Desarrollo endógeno bogotano

miércoles, 30 de mayo de 2012
Publicado en Ámbito Jurídico No. 346 del 28 de mayo al 10 de junio de 2012

En el foro sobre el TLC realizado en la Cámara de Comercio de Bogotá, el Alcalde Petro y su Secretario de Desarrollo Económico, Jorge Pulecio anunciaron los fundamentos del Plan de Desarrollo de la ciudad.

Pulecio lo expresó así: “Dos proposiciones de entrada. En lo económico, como muy bien lo planteó el alcalde Gustavo Petro… el privilegio de las políticas públicas está en la consolidación del mercado interior. Y en segundo lugar, las políticas públicas se van a basar en el modelo de desarrollo endógeno”.

En ninguna parte del Plan de Desarrollo aparece la expresión “modelo de desarrollo endógeno” y solo se menciona una vez el concepto de “políticas de desarrollo endógeno”. Lo deseable es que no se parezca a las experiencias del vecindario.

Los pocos elementos mencionados en el foro indican que el crecimiento se basará en el mercado interno, para lo cual es necesario incrementar los ingresos de las personas; y como el gasto de las familias bogotanas, caracterizadas por un alto nivel de pobreza, se concentra en transporte, servicios públicos, vivienda y alimentos (son el 77.6% en el decil 1), pues hay que cambiar los precios relativos para generar un excedente que permita nuevos gastos de las familias.

El Alcalde dio dos puntadas sobre lo que será la política de cambio de los precios relativos en favor de los más pobres. La primera, es el programa de regalar seis metros cúbicos mensuales de agua a 617 mil familias; esto, se supone, les libera ingresos para otros consumos, que aumentan la demanda interna e impulsan el crecimiento de las empresas.

Queda el interrogante de cómo financiar ese regalo, pues como dicen los economistas, “no hay almuerzo gratis”. Si lo hacen con cargo al presupuesto del Distrito, no se harán otros bienes públicos (escuelas, hospitales, vías) que podrían generar externalidades positivas superiores a las de regalar agua. Si se hace con los ineficientes subsidios cruzados, las familias que pagan más, reducen otros consumos, y entonces la demanda interna como un todo no aumenta.

El segundo, es el cambio en las reglas de juego que rigen el transporte privado, esto es, modificar los acuerdos contractuales. Se postula que hay unos crecientes costos operacionales que son trasladados a los pasajeros, lo que reduce su ingreso real y por lo tanto la demanda interna.

Por lo señalado en el Plan de Desarrollo, el problema es que las rentas que se generan se quedan en manos privadas y no son distribuidas entre públicas y privadas. Pero no es muy claro cómo se relacionan esas rentas con los costos operacionales de las empresas.

Si la modificación fuera para impedir que el crecimiento de los costos operacionales se refleje en los precios, las consecuencias pueden ser nefastas: deterioro en el mantenimiento de los vehículos, reducción de los salarios reales de los empleados, despido de trabajadores, etcétera.

Las alternativas esbozadas pero no desarrolladas en el Plan, aparentemente consisten en subsidiar a los transportadores o a los usuarios con otras fuentes (alquiler de locales, peajes urbanos), que harían aún más complejo y menos transparente el sistema.

Estas “metodologías” de cambiar los precios relativos son muy confusas. El problema es que el Plan de Desarrollo no avanza mayor cosa al respecto y algunas alternativas, como los peajes, tienen restricciones legales, señaladas por Jaime Castro (“¿Espejismo tributario?”).

Más sorprendente aún es que no hay casi referencias a la industria manufacturera, de la que se espera crecimiento y diversificación con la mayor demanda. Tampoco las hay sobre la informalidad; se menciona marginalmente la laboral (reubicación de vendedores) pero no la empresarial. Si la preocupación central es el desarrollo del mercado interno, es evidente la importancia de esta variable.

