¿Quién podrá defendernos?

viernes, 21 de marzo de 2025

 

Publicado en Portafolio el 21 de marzo de 2025 

El presidente Petro y el exministro de defensa afirman que no hay un grave problema de seguridad en Colombia. Que hay unos “focos regionales de violencia”, pero los enemigos del gobierno los magnifican para desconocer los “éxitos” de la “paz total”.

De forma un tanto ridícula Petro puso en su “diario oficial”, X, un tuit según el cual la tasa de homicidios en 2024 es más baja que la de los gobiernos de Uribe y Santos. Ese argumento tiene la misma relevancia que afirmar que la actual tasa de analfabetismo es menor que la del gobierno de Rojas Pinilla. El análisis serio de los datos muestra que la tasa de homicidios se estacionó entre 25 y 26 por cada 100 mil habitantes y que la reducción observada en 2024 es marginal (26,0 en 2023 y 25,3 en 2024). Esa no es una cifra para estar contento, pues sigue siendo muy alta en el contexto global; según Unodc (2023) la media de América fue 15,0 en 2021, la de África 12,7 y la de Asia 2,1. Lejos está el presunto éxito de la “paz total”.

En gracia de discusión, algunos indicadores de seguridad mejoraron en los dos últimos años. Pero no se puede afirmar que no existe un grave problema ni tachar de mentirosos a quienes lo aseveran. Las más recientes encuestas del Centro Nacional de Consultoría y de Guarumo-Ecoanalítica muestran que la inseguridad ocupa el segundo puesto entre los temas que más preocupan a los colombianos. ¿Serán puras ilusiones?

En alguna de las paradas que haga en el país de sus alucinantes viajes por el espacio sideral, Petro debería ser informado por sus fieles fans sobre la situación real de la seguridad en Colombia. El informe debería comunicarle que según la Defensoría del Pueblo el 71% de los municipios del país tiene presencia de grupos armados: ¡790 municipios en 32 departamentos! Este organismo lanzó alertas tempranas sobre el Catatumbo desde noviembre de 2024, pero nadie en este gobierno se enteró.

Armando Novoa, jefe negociador del gobierno, en una entrevista con María Isabel Rueda, afirmó: esos grupos “en los territorios han construido lo que algunos llaman unas gobernabilidades criminales muy potentes. Controlan las economías, el empleo, administran justicia, crean sus propios sistemas de impuestos, tienen control de los gobiernos, controlan la democracia local”. Si esto no es grave o es solo un “foco regional de violencia”, es que el presidente no sabe que eso ocurre en todos los territorios de Colombia en los que no hay presencia del Estado.

En definitiva, a la mayoría de los colombianos sí nos parece grave la situación de inseguridad en Colombia. Solo nos queda recordar al Chapulín Colorado.

Deportación al revés

miércoles, 19 de febrero de 2025

 

Publicado en Portafolio el 19 de febrero de 2025

El irresponsable tuitero-presidente ocasionó una vergonzosa crisis diplomática y puso en riesgo la estabilidad económica del país, por la presunta defensa de la “dignidad” de los colombianos deportados de Estados Unidos el 26 de enero. Pero en 2024 llegaron 126 vuelos con 14.199 compatriotas deportados en las mismas condiciones que ese día; de la “dignidad” de ellos no habló Petro.

El problema es que Petro no ha comprendido que sus políticas están “deportando” a muchos más colombianos que los que dispararon su rabieta contra Trump. En el solo Catatumbo se calcula que más de 50.000 personas han sido desplazadas en menos de dos meses como consecuencia del fracaso de la “Paz total”. De la noche a la mañana tuvieron que abandonar el terruño, sus pocos o muchos bienes, la educación de sus hijos y su entorno social. Las imágenes de los noticieros permiten percibir la indigna situación que soportan miles de familias por la creciente ausencia del Estado en vastas regiones del país.

Según el Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC) el movimiento forzado de personas por el conflicto en Colombia ascendió a 339.000 y 293.000 en 2022 y 2023; son las cifras de desplazamiento más altas en la serie que publica este organismo desde 2009.

