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Colombia y los bienes médicos esenciales
Es importante entender el mercado internacional de los
bienes médicos esenciales en el que Colombia debe adquirir los elementos
necesarios para la lucha contra el covid-19. Esta nota se propone presentar una
caracterización y, en particular, utilizar como referencia los datos de una
base recientemente construida por investigadores del Banco Mundial (Espitia,
Rocha y Ruta, 2020a).
Para Colombia, igual que para la mayoría de los países del mundo, especialmente para las que son importadoras netas de bienes médicos, ha sido difícil el abastecimiento de estos productos. Tal situación ocurre por varias razones básicas: los países tienen escasa o nula producción de algunos de ellos; no contaban con el volumen de existencias necesario; la magnitud de la pandemia es de proporciones que nadie se imaginaba; y la alta concentración que existe en los proveedores mundiales de esos productos, sumada a las restricciones que muchos de ellos impusieron a las exportaciones.
La Organización Mundial de la Salud estableció una lista de 17 productos esenciales para hacer frente al problema del covid-19 (WHO, 2020). Un grupo de investigadores del Banco Mundial mostró que en el mercado mundial que enfrentan los 20 países en desarrollo más afectados por la pandemia esos productos están altamente concentrados, como se observa en el gráfico 1. Para el conjunto de productos críticos el 80% es provisto por cinco países; pero en los productos para la gestión de casos y para diagnóstico la concentración es aún mayor (Espitia, Rocha y Ruta, 2020b).
La escasez que se generó en el mercado mundial de bienes
médicos esenciales por la creciente demanda presionó los precios
internacionales al alza. En ese contexto, las restricciones a las exportaciones
hacen que los aumentos sean aún mayores y afecten negativamente a las economías
que dependen de las importaciones. En el caso de Colombia, según un estudio de
Kearney (2020), entre enero y abril de 2020 los precios de los tapabocas
quirúrgicos se incrementaron en 531%, los tapabocas N95 en 262%, las batas desechables
en 173% y los ventiladores mecánicos en 142% (citado por Plata, 2020a).
Como se muestra más adelante, Colombia tiene aranceles a las importaciones de varios productos médicos. Con el fin de evitar que ellos sean un factor adicional de incremento de los precios, el gobierno resolvió bajarlos a cero por un término de seis meses (Presidencia de la República, 2020).
En el cuadro 1 se muestran algunas características de las importaciones promedio de Colombia de bienes médicos esenciales en el periodo 2017-2019; su monto ascendió a US$617 millones. El primer aspecto que sobresale es cómo los tres principales países proveedores de cada uno de ellos tienen una participación superior al 50%; incluso, en el caso de los guantes, las gafas protectoras y los gorros superan el 90%.
Un segundo aspecto que corrobora esa característica es el
Índice Herfindahl-Hisrchman. Este indicador toma valores entre cero y 10.000 e internacionalmente
se usa como referencia el valor 1.800 para revelar una alta concentración. Por
lo tanto, solo tres de los productos incluidos en el cuadro muestran un nivel
moderado del índice. En cambio, en el caso de las máscaras Venturi para el
suministro de oxígeno a los pacientes y en el de los ventiladores hay una
altísima concentración.
Otra forma de análisis que permite la base de datos del Banco Mundial es por cada uno de los productos críticos. El cuadro 2 presenta, como un ejemplo, la información de importaciones de máscaras médicas. En promedio Colombia realizó compras a los países listados por un monto de US$19 millones. Pero simultáneamente es un país exportador, con ventas por un promedio de US$10,6 millones en 2017-2019; esto explica que tenga un arancel de nación más favorecida del 15%, con el fin de proteger la producción nacional, frente a países con los que no se tiene acuerdo comercial (cuando lo hay, el preferencial es cero o menor de 15%).
El cuadro también muestra cómo el impacto de las
restricciones a las exportaciones afecta directamente los precios. China es un
país que impuso restricción y, según los cálculos del Banco Mundial, ella induce
un incremento del 16,7% en el precio; aun cuando Estados Unidos no impuso
control a las exportaciones de máscaras médicas, su precio también aumenta
(12,4%) porque se reduce la oferta mundial.
En síntesis, esta información demuestra que la estructura del comercio internacional de bienes médicos esenciales es altamente concentrada y que en la coyuntura de la pandemia se hace más evidente la vulnerabilidad de las economías que son importadoras netas de ellos. También sirve para ilustrar el difícil mercado en el que tuvieron que incursionar las Administradoras de Riesgos Laborales para cumplir con la provisión de equipos de protección personal a los profesionales de la salud, en cumplimiento de lo establecido de forma temporal en el marco de la emergencia sanitaria que declaró el gobierno nacional.