En el caso de la informalidad empresarial porque esas empresas no crecen, son de baja productividad y en muchos casos no pagan impuestos ni servicios públicos. Por lo tanto, contar con una estrategia del gobierno municipal para la reducción de ese fenómeno redundaría en incremento del recaudo de los tributos locales y en menores “pérdidas” para las empresas de servicios públicos domiciliarios. Así la Alcaldía contaría con mayores recursos para implementar políticas redistributivas.

Y en el caso de la informalidad laboral, su reducción repercutirá en mayores salarios, estabilidad en los ingresos, acceso a salud en el régimen contributivo –bajando la presión sobre el régimen subsidiado–, ahorro pensional y posibilidades de adquisición de activos fijos como la vivienda mediante acceso al crédito del sector financiero.

En síntesis, son necesarias mayores explicaciones de las autoridades capitalinas respecto al modelo de desarrollo endógeno; precisiones sobre las medidas para cambiar los precios relativos; y propuestas concretas sobre el tratamiento de la informalidad, que no pueden quedar refundidas en el etéreo concepto de “economía popular”. No hacerlo, puede generar incertidumbre sobre la estabilidad de las reglas de juego de la economía local.

¿Tragedia mexicana?

Publicado en el diario La República el 25 de mayo de 2012

Es muy particular que siempre salga a relucir el caso de México para insinuar las presuntas tragedias que ocasionan los tratados de libre comercio (TLC) en el agro.

Veamos algunos casos. Un excandidato a la alcaldía de Bogotá afirma que “en el transcurso de los [primeros] doce años [del NAFTA] la importación de maíz originario de Estados Unidos sumó 58 millones 635 mil toneladas…” y que “las siembras de maíz en México decayeron de 9,5 millones de hectáreas… a 8,5 millones”. Pero no informa cómo han evolucionado la producción y el consumo en ese periodo.

Varios críticos hacen eco de un estudio de la UNAM, según el cual entre 2006 y 2011 el 72% de los campesinos mexicanos quebró como consecuencia del NAFTA. Pese a que solo se conoce un comunicado de prensa, es evidente que el informe ignora los impactos de la crisis mundial y la abrupta caída de las remesas de los migrantes.

Otro crítico afirmó que en México se quebraron 148 mil ganaderos por el NAFTA, con lo que apenas quedan unos 32 mil. La fuente de la información no se conoce.

Las cifras de los censos agropecuarios de México son contundentes frente a esos argumentos. En un artículo del profesor mexicano Héctor Robles (“Una visión de largo plazo: Comparativo resultados del VII y VIII Censo Agrícola Ganadero 1991-2007”) se resaltan aspectos como los siguientes:

Primero, el minifundio creció, por lo que no ocurrió la trágica desaparición de los pequeños productores como algunos pregonan que ocurrió en México y se repetirá en Colombia; el número de unidades productivas de menos de cinco hectáreas se incrementó en 27.1% entre 1990 y 2007.

Segundo, las tierras ejidales crecieron en área en 23.4% en el mismo periodo y, evidentemente, no se privatizaron.

Tercero, el área cosechada de maíz se redujo en 376 mil hectáreas (4.9%), pero la producción se duplicó entre 1990 y 2007, por el notable incremento en los rendimientos. Por lo tanto, es falso que las importaciones estén acabando el cultivo.

Cuarto, en la ganadería bovina, el número de cabezas se redujo en 2.3%. No obstante, los informes de la Confederación de Ganaderos muestran una tendencia creciente de la producción de carne y leche. Como señala el gremio, “el incremento de la producción proviene más de mejoras en la productividad que del incremento en el número de animales”.

El censo muestra que el hato ganadero está distribuido en 1.129.217 unidades de producción, lo que da un promedio de 20.6 cabezas por unidad. Si el número de ganaderos se redujo, implicaría que cada uno aumentó su hato de un promedio de 157 a 727 cabezas.

Ni las cifras de crecimiento de la producción, ni el número de unidades de producción, ni las publicaciones gremiales dan la idea de un desastre en el cual el número de ganaderos se hubiera reducido en un 82%.

