Permacrisis y policrisis

viernes, 16 de diciembre de 2022

 

Publicado en Portafolio el 16 de diciembre de 2022

Palabras como “postverdad” y “fake news” adquirieron mayor protagonismo desde que fueron escogidas como la “palabra del año”, por Oxford University Press en 2016 y Collins English Dictionary en 2017, respectivamente.

El Collins English Dictionary acaba de seleccionar “permacrisis” como palabra del año 2022. El diccionario la define como “un período prolongado de inestabilidad e inseguridad, especialmente como resultado de una serie de eventos catastróficos”. Alex Beecroft, director de Collins Learning, declaró a la BBC que permacrisis "resume lo verdaderamente horrible que ha sido 2022 para tanta gente".

Permacrisis hace referencia a un estado de cosas que da la sensación de una crisis permanente. No acaba el mundo de salir de una situación compleja para embarcarse en otra; no hemos superado la pandemia cuando surge un problema inflacionario de dimensión global; y sin controlar ese problema, aparece la invasión de Rusia a Ucrania, con profundas repercusiones en la economía mundial.

Como lo ha hecho notar Neil Turnbull, el concepto de permacrisis es similar al de policrisis (“Permacrisis. What it means and why it’s word of the year for 2022”. The Conversation, November 11, 2022), que es usado para describir la simultaneidad de varias crisis, con la característica de que ellas se retroalimentan y el efecto final es mayor que la simple suma de las partes; este es un aspecto que resalta el historiador inglés Adam Tooze.

El concepto de policrisis no es nuevo. Se atribuye al filósofo y sociólogo francés Edgar Morin en 1993 y se recuerda el uso de Jean-Claude Juncker en 2016, siendo presidente de la Comisión Europea, para calificar la situación mundial hacia 2014-2015 (Hernán Avendaño “Policrisis” en próxima Revista Fasecolda).

Independientemente de cuál sea la palabra que termine predominando, se debe enfatizar la característica resaltada por Tooze, pues la simultaneidad de crisis será el marco de referencia en el que tienen que tomar decisiones las autoridades económicas.

Pensemos en la inflación. Es famosa la sentencia de Milton Friedman de que "la inflación es siempre un fenómeno monetario"; de ahí que en su control predomina el uso de la política monetaria restrictiva. Pero en un escenario como el actual en el que la crisis inflacionaria es alimentada por la crisis de Ucrania, al impactar la oferta de alimentos; por la crisis de la pandemia, debido a las interrupciones que ocasiona la política china de Cero Covid en las cadenas de suministro; y por la crisis climática y sus efectos en las cosechas, surge un reto monumental para los bancos centrales.

Conclusión: permacrisis o policrisis son términos que seguirán trasnochando a los hacedores de políticas públicas por un buen tiempo; y, de contera, a toda la población.

La destrucción del agro

jueves, 24 de noviembre de 2022

 

Publicado en Portafolio el 24 de noviembre de 2022

En el lanzamiento del Informe Nacional de Competitividad, el director del DNP afirmó: “Vimos pasar las importaciones de alimentos básicos de un millón de toneladas a 15 millones… El pésimo manejo que hicimos de la bonanza del petróleo y del carbón… nos llevó a destruir el aparato agropecuario del país…”.

Aun cuando no quedó claro si la destrucción del agro es consecuencia de las importaciones y/o de la bonanza, cabe presumir que es por lo primero, pues la bonanza también fue de precios de los productos agropecuarios. Además, culpar a las importaciones es consistente con la hipótesis de soberanía alimentaria, que suscribe el presidente Petro.

Es obvia la necesidad de profundos cambios para sacar el agro del atraso. Pero, según el Dane, este año el sector agropecuario ha generado el 5,9% del PIB; más que la construcción (4,8%), el sector financiero (4,8%), la minería (3,9%) y las comunicaciones (3,2%), y ninguno de ellos está destruido. Además, ese aporte supera al de México (3,4%), Brasil (5,2%) y Chile (3,3%), que son destacados exportadores de productos agropecuarios.