Una lección importante que dejan los problemas de abastecimiento de estos bienes esenciales en una coyuntura de emergencia es la necesidad de establecer una reserva estratégica nacional de salud, como lo sugiere Plata (2020b). Algunas economías desarrolladas la tienen y la manejan como un tema de seguridad nacional; en el caso de Estados Unidos ha sido muy útil para emergencias como la de las torres gemelas y el huracán Katrina.
También es evidente la necesidad de contar con producción nacional de algunos de esos bienes. Con el ánimo de crecer la oferta de ventiladores, países como Estados Unidos flexibilizaron las estrictas normas de la FDA para autorizar su comercialización y se invitó a empresas de diferentes sectores, como el automovilístico, a usar sus plantas para producirlos.
En Colombia también se flexibilizó la regulación del Invima para los ventiladores; mediante la Circular 031, el Ministerio de Salud señala que, en caso de necesidad, se pueden usar ventiladores nacionales que todavía están en la Fase Clínica II, que implica pruebas con personas, siempre y cuando se tenga el consentimiento del paciente o la familia. Con esta decisión se da un impulso a los numerosos proyectos desarrollados en las universidades del país; algunos de ellos cuentan con aportes de inversionistas privados por lo que es alta la probabilidad de que las empresas perduren una vez superada la pandemia. Debería enfocarse como un tema de seguridad nacional y plantear incentivos de política para su permanencia.
Referencias
Espitia, A.; Rocha, N. y Ruta, M. (2020a). “Database on COVID-19 Trade Flows and Policies”, World Bank. https://dataviz.worldbank.org/t/DECDG/views/Covid-19_Trade/story?iframeSizedToWindow=true&:embed=y&:showAppBanner=false&:display_count=no&:showVizHome=no
Espitia, A.; Rocha, N. y Ruta, M. (2020b). "Trade In Critical Covid-19 Products". Trade and COVID-19 Guidance Note, World Bank, 27 de marzo. Recuperado de: http://documents1.worldbank.org/curated/en/764011585606299529/pdf/Trade-and-COVID-19-Guidance-Note-Trade-in-Critical-COVID-19-Products.pdf
Kearney (2020). “Perspectiva del mercado de insumos y dispositivos médicos para el COVID-19”. Documento para discusión, 14 de mayo.
Plata, L.G. (2020a). “'Guerre des masques'”. El Tiempo, 3 de junio. https://www.eltiempo.com/salud/opinion-guerre-des-masques-el-enfrentamiento-mundial-por-los-recursos-frente-al-coronavirus-502628
Plata, L.G. (2020b). “Reserva estratégica nacional de salud”. El Tiempo, 25 de junio. Recuperado de: https://www.eltiempo.com/politica/gobierno/que-es-una-reserva-estrategica-y-por-que-colombia-la-necesita-510896
Presidencia de la República (2020). “Gobierno reduce a 0% el arancel para la importación de 53 productos y elementos de los sectores de salud, higiene y saneamiento básico”. Comunicado de Prensa, 23 de marzo. Recuperado de: https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2020/Gobierno-reduce-a-0-arancel-para-importacion-de-53-productos-elementos-de-sectores-salud-higiene-saneamiento-basico-200323.aspx
World Health Organization - WHO (2020). “Disease Commodity Package - Novel Coronavirus (COVID-19). WHO, 6 de marzo. Recuperado de: https://www.who.int/publications/i/item/disease-commodity-package---novel-coronavirus-(ncov)
Del pesimismo al optimismo
La reciente actualización de las “Perspectivas económicas” de la OCDE es más pesimista en su proyección del PIB de Colombia para el 2020 que la del consenso de los analistas privados: -6,1% y -4,0%, respectivamente. En cambio, para el 2021 es más optimista sobre la recuperación esperada (4,3% y 3,7%).
La OCDE también incluye un escenario en el que podemos agravar la crisis con la indisciplina social, que se materializaría en una “segunda ola” de la pandemia; en esa situación, el PIB caería -7,9% este año y apenas crecería 2,8% en el próximo.
Sin duda, estamos en la crisis económica más profunda de Colombia desde la Gran Depresión, pero podríamos salir rápidamente de ella, aun cuando no hay acuerdo entre los economistas sobre los efectos del desmonte de las restricciones impuestas por el covid-19. Para algunos, poco servirán las inyecciones de liquidez y el impulso a la demanda con mayor gasto público, porque los patrones de consumo cambiarán radicalmente. Las familias ahorrarán más, debilitando la demanda, por incertidumbre en la estabilidad de sus ingresos en el futuro y porque no se sabe cuándo terminará la pandemia.
Para otros, la recuperación será rápida, justamente porque no se trata de una crisis de demanda ni de capacidad de las empresas para crecer su oferta. Lo ilustra el caso de China, cuyo PIB disminuyó -6,8% en el primer trimestre de 2020, pero ha respondido pronto al desmonte de la cuarentena y las restricciones de movilidad; su PMI manufacturero, que cayó más que en el periodo de la crisis mundial de 2008-2009, ya volvió por encima de 50, que es el nivel de referencia para esperar un ritmo normal de crecimiento.
