Crepúsculo

jueves, 23 de diciembre de 2010
Publicado en el diario La República del jueves 23 de diciembre de 2010


Podríamos calificar el 2010 como un año crepúsculo, siguiendo la definición del famoso diccionario de María Moliner: “Claridad que precede a la salida del Sol y atenuación de la luz que sigue inmediatamente a su puesta”.

En efecto, el año comenzó con mucha claridad para la economía mundial, pues registró una sólida dinámica que generó la esperanza de un pronto retorno a las altas tasas de crecimiento observadas antes de la profunda crisis de 2008-2009. Pero aparecieron algunos nubarrones que oscurecieron el panorama: las dificultades de las naciones desarrolladas para consolidar la reactivación y el riesgo que ello implica para las emergentes.

Con la dinámica registrada en los primeros trimestres, el FMI proyectó para Estados Unidos un crecimiento del 3.2% en 2010, pero con la desaceleración posterior, la bajó a 2.6%. Los problemas de consolidación del crecimiento obedecen a la debilidad de la demanda privada, ocasionada por el alto nivel de desempleo, la menor demanda de crédito y el efecto riqueza negativo que produjo la caída de los precios de la vivienda.

El gobierno y la Reserva Federal siguen siendo los motores de la economía, pero eso plantea riesgos de sostenibilidad del crecimiento por la magnitud que alcance el déficit fiscal y las probabilidades de aparición de presiones inflacionarias.

La reactivación de la Unión Europea (UE) se frenó por la pérdida de confianza en los bonos soberanos, lo que desestabilizó los mercados financieros de todo el mundo desde comienzos del año. En algunos países (Irlanda y España) el problema se originó en las políticas fiscales expansionistas que se adoptaron para salir de la crisis mundial; en otros (Grecia, Portugal e Italia) la crisis agravó las dificultades que tenían de tiempo atrás para cumplir con los parámetros de convergencia: déficit fiscal menor al 3% del PIB y deuda externa inferior al 60% del PIB.

La UE ha tenido que tomarse remedios, hasta hace poco impensables, como la aceptación de financiación del FMI, la compra de bonos de los países de mayor riesgo por parte del Banco Central Europeo y el anuncio de drásticos ajustes fiscales que ya han generado manifestaciones de rechazo en varios países. Actualmente se debate la conveniencia de establecer una especie de “unión fiscal”, al estilo de la unión monetaria, para dar una solución integral a la crisis de la deuda; el tema es de gran sensibilidad y fuente de profundas diferencias, pero, en opinión del director del FMI, sería la vía para evitar una crisis de mayor envergadura y contener el contagio a otras regiones del mundo.

Aun cuando las economías emergentes están creciendo vigorosamente, lideradas por China e India, es evidente que la debilidad de la demanda de las economías desarrolladas puede tener un impacto negativo, dado que son uno de los principales destinos de las exportaciones de bienes y servicios de esos dos países. Además, el reciente anuncio de Estados Unidos de crecer su emisión monetaria en un monto de US$600 mil millones, fortalece las expectativas de apreciación de las monedas del resto del mundo.

El panorama cambiario se complica aún más con el aumento de los precios internacionales de los productos básicos y con la salida de capitales desde las economías desarrolladas hacia las emergentes, atraídos por mejores rentabilidades.

Se da por descontado que la economía mundial no caerá en otra crisis, pero la dinámica de crecimiento será relativamente baja y los ajustes fiscales pueden prolongar ese escenario. Aun cuando en las economías emergentes hay expectativas de mejor crecimiento, para realizarlas tendrán que sortear los efectos de la mayor apreciación de las monedas, conjurar los problemas de enfermedad holandesa y contener la aparición de presiones inflacionarias.

Aranceles y proteccionismo

jueves, 9 de diciembre de 2010
Publicado en el diario La República el 9 de diciembre de 2010.


A raíz de la reciente reforma arancelaria, se han generado algunas opiniones que cuestionan los fundamentos del gobierno para adoptarla. Se pone en duda el esperado efecto sobre la competitividad y sobre la tasa de cambio; se sugiere que el objetivo es acabar con el empleo productivo y con algunos sectores estratégicos de la economía. Además, se afirma que sectores como el agropecuario tienen menor protección que la que hay en otros países, especialmente desarrollados, dejando implícito que ese es un argumento suficiente para mantener o incluso fortalecer las barreras comerciales.

La crítica se fundamenta en la forma en que se mide el grado de protección. Se argumenta que al tomar sólo los aranceles se menosprecia el impacto de las ayudas internas que utilizan muchas economías, especialmente las desarrolladas.

En relación con esas ideas, es necesario recordar que la teoría económica tiene sólidos argumentos sobre los efectos negativos del proteccionismo: distorsión en la asignación de recursos, sesgo antiexportador, ineficiencias productivas, baja innovación, rezago en la competitividad y pérdida de bienestar, al forzar a los consumidores a adquirir productos más onerosos y de menor calidad.

Además de los fundamentos teóricos, para la reforma reciente el gobierno realizó ejercicios estadísticos que demuestran su impacto positivo en el crecimiento económico y en la generación de empleos. También comprobó la eliminación de un buen número de casos de protecciones efectivas negativas y adoptó un tratamiento especial con los productos que se definieron como sensibles.

La discusión sobre la medición de la protección puede ser más compleja. La decisión del gobierno tomó como referencia el arancel nominal promedio, considerando que esa medida aproxima bien la posición relativa del país, como se muestra a continuación.

Si la protección sólo se fundamentara en el uso de medidas arancelarias, habría una base homogénea de comparación internacional, pues, a pesar de su variedad, se pueden expresar en términos equivalentes. El problema surge con la proliferación de medidas no arancelarias. ¿Cómo medir las barreras que impone un país al comercio cuando aplica aranceles ad valorem y específicos, cuotas, subsidios, ayudas internas y licencias previas de importación?

Con el fin de solucionar este problema, en las décadas recientes diferentes autores y organismos han trabajado en el desarrollo de índices de restricción al comercio. Recientemente fueron publicados los resultados de una investigación del Banco Mundial liderada por los economistas Hiau Looi Kee, Alessandro Nicita y Marcelo Olarreaga (“Estimating Trade Restrictiveness Indices”, The Economic Journal, January 2009). En ella calcularon el equivalente ad valorem de las diversas formas de protección, incluyendo las ayudas internas.

Los resultados indican que entre los 78 países para los que calcularon el índice, Colombia tiene el séptimo arancel total más alto (21%) y en el arancel para el sector agrícola, 41.7%, es el país 17.

