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¿Inflación para rato?

viernes, 25 de marzo de 2022

 

Publicado en Portafolio el viernes 25 de marzo de 2022

La inflación se “disparó” de 1,49% en noviembre de 2020 a 8,01% en febrero de 2022. Los datos son preocupantes; el nivel actual es el tercero más alto en lo corrido de este siglo, el acumulado de los dos primeros meses (3,33%) solo es superado por el del año 2000 y el incremento de precios de los alimentos (23,3%) es el más alto en 24 años.

Este es un problema global que está alcanzando niveles insospechados. La inflación de Estados Unidos en febrero es la más alta en 40 años; la de Alemania, Reino Unido, España y Canadá es la mayor en 30 años.

En Colombia hay quienes creen que, al ser un problema internacional, la política monetaria local es ineficaz. Cierto es que las cadenas de suministro tienen dificultades igual que la oferta de algunos productos básicos, pero también hay factores locales. Las restricciones por la pandemia, los programas de transferencias monetarias y otros apoyos directos generaron “excesos de ahorro”. Con la “reapertura” de la economía se desató la demanda de los hogares, que en 2021 creció el 14,6% en términos reales, mientras el PIB lo hizo al 10,6%. 

Los debates internacionales giran en torno a si las expectativas inflacionarias se desanclaron, y si los precios retornarán pronto a sus niveles de largo plazo o sí, por el contrario, habrá inflación para rato. Recientemente Olivier Blanchard afirmó que la elevada inflación en Estados Unidos puede persistir por buen tiempo (“Why I worry about inflation, interest rates, and unemployment”; March 14, 2022). Destaca la actual brecha de 12% entre la inflación básica y la tasa real de interés de la FED y la compara con el episodio inflacionario de mediados de los setenta, con una brecha de 17%; recalca que en este caso fueron necesarios ocho años y el aumento de 1.300 puntos básicos en la tasa de interés real para bajar la inflación a niveles del 4%. Además, hay incertidumbre sobre la duración de los efectos de la guerra en Ucrania en los precios de la energía, los alimentos, los insumos agrícolas y el funcionamiento de las cadenas de suministro.

En Colombia la brecha entre la inflación básica (núcleo 15) y la tasa de política monetaria es cercana al 8%. De esa brecha y de lo expuesto surgen muchos interrogantes: ¿cuánto más subirá la tasa la autoridad monetaria para cerrar la brecha? ¿cuál será su impacto en el crecimiento económico? ¿cuánto tardarán en bajar los precios? ¿qué pasará en un escenario más crítico de la guerra en Ucrania? ¿qué más puede hacer el gobierno para mitigar los efectos internacionales dada su restricción presupuestal y el abultado déficit fiscal?

El desplome del precio del petróleo

jueves, 26 de marzo de 2015
Publicado en Ámbito Juridico, Año XVIII – No. 414; 23 de marzo al 12 de abril de 2015

El precio del petróleo es una variable estratégica para la economía mundial. A raíz de su desplome desde niveles de US$110 por barril a menos de US$50 se viene generando una compleja cadena efectos globales, de los cuales Colombia no ha escapado.

La caída del precio internacional se precipitó por la simultánea confluencia de tres factores que generaron un excedente superior al millón de barriles por día (b/d): aumento de la oferta, reducción de la demanda y el juego de intereses geopolíticos.

La oferta creció en esencia por el desarrollo de la producción de hidrocarburos no convencionales en Estados Unidos. La producción que había bajado hasta menos de cuatro millones b/d ha repuntado a niveles que ya superan los nueve millones y se acercan a su máximo histórico de diez millones.

A ello hay que sumar la recuperación de la producción de petróleo de Libia. A raíz del conflicto interno originado con el derrocamiento de Muammar Gaddafi en 2011, la producción cayó de 1.6 millones b/d a 200 mil; pero durante el segundo semestre de 2014 se inició la recuperación hasta bordear el millón b/d, justo en el periodo en que empezó la caída del precio internacional. No obstante, está en duda la permanencia de esta mayor oferta, por la reciente agudización de la lucha interna por el poder.

Por el lado de la demanda el principal impacto proviene de la desaceleración de las economías emergentes, especialmente de China que ahora crece a niveles del 7% anual después de crecer a ritmos del 10% en las últimas décadas. A esto se suma la menor demanda de importaciones de Estados Unidos; estas bajaron desde 13.5 millones b/d en 2005 hasta 9.4 millones en el presente año, por la sustitución con la producción doméstica.

La geopolítica es otro componente importante de la coyuntura petrolera. En la práctica hoy el mundo está enfrentando una “guerra del petróleo” en la que los líderes visibles de cada bando son Arabia Saudita y Estados Unidos.

Arabia Saudita mantiene la férrea posición de no recortar la producción de los países de la OPEP por varias razones. En primer lugar porque busca que el precio se reduzca al punto que no sea rentable la producción de hidrocarburos no convencionales. Pareciera que este propósito lo está logrando parcialmente. La información de la firma Baker Hughes indica que el número de plataformas petroleras activas en el mundo se redujo en 684 entre septiembre de 2014 y febrero de 2015; el 84.4% de ellas las aporta Estados Unidos. No obstante, la producción norteamericana aún sigue creciendo.

En segundo lugar porque no está dispuesta a asumir el costo de ser el “swing producer”, en el que sus sacrificios en reducción de la oferta permiten a los demás productores aumentar su participación de mercado.

En el caso de Estados Unidos es vital posicionarse como el primer productor mundial de petróleo y gas y reducir la importancia estratégica del Medio Oriente. El presidente Obama lo expresó con fuerza en su discurso sobre el estado de la nación el pasado 20 de enero: “Somos más libres de las garras del petróleo extranjero de lo que hemos sido en casi 30 años… Confiamos en nuestra capacidad de reducir nuestra dependencia del petróleo extranjero y proteger nuestro planeta”.

Al interior de la OPEP se está gestado una creciente división, pues países como Nigeria, Irán y Venezuela no comparten la decisión de no recortar la oferta para frenar la caída de los precios. Además, Irán y Libia están en problemas económicos que los pueden forzar a disentir del cartel.