Además del desplazamiento interno, otra manifestación de la “deportación al revés” son las personas refugiadas en otros países; según la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), “son aquellas que han buscado protección en otro país tras haber abandonado el propio para escapar de conflictos, persecuciones y otras formas de violencia”. Los colombianos refugiados disminuyeron en 2022 (412.275 personas), pero se volvieron a incrementar en 2023 (475.115) y 2024 (109.756); el de 2023 es el mayor número desde 2016.

También se deben sumar las personas que solicitan asilo, que, según Amnistía Internacional, “es una persona que ha abandonado su país y busca protección contra la persecución y las graves violaciones de los derechos humanos en otro país, pero que aún no ha sido reconocido legalmente como refugiado”. Tristemente, ACNUR y la OCDE destacan a Colombia como el segundo país en el mundo en solicitudes de asilo en 2023, con 209.000 personas, y fue el que registró el mayor incremento absoluto. Las solicitudes de asilo de colombianos en 2022 y 2023 son las más altas del país desde 2013.

La “deportación al revés” en 2022-2024, entendida como la suma de las personas desplazadas por la fuerza, los refugiados y los asilados, atenta contra la dignidad humana y se correlaciona positivamente con la creciente violencia y la toma del territorio por grupos fuera de la ley. No es difícil colegir que la fuente de ese desastre humanitario es la “Paz total”.

El Petroaño 2024

jueves, 16 de enero de 2025

 

Publicado en Portafolio el 16 de enero de 2025

En su balance del 2024, Petro afirmó que la economía creció 2,9% en octubre. Esa hábil manipulación esconde que el aumento esperado del PIB en 2024 es del 1,9% y que seguimos lejos del crecimiento deseado (más de 4%), porque a este gobierno le quedó grande diseñar y poner en marcha un plan de reactivación económica por el que clamó el país en el último año y medio.

Además, a Petro se le olvidó mencionar el desastre económico al que el Gobierno del Cambio está llevando al país, y que la mayor pérdida de bienestar recae en la población más vulnerable. Veamos algunos hechos protuberantes.

La decisión de eliminar el programa Mi Casa Ya, frustra el anhelo de vivienda propia de muchos hogares y prolonga la crisis de la construcción residencial, que es gran empleador de mano de obra no calificada.

El gobierno no pagó los subsidios por servicios públicos a los estratos 1, 2 y 3; la deuda de 2024 asciende a $2,7 billones en energía y $628 mil millones en gas. Esta deuda explica el apagón en Puerto Carreño el 2 de enero. Además, ya empezamos a importar gas para el consumo de los hogares, lo que sumado a los errores de la Creg ocasionará altos incrementos de tarifas en toda la población.

El famoso chuchuchu, que agudizó la crisis de la salud, ocasionó en 2024 el cierre de 1.200 IPS, escasez de medicamentos, demoras en las citas médicas y aplazamientos de procedimientos quirúrgicos. Como consecuencia, el gasto de bolsillo de las familias está creciendo, pero, mientras la población de altos ingresos puede asumirlo, los más pobres no.

La Paz Total realmente es el Fracaso Total. Las bandas criminales operan en 24 departamentos y “gobiernan” en muchas regiones mientras el Gobierno del Cambio está cruzado de brazos. Un ejemplo del debilitamiento del Estado en 2024 fue el paro armado impuesto en el Chocó, uno de los departamentos más pobres, justo cuando vivía una emergencia por la ola invernal.

Gustavo Bolívar anunció la eliminación de los subsidios de “Colombia sin hambre", y los estudiantes que se financian con Icetex ven riesgos en la continuidad de sus estudios.

El país está ad portas de una crisis fiscal por el despelote en el manejo del presupuesto. Recortan subsidios, pero crece la burocracia; el déficit fiscal y el endeudamiento alcanzan niveles sin precedentes, y los analistas ven crecientes riesgos de sostenibilidad.