Aun cuando hay algunas economías desarrolladas con arancel agrícola superior al de Colombia (Noruega, Suiza y Japón), el de la Unión Europea y el de Estados Unidos son menores. Este sorprendente resultado, según los autores, se debe a que las medidas no arancelarias imponen una mayor restricción a las importaciones que la que ocasionan las ayudas internas.

Según la Unctad, hasta este trabajo “nunca antes se habían calculado equivalentes ad valorem de forma tan sistemática y extensa”. Se trata, por lo tanto, de una propuesta técnica que está sujeta a debates y a mejoras. Pero en sus primeros resultados ratifica las percepciones y las razones del gobierno colombiano para adoptar la reciente reforma arancelaria.

Los TLC y los campesinos

lunes, 6 de diciembre de 2010
Publicado en el diario La República el jueves 25 de noviembre de 2010


Esta semana se presentó un libro sobre el impacto del tratado de libre comercio de Colombia con Estados Unidos en la economía campesina, escrito por tres destacados investigadores nacionales.

El punto de partida es la visión negativa y pesimista que ellos tienen de los acuerdos comerciales. Después de anotar las limitaciones estadísticas de la investigación (no se sabe cuántos campesinos hay ni cuánto producen), señalan que el TLC afecta cultivos que cubren el 29% del área cosechada por la economía campesina y generan el 16% de sus ingresos brutos. En la ganadería el riesgo pesa sobre el 6% de los ingresos de los campesinos; y hay otro 22% en doble propósito, que así como puede enfrentar amenazas tiene oportunidades de exportación.

Por lo tanto, aun cuando los autores no lo hacen explícito, es claro que el 71% del área en agricultura y el 56% de los ingresos totales no se ven afectados, a lo cual habría que sumar el efecto neto de la ganadería de doble propósito.

Los ejercicios realizados por estos investigadores señalan que el ingreso de los campesinos se reduciría en 10% con el TLC y que los productos más afectados serían fríjol, carnes de cerdo y pollo, trigo, sorgo y maíz.

Es muy respetable el punto de partida de los autores, pues no todo el mundo tiene que estar de acuerdo con los TLC. Pero hay aspectos del mundo real que, al ser menospreciados, impiden ver los efectos positivos que espera el gobierno.

Por ejemplo, ver el ATPDEA como sustituto del TLC, no tiene sentido. Esa preferencia unilateral ha sido positiva para Colombia, pero tiene limitaciones. El caso de Bolivia muestra que es temporal; en cambio el tratado asegura un acceso preferencial permanente. Además, no incluye los servicios, que son el sector más dinámico del comercio mundial, ni las medidas no arancelarias, que son el principal obstáculo para los productos del agro; ambos son parte del TLC.

No es razonable seguir incluyendo el trigo como una gran pérdida en los TLC. Desde hace muchas décadas se comprobó que no somos competitivos en ese producto, como no lo es ninguna economía del trópico. Actualmente se importa alrededor del 98% de lo que se consume y aún así ese producto tiene un arancel que paga el consumidor final. Con la entrada en vigencia del acuerdo CAN-Mercosur el cereal se está importando sin gravamen y desde el año entrante también podría ingresar desde Canadá con arancel cero.

Un aspecto que se debe tener en cuenta es la experiencia de otros países que ya tienen vigente su TLC con Estados Unidos o con otras economías desarrolladas. En México, Chile y el Triángulo Norte de Centroamérica no hay evidencias sólidas de la presunta destrucción de la economía campesina. En el primer país, hay debates sobre los efectos; pero en el caso emblemático del maíz, el volumen y los rendimientos han crecido tanto en la producción tradicional como en la de riego; y en la producción de maíz blanco, que es para el consumo humano, prácticamente se autoabastecen.

Otro elemento que no incorpora el estudio es el cambio que se empezó a dar en Colombia como consecuencia de las negociaciones del TLC: la sustitución de protecciones en frontera por ayudas internas, mediante el programa Agro Ingreso Seguro (actualmente en reestructuración). La protección no desaparece y, mientras el Congreso de ese país aprueba el TLC, el sector agropecuario tiene el doble beneficio de aranceles y ayudas internas.

Loable el propósito de los autores desde el punto de vista académico, pero dejan sus pesimistas escenarios sin las recomendaciones de rigor. Sería importante conocer sus opiniones sobre los cambios institucionales que se están generando con los TLC y sobre la situación del consumidor en un escenario hipotético sin tratados.

¿Exportar agua?

viernes, 19 de noviembre de 2010
Publicado en Ámbito Jurídico No. 310 del 15 al 28 de noviembre de 2010


El cineasta francés Jean-Claude Carrière recuerda que “durante la cumbre de Davos, en 2008, se le preguntó a un futurólogo sobre los fenómenos que alterarían la humanidad en los próximos quince años y este propuso que se consideraran cuatro, que le parecían seguros… El segundo concernía al agua, destinada a convertirse en un producto comercial de intercambio exactamente como el petróleo; en fin, que veremos las cotizaciones del agua en la Bolsa”.

¿Será posible ese escenario? ¿Podrá ocurrir en un planeta que en un 70% es agua? La realidad es que un número creciente de análisis indica que la humanidad va camino a la escasez de este vital recurso y, como consecuencia, su precio será cada vez más elevado; el crecimiento poblacional, el cambio climático, la deforestación indiscriminada y la contaminación de fuentes de agua son las principales causas del problema.

En el planeta hay grandes cantidades de agua, pero el 97.5% es salada; y del 2.5% que es agua dulce, cerca del 70% está congelada. De esta forma, sólo el 0.75% del agua que hay en la tierra está disponible para la subsistencia de todos los seres vivientes, con excepción de los marinos.

El panorama se complica por la dispar dotación que tienen las naciones. The Economist señala que el 60% de toda la oferta disponible de agua fresca del mundo se concentra en nueve países, entre los cuales está Colombia. Pero en el otro extremo hay numerosas naciones de África, Asia, las Antillas y Europa Central y Oriental que tienen baja oferta; se calcula que mil millones de personas carecen de acceso al agua potable. Incluso en las economías desarrolladas hay crecientes problemas de disponibilidad de agua y enfrentan grandes desafíos por el rápido deterioro de sus fuentes, como lo mostró el World Wildlife Fund (“Rich Countries, Poor Water”).

Adicionalmente, el consumo tampoco es homogéneo en el mundo. Según la National Geographic, mientras que en Estados Unidos el uso por vivienda es de 380 litros por día, “millones de los más pobres del mundo subsisten con menos de 19”.