En Colombia, en un entorno de proyecciones de crecimiento cada vez más negativas, hay algunos indicios que permiten abrigar la esperanza de una recuperación rápida. El PMI manufacturero de mayo registró un rebote similar al observado en las economías desarrolladas. El consumo en ese mes cayó en términos reales mucho menos de lo esperado, por el efecto positivo de los programas de ayuda del gobierno. Los precios del petróleo bordean los US$40 por barril y los contendores de esa guerra ya entendieron el absurdo de dejar desplomar los precios. El índice de confianza del consumidor no siguió cayendo y refleja optimismo de los hogares sobre la situación de la economía en los próximos doce meses.
Adicionalmente, en el mercado laboral, las cosas pueden ser menos graves de lo que reflejan la tasa de desempleo y la disminución de más de cinco millones en el número de personas ocupadas; según el Dane, con base en la Pila, se observa que el trabajo formal no cayó tan estruendosamente como lo hizo el total del empleo. Esto podría mostrar que la caída de 5,3 millones de ocupados entre abril de 2019 y abril de 2020 refleja el problema de alta informalidad laboral; a estas personas el confinamiento las pasó automáticamente de “empleados” a “inactivos”.
En este contexto es fundamental el sostenimiento de las políticas gubernamentales orientadas a apoyar el consumo y contener la quiebra de empresas. Es necesario mitigar el impacto económico y social en los sectores más afectados y fortalecer los mensajes sobre la disciplina social para evitar la temida “segunda ola”.
Equipos de protección personal
Nadie osaría entrar indefenso a una jaula con un león. De la misma forma médicos y enfermeras no deberían tratar pacientes contagiados de covid-19 sin los equipos de protección personal (EPP).
El Ministerio de Salud recomienda para los profesionales de la salud que atienden pacientes infectados que generan aerosoles (mediante tos, estornudos, procedimientos de intubación, etc.) un EPP conformado por respirador N95, visor, careta o monogafas, bata manga larga antifluido, guantes no estériles y vestido quirúrgico debajo de la bata.
La legislación obliga a los empleadores a dar a los trabajadores las dotaciones adecuadas para ejercer sus labores y, a la vez, proteger su integridad. Así como los constructores deben entregar a cada obrero un casco, guantes y botas de seguridad, entre otras, las EPS, los hospitales y las clínicas están obligados a darle a los profesionales de la salud los EPP, en función de los riesgos a los que estén expuestos.
Si estos profesionales salen a protestar en los medios porque no tienen los EPP, la pregunta es por qué no los tienen. La explicación del problema parece radicar en las modalidades de contratación y el incumplimiento de las obligaciones.
Según la “Encuesta de situación laboral de profesionales de la salud 2019”, presentada recientemente por Roberto Baquero y Samuel Barbosa, del Colegio Médico Colombiano, el contrato laboral es la forma de vinculación del 42% de los médicos generales, del 17% de los especialistas y del 45% de otros profesionales de la salud. El resto se vincula con órdenes de prestación de servicios, contratos por honorarios, cooperativas de trabajo, etc.
En síntesis, alrededor del 40% de los profesionales de la salud debería contar con los EPP adecuados y de óptima calidad entregados por los contratantes ¿Sí se estará cumpliendo con esta obligación? En algunos casos no pareciera. El restante 60% está conformado por profesionales que son independientes porque les es más rentable o porque no acceden a una forma de contratación más estable; ello implica la obligación de “dotarse” a sí mismos de los EPP porque son sus propios empleadores. Esta situación viene de tiempo atrás y no nació con la pandemia de covid-19.
Pero al aumentar el riesgo por la pandemia, las Administradoras de Riesgos Laborales (ARL) emergieron como un actor de apoyo. Aun cuando la legislación prohibía expresamente a las ARL entregar dotaciones a los trabajadores dependientes e independientes, dado que esa no es su función, el gobierno decretó como medida excepcional de la emergencia económica que ellas deben destinar de forma temporal un porcentaje de las primas recibidas a comprar EPP.
En cumplimiento de ese mandato excepcional, las ARL están comprando EPP, en un mercado mundial desabastecido y en medio de una guerra sin cuartel por esos productos.
No obstante, se debe precisar que las ARL aportan recursos por un monto limitado y son un proveedor temporal de los EPP que tienen que seguir entregando los empleadores o adquirir los contratistas; los cálculos indican que estos dos últimos deben responder por cerca del 95% del costo de la dotación. En ese contexto es prioritario que las autoridades sanitarias y laborales subsanen los problemas de incumplimiento que ponen en riesgo a los profesionales de la salud, especialmente frente al covid-19.