Por último, creció la corrupción. No fue solo la UNGRD para comprar congresistas, con recursos asignados a regiones pobres, sino que denunciar ante la fiscalía un caso que involucra al presidente de Ecopetrol y al hijastro de Petro, le costó el puesto al ministro Bonilla.

Sexta mejor economía del mundo

martes, 17 de diciembre de 2024
Publicado en Portafolio el 17 de diciembre de 2024

El 11 de diciembre el presidente Petro escribió en X: “La revista liberal The Economist nos sitúa sextos entre las mejores economías del mundo en 2024”.

Es evidente que el presidente confunde las 37 economías OCDE tomadas por The Economist, con las 193 de la ONU. Además, partiendo de ese ranking, que se basa en cinco variables económicas, Petro saca una conclusión fantástica sobre su gobierno en otro “tuit”: “pasar a un sistema económico productivo y salir del extractivismo fósil es un éxito”.

The Economist no explica la metodología; solo indica que tomaron cinco variables: variación del PIB en año corrido o el último trimestre anualizado; variación real de los precios de las acciones; inflación básica; puntos porcentuales de cambio de la tasa de desempleo entre diciembre de 2023 y octubre de 2024; y una estimación del balance primario como porcentaje del PIB.

Analizando los resultados se colige que se hizo un ordenamiento de cada variable y se estableció el puesto ocupado por cada economía. Luego, el puesto definitivo ocupado fue el ordenamiento de la suma o del promedio simple de los puestos ocupados en cada una de las cinco variables mencionadas. De ahí salió el sexto lugar de Colombia; nada que ver con el "extractivismo fósil".

No es claro el cálculo del crecimiento del PIB para Colombia en el ranking (2,6%), pues no coincide con ninguna de las variaciones publicadas por el Dane. Además, las proyecciones para 2024 le apuntan en el mejor de los casos a un escaso 2,0%; la OCDE estima 1,8% y el Banco de la República 1,9%.

El balance primario es un indicador muy útil en otros contextos, pero en el de este ranking termina siendo engañoso, pues si hay una variable en la que existe gran preocupación tanto de los analistas nacionales como internacionales es el estado crítico de las finanzas públicas colombianas. Entre 43 economías a las que The Economist hace seguimiento, hay 33 que tienen mejor balance fiscal que el déficit proyectado para Colombia (-5,7% del PIB).

Un hecho curioso es el puesto 20 de Estados Unidos en el ranking. Comparemos y saquemos conclusiones: crecimiento del PIB de EEUU 2,5% versus Colombia 2,6%; precios de las acciones 23,6% versus 16,5%; inflación básica 3,5% versus 6,0%; variación desempleo +0.4% versus -0,7%; balance primario -3,7% versus -0,1%.

Si a partir de ese ranking Petro cree que la economía colombiana es mucho mejor que una economía como la de EEUU que registra mayor crecimiento del PIB per cápita, una inflación más cercana a su meta, un mercado de valores muchísimo más profundo y un mercado laboral cerca del pleno empleo, definitivamente es que el Gobierno del Cambio está delirando.

Trump y el mundo que viene

viernes, 22 de noviembre de 2024

 

Publicado en Portafolio el 2 de noviembre de 2024

La incertidumbre debería ser menor en este segundo periodo de Trump y muchos de los interrogantes de los analistas sobre lo que viene para el mundo en los próximos años ya deberían tener respuesta. Sin embargo, como anota Peter Feaver, profesor de Duke University, “debido a la imprevisibilidad de Trump, su estilo errático y su pensamiento poco coherente, algunas de esas mismas preguntas siguen abiertas hoy en día”.

Por eso son muy preocupantes los potenciales impactos de sus políticas extremistas en el mundo, en un escenario de fragmentación de la globalización, malestar social y ascenso del populismo.