Varias naciones del mundo dependen de las importaciones de agua para satisfacer las necesidades de su población. Un caso destacado es el de Singapur, que desarrolló sistemas de recolección de aguas lluvias para consumo industrial, realiza procesos de desalinización de agua del mar e importa los faltantes (40% del consumo) desde Malasia. Como complemento a la variedad de fuentes de abastecimiento los consumidores son conscientes de la escasez y usan sistemas de bajo consumo en las viviendas.

Otro caso es el de exportación de agua embotellada de Canadá a los Estados Unidos, debido a los problemas de escasez en varios estados, especialmente del suroeste. En el tratado de libre comercio firmado entre estas dos naciones a finales de los ochenta se clasificó el agua como un “commodity”.

El tema es fuente de debates en Canadá y hay una creciente oposición a la exportación de sus recursos hídricos a gran escala. Los opositores afirman que los efectos ecológicos serán muy grandes y que hay regiones del país que tienen problemas de escasez

Los defensores afirman que teniendo Canadá una de las mayores disponibilidades de agua dulce en el mundo está en posición de vender parte de sus recursos a países que enfrentan graves problemas de abastecimiento. Además, señalan que los precios al consumidor y a la industria están distorsionados y, al no cubrir los costos del servicio, no hay incentivos a un uso más racional. El comercio internacional tendería a forzar unos precios más transparentes.

El desarrollo de un mercado internacional de agua a gran escala depende en parte de la evolución de las tecnologías de desalinización del agua marina. Pese a los avances registrados en las últimas décadas sigue siendo muy costoso el proceso, lo que mantiene las ventajas del agua dulce. Además ha surgido la preocupación por el impacto del uso amplio de esta tecnología sobre los niveles de salinidad del mar y su impacto ambiental.

¿Colombia como pinta en este panorama? De partida, es uno de los países del mundo con mayor disponibilidad de recursos hídricos y la posibilidad de incursionar en los mercados internacionales hay que explorarla. Pero también es necesario seguir de cerca la evolución de las tecnologías de desalinización y los debates en pro y en contra del comercio internacional del agua.

Entre tanto, el país debe seguir velando por preservar la dotación natural de agua. En el último “Informe sobre el desarrollo mundial”, el Banco Mundial plantea la posible desaparición de los glaciares de los Andes, como consecuencia del cambio climático. ¿Cómo se afectaría la disponibilidad de agua en Colombia en tal escenario? ¿Cómo se puede amortiguar su impacto?

Además, es importante frenar la deforestación en las cuencas hidrográficas, especialmente por la presión de la desordenada colonización inducida por el desplazamiento forzoso en varias regiones. Y, desde luego, hay que pensar en el desarrollo de la infraestructura requerida, en la forma de incorporar valor agregado a la potencial exportación, y en establecer los marcos necesarios para que se desarrolle una explotación ordenada del recurso, haciéndola ambientalmente sostenible.

Para diversos analistas, “el agua será el petróleo del siglo XXI”. Si ese mercado se desarrolla y se despejan los interrogantes sobre los impactos ambientales, Colombia debe estar preparada para aprovechar las oportunidades que se generen.

¿Más revaluación?

martes, 16 de noviembre de 2010
Artículo publicado en el diario La República el jueves 11 de noviembre de 2010


La dinámica de la economía mundial muestra dos caras. Mientras las economías emergentes crecen a ritmos elevados, las desarrolladas están empantanadas en un lento proceso de recuperación. El problema es que estas últimas pueden frenar a las primeras.

Los enormes recursos fiscales utilizados en el rescate del sector financiero y el impulso de la demanda, parecen haber encontrado un límite en las economías desarrolladas. Esto es especialmente cierto para la Unión Europea. Aun cuando las pruebas de resistencia del sector financiero dieron a los inversionistas elementos para discriminar los riesgos y reducir la probabilidad de un colapso sistémico, se mantiene la incertidumbre por los efectos que pueden ocasionar los ajustes fiscales de países como Grecia, España, Italia, Irlanda y Portugal.

La reactivación europea se complica por dos factores: 1. La apreciación del euro, que le resta competitividad a las exportaciones, limitando su impacto en el crecimiento. 2. El rezago de su productividad laboral con relación a Estados Unidos; como señala el estudio de McKinsey Global Institute “Beyond Austerity: A Path to Economic Growth an Renewal in Europe”, en parte el problema reside en los efectos no deseados de las excesivas regulaciones que restringen los mercados.

En ese contexto, el peso de la recuperación recae en la política monetaria. En Estados Unidos, las pérdidas de riqueza de los hogares y su tendencia al desapalancamiento, así como el aumento del ahorro, frenaron la reanimación de la demanda que se observó hasta el primer trimestre de 2010. Como las expectativas de inflación están controladas, la FED tiene espacio para mantener bajas sus tasas de interés y seguir suministrando liquidez a la economía, dado el limitado margen fiscal. Eso explica la decisión de inyectar 600 mil millones de dólares mediante la compra de títulos del tesoro para “reducir las tasas de interés de largo plazo y estimular el crecimiento” (Wall Street Journal Americas).

La Unión Europea difiere de esa opción de política monetaria y aun cuando mantiene bajas las tasas de interés, está marchitando las medidas heterodoxas implementadas durante la crisis, y, por ahora, no manifiesta disposición a brindar nuevas inyecciones de liquidez, lo que aumenta la incertidumbre sobre la recuperación.

Como algunos analistas lo han comentado, la poca confianza en el ritmo de reactivación de las economías desarrolladas, los impactos esperados del ajuste fiscal y las bajas tasas de interés incentivan el flujo de capitales hacia las economías emergentes en la búsqueda de mejores rentabilidades. En consecuencia, antes que debilitarse, se fortalecen las presiones a la apreciación de las monedas en el resto del mundo.

Esto plantea un reto para las economías emergentes, pues la apreciación afecta la competitividad de las exportaciones diferentes a los productos básicos; además, las economías que han aumentado las tasas de interés –como Brasil, India, Malasia y Perú– generan una mayor atracción de flujos internacionales de capitales y temores sobre la sostenibilidad del crecimiento.

En ese complejo entorno internacional, es evidente la importancia de las medidas que el Banco de la República y el Gobierno adoptaron, en materia de intervención en el mercado cambiario, eliminación del beneficio tributario al endeudamiento externo, reforma arancelaria y monetización de créditos externos. Falta el vital refuerzo de diversas leyes que hacen trámite en el Congreso, especialmente las que apuntan al aumento del ahorro, como son la reforma a las regalías, la regla fiscal y la eliminación de la sobretasa al consumo industrial de energía. Entre más pronto sean aprobadas, de mejor forma podrá Colombia capotear el vendaval de la apreciación.