Otro componente geopolítico de interés es el debilitamiento de Rusia. Este país tiene una alta dependencia del petróleo por lo que la caída de ingresos por exportaciones se suma a los efectos de las sanciones que le impusieron Estados Unidos y la Unión Europea por el conflicto de Ucrania.

Una manifestación clara de la forma en que el desplome del precio está afectando la economía rusa es la drástica decisión de aumentar en 10.5 puntos la tasa de intervención del banco central para frenar la fuerte depreciación del rublo (corregido por error en la versión publicada). Otra es la entrada de la economía en recesión; el FMI bajó recientemente las proyecciones de crecimiento de la economía rusa en 2015 de un crecimiento de 0.5% a una contracción de -3.0%.

Es posible que el cierre de plataformas y la reducción de los presupuestos de inversión en exploración repercutan en una menor oferta, y que la esperada reactivación de la economía europea revitalice la demanda. Pero es evidente que las implicaciones geoestratégicas son las que tienen una mayor preponderancia en la actual coyuntura, lo que hace difícil una previsión sobre el tiempo que se mantendrán bajos los precios del hidrocarburo.

Y Latinoamérica ¿para dónde va?

viernes, 30 de enero de 2015
Publicado en Ámbito Jurídico Año XVIII - No. 410, 26 de enero al 8 de febrero de 2015

Desde mediados del año anterior las economías en desarrollo se empezaron a desacelerar. Latinoamérica es la región que más rápido redujo su dinámica, al punto que las proyecciones de crecimiento apenas llegan al 1% para el 2014 –la tasa más baja desde la crisis mundial– y al 2% para el 2015.

La desaceleración obedece a diversos factores de la coyuntura internacional y a decisiones de política económica de cada economía. El problema es que los primeros, al parecer, no variarán en el mediano plazo y no dependen de las autoridades económicas de la región. Las segundas, que podrían moderar los impactos del entorno externo, enfrentan un reducido margen de maniobra en varios países por las erráticas decisiones de años recientes.

Entre los factores de la coyuntura internacional cabe destacar la caída de los precios internacionales de los productos básicos, el desplome del precio internacional del petróleo, la desaceleración de China y la normalización de la política monetaria en Estados Unidos. Los precios internacionales de los productos básicos, según el FMI, cayeron 29.2% en 2014. En estos productos se observan tres comportamientos distintos: 1) los que empezaron a caer desde 2012, que incluyen alimentos, metales, carbón y gas; 2) los que demoraron su caída hasta 2014, como el petróleo; y 3) los que siguen registrando notables crecimientos como café, harina de pescado y carne de bovino.

El impacto de los menores precios en la región varía con el peso relativo de cada producto básico en las exportaciones (como la alta participación del cobre en Chile y Perú). Sin duda, el más fuerte será la caída del petróleo, por su efecto directo sobre las economías de Argentina, Brasil, Ecuador, Perú, Venezuela, Colombia y México. Dependiendo de la diversificación de su estructura productiva y sus exportaciones, el impacto negativo sobre la cuenta corriente, las finanzas públicas y el PIB, será diferente en cada país. Los casos más complejos son los de Venezuela y Ecuador, que ya empezaron a adoptar medidas desesperadas para evitar una mayor reducción del crecimiento y el incumplimiento del servicio de la deuda pública.

Aun cuando los países no petroleros se benefician por el menor gasto en importaciones y la reducción de las presiones inflacionarias, enfrentarán, como todas las economías latinoamericanas, el endurecimiento de los mercados financieros internacionales y el riesgo de salidas de capitales que presionen más la depreciación de las monedas.

El cambio en los mercados financieros refleja, de un lado, la terminación de los estímulos monetarios y la expectativa de aumento de la tasa de interés en Estados Unidos y, de otro, la reducción de la oferta de petrodólares por las necesidades de liquidez de las economías exportadoras del hidrocarburo.

La dependencia que algunas economías tienen de la dinámica de China complica el panorama. La Cepal (“Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe 2013”) menciona una estimación según la cual la reducción de un punto en su crecimiento ocasionará una contracción de 0.5 puntos porcentuales del PIB latinoamericano y afectará especialmente a Brasil y Chile, para los cuales China es el principal socio comercial.

Es probable que la desaceleración de la economía china no sea temporal y que difícilmente retorne a los ritmos del 10% anual, observados en las últimas décadas. The Economist Intelligence Unit, proyecta para China una tasa de crecimiento del 6.3% anual en el periodo 2014-2020 y del 4.1% para 2021-2030.

Este complejo panorama tendrá impactos diferenciados en la región. Un estudio de Brookings y Ceres (Ernesto Talvi (2014) “Macroeconomic Vulnerabilities in an Uncertain World. One Region, Three Latin Americas”) clasifica las principales economías latinoamericanas en tres grupos: 1) las que tienen fundamentos macroeconómicos débiles: Venezuela (con crecimiento proyectado de 1.3% promedio entre 2014-2018) y Argentina (2.0%); 2) fundamentos mixtos: Brasil (2.2%); y 3) fundamentos fuertes: México (3.7%), Chile (4.0%), Colombia (4.7%) y Perú (5.4%).

Este último grupo es el que menos vulnerabilidades macroeconómicas enfrentará en los próximos años: tiene altos niveles de liquidez internacional, sólida posición fiscal y bajas presiones inflacionarias.

Aun cuando los países de la Alianza del Pacífico cuentan con mejores condiciones, no están exentos de riesgos. El ejemplo de la injustificada salvaguardia que recientemente impuso Ecuador a Colombia y Perú es una muestra de los problemas que se pueden generar por las dificultades macroeconómicas de los vecinos.

En síntesis, terminó el ciclo de auge y, si bien no se ve una crisis latinoamericana en el mediano plazo, sí hay efectos diferenciados que pueden hacer más tortuoso el camino del crecimiento de la región en los próximos años. La calidad de las políticas macroeconómicas en los años recientes y en los venideros será determinante para capotear la volatilidad que ya llegó.