China enfrenta dificultades con la amenaza de Trump de un arancel del 60% a los productos chinos. La reacción anticipada de esta nación al cambio de entorno ha sido la ubicación de fábricas en varios países. En el caso de Estados Unidos, China busca beneficiarse del nearshoring con inversiones en América Latina; el problema es que Trump puede bloquear esta “filtración” impactando negativamente a los países de la región que exporten productos chino-latinoamericanos con las preferencias de los TLCs.

En la Unión Europea hay un creciente fraccionamiento con el ascenso del populismo de derecha y de izquierda, que dificulta la toma de decisiones comunitarias para afrontar los nuevos escenarios. Es probable que Trump reduzca el apoyo a Ucrania, incrementando los riesgos que representa Rusia para Europa; además, es posible que retome su decisión de reducir el respaldo a la OTAN. Esto obligará a la UE a un mayor gasto militar, agravando los altos niveles de endeudamiento y forzando el sacrificio de las políticas sociales.

América Latina seguirá siendo el patio trasero, salvo quizás por los problemas migratorio y de narcotráfico. China está aprovechando ese vacío con inversiones y créditos, ejemplo de lo cual es la reciente inauguración del megapuerto de Chancay en Perú, con la presencia de Xi Jimping.

Ese contexto pilla a Colombia en malas condiciones. El actual gobierno mostró su incapacidad para implementar políticas de reactivación y, por el contrario, se ha empeñado en políticas y reformas que mantienen deprimida la inversión, deterioran sectores como el de la minería, los servicios públicos y la salud, ponen en entredicho la sostenibilidad fiscal y desincentivan la generación de empleos formales. Así, el país está condenado a mediocres tasas de crecimiento que, en el mejor de los casos, serán del 3% según las propias proyecciones del gobierno. Las políticas de Trump le darán una mano al gobierno Petro con el anuncio de imponer un arancel del 10% a todas las importaciones y deportar a Colombia muchos de los más de 200 mil migrantes ilegales que huyeron del país en busca de un mejor porvenir.

La nueva globalización

viernes, 18 de octubre de 2024

 

Publicado en Portafolio el 18 de octubre de 2024

Hay cambios graduales del mundo que no percibimos oportunamente. Lo evidencia el crecimiento de la inconformidad imperante en muchos países, que llevó al resurgimiento del populismo.

Algo similar está ocurriendo con la globalización. Para los expertos, con la crisis financiera mundial de 2008-2009 comenzaron los cambios que están llevando a una nueva globalización caracterizada por su fragmentación. Pero dada la gradualidad del proceso, muchos políticos y analistas se niegan a aceptar esa realidad que tendrá profundas repercusiones económicas, sociales y políticas. De acuerdo con Global Trade Alert, desde noviembre de 2008 se han realizado 57.870 intervenciones que restringen el comercio internacional. Según el FMI en 2023 se impusieron más de 3.000 medidas, triplicando las registradas en 2019. En ese escenario es como si la OMC no existiera, mostrando el desdibujamiento de los organismos multilaterales, que es la otra característica de la nueva globalización.

La pandemia, la guerra Rusia-Ucrania y las tensiones China-EEUU aceleraron la fragmentación de la globalización y la tendencia al “friend-shoring” o “nearshoring” como nueva organización del comercio.

Los gobiernos que han captado esas tendencias se están moviendo para no quedarse atrás. Es el caso de China que decidió poner fábricas por todo el mundo para burlar las barreras discriminatorias de EEUU y la Unión Europea. Muestra de ello es su estrategia con los autos eléctricos; las fábricas chinas se están localizando en países como México, para entrar a EEUU sin aranceles por el TLC, y como Hungría, para anticipar las barreras de la UE. Esto es como un “offshoring” al revés del visto entre 1980 y 2008.

Por contraste, Colombia fue incapaz de aprovechar la globalización que está feneciendo; ni siquiera con la firma de los TLC logró una mayor penetración en los mercados internacionales, no se integró a las cadenas globales de valor, no diversificó su canasta exportadora, ni se registraron procesos de relocalización en la magnitud necesaria para recomponer la geografía económica del país. Ahora, en su proverbial ceguera, sigue sin reaccionar al nuevo entorno.

