Capitalismo estilo western

martes, 27 de octubre de 2026

 

Publicado en Portafolio el 27 de octubre de 2026

Expresiones como “capitalismo salvaje”, “tecnofeudalismo”, “democracias iliberales” y “capitalismo autoritario”, entre otras, se quedaron pequeñas para describir el desmadre del mundo actual. En sentido figurado vivimos una nueva versión de las películas del lejano oeste (western): pistoleros retándose o aliándose (Trump, Putin, Netanyahu, Xi Jinping, Kim Jong-un); fronteras borrosas (Groenlandia, Canadá, Panamá, etc.); busca fortunas (tierras raras, petróleo, energía); sheriffs (el Estado) débiles o capturados; magnates del ferrocarril (IA, tecnología, criptomonedas, etc.); guerras por territorios (Gaza, Ucrania); y envalentonados “cara pálidas” que amedrentan a los indios (visas, aranceles, rechazo a migrantes, uso de ejércitos).

El artículo de Anne Appelbaum “MAGA is Making the World Safe for Corruption” (The Atlantic, octubre 2026) muestra el desolador panorama que se está fomentando desde el gobierno de Donald Trump, con profundas repercusiones en todos los países. No es solo el absurdo uso de los aranceles como arma de guerra, que por fortuna no ha generado retaliaciones de la mayoría de los países afectados; tampoco la decisión de demoler las instituciones multilaterales, que en buena parte nacieron con el liderazgo de Estados Unidos; ni la estrafalaria pretensión de creerse el pacificador mundial, a pesar del incumplimiento de su promesa de acabar en 24 horas con la guerra Rusia-Ucrania, de “no ver” la masacre de Israel en Gaza, y de haberse enredado en una injustificada guerra con Irán que pretendía liquidar en “unas cuantas semanas”.

Appelbaum señala que hay un conjunto de conductas que Trump fomenta, alentando polémicas actuaciones de funcionarios y amigos del gobierno, así como de un creciente grupo de émulos en los gobiernos y empresarios de otras latitudes. Un ejemplo es el uso del poder para el enriquecimiento propio y el de familiares y amigos; es una conducta contra la ética de los cargos que desempeñan, pero que en el entorno actual termina por ser tolerada.

El aspecto más grave es que la defensa de la democracia quedó relegada frente a los lineamientos ideológicos que están adoptando los líderes extremistas en el mundo. Ellos incluyen ensalzar la raza blanca, imponer el cristianismo, fomentar la guerra cultural, apoyar con recursos económicos y militares solo a los gobernantes adeptos a los principios y estrategias trumpistas, buscar el control económico de territorios con minerales estratégicos mediante personajes y “negociaciones” poco convencionales, defender a ultranza el poder de las grandes empresas tecnológicas y atacar cualquier intento de regularlas, imponer límites a la libertad de prensa y debilitar los derechos civiles.

En ese entorno, los problemas globales siguen huérfanos del liderazgo que permitiría vislumbrar la mitigación y la solución; entretanto, continúa creciendo el riesgo de llegar a puntos de no retorno. El reto apremiante es cómo fortalecer la oposición en el mundo western.