Salvaguardia a la ecuatoriana

viernes, 23 de enero de 2015
Publicado en Portafolio el 23 de enero de 2015

El año comenzó con malas noticias para los empresarios colombianos que exportan al Ecuador. De forma subrepticia el gobierno de Correa impuso una salvaguardia a las importaciones desde Colombia y Perú, del 21% y del 7%, respectivamente, “por la alteración de las condiciones de competencia causada por las devaluaciones monetarias del peso colombiano y sol peruano”.

Cabe preguntarse qué razones objetivas sustentan esa decisión y si las corroboran las cifras del comercio y de tasa de cambio de Ecuador.

Según el Banco Central la balanza comercial de Ecuador fue deficitaria en US$124 millones en enero-noviembre de 2014, mejorando el saldo de -US$1.291 millones de noviembre de 2013. El resultado se obtuvo a pesar del deterioro en el superávit petrolero (-9.5%), que la autoridad monetaria atribuye “a una disminución en el valor unitario promedio del barril exportado”.

Al saldo mencionado contribuyó la reducción del déficit no petrolero en 21.5% anual, resultante del incremento de 16.8% en las exportaciones y la disminución de las importaciones en -1.9% (por el contrario, las importaciones petroleras crecieron 8.5%).

Las exportaciones de Ecuador a Colombia aumentaron 4.7% en el acumulado a noviembre de 2014, mientras que las importaciones cayeron en 5.9%; la balanza comercial fue deficitaria para los ecuatorianos (US$1.072 millones), pero se redujo en US$161 millones. Las exportaciones a Perú cayeron en 16%, las importaciones en 11% y el superávit disminuyó en US$170.

El mayor déficit comercial de Ecuador es con China (-US$2.637 millones), y en 2014 se incrementó en US$162 millones. A su vez, el principal superávit lo tiene con Estados Unidos, pero disminuyó en US$620 millones.

Por lo tanto, es mayor el “daño” ocasionado en la balanza comercial por China y Estados Unidos que el ocasionado por Perú. Con Colombia el resultado es claramente favorable para Ecuador.

La tasa de cambio real de Ecuador se revaluó 3.4% entre diciembre de 2014 y diciembre de 2013. La tasa real bilateral con Colombia se apreció 17.4%, y con Perú 6.3%. Pero el dólar “ecuatoriano” también se revaluó más del 10% con otros 10 países, de los cuales siete contribuyeron a crecer el déficit (Japón, España, Bélgica, Italia, Francia, Holanda y Argentina).

Un análisis completo no debe enfocarse solo en el corto plazo. Las cifras de Colombia, comprueban que el peso se apreció 22% en términos reales frente al dólar “ecuatoriano” entre 2003 y 2014. Eso significa que la competitividad de las empresas colombianas se debilitó frente a las de Ecuador durante ese periodo.

Además, a pesar de la depreciación reciente del peso –que no es una decisión del gobierno sino que refleja las condiciones del mercado, por el sistema de flotación que rige en el país–, aún no se ha recuperado el nivel de 2003; es decir, que sigue siendo favorable a las empresas ecuatorianas.

En conclusión, las cifras ecuatorianas no sustentan la salvaguardia discriminatoria contra Colombia y Perú, que anula la CAN por la puerta de atrás. Si se atendieran las causas reales (dolarización, incumplimiento de la deuda, desplome del precio del petróleo y fortalecimiento del dólar), las medidas deberían ser universales; pero el gobierno de Correa estaría en aprietos para demostrar el daño en su economía. Y el mundo le recordaría los años que disfrutaron con la depreciación del dólar.

La economía mundial en la encrucijada

jueves, 23 de octubre de 2014
Publicado en la revista MisiónPyme No. 79, octubre de 2014

La economía mundial sigue dando tumbos y no despega con la solidez que se espera. En varias ocasiones el FMI, el Banco Mundial y la OCDE han revisado a la baja el crecimiento proyectado para el 2014 y prácticamente se espera que sea similar al de 2013 (3.4% versus 3.2%).

Entre las economías desarrolladas, sólo Estados Unidos parece ir por la senda del crecimiento, mientras que la Unión Europea y Japón siguen estancadas. Entre las emergentes sobresalen India Colombia y China, aun cuando su crecimiento es menor al de la última década (7.4% frente al 10% promedio); la mayoría se están desacelerando rápidamente e incluso Brasil entró en recesión. Hay varios factores detrás de ese lento despegue.

Débil recuperación del comercio mundial

Según la OMC, las exportaciones mundiales crecieron 2.3% en el primer semestre de 2014 con relación a igual periodo de 2013, y las importaciones 2.1%. Aun cuando son variaciones positivas, distan de las tasas superiores al 20% de 2010 y 2011.

A ese crecimiento están aportando más las economías desarrolladas que las emergentes. Las exportaciones crecen débilmente en Estados Unidos (2.9%) y en la Unión Europea (4.4%), y registran caídas en Argentina, Brasil, Perú y Colombia; entre las economías grandes de la región, solo hay variaciones positivas en México (4.2%); en Chile presentan un modesto incremento del 0.1%. Incluso, China se desaceleró y sus exportaciones crecieron apenas 0.9% con relación al primer semestre de 2013.

Terminación del súper-ciclo de precios altos de los productos básicos

La reducción de la demanda internacional ocasionó la caída de los precios internacionales de los productos básicos, poniendo fin al periodo de buenos precios que comenzó a mediados de la década pasada y solo fue interrumpida por la crisis mundial.

Los precios de los alimentos, según el índice de la FAO, están en los niveles más bajos desde 2010 y, de seguir la tendencia descendente, pronto estarán por debajo de los de ese año. Los precios de la energía también se han contraído, aun cuando en proporción menor porque los del petróleo se mantienen relativamente estables alrededor de US$100 el barril. Estos hechos, sumados a la fuerte apreciación de las monedas, han repercutido en caída de los ingresos de los países exportadores.