Competitividad y aranceles

viernes, 29 de octubre de 2010
Artículo publicado en el diario La República el jueves 28 de octubre de 2010


La teoría económica y la evidencia empírica aportan sólidas argumentaciones sobre los beneficios del comercio internacional en el crecimiento de las economías. Aún así, los gobiernos suelen imponer obstáculos arancelarios y no arancelarios por diversos motivos, entre los que cabe destacar la amenaza de productos de otros países, el equilibrio de la balanza de pagos, la seguridad nacional, pérdida de ventajas competitivas, el fortalecimiento de los ingresos fiscales, y la protección de la industria naciente.

Como señalan Paul Krugman y Robin Wells en su obra "Macroeconomics", "algunas personas, entre ellos muchos políticos, cuestionan a menudo el comercio internacional, defendiendo que cada país produzca los bienes que consume en lugar de comprarlos en el extranjero. Las empresas reclaman protección ante la competencia extranjera: los agricultores japoneses no quieren que se importe arroz de Estados Unidos; los productores de acero estadounidenses no quieren que se compre acero europeo".

Esas posiciones generan dividendos políticos, pero desconocen la realidad del mundo globalizado y ocasionan problemas de competitividad a las empresas locales. Los aranceles altos las aíslan de la competencia y les reducen los incentivos a la innovación, a la vez que les dan margen para transferir a los consumidores los sobrecostos y las ineficiencias.

El mundo está presenciando una profunda transformación en la organización productiva, con la fragmentación geográfica de los procesos de producción. Cada vez más y más productos y servicios son el resultado de integrar insumos de diferentes regiones del planeta, lo que da más relevancia al concepto de "design in" que al de "made in".

En concordancia con ese fenómeno, los sectores productivos de todos los países buscan la inserción en las cadenas mundiales de valor en las fases de la producción en las que son más competitivos. En ese contexto, los países que se empeñan en mantener altos aranceles con sus sesgos antiexportadores estarán condenados al atraso; sus aparatos productivos se mantendrán en los obsoletos esquemas de producir "todo en el mismo país".

En el caso de Colombia la apertura económica presuntamente nos convirtió en una economía abierta, lo que, según ciertos críticos, causó la destrucción de una parte del aparato productivo. Ese tipo de análisis desconoce lo que ocurrió más allá de las fronteras del país.

El país entró en la onda de la apertura después de la mayoría de países de la región y redujo los aranceles en menor proporción que otras economías del mundo. Por eso, Colombia registra actualmente el cuarto arancel nominal promedio más alto de América Latina, lo que se constituye en un factor de desventaja competitiva que encarece las materias primas y los bienes de capital a las empresas.

Los diferentes escalafones de competitividad mundial evidencian ese problema. Según el World Economic Forum, en la comparación del arancel promedio ponderado Colombia clasifica en el puesto 101 entre 135 naciones, mientras Perú ocupa el 37.

Colombia ha dado pasos importantes en la dirección correcta mediante las políticas de internacionalización, competitividad y transformación productiva. Pero aún hay grandes barreras por superar, lo que justifica la revisión de la estructura arancelaria que el gobierno se ha propuesto adelantar.

El mundo da vueltas. El proteccionismo que por décadas fue vendido como la panacea, hoy es, sin duda, un lastre para la competitividad de las naciones, por lo que es preciso mantener el objetivo de desmontarlo.

Protección efectiva negativa

viernes, 22 de octubre de 2010
Publicado en el diario La República el 14 de octubre de 2010


Es amplio el debate generado por el propósito del gobierno de modificar la estructura arancelaria del país. Se trata de un tema sensible que rápidamente se polariza entre los sectores productivos partidarios de menores aranceles y los que piden mantener los niveles actuales, e incluso elevarlos.

Como suele suceder, hay críticas extremas que pretenden mostrar improvisación y falta de justificación en la anunciada reforma. Se dice, por ejemplo, que no tiene sentido esperar un potencial impacto devaluacionista; opinan que la esperanza de un incremento de la demanda de divisas no puede fundamentarse en el abaratamiento relativo de los insumos y los bienes de capital, porque que la revaluación ya ocasionó una caída de los precios de importación.

Esa crítica parece muy lógica, pero no se ciñe a la argumentación real del gobierno, que debe ser vista en conjunto y no de forma aislada. El fundamento básico de la reforma es la reducción o eliminación de las protecciones efectivas negativas que impiden el desarrollo de sectores de mayor valor agregado en la economía.

Ese problema surge porque los aranceles de los insumos son más onerosos que los de los bienes terminados. Así, si alguien se pregunta por qué en Colombia no existe una industria de ensamble de computadores, que a su vez estimule el desarrollo de sectores que produzcan insumos para ella, la respuesta radica en que los componentes tienen aranceles altos, mientras que los del producto terminado son bajos o nulos. De esta forma, siempre saldrá más barato importar los computadores terminados que sus partes para manufacturarlos en el país.

Esto es lo que se denomina protección efectiva negativa. En términos generales, ella inhibe el desarrollo de los sectores que se ven afectados por la protección que han obtenido algunos sectores ¿Cuántos empleos se dejan de generar por ese motivo?

La situación comentada explica que, a pesar de la revaluación de la moneda, la demanda de importaciones de materias primas y bienes de capital no haya reaccionado en forma más dinámica. No se puede perder de vista que así como se reduce el precio de los insumos, también se reduce el de los bienes terminados, y la distorsión se mantiene.

Es en este contexto que la reducción o eliminación de la protección puede impulsar la demanda de divisas y contribuir a contener las presiones revaluacionistas. Pero el principal impacto esperado es el crecimiento de sectores hoy bloqueados.

Desde luego, el gobierno debe manejar el tema con equilibrio, de forma que no implique la desprotección indiscriminada de la producción nacional que enfrenta una competencia desleal, y evite los costos fiscales excesivos que pueden deteriorar radicalmente las finanzas públicas.

Informalidad y productividad

jueves, 30 de septiembre de 2010
Artículo publicado en el diario La República el 30 de septiembre de 2010

La productividad laboral relativa de Colombia repuntó entre 2003 y 2008. Este indicador, que muestra el valor agregado por trabajador de un país con relación al obtenido por uno de Estados Unidos, cayó de 32 a 24 por ciento entre 1989 y 2003; a partir de ese año se recuperó y llegó a 28 por ciento en 2007, tuvo una ligera corrección a la baja en 2008 y cabe esperar una reducción adicional en 2009, por cuenta de la crisis mundial.