El sector agropecuario aporta el 14,7% del empleo nacional en lo corrido de este año y solo es superado por el comercio (18,1%). Esa contribución es muy superior a la observada en los países mencionados. Las importaciones del ámbito agro (OMC), fueron 13,8 millones de toneladas en 2021. Lo primero que sobresale es que ellas no son solo “alimentos básicos”; hay muchas materias primas que son utilizadas para elaborar insumos de la actividad agropecuaria; por ejemplo, tortas de soja y preparaciones para la fabricación de alimentos para animales.

Lo segundo, es que 10 productos representaron el 83,8% del volumen total; maíz, trigo y cebada fueron el 60,2%. En maíz, la producción nacional ha seguido aumentando; pero sustituir las importaciones, como lo plantea la ministra de agricultura, implica triplicar los rendimientos por hectárea para sustituir el 67% de las importaciones, que es abastecido por Estados Unidos. La alternativa es subir los precios de la carne, al usar solo maíz nacional en la producción de alimentos concentrados.

Lo tercero es que las importaciones de trigo y cebada son prácticamente el 100% del consumo nacional, porque son productos típicos de las zonas templadas y no del trópico. Se podrían sembrar en el país; pero como la productividad sería muy baja, los consumidores tendrían que pagar pan y cerveza a precios muy superiores a los actuales.

El director del DNP es un destacado académico y gran conocedor de los problemas del país. Por eso no debería contagiarse de sus colegas, que lanzan juicios sin evaluar las potenciales consecuencias negativas para el país y para el propio gobierno.

Depreciación y otros males

viernes, 21 de octubre de 2022

 

Publicado en Portafolio el 21 de octubre de 2022

La tasa de cambio es de las variables más difíciles de proyectar. Lo evidencia la última encuesta de expectativas del Banco de la República, aplicada a 40 expertos del sector financiero, entre el 6 y el 11 de octubre; aun cuando la mediana de la TRM esperada para fines de mes es de $4.600, en estos días la hemos visto alrededor de $4.800.

La depreciación reciente resulta de la confluencia de diversos factores externos e internos. Entre los primeros destacan los incrementos de la tasa de la FED que repercuten en el fortalecimiento del dólar y en la depreciación de las demás monedas. Adicionalmente, el último informe del FMI (World Economic Outlook, October 2022) destaca un elemento pasado por alto en la mayoría de los análisis: la notable mejora en los términos de intercambio de EE.UU., consecuencia de los altos precios internacionales del gas, el petróleo y otros productos básicos que este país exporta.

Entre los factores internos están los déficits fiscal y de cuenta corriente y los confusos mensajes del gobierno sobre reforma tributaria, sectores de minería e hidrocarburos, compra de tierras y posibles controles de capitales. Esta combinación repercute en una mayor percepción de riesgo de la economía colombiana, reflejada en el EMBI y la tasa de cambio.

El EMBI de Colombia, que viene aumentando con la pérdida del grado de inversión y el agresivo tono de la campaña presidencial, se aceleró entre el 8 de agosto y el 17 de octubre de 2022 con un incremento de 22,4%; supera la variación de países como Perú, Brasil, Chile, Argentina, Bolivia, Costa Rica y México y la media latinoamericana.

Las tasas de cambio de muchos países se han depreciado por las mayores tasas de la FED y sus efectos han sido mitigados parcialmente por los bancos centrales incrementando sus tasas de intervención. En un gráfico presentado por Gita Gopinath y Pierre-Olivier Gourinchas, (“How Countries Should Respond to the Strong Dollar”, October 14, 2022) se observa que el debilitamiento del peso colombiano frente al dólar es de alrededor del 10% en lo corrido del año, y que cerca del 80% se explica por la variación entre el 1 de julio y el 4 de octubre.

Esta no es una buena situación en un escenario con la economía mundial desacelerándose, con América Latina enfrentando un choque adicional proveniente del endurecimiento de los mercados financieros internacionales, y con crecientes temores de crisis de deuda soberana en algunas economías emergentes. Es imprescindible unificar los mensajes gubernamentales, no dar señales alarmistas a los mercados y postergar para mejores tiempos la creatividad o los ensayos de política económica con base en teorías inciertas.

Espiral de tasas de interés

jueves, 22 de septiembre de 2022

 

Publicado en Portafolio el jueves 22 de septiembre de 2022

La economía mundial se complicó de una forma que nadie esperaba y los hacedores de la política económica de muchos países enfrentan grandes dilemas.