El FMI proyecta que en los próximos años seguirá la tendencia descendente de los precios de estos productos, incluido el petróleo. Aun cuando es probable que las tasas de cambio logren niveles más competitivos, difícilmente compensarán el efecto negativo de los precios.

Cambios en la geografía mundial del petróleo

La producción de petróleo y gas no convencionales en Estados Unidos está generando cambios estructurales en el mapa energético mundial y tendrá profundas repercusiones sobre economías como la colombiana.

Estados Unidos ya es el principal productor mundial de petróleo y se proyecta que, después de 40 años de restricción, volverá al mercado de exportación de crudo. Como consecuencia viene disminuyendo las importaciones del hidrocarburo desde niveles de 5.000 millones de barriles por año en 2006 a menos de 3.500 millones en junio de 2014.

Aparejada a la producción de petróleo, la de gas de esquisto también viene creciendo y sus precios cayeron a un tercio de los de la Unión Europea y un quinto de los de Japón. La mayor oferta se está utilizando para sustituir al carbón en la producción de energía y tiene notables consecuencias en los costos de producción de la industria.

El impacto global de estos cambios será profundo, pues no solo mejora la competitividad de las empresas ubicadas en Estados Unidos, sino que para países como Colombia plantea el reto de reorientar sus exportaciones de petróleo y carbón a otros mercados y a precios más bajos.

Los dilemas de la política monetaria de Estados Unidos

Desde comienzos del presente año la FED inició el proceso conocido como “tapering” o normalización de la política monetaria. Este consiste en desmonte de la compra de bonos del tesoro y bonos hipotecarios desde montos de US$85 mil millones mensuales hasta cero en los próximos meses.

Con la normalización, se pone fin a la heterodoxa política monetaria implementada con el fin de estimular el crecimiento de la economía después de la crisis mundial de 2008-2009.

Aun cuando es un tema del manejo económico de Estados Unidos, sus repercusiones en el resto del mundo son importantes. Para comenzar, la laxitud en la oferta monetaria ocasionó la apreciación de las monedas de las economías emergentes. Ese fenómeno fue compensado en parte por los altos precios internacionales de los productos básicos; pero terminado ese ciclo alcista, impactó negativamente en la dinámica de las economías.

Ahora la normalización tendrá otros impactos pues es un hecho que la FED tendrá que subir las tasas de interés en algún momento próximo. Lo tiene que hacer porque el desmesurado aumento de la oferta de dinero inducirá fuertes presiones inflacionarias y porque los altos precios de las acciones han generado temores sobre una nueva burbuja financiera.

El problema es que ese aumento puede impactar negativamente en el crecimiento de las economías emergentes. Como un buen número de ellas se está desacelerando, los bancos centrales han bajado sus tasas de interés; si en ese contexto la FED sube sus tasas, es claro que habrá una migración de capitales hacia Estados Unidos, fuertes depreciaciones de las tasas de cambio y endurecimiento de los mercados de crédito.

En síntesis, la economía mundial está en una encrucijada que aumenta los grados de incertidumbre que enfrentan las economías emergentes. En ese contexto, las autoridades económicas del país se deben mover con prudencia, como lo han hecho hasta ahora. Y los empresarios deben estar alerta para reaccionar a tiempo frente a los cambios y para aprovechar las oportunidades que surgen incluso en escenarios complejos.

Alimentos por las nubes

jueves, 26 de mayo de 2011
Publicado en el diario La República el jueves 26 de mayo de 2011.


El fantasma de la inflación recorre nuevamente el mundo, como lo indican los precios internacionales de los alimentos y otros productos primarios. El índice FAO de precios de los alimentos de abril de 2011 creció el 36.5% anual, debido a los altos incrementos de los cereales (71.2% anual), los aceites (49.4%) y el azúcar (49.0%).

Pese a que la economía mundial no ha tenido una recuperación plena, el dinamismo de la demanda de las economías emergentes, sumado a situaciones climáticas adversas, explica la presión alcista de los precios de los productos básicos. Si bien los precios de los hidrocarburos y otros minerales no han alcanzado los niveles récord de 2008, los alimentos ya los superaron.

Entre 2007 y 2008 los altos precios de los productos básicos generaron presiones inflacionarias en numerosos países; pero las características del actual aumento, más concentrado en alimentos, han planteado un debate con relación a su impacto en la inflación.

Mientras el nobel de economía Paul Krugman afirma que el efecto de los crecientes precios de los alimentos en la inflación es marginal, el también nobel Gary Becker opina lo contrario. El primero expresó en un blog que “aún si la reciente alza de los precios de los productos básicos es permanente, esto llevará únicamente a un salto temporal en la inflación”; por eso aboga para que la Reserva Federal no endurezca la política monetaria.

En cambio, para Becker el impacto puede ser grande, dependiendo del peso que tengan los alimentos en la canasta de consumo y afectaría especialmente a los más pobres: “Si las familias gastan el 40% de sus ingresos en alimentos y se produjera un aumento del 30% en sus precios, sus ingresos tendrían que aumentar en 12% para que puedan mantener el mismo nivel de consumo. En contraste, una familia que gasta el 15% de sus ingresos en comida, necesitaría solamente un aumento en sus ingresos del 4.5% para mantener su nivel de consumo”.

La experiencia de 2007-2008 mostró que la subida de precios de los alimentos tiene profundas repercusiones no sólo en el bienestar social sino en el comercio mundial. En ese periodo se observaron disturbios en las economías con mayores problemas de abastecimiento; las economías exportadoras de alimentos impusieron barreras a la libre exportación, mientras las importadoras las eliminaron y crecieron su demanda para recomponer inventarios y evitar o controlar el descontento social; también hubo casos en los que impusieron controles a los precios al consumidor o dieron subsidios con el loable propósito de evitar el deterioro de la dieta de los más pobres.

Como señala Becker, estas acciones distorsionan más el mercado, afectan negativamente a los campesinos y a los importadores netos de alimentos y los subsidios, si no están bien focalizados, terminan beneficiando el consumo de los más ricos.