Se deduce, que aún con el repunte reciente, la productividad del país, lejos de converger con la de Estados Unidos, se distanció. Comportamiento similar se registró en las principales naciones de América Latina; sin embargo, Colombia es de los países que menos redujo este indicador.

El contraste son las economías asiáticas en vías de desarrollo. Tanto en los “tigres” antiguos como en los nuevos su productividad laboral relativa ha crecido más que la de Estados Unidos, con lo cual están cerrando la brecha.

Colombia todavía registra una productividad laboral mayor que la de países como China, India, Indonesia, Tailandia y Vietnam. Pero, con los resultados comentados, las distancias se están cerrando aceleradamente.

Con relación a la productividad total de factores, según Fidel Jaramillo, del BID, “mientras que los países de Asia Oriental más que duplicaron su productividad en los últimos 50 años, América Latina la ha reducido y Colombia apenas la ha aumentado”.

Aun cuando son múltiples los factores que explican este rezago y sobre el tema hay una abundante literatura, es aceptado que la informalidad tiene una estrecha relación con la productividad.

El actual ministro de la Protección Social afirmó en un estudio que no es fácil establecer si la relación causal es la alta informalidad explicada por la baja productividad, o ésta como una resultante de la primera (“Informalidad empresarial en Colombia”). No obstante, según Santa María “es evidente que la puerta de entrada al sendero de una mayor productividad es una reducción en la incidencia de la informalidad”.

Los trabajos de la consultora McKinsey & Company apuntan en esa dirección. Estiman que la productividad laboral en Colombia es el 20 por ciento de la de Estados Unidos; pero la del sector formal es del 41 por ciento, mientras la del informal, que absorbe el 58 por ciento de la fuerza laboral, es apenas del seis por ciento.

Dado que el trabajo formal es siete veces más productivo que el informal, es evidente el impacto positivo que tendría el país en competitividad, empleo y crecimiento si logra reducir la informalidad. Se trata de un monstruo de mil cabezas, pero hay que combatirlo para alcanzar e incluso superar las metas del gobierno de 2.4 millones de empleos nuevos y 500 mil informales menos.

A tergiversar, a tergiversar

jueves, 23 de septiembre de 2010
Publicado en Ámbito Jurídico No. 306 del 20 de septiembre al 3 de octubre de 2010

El Diccionario de la Real Academia Española define “crítica” en los siguientes términos: “juzgar de las cosas, fundándose en los principios de la ciencia o en las reglas del arte”. En ese sentido, es un mal necesario, especialmente cuando de ciencias sociales se trata; frente a un problema o a una propuesta suelen existir diversas interpretaciones y de ahí nace la posibilidad de opiniones alternativas.

Pero en nuestro medio, no siempre las críticas se fundamentan “en los principios de la ciencia”, sino en el deseo de ridiculizar al otro. En ese propósito, con frecuencia se pierde el rigor y se da paso a los juicios de valor que tanto gustan a la galería.

Un artículo reciente se enfoca en criticar lo que el autor denomina “el paraíso de la confianza inversionista: sin controles de ninguna especie a los capitales”.

Para sustentar tal hipótesis, se enuncia que entre 1991 y 2009 los ingresos netos en la cuenta de capital y financiera de la balanza de pagos sumaron 66.180 millones de dólares; a renglón seguido se compara esa cifra con las salidas de recursos por la cuenta corriente, en los siguientes términos: “la renta neta factorial (en esencia ingresos y egresos netos de utilidades) que como en el caso de la cuenta de capitales corresponden en más del 95% a flujos de dinero de las empresas multinacionales, fue para el mismo periodo de 70.602 millones de dólares”.

Las conclusiones que el autor no hace explícitas, pero hábilmente sugiere, son fuertes. Deja en el aire la idea de que la inversión extranjera se llevó por sólo utilidades mucho más de lo que invirtió y, además, mantiene en activos físicos el capital ingresado a la economía.

Entre los errores del análisis mencionado, sobresale el desconocimiento del contenido de las cuentas de capital y de renta de los factores de la balanza de pagos. No se tiene en cuenta que la primera resume todos los movimientos de capital de los residentes en Colombia con el resto del mundo y no exclusivamente los correspondientes a la inversión extranjera; y que la segunda incluye los flujos de intereses, además de los de utilidades y dividendos.

Para el análisis que sigue, se utilizan las cifras acumuladas del periodo 1994-2009, dado que los años anteriores no son comparables por el cambio de metodología de la balanza de pagos.

La base de la crítica es endeble, por la lectura errada del saldo de la renta de los factores. El acumulado neto de esta cuenta asciende a 65.223 millones de dólares; pero el autor no comenta que el 43% de ese monto (28.169 millones de dólares) corresponde a intereses netos por inversiones (como las reservas internacionales) y deudas, tanto del sector público como del sector privado. Es claro que este rubro no tiene nada que ver con la inversión extranjera.

El otro rubro de la renta de los factores es el de utilidades y dividendos, que registró un acumulado neto de 37.172 millones de dólares. Sin embargo hay un detalle que el crítico pasa desapercibido: ese saldo incluye la reinversión de utilidades; la metodología de la balanza de pagos establece que esos recursos se contabilizan como una salida en la cuenta corriente, pero a la vez como un aumento de la inversión extranjera directa en la cuenta de capital. De esta forma, el neto real que salió del país por este rubro es el 42% de la renta de factores.

Con relación a la cuenta de capitales, los 64.098 millones de dólares (entre 1994 y 2009) son el neto de la inversión extranjera y del endeudamiento tanto público como privado. Y la primera, ascendió a 88.461 millones de dólares, de los cuales el 80.4 por ciento fue directa y el resto de cartera.

Lo anterior demuestra que la salida de capitales por dividendos e intereses es 58 por ciento menor a la mencionada por el autor, mientras que la correspondiente a inversión extranjera es superior en 38 por ciento. De esta forma, los dividendos (27.475 millones de dólares) son muy inferiores a la inversión (88.461 millones de dólares).

Para rematar, no se tiene en cuenta que los dividendos y utilidades remitidos están relacionados con un stock de capital. Si el autor de la crítica fuera dueño de un inmueble que arrienda ¿Qué haría cuando el flujo de los ingresos igualara el valor de la inversión? ¿Ya el activo no tendría ningún valor? ¿Por qué un inversionista extranjero no podría obtener en el largo plazo un flujo de ingresos superior al valor que invirtió? ¿Sobre qué bases funcionaría entonces la acumulación de capital?