La senda del actual gobierno diversificará la oferta exportadora en el sentido menos esperado. Dejaremos de exportar hidrocarburos y en cambio seremos importadores netos de petróleo y gas. Se reducirán las exportaciones sin que sean compensadas por otros productos o servicios. La promesa del aguacate se quedó en el partidor pues en 2023 apenas se exportaron USD200 millones y la ilusión del turismo está muy lejos de sustituir al petróleo; además, el creciente dominio territorial de los grupos armados desviará los turistas a destinos más seguros.

Síntesis, mientras la globalización cambia, analistas y políticos en Colombia no se percatan, seremos exportadores más chiquitos y poco integrados y seguiremos alejándonos del tren del desarrollo.

Ecos del paro de transporte

viernes, 20 de septiembre de 2024

 

Publicado en Portafolio el 10 de septiembre de 2024

Según Miguel Gómez, los graves errores de los gobiernos anteriores son los principales responsables de los problemas de hoy (“2026: ¿Regreso al pasado?”. Portafolio, 27 de agosto de 2024). Nada lo ilustra mejor que el transporte de carga. Décadas atrás, los gobiernos colombianos resolvieron tirar por la borda el desarrollo ferroviario que se había registrado en la primera parte del siglo XX y darle la espalda al transporte fluvial, que tuvo gran importancia hasta entonces. Las políticas mal diseñadas y la preponderancia de los intereses de políticos y empresarios del transporte terrestre eliminaron la posibilidad de implementar sistemas multimodales de transporte, que es lo más conveniente para la topografía del país.

El deporte nacional de los gobiernos tiene dos ingredientes: abandonar los programas de las administraciones anteriores, sin importar su enorme costo económico y social, y patear la pelota hacia adelante para dejar al siguiente gobierno los “chicharrones” de alta sensibilidad política. Sobre el primero, María Teresa Ramírez (“Efectos del eslabonamiento de la infraestructura de transporte sobre la economía colombiana: 1900-1950”; 2007), resalta que el cambio de hegemonía en 1930 frenó las inversiones en ferrocarriles y las aumentó en carreteras porque “el nuevo gobierno liberal buscaba diferenciarse totalmente de los gobiernos conservadores precedentes, que fomentaron la construcción de ferrocarriles”. El segundo, lo vivimos con la política de precios de los combustibles; un gobierno prefirió “heredar” el ajuste de los precios de los combustibles en lugar de dejar operando una política gradual de mediano plazo; pero el nuevo dejó pasar dos años sin solucionar el caso del ACPM.

Resulta curioso recordar que a comienzos de los cincuenta "las tarifas del transporte por carretera se establecían en el mercado, mientras que las de los ferrocarriles se fijaban mediante una negociación que daba más peso a los criterios políticos que a los económicos” (M.T. Ramírez, 2007).

El algún momento se perdió la importancia del mercado y caímos en el peor de los mundos, pues los fletes, que ahora son regulados, se volvieron parte de los problemas estructurales; los transportadores se quejan porque no pueden transferir las variaciones de costos a sus precios. Esos problemas estructurales, que no han sido debidamente afrontados por los gobiernos, sirvieron a los transportadores para hacer recular al actual gobierno en la decisión de incrementar el precio del ACPM en $1904; de paso lograron congelar los aumentos anunciados para 2025.

Además, hay otros elementos “estructurales” como la obsolescencia del parque automotor, la informalidad laboral y empresarial y las asimetrías de información que repercuten en ineficiencias para toda la economía. Todos ellos son problemas que se debieron solucionar hace tiempo, pero el deporte gubernamental hizo que esos problemas, que nacieron pequeños, se volvieran inmanejables.