¿Se repetirán estos hechos? Probablemente sí. Autores, como Richard Posner, dicen que la reciente ola de inconformismo y de disturbios en los países árabes, en parte se relaciona con los precios de los alimentos: “los manifestantes que tumbaron los gobiernos de Túnez y Egipto, se quejaban desenfrenadamente por el creciente aumento del precio de la comida”. Y la OMC reporta en lo corrido del año un incremento de las medidas que restringen las exportaciones de alimentos.

El episodio anterior mostró una gran debilidad de Colombia, pues su mentado potencial agropecuario no mostró una capacidad de respuesta para aprovechar la coyuntura. El Banco de la República está elevando las tasas de interés para moderar la demanda, pero el agro debe responder con una oferta adecuada para el mercado interno y para el internacional. ¿Podrá hacerlo ahora que la agricultura está llamada a ser una de las locomotoras de la economía?

Inflación

miércoles, 30 de junio de 2010
Artículo publicado en la revista MisiónPyme No. 34 de junio-julio 2010


Las crisis financieras y económicas suelen tomar por sorpresa a los economistas. Esto se explica por la tendencia a minimizar los riesgos durante las fases de auge.

Así ocurrió con la reciente crisis mundial. Paul Krugman comenta en su libro “De vuelta a la economía de la Gran Depresión”, que a comienzos del 2007 el tema preferido en los foros profesionales era el triunfo de la macroeconomía sobre las recesiones. Se daba por descontado que los avances de la teoría económica permitían a los ejecutores de política anticipar las crisis y adoptar oportunamente las medidas para conjurarlas. Ya vimos que el descalabro fue mayúsculo.

El riesgo es que ese mismo comportamiento puede asumirse con relación a la inflación. El mundo se acostumbró a tasas bajas y, a pesar del sobresalto ocasionado por los precios internacionales de los productos básicos en 2007 y 2008, existe la firme convicción de que la inflación seguirá controlada.

De esta forma lo ratifica el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reciente revisión de perspectivas de la economía mundial, aun cuando asume cierta cautela con las economías subdesarrolladas: “Se proyecta que las presiones inflacionarias se mantendrán suaves, frenadas por el elevado desempleo y la capacidad excedentaria. La inflación fue más alta y más volátil en las economías emergentes, y por lo tanto las presiones podrían reaparecer allí con más facilidad que en las economías avanzadas”.

Las proyecciones del FMI indican que los precios internacionales de los productos básicos se mantendrán estables en niveles altos, pero por debajo de los alcanzados en 2008.

El problema es que, si bien la crisis dio margen para la recuperación de las existencias de algunos productos alimenticios, se mantienen los demás factores que presionaron al alza los precios internacionales de los productos básicos: producción de biocombustibles, aumento de la demanda en las economías emergentes de rápido crecimiento, efectos adversos del cambio climático, estancamiento de la oferta mundial de petróleo, y creciente escasez de agua, entre otros.

En Colombia tenemos inflación del 2% anual y la reciente reducción en 50 puntos básicos de la tasa de intervención del Banco de la República se fundamentó en la ausencia de presiones alcistas en el corto plazo. No obstante, la autoridad monetaria mantiene su meta en un rango entre el 2% y el 4%, previendo un aumento moderado en lo que resta del año.

Lo que no se puede perder de vista es que la inflación mundial de 2008 subió los precios de Colombia hasta 1.7 veces del techo meta. ¿Qué ocurriría si el Banco de la República se mueve a un escenario de crecientes precios internacionales de los productos básicos? Lo más posible es que generaría el aumento de las tasas de interés y la desaceleración de la demanda interna.

Es importante adquirir conciencia de que el escenario de bajas tasas de interés no es permanente, que se mantiene el riesgo de repunte de la inflación mundial y que ella impactará negativamente en Colombia.

Futuro

martes, 4 de mayo de 2010
Publicado en el diario La República el martes 27 de abril de 2010

En Colombia Compite, un grupo de expertos de la firma 13D Research, dirigidos por Kiril Sokoloff presentó sus perspectivas sobre la senda que seguirá el mundo en las próximas décadas.

Estos temas son fuente de controversia y existen diversas opiniones. No obstante, los aportes de Sokoloff y sus colegas resultan valiosos por provenir de investigadores que llevan décadas estudiando estos fenómenos, lo que les ha dado prestigio internacional.

Según estos investigadores, en los próximos años el escenario se caracterizará, entre otros, por los siguientes elementos:

1. Aceleración de la inflación y altas tasas de interés a nivel global, junto con una burbuja especulativa en los mercados de bonos soberanos. A tal situación contribuirán los déficits fiscales de las economías desarrolladas. Como consecuencia serán cuestionados los esquemas de flotación cambiaria y las políticas de inflación objetivo.

2. El desabastecimiento relativo de combustibles fósiles, ocasionado por la creciente demanda, el estancamiento de las reservas y la reducción de las exportaciones. Las secuelas serán altos precios de las fuentes de energía e impactos negativos en el crecimiento de las economías más vulnerables.

3. El cambio climático tendrá graves repercusiones en la seguridad alimentaria de muchas naciones y el efecto sobre los precios de los alimentos golpeará a las economías más pobres. La productividad agrícola disminuirá como resultado de la creciente escasez de agua y del aumento de la temperatura.

Los escenarios lucen un tanto catastróficos, pero muchos analistas coinciden en mayor o menor medida, al señalar que estos problemas se podrían mitigar o evitar, si la humanidad adopta pronto las acciones correctivas necesarias.

Si bien es claro que Colombia no se podrá aislar, es evidente que tiene sólidas ventajas frente a otras naciones. Aún posee grandes recursos acuíferos; las reservas de petróleo han crecido, asegurando el autoabastecimiento; y cuenta con un amplio margen de crecimiento de la frontera agrícola.

Así, Colombia podría ser un jugador destacado en el comercio mundial como exportador de agua, energía y alimentos. Para hacer realidad ese potencial, se requieren decisiones tanto públicas como privadas, no sólo para amortiguar los impactos negativos, sino para no perder el crecimiento proyectado de las exportaciones de valor agregado.