Para cerrar, otra cifra. Una fuente bien informada publicó que en Estados Unidos hay 9 millones de vacas en ordeño con una producción de 88 mil millones de litros de leche por año, mientras que en el país se ordeñan 7.4 millones y producen 6 mil millones. La conclusión que deriva de ahí, es sorprendente: ¡Estados Unidos produce 14 veces más que Colombia! Otra versión de Robledo enfrentado a un edificio de 54 pisos.

Muy interesante, pero lo más relevante de esos datos es que una vaca estadounidense produce en promedio 9.778 litros anuales… ¡y una colombiana 811!

Retornando a México, su producción de leche es de 11 mil millones de litros por año, con 2.4 millones de vacas lecheras (FAO y OECD). Por lo tanto, con un tercio de las vacas que tiene Colombia, produce casi el doble, porque su productividad es seis veces mayor a la nuestra.

Obvia la conclusión. ¡Escudriñar más las cifras, divulgar las fuentes y, por encima de todo, crecer la productividad!

Turismo: motor de crecimiento

jueves, 17 de mayo de 2012
Publicado en la revista MisiónPyme No. 52 de mayo ed 2012

El turismo es una actividad económica con fuertes encadenamientos con otras actividades productivas, demanda mucha mano de obra directa e indirecta y tiene un impacto macroeconómico importante.

Para tener una idea de su importancia, basta observar que, de acuerdo con la OMT, representa el 9% del PIB mundial y, según la OIT, ocupa 235 millones de personas, el 8% del empleo global.

Mientras que en el mundo hay países con una o dos vocaciones turísticas, Colombia tiene potencial en muchas de ellas, como sol y playa, cultural, de naturaleza, y de negocios, entre otras. No obstante, su desarrollo relativo es bajo, pues apenas representa el 2.8% del PIB, si se aproxima por la contabilidad nacional, y alrededor del 2.0%, si es medido por la cuenta satélite de turismo.

El atraso del sector tiene como explicación la compleja situación de violencia que se recrudeció en el país entre mediados de los años noventa y comienzos del presente siglo. La actividad perdió dinamismo y la infraestructura requerida para competir en el plano internacional se rezagó.

Con la gradual recuperación de la seguridad el turismo ha repuntado en los años recientes. Los incentivos tributarios a la inversión en hotelería, el impulso desde al gobierno a obras de infraestructura, la mejora en la imagen internacional del país, las campañas de promoción nacional e internacional, la gestión pública para mejorar la conectividad aérea y la política de atracción de inversión extranjera, que ha repercutido en la llegada de las principales cadenas hoteleras mundiales al país, han puesto a Colombia nuevamente en la senda para aprovechar su potencial como motor de crecimiento.

Aún así, es grande el camino que queda por recorrer. Por eso, en el “Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014”, se enuncia que: los productos turísticos hacia los cuales Colombia dirigirá sus esfuerzos de oferta son turismo de naturaleza, cultural, de aventura, de sol y playa, náuticos, de congresos, eventos e incentivos, y de salud y bienestar”.

Adicionalmente los segmentos de turismo de salud y bienestar, y turismo de naturaleza, hacen parte del Programa de Transformación Productiva, con el objetivo de convertirse en sectores de clase mundial. Esto significa que están entre los 16 sectores que actualmente trabajan en una alianza público–privada orientada a mejorar la competitividad sectorial, y crecer las exportaciones y el empleo formal.

Como ocurre con otros sectores, el peso relativo de las mipymes es elevado. En el subsector de alojamiento, que es uno de los componentes centrales de la actividad turística, el 98.9% de los establecimientos tiene menos de 50 trabajadores, según el censo económico de 2005. De igual forma, en el subsector de transporte de pasajeros nacionales e internacionales, el 96.4% son empresas en ese mismo rango de empleo.

Y lo mismo ocurre con otras actividades estrechamente vinculadas al turismo, como es el caso de los restaurantes, las agencias de viajes, y los guías turísticos, entre otros. Estos datos evidencian la importancia del turismo en la generación de empleo en el país.