En este año coinciden la crisis de la pandemia, la inflación desbordada y la guerra de Ucrania por la invasión rusa; algunos analistas suman a ellas los problemas derivados del cambio climático que se observan en diversas regiones.

Desde 2021 la inflación inició una tendencia alcista que al principio fue interpretada como un fenómeno temporal; solo hacia finales de ese año se empezó a tomar conciencia de que era un problema persistente, por lo que los bancos centrales reaccionaron tardíamente.

El problema se acentuó con la invasión a Ucrania, que ocasionó un choque de oferta de productos agropecuarios, de insumos como abonos y de energía, que indujo una mayor presión al alza de los precios de los productos básicos. Para completar, los brotes de la Covid-19 en China y su política “Cero-Covid” no han permitido la superación de los problemas de operación de las cadenas de suministro.

La respuesta a la escalada inflacionaria ha sido el tradicional aumento de las tasas de interés de política monetaria. Pero esa decisión que luce razonable cuando se mira una economía de forma aislada, en un mundo globalizado tienen unos efectos que inducen nuevos incrementos de las tasas. Como lo destaca Shang Jin Wei, profesor de la Universidad de Columbia, cuando un banco central como la FED incrementa su tasa de interés tiene un efecto de exportación de parte de la inflación a otros países, por la vía de la depreciación de las monedas; para mitigarlo, los bancos centrales de esos países se ven forzados a incrementar sus tasas de intervención en montos superiores a los requeridos (“The Risk of Competitive Interest-Rate Hikes”). El resultado es una espiral de tasas de interés que desacelera el crecimiento de las economías más de lo deseado y aumenta el riesgo de una recesión global.

Una dificultad adicional es que la política fiscal no puede mitigar los impactos de las mayores tasas de interés en el crecimiento, pues la enorme expansión del gasto público para afrontar la pandemia repercutió en aumento del déficit fiscal y del endeudamiento en muchos países. Por eso, a la vez que hay un freno a la demanda por la política monetaria, hay otro por la política de consolidación fiscal.

En este contexto deberían operar acuerdos internacionales para reducir la probabilidad de una innecesaria recesión; el problema es que el mundo está huérfano de líderes y la institucionalidad global está debilitada. Al parecer, estamos frente a un caso de “tragedia de los comunes”.

Balance negativo del comercio

jueves, 25 de agosto de 2022

 Publicado en Portafolio el 25 de agosto de 2022

Los acontecimientos de los años recientes están transformando el mundo, lo que repercutirá en cambios de la globalización. Pareciera que muchos empresarios colombianos no se han percatado de las consecuencias que esos hechos puedan tener no solo en sus empresas sino en toda la economía.

En lo corrido del presente siglo los gobiernos colombianos implementaron una política de inserción en la economía globalizada basada en el acceso preferencial para las exportaciones mediante la negociación de TLCs. Esta se complementó con políticas orientadas a mejorar la competitividad empresarial mediante acciones transversales (vías 4G, agilización de trámites como la ventanilla única de comercio exterior VUCE) o sectoriales (programa de transformación productiva). Pero, en cambio, avanzan lentamente o no lo hacen las mejoras en procedimientos, como las inspecciones únicas, o el desmonte de protecciones no arancelarias.

Sin embargo, los datos muestran resultados deplorables. El acelerado crecimiento de las exportaciones entre 2003 y 2014 se explica por los altos precios internacionales de los productos básicos, más que por un cambio estructural en la canasta exportadora, una inserción real en las cadenas globales de valor o el aprovechamiento efectivo del acceso preferencial. Por eso los choques externos que inducen caídas de esos precios, como la crisis mundial de 2008-2009 y el choque petrolero de 2014, frenan el crecimiento y crecen el déficit comercial.

Una rápida mirada al TLC con Estados Unidos lo comprueba. En lo corrido del siglo el 73% de las exportaciones colombianas fueron café, carbón, petróleo, ferroníquel, banano, flores y esmeraldas (en 2011 llegaron a 85%). Con el choque petrolero y la pandemia perdieron participación (55% en 2020), pero este año la están creciendo nuevamente (66%). Unos 25 países tienen acceso preferencial a este mercado, pero los empresarios no aprovechan ese enorme potencial por la escasa oferta colombiana de exportaciones de mayor valor agregado.

