viene tomando creciente importancia en el país. Las iniciativas al respecto, adelantadas desde comienzos de los noventa, se han venido capitalizando; hoy se cuenta con una visión más articulada de todos los factores que en ella inciden, se creó una institucionalidad tanto nacional como regional, y se fortalecieron las interrelaciones entre todos los agentes del proceso.

En consecuencia, los diseños de política han mejorado, existen objetivos cuantificables, con tareas concretas y responsabilidades bien definidas, como quedó establecido en el Documento Conpes 3527, de junio de 2008.

Entre las políticas definidas cabe destacar las de formalización empresarial y laboral, formación del recurso humano, logística, infraestructura, ciencia y tecnología, simplificación de trámites, incentivos al emprendimiento, profundización financiera, y transformación productiva, que tiene dos componentes: el desarrollo de sectores nuevos y emergentes, y el fortalecimiento de sectores existentes (más y mejor de lo bueno).

Pero, hay una dimensión del tema que estaba un poco refundida entre todos los documentos, lineamientos, políticas y debates: la competitividad de la empresa.

En efecto, los juiciosos análisis y los sesudos estudios, que se han elaborado en los años recientes, abordan el tema desde la macro o desde la mesoeconomía, pero poco y nada desde la microeconomía.

Ese vacío se empieza a llenar con la estrategia de transformación productiva. Por ejemplo, en el desarrollo de sectores nuevos y emergentes el enfoque predominante es la creación de un entorno adecuado para los negocios de sectores como el software y la tercerización de servicios a las empresas; pero los empresarios asumen en los planes de negocios compromisos ambiciosos de crecimiento de su producción y de sus exportaciones. Esto induce necesariamente a las empresas a mejorar su competitividad para lograr los objetivos propuestos.

El relativo abandono del enfoque micro en la discusión pública lleva a que algunos empresarios justifiquen su baja competitividad en las políticas, y no en sus decisiones individuales.

Un documento de la Fundación Ceddet de España, aplicado a las empresas del sector de turismo, señala: “Esta perspectiva analítica ha sido adoptada frecuentemente por los empresarios turísticos como fuente de sus problemas de competitividad, lo cual resulta explicable porque este tipo de argumentos tiene el atractivo de dejarles exentos de responsabilidad en el fracaso competitivo de sus empresas”.

La realidad es que la base de la competitividad de un sector, o de una región, o de una economía, es la competitividad de sus empresas. Nada saca un país con tener superautopistas, puertos modernos, y una buena formación académica de su recurso humano si las empresas no son competitivas, si no crean valor para sus consumidores, y si no logran diferenciarse de las demás.

Cuando se dice, por ejemplo, que el sector comercio tiene una baja productividad laboral con relación a la observada en Estados Unidos, se hace referencia a un promedio: hay empresas que se diferencian y pueden ser igual o más productivas que sus competidoras del resto del mundo, mientras que la mayoría se encuentra en niveles muy bajos.

Como señala Paul Krugman, en el mercado internacional no compiten los países sino las empresas. De igual forma, al interior de Colombia no son los departamentos los que compiten por el mercado de un producto.

El complemento necesario de las políticas macro y mesoeconómicas es la actitud de los empresarios para afrontar los retos que les plantea la economía globalizada. Hay empresarios que así lo han entendido y por eso hoy compiten en los mercados internacionales. Pero hay otros que mantienen la actitud de esperar a ver qué pasa. Ojalá cada vez sean más los que se contagian del virus de la competitividad de las empresas, y menos los que se infectan de pasividad.