Por esto, para que Colombia pueda desarrollar más el potencial del turismo, aumentar la participación del sector en el PIB y aprovechar sus encadenamientos productivos, hay que seguir realizando notables esfuerzos en la formalización de todos los eslabones de la cadena y en el aumento de la productividad.

¿Nepal de Suramérica?

Publicado en el diario La República el 10 de mayo de 2012

Un informe reciente de Anif analizó las características de las exportaciones colombianas. Razón le cabe en varios de sus argumentos; en otros no tanto.

Tiene razón cuando señala que Colombia es una economía relativamente cerrada. El tema forma parte de las presentaciones del Ministro de Comercio, Industria y Turismo en diversos foros y sus archivos están disponibles para todos los ciudadanos en la página www.mincomercio.gov.co.

El Ministro comenta en sus conferencias que, de acuerdo con el último Global Competitiveness Report del World Economic Forum, Colombia se clasifica en el puesto 110 entre 149 países en la variable de prevalencia de barreras al comercio, (Brasil es el 109). De igual forma presenta los coeficientes de exportaciones e importaciones a PIB, con los puestos 131 y 138, respectivamente.

Estos indicadores reflejan la reacción de los rentistas del proteccionismo frente a la apertura económica, como lo han enunciado varios analistas (por ejemplo, Hommes “Política, comercio y geopolítica”; El Tiempo, 30-10-2009). Y una secuela obvia de esa conducta es el bajo nivel de las exportaciones per cápita.

Otras características de las exportaciones colombianas, señaladas por Anif, son la alta participación de las “exportaciones tradicionales de commodities” y la pérdida del esfuerzo “diversificador”. Lo que es discutible es no tener en cuenta el entorno mundial e insinuar que la involución de la estructura exportadora obedece a la falta de acción gubernamental (“funcionarios públicos… que prometen que ya pronto triplicaremos las exportaciones no tradicionales”; una desindustrialización que “no parece preocuparle a nadie”).

La involución comentada, esto es, el mayor peso relativo de los “commodities” en las exportaciones, proviene básicamente de la presión alcista de sus precios en los mercados internacionales. El índice de Herfindhal Hirschman mejoró entre 2000 y 2007, pero el comportamiento de los precios revirtió la tendencia y hoy está en el nivel más alto de las últimas décadas. Este no es un fenómeno exclusivo de Colombia, sino que afecta a todos los países exportadores de bienes básicos.

Aun cuando el informe comentado compara a Colombia con otros países de la región para reafirmar que estamos mal, no evalúa qué está ocurriendo con la estructura de sus exportaciones. Pues bien; las estadísticas oficiales revelan que en Chile las exportaciones mineras y las de productos agropecuarios y pesqueros pasaron del 50% del total en 2003, al 67% en los primeros cuatro meses de 2012: ¡escasos 3 puntos por debajo del 70% que representan en nuestro caso!

Y en Brasil los bienes básicos que eran el 37% del total de las exportaciones en 2008, aumentaron al 48% en 2011. Entre tanto, las manufacturas bajaron del 47% a 36% en el mismo periodo y todavía están por debajo del nivel precrisis, en un país que “sí parece preocuparse” por el peso de la industria en el PIB.

Con relación a la industria colombiana, no se puede olvidar que la caída de sus exportaciones obedeció a un doble choque: la crisis mundial y el cierre del mercado venezolano al que iba el 39% de estos bienes. Aun cuando hoy no ha recuperado el nivel precrisis, se ha realizado un gran esfuerzo de diversificación de mercados; el valor exportado apenas es inferior en 11% al de 2008 y Venezuela solo representa el 12%.

Justamente con el fin de fortalecer la diversificación (aun con “commodities” a precios altos) se formuló una clasificación diferenciando los minero-energéticos del resto, abandonando la obsoleta de tradicionales y no tradicionales. Ella permite hacer un mejor seguimiento de las exportaciones a las que se les puede incorporar mayor valor agregado. No se trata, por lo tanto, de “romper el termómetro para modificar la temperatura”.