La economía mundial está migrando a una nueva organización de la producción mediante lo que se conoce como “nearshoring”, que son empresas que se localizan en países de América Latina para atender el mercado de Estados Unidos. Además, el gobierno Biden está asignando cuantiosos recursos para incentivar la fabricación de productos de alta tecnología (como los procesadores) en su territorio.

Creer que el nivel tecnológico de las empresas colombianas les va a permitir vincularse al “nearshoring” o que de la noche a la mañana pasaremos de vender productos primarios a otros de alta o media tecnología puede ser un poco iluso. Se necesita un polo a tierra y que sector privado y gobierno tomen las decisiones efectivas para que ello sea posible en el mediano plazo. En caso contrario, no olvidar que “camarón que se duerme…”.

Colombia = Desconfianza

jueves, 21 de julio de 2022

 

Publicado en Portafolio el 21 de julio de 2022

Recientemente se resalta en las discusiones sobre políticas públicas el papel que juega la confianza en el desarrollo económico y en la solidez de las democracias modernas.

En ese contexto, la OCDE acaba de publicar el documento Building Trust to Reinforce Democracy. Main Findings from the 2021 OECD Survey on Drivers of Trust in Public Institutions. Este organismo viene trabajando el tema desde hace al menos dos décadas, en las cuales se han examinado teorías, debatido aspectos conceptuales sobre los determinantes y diseñado formas de medición. En la mencionada publicación presenta los resultados de una encuesta que busca medir por primera vez la confianza de la población en el gobierno y en las instituciones en 22 países de la OECD, entre los cuales está Colombia.

La idea central es que la legitimidad y la solidez de las democracias se basa en la confianza entre los ciudadanos y los gobiernos. Cuando se pierde la confianza se afecta el desarrollo y toma bastante tiempo restablecerla; en el caso de la crisis de 2008, los autores señalan que su restablecimiento tomó cerca de una década.

Desde el punto de vista de Colombia, el aspecto más sobresaliente de este libro es el último lugar que ocupa el país en la gran mayoría de las mediciones. En el indicador más general muestra que solo el 20,5% de los encuestados del país tiene confianza en el gobierno nacional, mientras que la media simple de los 22 países fue de 41.4%. Más preocupante aún es el desbalance que hay en Colombia por el alto porcentaje de los que no confían (66,7%), frente a un relativo equilibrio en la OCDE (41.1%).

El país también ocupa el último lugar en la confianza en los gobiernos locales, los funcionarios públicos, la policía, los jueces y el sistema judicial, el congreso, los partidos políticos, el sistema de salud y el sistema educativo. Además, tiene el segundo nivel de confianza más bajo respecto a la posibilidad de que un funcionario público rechace un soborno, pues solo nos supera México; en este tema, el complemento es que en México el 68,9% y en Colombia el 60,8% de las personas cree que los empleados públicos están dispuestos a aceptar el soborno.

Muchos analistas en el país se declaran optimistas frente a la fortaleza de las instituciones democráticas, pero estudios como este de la OCDE demuestran que eso no es tan evidente; es un oportuno llamado a la reflexión y al debate. Como bien resalta Moisés Naím (La revancha de los poderosos) la falta de confianza genera la antipolítica y alimenta en la población la disposición a dar la bienvenida a los caudillos populistas.

Inflación de debates

jueves, 23 de junio de 2022

 

Publicado en Portafolio el jueves 23 de junio de 2022

La inflación, además de ser uno de los problemas más acuciantes del mundo, es fuente de múltiples debates. Un tema es si es inevitable aumentar la tasa de interés. Christine Lagarde anunció que el BCE hará el primer incremento de su tasa en julio, pero economistas como Paul Krugman consideran que no es necesario, pues Europa enfrenta “un shock de oferta puro” y no un exceso de demanda.

No obstante, la inflación básica pasó de menos del 1% a mediados de 2021 a cerca del 4% actual, que es la más alta de este siglo. Además, los incrementos de la tasa de la FED generan depreciaciones de las demás monedas, encareciendo más las importaciones ya afectadas por los altos precios internacionales de productos básicos y bienes intermedios. Esto se está reflejando en la práctica en una especie de “competencia” entre bancos centrales por aumentar sus tasas de interés.