En síntesis, en cualquier análisis de la inversión extranjera, así se hayan girado todas las utilidades –cosa poco probable por las necesidades de reposición de activos, de ampliación de plantas y mejoras de tecnología–, los críticos deberían tener en cuenta que el país receptor gana en empleos directos e indirectos; en demanda de insumos, productos y servicios a otras empresas; en la potencial transferencia de conocimientos y en el posible aumento de las exportaciones. Además, en un ejercicio estadístico, por simple que sea, no se puede perder el rigor ni olvidar las metodologías de los indicadores.

Offshoring gráfico

sábado, 18 de septiembre de 2010
Publicado en el diario La República el jueves 16 de septiembre de 2010.

La semana anterior, en el marco de Colombia Gráfica, evento organizado por Andigraf, se analizaron las diversas tendencias del sector de la comunicación gráfica.

Uno de los fenómenos que está afectando esta industria en el mundo es el offshoring, que desplaza la elaboración de algunos productos hacia países con menores costos laborales. ¿Puede la industria colombiana aprovechar la situación y sacar ventaja o, por el contrario, sucumbirá ante la creciente competencia por calidad y precio?

Según el investigador Frank Romano (“
The Dichotomies of the Global Printing Industry”), puesto que “el papel y la mano de obra son la mayor parte de los costos de impresión, cualquier impresor en un país con ventaja en esas dos áreas, tendrá una sólida posición tanto a nivel local, como global”.

Con relación al insumo básico, el papel, Colombia produce parte de lo que demanda la industria y exporta al resto del mundo un monto que en 2009 bordeó los 550 millones de dólares.

Pero el país importa otros tipos de papel. En este caso, los TLC contribuirán en un tiempo muy corto a la reducción de los costos de producción. En los tratados con Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea se logró la desgravación inmediata o a cinco años de la mayoría de partidas de papeles y cartones importados, que actualmente tienen aranceles entre el cinco y el veinte por ciento. Adicionalmente las importaciones desde Chile ya no tienen este gravamen.

Con relación al costo laboral, el colombiano es más elevado que el de China, el gran competidor en offshoring, pero las distancias se están acortando. La escasez de mano de obra calificada en ese país, los crecientes cargos de la seguridad social y la revaluación de la moneda contribuyen a esa tendencia. Según J.P. Morgan, los salarios han crecido desde el año 2000 a tasas anuales superiores al doce por ciento, con una inflación promedio inferior al tres por ciento. Mientras que el
Bureau of Labor Statistics calculó que el salario por hora en la industria china era de 0.66 dólares en 2002, The Economist lo estimó en 1.89 dólares en 2010. En Colombia, no hay un cálculo reciente, pero puede estar empezando a superar los tres dólares por hora.

A la reducción de la brecha en los costos salariales, hay que adicionarle la ventaja del país en competitividad laboral y el menor número de días que toma un barco en llegar a Estados Unidos.

Con estos elementos, Colombia cuenta con el potencial para atraer una porción importante de los cerca de 500 mil empleos de la industria gráfica que podrían salir desde Estados Unidos por efecto del offshoring. Es una interesante perspectiva que anima a mantener el entusiasmo de esta industria en su objetivo de convertirse en un sector de clase mundial.

Efecto Canadá

jueves, 2 de septiembre de 2010
Publicado en el diario La República el 2 de septiembre de 2010


Canadá está de moda por cuenta del TLC negociado con Colombia. Su aprobación en el Parlamento de ese país; la declaración de exequibilidad de las secciones comercial, laboral y ambiental por parte de la Corte Constitucional; la visita del Ministro de Comercio, Peter Van Loan, la semana anterior; y la posibilidad de que el tratado entre en vigencia a comienzos de 2011, han aumentado las expectativas de los empresarios y de los analistas.

Además de los beneficios previstos, este tratado podría tener unos efectos complementarios para el país. Por ejemplo, inducir al Congreso de Estados Unidos a sacar del congelador los TLC pendientes de su aprobación. El generador de esa reacción puede ser lo que los economistas denominan la desviación de comercio.

La desviación de comercio se genera de la siguiente forma: Supongamos que el país A tradicionalmente ha importando un producto del país C, que ofrece el menor precio del mercado internacional porque es el más eficiente. Pero ahora, en virtud de un acuerdo comercial que firmó con B, prefiere importarlo de este país, que obtiene una ventaja sobre su competidor al no pagar aranceles.

En el caso que nos ocupa, Canadá y Estados Unidos tienen niveles de productividad similares, pero el primero obtendrá una ventaja con la desgravación negociada. Si bien es cierto que Colombia representa una porción minúscula de las exportaciones de los dos países, desde el punto de vista de las empresas, los montos en juego no son despreciables.

Un ejercicio sencillo –tomando únicamente la canasta de desgravación inmediata y excluyendo los productos para los que Colombia ya tiene arancel cero–, indica que la desviación de comercio en el corto plazo podría ser superior al 40 por ciento. Aplicado a las importaciones de 2009, serían 3.800 millones de dólares, monto más que suficiente para estimular a las empresas canadienses a sustituir a las estadounidenses.

¿Funciona la desviación de comercio? La evidencia muestra que sí. Las importaciones colombianas de trigo desde Argentina pasaron del dos por ciento del total en 2002 a 21 por ciento en 2009; las de cebada de cero a 58 por ciento en el mismo periodo; y las de maíz de 10 a 29 por ciento; además en este último caso las provenientes de Brasil aumentaron de cero a 26 por ciento. ¿Causa? Evidente: Can-Mercosur; ¿perdedores? Estados Unidos en trigo y maíz, y Australia en cebada.

En algunas esferas estadounidenses entienden el problema. Un estudio sobre el impacto en la agricultura de ese país destaca que mediante el acuerdo Colombia–Canadá “los exportadores canadienses obtendrán una ventaja competitiva significativa sobre Estados Unidos en productos como el trigo y la carne de cerdo”. ¿Cuándo reaccionará el Congreso?

China y Latinoamérica

viernes, 20 de agosto de 2010
Artículo publicado el 19 de agosto de 2010 en el diario La Repúlica.


En el documento "La República Popular China y América Latina y el Caribe: hacia una relación estratégica", la CEPAL muestra la creciente importancia de esa nación tanto en el contexto mundial como en el latinoamericano.