Economía andino–tibetana

Publicado en el diario La República el 27 de abril de 2012

Así califica el Alcalde Mayor de Bogotá a la economía bogotana, porque es “casi autárquica”; la producción se orienta a su mercado interno, poco al mercado nacional y nada a exportación, salvo las flores que no produce. Lamenta el infortunio de estar lejos del mar y de ríos navegables, pues los onerosos costos de transporte por carretera y la deficiente estructura vial le quitan cualquier competitividad a la ciudad.

Concluye que el TLC con Estados Unidos exige a Bogotá un salto a una economía vinculada al mercado internacional; pero el Plan Nacional de Desarrollo no incluyó obras de infraestructura como la vía férrea hasta Puerto Salgar para conectarse con el río Magdalena y el mundo.

En realidad, la calificación de andino–tibetana podría aplicarse en general a la economía colombiana y no sólo a la bogotana. Y no por el hecho de estar lejos del mar y de los ríos navegables.

La organización geográfica de la producción colombiana es herencia del modelo de crecimiento hacia adentro, implementada en el país desde la década del cincuenta y hasta bien entrada la del ochenta. Se postulaba que el mercado interno era la base para el desarrollo del país y que, por lo tanto, la producción se debía ubicar cerca de los grandes centros de consumo.

Pero el cambio a un modelo de economía abierta conlleva una nueva organización de la geografía económica. Ahora lo deseable es que la producción exportable se ubique cerca a las fronteras para reducir los costos de transporte hasta los puertos.

La apertura económica de comienzos de los noventa no tuvo esos efectos, porque los rentistas del proteccionismo se las arreglaron para “diseñar” mecanismos sustitutos de protección. Por eso, en el índice de prevalencia de barreras al comercio del World Competitiveness Report Colombia aparece clasificado 110 entre 149 economías.

Veamos lo que dicen los datos sin minería, para quitar la distorsión en las comparaciones: Bogotá exporta en productos no minero–energéticos el 3.8% del PIB no minero, lo que indica que en efecto es una “economía cerrada”; pero departamentos como Valle (6.9%), Antioquia (7.5%) y Atlántico (8.8%), también lo son en términos relativos. Los departamentos con mayor coeficiente de apertura son Caldas (13.8%), Risaralda (13.2%) y Cundinamarca (10.9%), todos ellos lejos del mar.

Las exportaciones no minero–energéticas per cápita de Bogotá en 2010 fueron de US$382, que es una cifra baja, pero similar a la de Antioquia (US$468), Atlántico (US$451) y Valle (US$440).

Sin embargo, Bogotá es la segunda región con menor concentración de las exportaciones (después de Atlántico) y la de mayor número de productos exportados. Mientras que en 2011 exportó 916 productos diferentes, Antioquia exportó 805, Cundinamarca 630 y Valle 626.

Los dos primeros indicadores comprueban que el país es relativamente cerrado, mientras que el de concentración y el de productos exportados indican que Bogotá tiene una posición mucho mejor que la del resto del país en materia de inserción internacional.

En el nuevo contexto de TLCs, es apenas lógico que algunas actividades se muevan a las costas para ganar competitividad, pero otras se quedarán y unas nuevas se desarrollarán. Además, no se puede perder de vista el gran potencial de Bogotá en la exportación servicios: es el primer destino turístico de Colombia y tiene oferta creciente en BPO, TICs y servicios empresariales (arquitectura e ingeniería, en especial).

Contrario a lo que piensa el Alcalde, es grande el potencial que tiene la ciudad para aprovechar los TLCs. Pero si el punto de partida es que Bogotá no exporta nada y que el gobierno nacional no le da las obras de infraestructura que necesita para conectarse al mundo, las perspectivas no son nada halagüeñas.