Otro tema es la magnitud del ajuste. Se afirma que las tasas de intervención de los países desarrollados deben subir hasta su “tasa neutral” (aquella consistente con un nivel de inflación cercano a la meta de largo plazo y con un crecimiento de la economía cercano a su potencial). Otros piensan que debido al atraso en la toma de decisiones se requieren ajustes mayores, para ubicarse por encima de ese nivel y evitar que se desanclen las expectativas de inflación.

Según Olivier Blanchard (“Why I worry about inflation, interest rates, and unemployment”, marzo 2022), en Estados Unidos la brecha entre la inflación básica y la tasa real de la FED está alrededor de 12 puntos por lo que el ajuste necesario podría ser mayor al previsto hasta ahora. Adicionalmente, según las estimaciones de Bolhuis, Cramer y Summers (“Comparing Past and Present Inflation”, junio 2022), la inflación actual corregida por los cambios en las metodologías del IPC es cercana a la de los setenta y la brecha es prácticamente igual, de donde se reafirma la idea de que se requiere un ajuste grande.

Otro tema es el riesgo de crisis de la deuda en economías en desarrollo. Paradójicamente los incrementos en la tasa de la FED impactaron más rápido a algunas economías desarrolladas que a las más pobres; los spreads de las deudas de Grecia, Italia y España se incrementaron activando las alarmas globales. El BCE anunció su intención de comprar deuda de esos países hasta por $200 mil millones de euros; sin embargo, los mercados no se han calmado.

En este contexto, los problemas de los banqueros centrales son enormes y sus decisiones se dificultan más aún si les sumamos los debates sobre riesgos de recesión e incluso de estanflación.

Egipto, Turquía y Colombia

viernes, 20 de mayo de 2022


Publicado en Portafolio el 20 de mayo de 2022

Los gobiernos colombianos suelen solucionar numerosos temas cruciales por tres vías: expedir leyes y decretos que poco se cumplen; contratar “misiones de estudio” para diagnosticar lo que, con frecuencia, ya está diagnosticado; o “patear la pelota hacia adelante”, heredando los costos políticos de las reformas estructurales a los sucesores. Así, el país cuenta con magníficas normas jurídicas, excelentes recomendaciones técnicas en muchos campos y montones de decisiones postergadas mientras los problemas se agravan.

No vemos que el país se entretiene alimentando inextricables marcos jurídicos, gastando recursos en “misionitis” y “pateando la pelota”, mientras el mundo avanza y cada vez nos rezagamos más; no solo no hemos podido cerrar las brechas de ingreso con las economías desarrolladas, sino que las que iban detrás nos alcanzan y nos superan.

En mis recientes vacaciones viajé a Turquía y Egipto. No son economías desarrolladas, pero los contrastes de esos países con Colombia son impactantes. Es interesante la comparación, pues si bien estamos mejor en algunos aspectos, ellos nos aventajan en otros que son centrales en la aceleración del desarrollo y por eso registran una dinámica de largo plazo mejor que la colombiana. El primero tiene un ingreso per cápita que duplica el colombiano; el del segundo es la mitad del nuestro. Pero en 1960 el de Colombia era el 404% del de Egipto y el 74% del de Turquía; en 2020 esas relaciones fueron del 236% y del 48%, respectivamente.

Aun cuando en el índice de competitividad del Foro Económico Mundial de 2019 estamos en un rango similar, esos dos países nos llevan gran ventaja en infraestructura (puestos 52 y 49 frente al 81 de Colombia) y en la calidad de las instituciones (puestos 82 y 71 frente a 92).

Adicionalmente, sus indicadores de seguridad son mejores. En el índice de crimen organizado Colombia fue el segundo entre 196 países en 2021, mientras que Turquía fue el 12 y Egipto el 79. En seguridad vial, la tasa de mortalidad de Colombia fue 15,4 por 100.000 habitantes en 2018; la de Turquía 8,4 y la de Egipto 10,1, a pesar de su caótico tráfico y la indisciplina de los peatones.

Múltiples factores explican las diferencias de desarrollo entre países, pero salta a la vista que nos están tomando la delantera los que sí adoptan decisiones estratégicas para proveer bienes públicos de calidad, brindar mayor seguridad a su población y buscar la superación de los problemas de distribución del ingreso. En Colombia nos vanagloriamos de enunciar que tenemos potencial en todo, pero no reflexionamos por qué sigue siendo una esperanza de futuro y no se toman las decisiones para convertirlo en realidad.