¿Cayó la población?

viernes, 23 de agosto de 2024

 

Publicado en Portafolio el 23 de agosto de 2024

Dos profesores de la Universidad de Pensilvania llamaron la atención recientemente sobre la posible caída anticipada de la población en Colombia, lo que estaría indicando que la transición demográfica es más acelerada de lo esperado (Jesús Fernández e Iván Luzardo, “¿Comenzó el declive demográfico en Colombia?”. Portafolio, 19 de junio de 2024). Argumentan estos autores que la natalidad observada en 2022 y 2023 cayó de forma acelerada (-7,0% y -11,0%, respectivamente) y la migración neta es negativa (más salidas del país que entradas de migrantes).

El Dane publicó en “Población e indicadores a nivel nacional (periodo: 2020-2070)” una estimación de la caída de los nacimientos en 4.853 en 2022 y 6.744 en 2023, y las observadas, según los boletines técnicos de estadísticas vitales, fueron 43.289 y 63.268, respectivamente. Esto implica una reducción más rápida de la tasa de fecundidad; en la mencionada publicación de proyecciones era 1,7 niños por mujer y la observada fue 1,2 en 2023.

Con relación a la migración neta, Fernández y Luzardo (2024) afirman que “el año pasado se registraron 5.175.412 salidas de nacionales hacia el exterior, mientras que se contabilizaron 4.729.814 ingresos, por lo que la migración neta de colombianos habría sido de -445.598”. De las estadísticas de nacimientos y defunciones del Dane se colige que esa variable todavía fue positiva en 2023.

Llaman la atención las diferencias entre los datos de población que estima el Dane en “Proyecciones de población a nivel nacional. periodo 2020 – 2070” y los de la ONU, actualizados en la reciente publicación “World Population Prospects 2024”. Para 2023, por ejemplo, la población en edad de trabajar en Colombia (entre 18 y 62 años) es superior en 1,2 millones en las cifras de la ONU, mientras que la población de más de 62 años en la publicación del Dane supera en 5,1% a la de la ONU.

Son múltiples las implicaciones de estas diferencias, por lo que es importante establecer las fuentes y solucionarlas. Así se podrá definir mejor la senda probable de la transición demográfica, pues, según cuál sea, serán distintas las decisiones de las políticas públicas.

Son grandes las implicaciones que de ahí se derivan: estimar cuántos son los adultos mayores adicionales que el sistema pensional y el pilar solidario deben financiar cada año; cuál será el gasto esperado en salud; calcular los efectos en las finanzas públicas; mejorar las estimaciones sobre evolución del mercado laboral; evaluar los incrementos en la demanda potencial de los diversos sectores a los que impacta la “economía senior”; por último, valorar los cambios que se requieren en las políticas de migración, de cara a la caída de la población. En fin, es un tema de crucial interés nacional.

Seguros para un nuevo mundo

jueves, 18 de julio de 2024

 

Artícuo publicado en Portafolio el jueves 18 de julio de 2024.

Los cambios demográficos tendrán profundas repercusiones. La disminución de la población y su envejecimiento crean un nuevo mundo para diversas actividades económicas, incluyendo la aseguradora.

Los cambios registrados en Colombia son notables, como se colige de las variables más relevantes en la publicación de Naciones Unidas World Population Prospects: The 2024 Revision. La tasa de fertilidad que alcanzó un máximo de 6,74 hijos por mujer en 1960, en 2023 se ubicó en 1,65. La tasa bruta de mortalidad fue de 17,6 muertes por cada 1.000 personas en 1950 y bajó a 5,4 en 2023 y desde finales de los sesenta se ubicó por debajo de la registrada en las economías desarrolladas. La tasa de dependencia de la vejez (la población mayor de 65 como porcentaje de la población entre 15 y 64 años), que era del 6,5% en 1990 se proyecta al 28,0% para 2024.

La mencionada tasa de fertilidad está por debajo de la tasa de reemplazo, que se calcula en 2,1 hijos por mujer; es decir, inferior a la necesaria para mantener constante la población. Pero, según Jesús Fernández-Villaverde e Iván Luzardo, de la Universidad de Pensilvania, la situación es más dramática, pues afirman que la tasa de fecundidad fue 1,2 en 2023 (“¿Comenzó el declive demográfico en Colombia?”. Portafolio, 19 de junio de 2024). Como consecuencia, la transición demográfica estaría tomando un ritmo más acelerado que el previsto por Naciones Unidas, según la cual la población colombiana empezaría a disminuir en 2050; con los cálculos de estos profesores, la población ya empezó a descender y, por lo tanto, el envejecimiento poblacional también va más rápido.