Financiación para crecer

Publicado en la revista MisiónPyme No. 51 de abril de 2012

En los años recientes la oferta de financiación para las empresas viene cambiando en Colombia. Esta es una tendencia importante, porque el acceso al capital es uno de los obstáculos principales para el crecimiento empresarial y para el desarrollo económico.

Hasta comienzos del presente siglo las opciones de financiación para las empresas estaban limitadas al crédito del sector financiero y al acceso del mercado de capitales. La literatura académica evidencia una relación directa entre la magnitud relativa de estos mercados y el desarrollo económico. Pero en el caso colombiano ambos son de un tamaño reducido.

El sector financiero se redujo con la crisis financiera de mediados de los noventa y apenas ahora está llegando al nivel que tenía hacia 1997. El Banco de la República calcula que el indicador de profundización financiera (cartera bruta/PIB) en diciembre de 2010 fue 32.9%, que es bajo en el contexto internacional.

El mercado de capitales también es pequeño en términos relativos. El número de empresas que cotizan es reducido y la emisión de bonos se restringe a empresas de gran tamaño. En esto pesan factores culturales, pues los empresarios tradicionales son poco proclives a la emisión de acciones y prefieren el crédito bancario.

Esto repercute en un exceso de demanda de crédito del sector financiero y el acceso queda limitado a la “crema” de las empresas. El resto se ve constreñido al uso de recursos propios y a caer en las redes de los agiotistas, lo que frena su velocidad de desarrollo.

Consciente de la importancia de derribar los obstáculos a la financiación, el gobierno viene trabajando en el entorno para el desarrollo de nuevos vehículos financieros, que permitan a las empresas tener una estructura de capital más diversificada.

En esa línea, se dio un giro en la operación de Bancoldex dejando su especialización en la financiación de los exportadores, para enfocarse más en las pymes. Ahora está avanzando hacia su estructuración como banco de desarrollo con nuevas funciones para el fomento del emprendimiento y la innovación.

Otro paso importante fue el programa Bancoldex Capital, mediante el cual se está conformando en Colombia la industria de fondos de capital privado. Ellos adquieren parte de la propiedad de una empresa ya constituida; esa inyección de capital más el acompañamiento gerencial aceleran el crecimiento. Una vez logrado ese objetivo, salen de la inversión, promoviendo la entrada de la empresa a bolsa o vendiendo la parte al socio o a otro inversionista.

Para el caso de las microempresas se desarrolló el programa de Banca de las Oportunidades. Este no sólo repercute en el aumento de los niveles de bancarización del país, sino que brinda recursos para mejorar las condiciones de vida de las familias que dependen de microempresas de subsistencia, alejándolas del fatídico gota a gota.

Actualmente se está trabajando en el fortalecimiento de las redes de ángeles inversionistas y la creación de fondos de capital semilla. Estos se enfocan en actividades empresariales que están en sus primeras fases de desarrollo y son, por lo tanto, de mayor riesgo.

Esta es una panorámica general, que demanda una exposición y evaluación más detallada de cada vehículo financiero. Pero queda claro que de cara al siglo XXI los empresarios colombianos contarán con mayores posibilidades de superar el obstáculo de la financiación y tendrán mejores condiciones para crecer sus empresas.

Productos primarios versus mercado interno

Artículo publicado en el diario La República el 12 de abril de 2012

En el foro sobre el TLC en la Cámara de Comercio de Bogotá, el alcalde Petro planteó la existencia de dos grupos de países en América Latina, según el papel que juegan en su desarrollo la integración al mercado mundial y el mercado interno.

Por un lado están las economías exportadoras de materias primas no renovables que están creciendo por el aumento de los precios internacionales de esos bienes: Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela. Por otro, las que hacen énfasis en el mercado interno y desarrollaron sus sectores industriales y agroindustriales: Brasil y Argentina. Mientras el primer grupo depende de la dinámica de la demanda mundial, especialmente de China, los otros están salvaguardados pues tienen una estructura productiva más diversificada y dependen de su propia demanda interna.