China salió fortalecida de la crisis mundial y se consolidó como una potencia económica. Ahora es el primer exportador mundial de mercancías, superando a Alemania; por tamaño es la segunda economía del planeta; y, además, se convirtió en un importante exportador de capitales hacia América Latina.

China es para América Latina un socio comercial cada vez más importante. A ese destino iba el uno por ciento de las exportaciones latinoamericanas en 2000, mientras que en 2009 fue el 6,9 por ciento. Para países como Chile y Perú es el primer comprador, desplazando a Estados Unidos, y en los casos de Brasil y Argentina es el segundo. De igual forma, aumentó su peso relativo como proveedor de las importaciones de la región (alrededor del 12 por ciento).

América Latina es la región más dinámica del comercio de China. En el periodo 2005-2009, las exportaciones y las importaciones crecieron más que con cualquier otra región del mundo (26.1 y 22.8 por ciento anual, respectivamente).

Estos resultados suscitan varios comentarios. En primer lugar, es paradójico, que la consolidación de China como potencia económica coincida con una fuerte evidencia de la vulnerabilidad de su crecimiento por la alta dependencia del comercio internacional. Su reto es fortalecer en el mediano plazo el mercado interno como factor dinamizador de la demanda.

En segundo lugar, el alto crecimiento económico induce el aumento de la demanda mundial de alimentos y productos energéticos, lo que a su vez presiona al alza los precios internacionales. Ya, por ejemplo, en los años recientes China se volvió importador neto de lácteos.

En ese panorama América Latina, puede ver amenazados diferentes sectores de la manufactura, a la vez que se fortalece como exportador de bienes básicos, que son la mayoría de las exportaciones hacia China. Esto último encarna el riesgo de generación de enfermedad holandesa, lo que puede acarrear el retroceso hacia la producción de bajo valor agregado. En 2008 alrededor del 85 por ciento de las exportaciones a ese país fueron bienes primarios y manufacturas basadas en recursos naturales; en casos como el de Chile representaron el 99 por ciento, y en Venezuela, Colombia y Brasil el 98, 97 y 90 por ciento, respectivamente.

El reto para América Latina es aprovechar los altos precios de los productos básicos, sin bajar la guardia en materia de tecnología y producción de valor agregado. No hacerlo implicará para muchos países ser superados por China y rezagarse aún más en competitividad.

Alcanzando el futuro deseado

viernes, 6 de agosto de 2010
Publicado en el diario La República el 5 de agosto de 2010


Con este título fue presentado la semana anterior el libro del cual soy coautor con Luis Guillermo Plata, Ministro de Comercio, Industria y Turismo. “Transformación productiva e internacionalización de Colombia", es el subtítulo, y hace referencia al contenido central.

El objetivo es poner al alcance de la sociedad, en términos fáciles de entender, la fundamentación y el proceso de implementación de dos políticas estructurales adoptadas durante el gobierno del presidente Uribe y lideradas por los ministros Jorge Humberto Botero y Luis Guillermo Plata.

Se trata de dos políticas que tendrán profundas repercusiones en la vida económica colombiana y de ahí la importancia de su apropiación por parte de todos los ciudadanos. Los efectos plenos de ellas toman tiempo en transmitirse, pero ya es un hecho que el país ha empezado a cambiar y así lo perciben los analistas internacionales.

Aun cuando el artículo 227 de la Constitución de 1991 señala que el Estado debe promover la integración con las demás naciones, y especialmente con las de América Latina y el Caribe, hasta 2002 no se había avanzado mayor cosa; apenas se negoció el G3 con México y Venezuela. Por eso sólo habíamos logrado acceso preferencial permanente para el 25 por ciento de las exportaciones, mientras que un grupo importante de países de la región ya lo había logrado para cerca del 80 por ciento.

La decisión del presidente Uribe de cerrar esa brecha mediante la política de internacionalización de la economía hace posible que Colombia termine el 2010 con once TLC negociados con 47 países, a los cuales, en el mediano plazo, podremos vender bajo condiciones preferenciales permanentes alrededor del 80 por ciento de las exportaciones. De esta forma estaremos alcanzando lo que otros países de la región lograron desde 2002.

La creciente competencia inmanente a la globalización y el aprovechamiento de los TLC hacen necesaria la modernización de la estructura productiva y la diversificación de la oferta exportadora. Por eso se capitalizaron las experiencias de los gobiernos anteriores y se diseñó una sólida institucionalidad para la política de competitividad; parte de esa política es la transformación productiva, mediante la cual doce sectores se fijaron la meta de convertirse en sectores de clase mundial.

Los sectores de clase mundial se caracterizan por alcanzar niveles de productividad similares o superiores a los del país más productivo, orientar parte de su producción al mercado mundial y registrar altas tasas de crecimiento.

Como lo señala Michael Porter en el prólogo, este libro "es una herramienta obligatoria para entender la impresionante transformación que ha sufrido Colombia, pero también resalta el trabajo que queda por delante".

Mendigos

martes, 27 de julio de 2010
Artículo publicado en Ámbito Jurídico No. 302, del 26 de julio al 8 de agosto de 2010


En una de sus visitas a Colombia, Muhammad Yunus, pionero del desarrollo del microcrédito, se refirió al origen de una línea de crédito especial del Grameen Bank, creada en 2003.

Un día al salir del banco una pordiosera le pidió una limosna. Yunus se quedó observándola y le preguntó por qué pedía dinero siendo una persona sana que podría desarrollar actividades productivas. La mendiga le contestó que nadie le daba trabajo y que seguramente él mismo, al verla con esa facha, no la contrataría.

Entonces Yunus le dijo que, en lugar de darle una limosna, él estaba dispuesto a hacerle un préstamo por el equivalente a unos pocos dólares; con ellos, podría comprar dulces o galletas o juguetes, para que los vendiera por las calles que recorría. Al cabo de una semana debía devolver el dinero más unos intereses.

Una semana después, a la salida del banco lo esperaba la mendiga para hacer el pago acordado y solicitarle otro crédito en iguales condiciones. El proceso se repitió varias veces y Yunus observó cómo la actitud de la mujer cambió notablemente.

En Bangladesh, como en muchos países en desarrollo, las personas, en especial las mujeres, se ven enfrentadas a la mendicidad como consecuencia de múltiples causas: desastres naturales, muerte del miembro de la familia que tenía empleo, abandono o repudio de la pareja, y discapacidad, entre otras. Por lo general los programas sociales de los gobiernos no llegan a estas personas.

