Y mi pensión voló

martes, 17 de febrero de 2026

 

Publicada en Portafolio el 17 de febrero de 2026 

En los recientes debates sobre los efectos negativos del desproporcionado ajuste del salario mínimo pasan desapercibidos los impactos en las pensiones. Aun cuando el Consejo de Estado suspendió temporalmente el aumento y ordenó al gobierno expedir un nuevo salario mínimo ajustado a los parámetros técnicos, ya el daño está hecho; de ahí que un segmento significativo de los empresarios sostenga que no echarán para atrás el aumento del 23% porque “se han generado algunos derechos que… no se deben afectar”.

El incremento del 23% sirve para mostrar lo que viene ocurriendo con las pensiones de tiempo atrás. Tomo como referente el incremento de mi pensión del 5,1%, que corresponde a la inflación de 2025. De la variación absoluta, ya en enero el 76% se fue en cinco rubros: EPS, caja de compensación, programa adicional de salud, administración de la copropiedad y empleada (solo ocho días al mes). ¿Será que el 24% restante me alcanzará para cubrir los mayores precios de alimentos, servicios públicos, transporte y recreación? Difícil cuando las expectativas de inflación ya apuntan a niveles superiores al 6% en 2026.

Emulando el ejercicio realizado por un connotado economista, podemos comparar la evolución del salario mínimo con la del ingreso de un pensionado que en 2004 era el equivalente a dos salarios mínimos. El resultado que se obtiene en enero del 2026 es que el ingreso del pensionado equivale apenas a 1,2 salarios mínimos. Esto se explica porque mientras la variación real de la pensión fue nula en el periodo 2004-2026, porque su incremento es igual al de la inflación del año anterior, el salario mínimo real se incrementó en 70,5%.

En buena parte ese aumento se explica por razones extraeconómicas, pues en ese periodo el salario mínimo nominal se multiplicó por 4,9 mientras que la inflación lo hizo por 2.9. La diferencia no puede ser atribuida a incrementos en la productividad. Según el Dane, entre 2021 y 2025 la inflación media fue de 7,7%, y las variaciones medias anuales de la productividad por persona empleada y del salario mínimo fueron -0.1% y 12%, respectivamente. La diferencia radica en decisiones políticas, como la que acabamos de vivir: en 2025 con una inflación del 5,1% y una caída de la productividad por persona empleada del -0.32%, el incremento del salario mínimo nominal fue del 23%.

Es claro que las decisiones políticas para favorecer al 10% de los trabajadores formales del país tiene impactos negativos en grupos poblacionales como el de los pensionados; no solo inducen un mayor costo fiscal, porque cada año es mayor el número de pensionados que converge al mínimo, sino que posiblemente repercutan en un deterioro real del ingreso de todos los pensionados.

El país de las maravillas

martes, 20 de enero de 2026

 

Publicado en Portafolio el 20 de enero de 2026.

Hace unos meses el gobierno sacó pecho porque The Economist calificó a Colombia como una de las mejores economías en 2025. Pero brillaron por su ausencia las exploraciones de cuáles fueron los criterios para esa clasificación. 

Para ilustrarlo, tomemos la inflación básica, que es uno de los indicadores usados. The Economist toma la variación anual absoluta a octubre de la inflación básica con relación al 2%, que se asume como meta. Esto da lugar a varios sesgos; los países que en el año anterior se acercaron más al 2%, en la medición más reciente lo harán en menos puntos porcentuales y serán bonificados en el ranking; además, el indicador no dice nada sobre la evolución más reciente ni sobre las expectativas. Para el caso de Colombia, el indicador fue 4,3 puntos porcentuales en octubre de 2024 y 3,3 en octubre de 2025; a pesar de esa reducción, quedó en el puesto 34 entre las 36 economías evaluadas. Pero ocurre que ese 3,3 es mayor que el indicador de los meses anteriores; es decir, la foto falla al no percibir que se está revirtiendo la tendencia, que las presiones inflacionarias están creciendo y que se espera que las tasas de interés vuelvan a incrementarse.

El mismo problema que tiene el ranking de The Economist, lo tienen los exitosos balances que presenta el gobierno. La foto muestra que el desempleo bajó, que la tasa de cambio se apreció y que el salario mínimo se incrementó en términos reales en magnitudes sin precedentes. Lo que no muestra es que el país está en una crisis fiscal por la mala política fiscal y que nos deja una economía que en los próximos años crecerá al mediocre 2,5% anual.

Tampoco muestra que el bienestar de la población menos favorecida se deteriora día a día con el chuchuchu que quebró el sistema de salud, que los jóvenes pobres no podrán acceder a la educación superior porque se eliminaron los subsidios del Icetex, que miles de familias no tendrán vivienda porque se suspendió el programa Mi Casa Ya y que el exorbitante incremento del salario mínimo, que beneficia al 10% de los empleados, erosionará los ingresos reales del 100% de la población pobre y de clase media.

La inflación que ya registraba presiones alcistas las incrementará por el efecto del salario mínimo. El país queda ad portas de una crisis energética y las familias de clase media y baja deberán pagar una factura creciente de gas por la pérdida de la autonomía en el abastecimiento, resultante de la inoportuna política contra los combustibles fósiles. En fin, enderezar la economía es la titánica tarea que le espera al próximo gobierno.