La realidad es un poco diferente a lo que plantea el burgomaestre, pues los dos grupos de países son exportadores de productos primarios. Según la Cepal, en 2009 en Argentina representaron 45%, en Brasil 42% y en Colombia 56% del total exportado. En México, que el alcalde no menciona, en 1990 fueron el 47% y en 2009 apenas el 15.8%; y no es un caso de desarrollo volcado exclusivamente al mercado interno, sino uno de integración con el NAFTA a Canadá y Estados Unidos.

Claro, en el caso de Venezuela, Ecuador, Colombia, Perú y Chile, que tampoco mencionó el alcalde, predominan los productos mineros, mientras que en Argentina y Brasil los agropecuarios. Pero como los precios internacionales de los alimentos cambiaron radicalmente su tendencia descendente de largo plazo por una al alza, también han contribuido al crecimiento de los países productores.

El Atlas de Complejidad Económica, elaborado por investigadores de la Universidad de Harvard y el MIT, muestra que la complejidad de las estructuras productivas y de exportaciones de Brasil y Colombia es menos disímil de lo que se piensa. Ocuparon los puestos 52 y 54 entre 128 economías evaluadas (cuarto y quinto lugares entre 21 países de América Latina); México ocupó el puesto 20 en el mundo y el primero en la región, evidenciando de nuevo la compatibilidad entre diversificación de la producción y apalancamiento en el comercio internacional, en este caso mediante un TLC. En la clasificación quedan más atrás Argentina (puesto 57), Chile (78), Perú (89), Ecuador (93) y Venezuela (111).

Con relación al mercado interno, pareciera que se quiere repetir la historia del modelo de desarrollo hacia adentro. ¿Será eso lo que denominan modelo de crecimiento endógeno?

Sobre este tema es ilustrativo el caso de China. Mientras mantuvo su posición de economía “casi autárquica”, como el alcalde enuncia que es Bogotá, y se empeñó en un desarrollo basado en el mercado interno, logró ser la economía más pobre del mundo.

Con las reformas iniciadas en 1978, China se fue al otro extremo, pasando a depender del mercado internacional para su crecimiento. Ahora buscan una relación más equilibrada con el mercado interno; a pesar de ser la economía más poblada del mundo y contar con un ingreso creciente, el consumo es apenas el 35% del PIB, frente al 50% en el promedio de las economías de mercado.

Los argumentos expuestos indican que no es muy razonable empeñarse en un crecimiento basado exclusivamente en el mercado interno; y que algunas economías latinoamericanas han avanzado en la diversificación y complejidad de sus estructuras productivas y de exportaciones, independientemente del peso relativo de las exportaciones agrícolas o mineras.

Estas disquisiciones son vitales para la evaluación del Plan de Desarrollo capitalino, que, en palabras del alcalde, propone centrar el crecimiento económico en el fortalecimiento del mercado interno, “porque Bogotá no exporta”.

Profecías auto-realizadas

Publicado en Ámbito Jurídico No. 342, 26 de marzo al 15 de abril de 2012


A alguien le escuché la historia de una pareja pobre que vivía en un pueblo lejano y tuvo un hijo al que educaron con grandes esfuerzos. Como el muchacho era muy inteligente, usaron todos sus recursos para enviarlo a la capital a cursar la carrera de economía. Una vez graduado, aplicó a una beca y se fue a estudiar el doctorado fuera del país.

Ya liberados de la presión del gasto, pensionados y mayores de edad, compraron un destartalado restaurante que había en el pueblo, con el fin de tener alguna actividad. Fueron levantándolo gradualmente; atendían a la clientela con mucho cariño; compraron nuevas mesas y sillas de madera; más adelante adquirieron manteles que se esmeraban en tener siempre limpios; luego adornaron las mesas con flores; y poco a poco fueron contratando personas del pueblo para las crecientes tareas de atención, mantenimiento y cocina.