Urge vislumbrar ese nuevo mundo y entender la “economía senior” como un emergente motor de crecimiento. Hay que superar la limitada visión del envejecimiento enfocada en pensiones y salud y reconocer su amplio impacto económico en transporte, turismo, cosmética, seguridad, banca, seguros, y cultura, entre otros. En 2019 el 26% del PIB de España se atribuyó a ese grupo y la Comisión Europea estima para la “economía senior” un crecimiento del 5% anual en la década 2015-2025.

Parte de esa dinámica económica apunta a las empresas aseguradoras. Por eso resulta muy oportuna la publicación de Mapfre Demografía: un análisis de su impacto en la actividad aseguradora, en la que analizan el envejecimiento a nivel global, señalan varios campos en los que cabe esperar un crecimiento de la demanda de seguros y crean el Indicador del Potencial Asegurador por Impulso Demográfico para un grupo de 179 países. Colombia figura en el puesto 32 del indicador, lo que revela su gran atractivo como un mercado en el nuevo mundo asegurador.

Lo que faltó en la reforma

lunes, 24 de junio de 2024

 

Publicado en Portafolio el 24 de junio de 2024

De las reformas propuestas por el gobierno, la pensional era la que tenía más probabilidades de ser aprobada por el Congreso, porque es una realidad que se necesitan cambios en el sistema pensional.

Independientemente de los debates que surgieron en torno a varios puntos del contenido y a la mecánica de aprobación del proyecto de ley, es importante tener en cuenta que sus logros son parciales y que se dejaron de lado temas de fondo, como los ajustes paramétricos y la cobertura poblacional.

Uno de los graves problemas que hay en Colombia es que en 2021 solo alrededor del 25% de los mayores de 65 años contaba con una pensión, mientras que la media de América Latina era de 46,8%, según la OIT. Como consecuencia, muchos de ellos dependen de sus familias y cuando estas no pueden o no quieren mantenerlos terminan en el abandono y en la miseria. La OIT calcula que el 53,8% de los adultos mayores no tenía ni ingreso laboral ni pensión, superando casi en 20 puntos la media de la región (34,5%).

En este aspecto hay un avance en la ley aprobada la semana pasada. El pilar solidario establece una renta básica equivalente a la línea de pobreza extrema para las mujeres mayores de 60 años y los hombres de 65 en situación de pobreza.

El otro problema es el de la baja cobertura del sistema pensional, pues en esencia hacen parte de él los trabajadores formales. Con niveles de informalidad laboral estancados por encima del 55% y con políticas poco efectivas para reducirla, la mayor parte de esa población seguirá excluida. Algunos analistas esperan que la reforma laboral contribuya a reducirla, mientras que otros piensan que su efecto será negativo.

Un tema adicional es el de las edades de jubilación. En Colombia, según el Dane, la esperanza de vida de los hombres pasó de 48 a 75 años en las últimas siete décadas y la de las mujeres de 52 a 80 años. A medida que sigue aumentando, si no se modifican las edades de jubilación, se necesitan recursos adicionales para financiar pensiones por más tiempo; las opciones son incrementar los aportes de trabajadores y empresarios o los recursos fiscales transferidos, lo que demandaría más impuestos a la sociedad. La solución debería ser una combinación de ese tipo de medidas, incluyendo una norma que ajuste de forma periódica y automática la edad de jubilación, como lo propuse en “El envejecimiento de la población: ¿un problema?” (en “Trabajo formal en Colombia: Realidad y retos”).

Colofón: como en el caso de las reformas tributarias, vamos a tener que acostumbrarnos a continuas reformas pensionales.