Los grandes retos están ahí. ¿Cómo aprovechar esas potenciales ventajas sin sacrificar la economía no primaria y sin caer en los efectos negativos de la enfermedad holandesa? ¿Cómo frenar la deforestación indiscriminada que acaba con las fuentes de agua? ¿Cómo racionalizar el uso de las tierras aptas para la agricultura, actualmente subutilizadas en otros tipos de explotación?

Industria y crisis

miércoles, 13 de enero de 2010
Publicado en el diario La República el 2 de abril de 2009


Los resultados de la industria evidencian las dificultades por las que atraviesa el sector. La variación anual de la producción real entre el mes de enero de 2009 y el mismo mes de 2008 fue negativa en 10.7% y la del acumulado de doce meses indica una caída del 4.8% anual.

Aun cuando la caída anotada coincide con la contracción de la industria a nivel mundial, no es claro que el resultado en Colombia refleje la crisis que está afectando al mundo desarrollado y a un creciente número de economías subdesarrolladas.

The Economist recoge en su última edición los indicadores más recientes de la industria en un grupo de economías. Ellas muestran que en Estados Unidos está cayendo al 11.2% anual, en Japón al 30.8%, y en la Unión Europea al 17.3% (en España cae 23.6% y en Alemania en 19.2%). Entre las economías subdesarrolladas las que más caen son Taiwán (-27.1%) y Corea (-25.6%).

Sin duda, esas caídas son explicadas por la crisis mundial, pues las exportaciones y las importaciones de esos países cayeron vertiginosamente desde septiembre de 2008 y los bienes industriales tienen un peso elevado en su comercio.

En el caso colombiano las exportaciones industriales cayeron en noviembre y diciembre de 2008, con relación a los mismos meses de 2007, y el grueso de ese resultado está relacionado con petróleo, café, confecciones, automotores y ferroníquel. De ellos podría aceptarse una relación parcial con la crisis en el caso de petróleo y confecciones.

En petróleo hay un efecto parcial de la contracción de la demanda. Los precios internacionales alcanzaron un nivel cercano a los US$150 por barril hacia mediados de 2008 y luego se redujeron rápidamente hasta niveles entre US$40 y US$50; no obstante, el volumen exportado sigue aumentando.

En confecciones, las exportaciones hacia Venezuela, principal mercado para Colombia en 2008 con el 55% del total, se afectaron por las dificultades de trámite de los pagos en el Cadivi. En Estados Unidos las importaciones totales de estos productos disminuyeron en los últimos meses de 2008; pero las exportaciones colombianas (21% del total) venían perdiendo terreno de tiempo atrás por la agresiva competencia de productos de China e India.

Las exportaciones colombianas de café disminuyeron a finales de 2008 por la menor producción, consecuencia de la renovación de cultivos, los menores rendimientos por bajo uso de fertilizantes y los efectos negativos del invierno. Entre tanto los precios internacionales se han mantenido estables alrededor de US$1.40 por libra.

Las ventas externas de automotores reflejaron en 2008 la restricción de cuotas que impuso Venezuela. El número de vehículos vendidos a ese mercado pasó de 57 mil en 2007 a 14 mil el año pasado.

Por último, en ferroníquel la demanda internacional perdió dinamismo por la desaceleración del sector automotor y el de electrodomésticos. Pero el valor exportado de Colombia viene cayendo desde comienzos de 2007 por la contracción de la demanda internacional y la caída del precio, originados en la sustitución que viene haciendo la industria por otros productos. Adicionalmente, las ventas al exterior fueron afectadas por la huelga de Cerromatoso en el primer semestre del año y hay problemas de registro en el sistema Muisca en las exportaciones de finales de 2008.

De lo anterior se concluye que si la crisis ha impactado en el desempeño de la industria colombiana, hasta ahora lo ha hecho de forma marginal. En cambio, hay factores puntuales del comercio internacional que afectan productos específicos y explican la caída de sus exportaciones. A ellos habría que sumar factores internos, como el menor dinamismo de la demanda agregada.

Contagio

miércoles, 30 de diciembre de 2009
Publicado en el diario La República el 31 de octubre de 2008


El amplio despliegue informativo que ha tenido la crisis financiera del mundo desarrollado, llevó el tema a todas las tertulias en el país. Pero no siempre es clara la percepción sobre los canales mediante los cuales podríamos contagiarnos y sobre los riesgos que ellos significan para Colombia.

La realidad es que los riesgos existen, pero también hay hechos concretos que los amortiguan en buena parte.

El canal que más está impactando a las economías desarrolladas es la contaminación de los portafolios de las entidades financieras. En el caso colombiano, ya se hizo público que algunos fondos de pensiones incurrieron en pérdidas estimadas en $56 mil millones por este concepto y que ellas representan apenas un 2.5% de las utilidades registradas a agosto de 2008.

Otro canal importante es el financiero, al cual son más vulnerables las economías emergentes. Se origina en la iliquidez de los mercados financieros internacionales, pues los bancos, además de cerrar sus líneas de crédito, pueden exigir el pago anticipado de obligaciones, tanto a gobiernos como a empresas privadas.

Como ya lo anunció el Ministro de Hacienda, el gobierno colombiano aseguró los recursos necesarios para financiar el presupuesto de 2009, mediante la contratación de créditos con bancos multilaterales por US$2.400 millones. Aun cuando la desaceleración de la economía (3.5% para 2009) ocasionará menores recaudos y es probable una demanda de financiación complementaria, ella puede ser provista por el frente común que anunciaron el BID, la CAF y el FLAR para atender las necesidades de recursos de la región.

Con respecto al sector privado, el Banco de la República eliminó el depósito al endeudamiento externo, lo que incentiva a las empresas a contratar los recursos necesarios, mientras les mantengan abiertas las líneas de crédito en los bancos de los que son clientes. Adicionalmente, el gobierno negoció con el BID una línea de crédito por US$650 millones para Bancoldex, que permitirá atender la demanda de las empresas afectadas por las decisiones de los bancos del exterior.