En fin, con el correr del tiempo se convirtió en el mejor restaurante del pueblo, la pareja era muy apreciada y ellos disfrutaban atendiendo a la gente y viendo cómo el negocio prosperaba.

Un día llegó a visitarlos el hijo, que hacía poco había regresado al país y estaba vinculado a un importante centro de investigación económica. Los padres le comentaron que estaban gestionando un crédito bancario para adquirir unas neveras grandes, que les permitirían comprar mayor cantidad de alimentos por menor precio y conservarlos más tiempo.

No acababan aún de exponerle la idea, cuando el hijo reaccionó airadamente. “¿Cómo se les ocurre endeudarse en la situación actual? ¿No saben que el mundo va camino a una crisis? Estados Unidos tiene un alto desempleo que se resiste a bajar y la demanda agregada no reacciona; en la Unión Europea la crisis de la deuda soberana amenaza con arrastrar toda a Europa a la recesión y de paso derrumbar la débil demanda de Norteamérica. Por si fuera poco, el PIB de Japón sigue con dinámicas negativas. Así es que más temprano que tarde, nuestro país sentirá los efectos”.

Los padres trataron de indicarle al hijo que las ventas no habían hecho más que crecer continuamente desde que empezaron a mejorar el restaurante y que incluso desde los pueblos vecinos venía mucha clientela los fines de semana.

“¿Es que acaso ustedes saben más economía que yo, que tengo un doctorado? ¿Creen que me gané el título sin estudiar cómo funciona la economía mundial?”.

Un tanto consternados, los viejos cancelaron la compra de las neveras. Siguiendo las indicaciones del hijo, suprimieron las flores en la decoración del negocio, pues, según él, “los clientes no vienen a comer flores”; luego fueron convencidos de cambiar los manteles solo cada dos o tres días, para reducir los gastos de agua y detergente.

Al tiempo que los viejos “racionalizaban” el gasto, siguiendo las indicaciones del hijo, la clientela empezó a alejarse, pues la reducción de empleados, el deterioro de la decoración y la tristeza que fue embargando a la pareja dio un tono lúgubre al local. Finalmente el restaurante se quebró.

Y los viejos concluyeron: “Nuestro hijo tenía razón; no nos podíamos aislar de la crisis mundial y por eso nuestro restaurante se quebró”.

Esta historia ilustra un caso típico de “profecías auto-realizadas”, concepto introducido por el sociólogo Robert Merton para mostrar situaciones falsas o sin fundamento, que inducen comportamientos sociales que las tornan en verdaderas.

Viene al caso en la actual coyuntura de inminente entrada en vigencia del TLC con Estados Unidos, pues hay empresarios de algunas actividades del agro que se están dejando convencer de las aves de mal agüero que les vaticinan la “quiebra por la competencia gringa”. Los agoreros, sin ningún fundamento, van de región en región llevando las malas nuevas del inminente desastre y evangelizando sobre la conveniencia de sustituir la producción de alimentos por materias primas de otra índole.

Ningún TLC se negocia con el propósito de eliminar sectores de la producción nacional que sean eficientes o tengan la posibilidad de serlo. Se espera eso sí que su competitividad mejore para hacer frente a la mayor competencia foránea resultante de la globalización y de los tratados.

Lo que cabe preguntarse es cómo aprovecharon los empresarios la “ñapa” de cinco años de demora en la aprobación del TLC por el Congreso de Estados Unidos, y cómo proyectan aprovechar los periodos de desgravación acordados.

Si, en lugar de cerrar esas brechas de competitividad, abandonan su actividad para pasarse a otra que supuestamente enfrenta menos competencia, no sólo se estarán incurriendo en el uso ineficiente de los recursos propios y del país, sino que perderán la oportunidad de beneficiarse de un mercado mundial que requiere más alimentos.

Además, surgirá un colofón típico de las “profecías auto-realizadas”, pero esta vez en boca de los defensores del proteccionismo a ultranza: “Lo dijimos: los TLCs acabarán con la agricultura”.