¿Inflación para rato?

viernes, 25 de marzo de 2022

 

Publicado en Portafolio el viernes 25 de marzo de 2022

La inflación se “disparó” de 1,49% en noviembre de 2020 a 8,01% en febrero de 2022. Los datos son preocupantes; el nivel actual es el tercero más alto en lo corrido de este siglo, el acumulado de los dos primeros meses (3,33%) solo es superado por el del año 2000 y el incremento de precios de los alimentos (23,3%) es el más alto en 24 años.

Este es un problema global que está alcanzando niveles insospechados. La inflación de Estados Unidos en febrero es la más alta en 40 años; la de Alemania, Reino Unido, España y Canadá es la mayor en 30 años.

En Colombia hay quienes creen que, al ser un problema internacional, la política monetaria local es ineficaz. Cierto es que las cadenas de suministro tienen dificultades igual que la oferta de algunos productos básicos, pero también hay factores locales. Las restricciones por la pandemia, los programas de transferencias monetarias y otros apoyos directos generaron “excesos de ahorro”. Con la “reapertura” de la economía se desató la demanda de los hogares, que en 2021 creció el 14,6% en términos reales, mientras el PIB lo hizo al 10,6%. 

Los debates internacionales giran en torno a si las expectativas inflacionarias se desanclaron, y si los precios retornarán pronto a sus niveles de largo plazo o sí, por el contrario, habrá inflación para rato. Recientemente Olivier Blanchard afirmó que la elevada inflación en Estados Unidos puede persistir por buen tiempo (“Why I worry about inflation, interest rates, and unemployment”; March 14, 2022). Destaca la actual brecha de 12% entre la inflación básica y la tasa real de interés de la FED y la compara con el episodio inflacionario de mediados de los setenta, con una brecha de 17%; recalca que en este caso fueron necesarios ocho años y el aumento de 1.300 puntos básicos en la tasa de interés real para bajar la inflación a niveles del 4%. Además, hay incertidumbre sobre la duración de los efectos de la guerra en Ucrania en los precios de la energía, los alimentos, los insumos agrícolas y el funcionamiento de las cadenas de suministro.

En Colombia la brecha entre la inflación básica (núcleo 15) y la tasa de política monetaria es cercana al 8%. De esa brecha y de lo expuesto surgen muchos interrogantes: ¿cuánto más subirá la tasa la autoridad monetaria para cerrar la brecha? ¿cuál será su impacto en el crecimiento económico? ¿cuánto tardarán en bajar los precios? ¿qué pasará en un escenario más crítico de la guerra en Ucrania? ¿qué más puede hacer el gobierno para mitigar los efectos internacionales dada su restricción presupuestal y el abultado déficit fiscal?

El buen crecimiento

jueves, 17 de febrero de 2022

 

Publicado en Portafolio el 17 de febrero de 2022

El presidente Duque, el ministro de hacienda y algunos analistas y medios han calificado de histórico el crecimiento del PIB del 10,6% en 2021. Aplicando la famosa filosofía de Pambelé, es mejor crecer al 10% que crecer al 5%. Pero es útil analizar las variables económicas en el contexto adecuado para no alimentar falsas ilusiones.

Un análisis ponderado del crecimiento debe considerar al menos cuatro aspectos. Primero, la pandemia sumió en una profunda crisis a casi todas las economías del mundo en 2020; por lo tanto, los crecimientos de 2021 tienen un componente de rebote y un efecto base que no se pueden menospreciar. Al comparar la diferencia en puntos porcentuales entre el crecimiento de 2020 y el de 2021, Colombia ocupa el puesto 14 entre 145 economías para las cuales el Banco Mundial tiene estimaciones de PIB.

Segundo, las agencias de estadísticas, los organismos multilaterales y los analistas optaron por realizar cálculos de variaciones bienales para evitar los sesgos de los efectos base y comparar cada variable con una referencia de prepandemia. El Dane construyó para Colombia una serie de variaciones bienales del PIB desde 1990 y su director resaltó que el crecimiento en 2021 fue de 2,8%, que es el más bajo del periodo analizado.