Existe también el canal real, que actúa más lentamente, tiene efectos directos e indirectos y se refleja básicamente en el comercio de bienes y servicios. La desaceleración de las economías desarrolladas reduce su demanda de importaciones e impacta negativamente los precios internacionales de los productos básicos; como consecuencia no sólo se pueden reducir las ventas del país a las economías desarrolladas, sino a los socios comerciales de la región afectados por los mismos factores.

Aun cuando los precios de los productos básicos han registrado una notoria corrección a la baja en los últimos meses –especialmente el petróleo, que luego de bordear los US$150 por barril descendió a menos de US$70–, se mantiene la situación de desabastecimiento relativo de alimentos en varios países. Esto significa que el descenso de sus precios difícilmente alcanzará los bajos niveles registrados hasta hace tres años y, por lo tanto, amortiguará parcialmente el impacto negativo de este canal.

Otro aspecto que podría tener un efecto negativo es la potencial caída de las remesas de migrantes por desempleo, pérdidas de capital en inversiones en títulos tóxicos y dificultades para pagar las viviendas adquiridas con crédito. No obstante, en las semanas recientes estos flujos se están incrementando como precaución frente a la crisis, lo cual aplazará temporalmente su impacto.

En ese contexto, cabe recalcar a manera de conclusión lo que ya han dicho altos funcionarios del gobierno, líderes gremiales y prestigiosos analistas: Colombia tiene una posición sólida para aguantar el chaparrón y amortiguar sus efectos, lo cual no significa que sea inmune. Razón por la cual no hay que dormirse en los laureles.

La crisis alimentaria

Publicado en el diario La República el 16 de mayo de 2008


Los precios de los alimentos siguen al alza, erosionando a su paso los ingresos de los más pobres, y día a día es más evidente la complejidad del problema. No es un fenómeno acotado a unos pocos países sino que tiende a ser global y, además, no se explica por una causa única sino por la contribución simultánea de varios factores.

Entre los factores explicativos de la crisis alimentaria que más se mencionan, cabe destacar el crecimiento de la producción de biocombustibles; la creciente demanda de alimentos en las economías emergentes que están mejorando rápidamente su ingreso per cápita; la lenta respuesta de la oferta agrícola a los cambios en los precios; los elevados precios del petróleo, que encarecen los fertilizantes y el transporte; la migración de inversionistas financieros hacia los mercados de productos básicos, con lo que aumenta la demanda especulativa; las medidas de restricción al comercio de alimentos adoptadas por países exportadores; el aumento de inventarios de alimentos esenciales por parte diversos gobiernos; y los impactos del cambio climático en las cosechas en todo el mundo.

Algunos de ellos plantean retos que no tienen solución inmediata, por lo que restablecer la normalidad tomará tiempo. Esto es particularmente cierto en el caso del cambio climático, que sin duda es uno de los factores que más contribuye a incrementar la volatilidad en la oferta de alimentos; en los años recientes se ha observado la intensificación de fenómenos climáticos, como las sequías, las inundaciones y los huracanes, que ocasionan pérdidas de cosechas.

La evidencia es clara. La FAO considera que hay 37 países en situación de crisis alimentaria. En su mayoría se trata de economías pobres, importadoras de alimentos y con problemas acentuados por fenómenos climáticos.

Pero no solo los pobres han sufrido los efectos de la alteración del clima, lo que agrava el problema de abastecimiento mundial. En Australia, por ejemplo, en los años recientes se registró una de las peores sequías de su historia. Su producción de trigo cayó en 58% en el año agrícola 2006/2007, y sus exportaciones disminuyeron en 4 millones de toneladas. Dado que este país aporta el 14% de la oferta del mercado mundial de trigo, es clara su contribución al bajo dinamismo de las exportaciones globales. Pese a que se proyecta un repunte de la producción este año, sus exportaciones podrían caer en otros 3 millones de toneladas.

Diversos centros de investigación han desarrollado modelos con el fin de medir el potencial impacto económico del calentamiento global. Según Natalia Tamirisa, economista del FMI, si no hay políticas efectivas, el aumento de la temperatura mundial podría ocasionar una reducción del PIB per cápita del 15% hacia el año 2200 y su impacto sería mayor en las economías más pobres, que dependen de actividades sensibles al clima (agricultura, silvicultura, pesca y turismo).

William Cline estimó que para el año 2080 la temperatura en las áreas agrícolas aumentará en 4.4°C (superior a la media mundial de 3°C) y las precipitaciones pluviales se incrementarán en 3%. Los modelos de impacto agrícola, alimentados con esos datos, muestran que la productividad de este sector sería afectada en forma negativa. Según el autor, “en los países en desarrollo, la pérdida media sería de 15%–26%. Las pérdidas podrían ser devastadoras en algunos de los países más pobres (en Senegal y Sudán superarían el 50%)”.

El contraste entre la situación actual y lo que dicen los modelos muestra que apenas estamos empezando a sentir los efectos del cambio climático. A diferencia del capitán del Titanic, conocemos la existencia del iceberg y podemos evitar la colisión y el naufragio, si queremos.

Alimentos vs. combustibles

Publicado en el diario La República el 6 de mayo de 2008


Los altos precios internacionales de los alimentos están generando problemas a nivel mundial. Hay protestas en varios países por su escasez y la FAO declaró 36 países en crisis alimentaria. Los países importadores de alimentos bajan aranceles y los exportadores ponen barreras. La Cepal estima que el aumento de precios puede lanzar a la pobreza a 10 o 15 millones de personas en América Latina y el Banco Mundial teme que 100 millones de habitantes engrosen las filas de la pobreza en todo el mundo.

En la explicación del problema no hay una causa única, sino una desafortunada confluencia de factores. Sin embargo, hay analistas que tienden a señalar los biocombustibles como el factor de mayor peso en las alzas de precios, por su creciente consumo de maíz y azúcar y por el incremento de áreas de cultivo a costa de otros alimentos. Aun cuando es evidente que algún impacto deben tener, las cifras indican que no necesariamente son el motor del problema.

