Publicado en Portafolio el 9 de septiembre de 2026
Sin duda, algunas variables apuntan a la mejora del bienestar de la población al final de la administración Petro: pobreza, desempleo y bono pensional para adultos mayores.
Pero hay otras que generan debate por sus impactos y unas más que claramente son lesivas; el problema es que muchas de estas últimas las dejó como herencia y cuando se vean no parecerán consecuencias de sus políticas.
El crecimiento del salario mínimo real en 35 puntos porcentuales (17 de ellos en 2026), es polémico. Solo favorece al 25% del total de trabajadores y el beneficio neto es cuestionable pues no incide en las remuneraciones de los informales (cerca del 55%) y tiene efectos negativos en los demás trabajadores, porque sus salarios los congelan o los aumentan poco. Más grave aún es el impacto inflacionario por las múltiples variables económicas que siguen atadas al salario mínimo.
El gobierno "promocionó" como un logro suyo la reducción de la inflación al 6.1% en junio de 2026. Es muy curiosa esa “apropiación” después de sus intentos por vulnerar la independencia del banco central y de vilipendiar a los miembros de la Junta Directiva del Banco de la República por desobedecer la orden de Petro de bajar las tasas de interés; además, no se menciona que desde 2025 hay fuertes presiones inflacionarias generadas por otras políticas públicas.
Por eso, es pérdida de bienestar que se hayan desanclado las expectativas de inflación, en lo cual tienen una alta contribución el aumento del salario mínimo y el desbarajuste fiscal, especialmente por las altas tasas de interés del desbocado endeudamiento.
Es pérdida de bienestar la quiebra del sistema de salud: en muchos casos la entrega de medicamentos es demorada o nunca los dan; como consecuencia, el gasto de bolsillo en medicamentos creció 57,3% entre 2022 y 2025; cada vez son más largas las esperas para las citas médicas; es creciente la negación o demora en procedimientos quirúrgicos que obligan a acudir a instancias judiciales aumentando los costos y las angustias de los pacientes y sus familias; las intervenciones de las EPS resultaron onerosas e ineficientes para el país, como lo evidencia la Nueva EPS cuyos balances reflejan la pésima gerencia del gobierno.
Es pérdida de bienestar el grave deterioro de la seguridad como consecuencia de la política de Paz Total, que terminó siendo un fiasco total: la criminalidad incrementó la presencia de grupos armados en 720 municipios (el 71% del total) y hay amplias regiones del país sin presencia del Estado; el número de integrantes de los grupos armados ilegales aumentó 90% entre diciembre de 2022 y julio de 2026; la tasa de homicidios de 2025 fue 26,5 por cada 100 mil habitantes, la más alta desde 2021; la tasa de secuestro total fue de 1,3 por cada 100 mil habitantes, la más alta desde 2008; la tasa de extorsión en 2024 fue 26,2 por cada 100 mil habitantes, la más alta de este siglo y creció exponencialmente en los años recientes desde las lujosas cárceles jefes mafiosos como los “gestores de paz”; entre 2022 y 2025 los actos de terrorismo aumentaron en 88%. Una consecuencia grave es el desplazamiento forzado por el conflicto y la violencia, que, según el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC), alcanzó una media de 375 mil personas por año en el periodo 2022-2025, la más alta en dos décadas.
Es pérdida de bienestar no tener autoabastecimiento de gas, por las malas políticas energéticas: estamos importando el 32% del gas, con una tendencia en ascenso, que está repercutiendo en mayores tarifas a los hogares. Además, la producción de ferroníquel en Cerro Matoso se redujo a la mitad por los problemas de abastecimiento de gas, lo que ya repercutió en la pérdida de cientos de empleos de calidad en Córdoba.
Es pérdida de bienestar el apagón que viene. Los expertos lo anticiparon desde hace rato por las malas políticas, pero el deterioro de la regulación y la inestabilidad en las reglas frenó proyectos vitales para crecer la oferta de energía. Ahora, la probabilidad de apagón aumentó con fenómeno de El Niño que llega con una severidad sin precedentes.
Es pérdida de bienestar tener los niveles más bajos de inversión del siglo por inestabilidad en las reglas de juego y persecución a los empresarios, mientras el crecimiento de la burocracia se desbordó. Uno de sus efectos es la reducción del PIB potencial, que nos condena a crecimientos mediocres como lo dejó en claro el propio gobierno Petro en las proyecciones del Marco Fiscal de Mediano Plazo. Elemental: menor crecimiento, menor bienestar.
Por último, es pérdida de bienestar que casi un millón de colombianos haya solicitado asilo en otros países en el periodo 2023-2025; solo nos superaron Venezuela y Sudán. Es capital humano que pierde el país y son seres humanos que tuvieron que huir del país en busca de una vida mejor.
En síntesis, las ganancias en bienestar corren el riesgo de diluirse por las diversas crisis en que quedó el país. Quizás la memoria alcance para saber de dónde proviene el golpe.