Tercero, normalmente se asocia el crecimiento a la mejora del bienestar de la población. Pero en este caso lo que viene ocurriendo es un deterioro del mercado laboral. Lo muestra el propio Dane que calculó índices comparando la dinámica de la economía con la del empleo; la conclusión es que este último se desaceleró en el segundo semestre, de forma que brecha aumentó a más de 11 puntos porcentuales en el cuarto trimestre de 2021.

Cuarto, sorprendieron las dinámicas de la demanda y la inflación. La demanda fue el principal motor del crecimiento, lo que se explica por la pandemia y las políticas de apoyo implementadas por el gobierno, que permitieron generar un “exceso de ahorro”; este se empezó a gastar a medida que se fueron levantando las restricciones impuestas por la pandemia.

El problema es que parte de ese acelerado incremento de la demanda se reflejó en mayor producción y parte en aumento de precios. Por eso la otra sorpresa es el incremento de la inflación, que si bien tiene factores exógenos que han limitado el ajuste de la oferta, ha sido impulsada por la demanda y ha forzado al aumento de la tasa de política monetaria, que ya se empieza a reflejar en revisiones a la baja en las proyecciones de PIB de 2022; por lo tanto, un crecimiento como el de 2021 difícilmente se repetirá, aun cuando es lo deseable.

Burgomaestra versus carros

martes, 18 de enero de 2022

 

Publicado en Portafolio el martes 18 de enero de 2022

“No hay derecho, no es lógico, que el 20% de los bogotanos congestionen, tranquen, contaminen y enfermen al 100% de los bogotanos, eso no lo paga ningún impuesto”. Declaración de Claudia López a Noticias Caracol.

Como tantas afirmaciones de la alcaldesa, esta es un exabrupto más. En materia de contaminación, un estudio de Andemos mostró que en 2016 en Colombia los vehículos de carga y pasajeros fueron los principales emisores de dióxido de carbono, con el 42% del total, y de óxidos nítricos, con el 59%; y las motos fueron el primero en emisión de monóxido de carbono, con el 36%, y de hidrocarburos, con el 30%. Estos datos se refieren a los aportes del parque automotor por tipo de vehículo.

Las congestiones tienen varias explicaciones. Una, es que a la ciudad entran en promedio 75.000 vehículos nuevos cada año, según el secretario Estupiñán; pero en los últimos tres años escasamente se han construido 25 kilómetros de vías arterias y cero kilómetros de troncales de Transmilenio. Simultáneamente, la alcaldía quitó a los carros 117 kilómetros para volverlos ciclovías.

Otra, es la incapacidad de los alcaldes para cumplir con sus compromisos de dotar a Bogotá con transportes masivos de alta calidad. La experiencia internacional muestra que en ciudades del tamaño de Bogotá es imperativo contar con metros, tranvías, sistemas como el Transmilenio, trenes de vecindades, redes de ciclorrutas, etc.

El Transmilenio surgió como un avance muy importante, pero el “adanismo” de nuestros alcaldes los llevó a bloquear su desarrollo. Como consecuencia hoy tenemos un Transmilenio deteriorado, con estaciones semidestruidas por el vandalismo, creciente número de colados porque no hay autoridad que los controle, delincuencia rampante, obsolescencia del parque automotor, proliferación de vendedores ambulantes y mendigos que acosan a los pasajeros, y unas finanzas en crisis. Esto, sumado a la pandemia, ahuyenta a muchos usuarios, que prefieren comprar carro o moto.

Respecto a la enfermedad, la alcaldesa no tiene en cuenta que los ciclistas, en su visión idealizada de trabajadores que hacen ejercicio y no contaminan, son los más expuestos a absorber los contaminantes de todos los vehículos de transporte, porque en general no se desplazan por ciclorrutas diseñadas técnicamente. Además, a diario exponen su vida y la de otras personas; cuando no van zigzagueando entre los vehículos o sobre los andenes y saltándose todas las normas de tránsito, van por los carriles suprimidos a los carros, en abierta competencia con motos y patinetas eléctricas, ciclas con motores que contaminan más que cualquier automóvil y mototaxis, entre otros.

En conclusión, las actitudes de la alcaldesa, lejos de convocar a la ciudadanía para solucionar cooperativamente los problemas fomentan la polarización.