En primer lugar, no son los precios del maíz y el azúcar los que más están creciendo; los superan los incrementos del arroz y el trigo. En segundo lugar, no parece que la ampliación de áreas de cultivos para biocombustibles tenga la magnitud suficiente para explicar un impacto tan grande en el precio de otros alimentos.

Los estimativos de USDA muestran que el área cosechada de maíz en el mundo apenas creció en 1.7% anual en el año agrícola 2006/2007 y países como Estados Unidos y los principales productores de la UE tuvieron variaciones negativas. Para la cosecha 2007/2008 se espera la recuperación de las áreas en el mundo y en Estados Unidos, pero no en la UE.

Las cifras del arroz no indican desplazamiento por los biocombustibles. El área sembrada en el mundo creció en los últimos cuatro años agrícolas y se espera que también lo haga en el año 2007/2008; la producción mundial sigue igual tendencia y registra los niveles históricos más altos. Sin embargo, el consumo crece más rápido, ocasionando la reducción de los inventarios; ellos han decrecido continuamente en lo corrido del siglo y apenas se espera un ligero repunte en el 2007/2008.

Según USDA, la reciente subida de los precios del arroz se relaciona con restricciones a las exportaciones: Vietnam impuso un control que recortará la oferta en un millón de toneladas; China estableció un impuesto y cuotas, Egipto las prohibió entre abril y agosto del presente año e India las limitó. Además varios países importadores aumentaron sus compras para evitar el desabasteciendo. Moisés Naim resumió la situación así: “Los precios del arroz subieron porque tanto los países productores como los consumidores entraron en pánico”.

En el caso del trigo presuntamente podría haber un desplazamiento hacia otros cultivos, dado que las áreas cosechadas han caído en la UE; no obstante, las de maíz también cayeron en varios de esos países y no se cuenta con datos de producción de los otros bienes utilizados en la fabricación de etanol. Adicionalmente, se espera que el área cosechada mundial se incremente en 2007/2008 hasta niveles similares a los de 2005/2006. En los resultados de este cultivo es muy importante la sequía en Australia que ocasionó una reducción de su producción de 58% en 2006/2007 y la caída de sus exportaciones.

Puesto que en los productos analizados los inventarios superan el volumen de exportaciones mundiales, se puede plantear como hipótesis que las fuentes más importantes de los elevados precios de los alimentos estarían relacionadas con dos fenómenos: hay fuertes impactos del cambio climático y hay producción suficiente pero las fallas de mercado impiden una distribución óptima.

¿Quién queda contento?

Publicado en el diario La República el 26 de marzo de 2008


Por décadas se han planteado argumentos sobre el deterioro de los precios de los productos básicos y el consecuente impacto negativo en las economías subdesarrolladas que los producen (recordemos la famosa hipótesis de la tendencia secular al deterioro de los términos de intercambio).

Pero ahora, por una casual suma de factores coyunturales y estructurales, los precios están subiendo de forma pronunciada y las alarmas del mundo se encendieron. Al parecer, los anhelados precios altos de los productos básicos son un problema mayor que el lamentado deterioro de los términos de intercambio.

Los factores coyunturales (que quizás no lo sean tanto) se relacionan con los problemas de sequías en algunas regiones e inundaciones en otros. Suramérica, Australia e Indonesia han sido afectados por la curiosa “equidad de género” de los fenómenos climáticos: El Niño y La Niña se turnan para causar estragos en la producción agropecuaria. El debate sobre la temporalidad o permanencia de estas irregularidades climáticas se basa en los efectos del calentamiento global que ya son evidentes. En consecuencia, pasaríamos de un problema coyuntural a uno estructural con profundas repercusiones, pues revertir sus efectos puede tomar décadas; primero debe calar profundamente en las conciencias de todo el mundo, cosa que evidentemente aún no ha ocurrido.

Los estructurales se relacionan con la producción de biocombustibles y la dinámica demanda de bienes primarios en China e India. El auge de los combustibles biológicos se basa en buena parte en el consumo de una porción creciente de la producción de maíz, azúcar y palma de aceite que antes se destinaban a la agroindustria. Adicionalmente, hay países en los que se observa redistribución de las áreas de cultivo en favor de estos productos y en detrimento de otros alimentos. La esencia del problema radica en la limitada capacidad de las economías desarrolladas para ampliar la frontera agrícola y en la lenta respuesta de las economías que tienen la potencialidad de ampliarla sin sacrificar la producción de otros alimentos o las áreas de reserva natural.

¿Pero si el resultado es un quiebre en la tendencia de los precios por qué no están tan contentos los defensores de la hipótesis del deterioro secular, los países subdesarrollados y los desarrollados que exportan alimentos? Básicamente por sus efectos sobre la inflación y el abastecimiento de los importadores netos de alimentos.

En 2007 crecieron los precios en muchas economías, a lo cual contribuyeron de forma notoria los alimentos. The Economist señala que, según el índice global de inflación de Goldman and Sachs, en 2007 “…los precios se incrementaron en el 80% de los países”. La inflación anual a febrero fue en la Zona Euro la más alta en los últimos 10 años. La registrada en enero fue la mayor en 16 años en Arabia, en 14 años en Suiza, en 25 años en Singapur y una de las mayores en 11 años en China. En éste último los alimentos crecieron en febrero al 23% anual (gran parte en respuesta a una epidemia porcina, que disparó el precio de esta carne al consumidor al 63.4% anual); en Bolivia también aumentaron 23% anual; y en Venezuela 35%.

Según la FAO “36 países están en crisis como resultado de los altos precios de los alimentos y requerirán de asistencia externa”.

Para completar el panorama, las autoridades monetarias están combatiendo los excesos de demanda desacelerando las economías con mayores tasas de interés (excepto Estados Unidos que las bajó para moderar la recesión, mientras la inflación aumenta).

En conclusión, el balance en muchas economías no pinta bien: alimentos más caros, desabastecimiento en algunos casos, mayor desempleo y apreciación cambiaria ¿Así quién queda contento?