Entusiasmado con lo observado, Yunus propuso a la Junta Directiva del Grameen que cada empleado del banco “adoptara” un mendigo para prestarle sumas pequeñas por periodos semanales y, obviamente, sin ningún tipo de garantía. Aún los que conocían de cerca a Yunus, dudaron de su cordura, pero finalmente la idea se impuso. Al cabo de unos meses, muchos empleados estaban solicitando autorización para que les permitieran “adoptar” más mendigos.

La línea diseñada tiene condiciones especiales. Inicialmente se prestan montos pequeños, que van creciendo a medida que hay un historial de cumplimiento de las obligaciones. Los préstamos a mendigos no tienen intereses y los plazos los define el cliente. Por ejemplo, un deudor que inicia con un crédito equivalente a 1,50 dólares y decide pagar cuotas semanales de 3,4 centavos de dólar, tendrá un plazo de 44 semanas. Adicionalmente, se les da sin costo un seguro de vida y uno de crédito.

Actualmente el programa presta a más de 100 mil mendigos y el crédito promedio está entre 12 y 15 dólares; en la práctica, la mayoría de estos clientes son vendedores ambulantes. Según Yunus, "18.000 han dejado de mendigar gracias al éxito del puerta a puerta, y otros muchos mendigan ya solo a tiempo parcial… a los mendigos les gustó la idea y muy pronto sabían qué casas son buenas para mendigar y cuáles para vender; en el fondo han hecho una segmentación del mercado".

Desde mediados de los años setenta, cuando surgió el microcrédito, se comprobó que los pobres son muy cumplidos con sus obligaciones financieras. Pero más importante aún fue constatar que el acceso al crédito formal mejora las condiciones de vida de los receptores.

La experiencia con los mendigos demuestra que esas características se cumplen incluso con los más pobres entre los pobres. A diferencia de la caridad, los microcréditos rescatan su dignidad como seres humanos; a pesar de no pagar intereses, el sólo hecho de saber que no es una limosna lo que reciben, les permite valorarse. Al recuperar la capacidad de subsistencia mediante el trabajo, mejoran las condiciones de vida y aumenta la posibilidad ahorrar y de educar a los hijos.

En el caso de Colombia, hasta comienzos del presente siglo el microcrédito era realizado por unas pocas ONGs. Pero ellas tenían una drástica restricción de recursos, pues al no tener licencia para captar dinero del público, dependían del apoyo de ONGs, otros organismos internacionales y créditos del sistema financiero, que hacían su labor muy costosa.

Algunas ONGs hicieron el esfuerzo de convertirse en establecimientos de crédito para poder captar recursos de ahorro del público y, al tiempo, algunas entidades del sector financiero empezaron a manifestar su interés en el microcrédito.

Esa labor silenciosa que venían desempeñando las ONGs especializadas y algunos establecimientos de crédito se fortaleció desde 2002, con las políticas del gobierno. Primero, mediante el convenio con el sector financiero en 2002 y segundo, con el programa Banca de las Oportunidades.

Las cifras evidencian el impacto de la política gubernamental. Entre 2006 y 2010 se otorgaron 5.6 millones de microcréditos y los desembolsos ascendieron a 16,6 billones de pesos. El acceso a los servicios financieros (bancarización) pasó del 47% al 57% de la población mayor de 18 años.

Pero también es claro que aún queda camino por recorrer. Los más pobres siguen en manos de los agiotistas y los mendigos son como parias que no cuentan ni siquiera para los prestamistas informales.

La reciente alianza del Grameen Bank con un grupo colombiano y la entrada de nuevos establecimientos financieros especializados en microfinanzas, sumadas a la continuidad que el nuevo gobierno le dé al programa de Banca de las Oportunidades, son la garantía para llegar con servicios financieros a más y más pobres. Ojalá lleguemos a un escenario en el que la mendicidad se reduce a su mínima expresión en Colombia, porque esos seres humanos se han reincorporado a la sociedad.

El mercado interno

jueves, 22 de julio de 2010
Publicado en el diario La República el jueves 22 de julio de 2010


La relación de Colombia con el mundo cambió radicalmente en los últimos ocho años, como consecuencia de la política de internacionalización que implementó el gobierno. Mientras que en 2002 sólo teníamos dos acuerdos comerciales con cinco países (CAN y G3), para finales de 2010 contaremos con 11 TLC negociados con 48 socios comerciales, que en el mediano plazo garantizarán acceso preferencial permanente para el 80 por ciento de las exportaciones.

La decisión de avanzar en las negociaciones comerciales, además de desarrollar el artículo 227 de la Constitución, se fundamenta en la posibilidad de aprovechar el potencial del comercio internacional como palanca de crecimiento.

Este último es un aspecto que los críticos de las negociaciones comerciales se niegan a aceptar, pues consideran que "todos los países que han logrado un grado apreciable de desarrollo lo han hecho basándose en su mercado interno y protegiendo su estructura industrial y agraria. Su crecimiento exportador posterior fue efecto y no causa de su progreso".

El argumento extrema la posición del gobierno, pues la internacionalización de la economía no significa acabar con el mercado interno. En términos generales, la mayoría de los países que se insertaron activamente en la economía globalizada y han sido exitosos, combinaron las ventajas del comercio internacional con el crecimiento del mercado interno.

La posición de los críticos no sólo desconoce la propia historia colombiana, con décadas de proteccionismo que generaron un sesgo anti-exportador, sino la palpable experiencia de otras economías subdesarrolladas que nos cogieron la delantera. ¿Se pueden imaginar a China, que en 1978 tenía un ingreso per cápita de 155 dólares, esperando a desarrollar su mercado interno antes de abrirse al mundo?

Curiosamente China es un ejemplo extremo que muestra la posibilidad de crecer con base en el comercio internacional y posteriormente fortalecer el mercado interno. En la última edición de Finanzas y Desarrollo, la economista Linda Yueh señala que un tercio del crecimiento del PIB de esa nación se explica por las exportaciones, mientras que el consumo interno, que representa el 35 por ciento del PIB, "solo contribuyó alrededor de 4 puntos porcentuales al crecimiento".

Colombia aspira a seguir una senda más balanceada que la de China, pues tiene un mercado interno amplio con un ingreso per cápita de 5.400 dólares y no es una economía autárquica. Los TLC son una oportunidad para crecer más y para cerrar las brechas de ingreso no sólo con el mundo desarrollado sino con las economías emergentes que se integraron antes a la globalización.

Si nos hubiéramos quedado esperando a "que estemos listos", el tren del desarrollo nos hubiera dejado aún más atrás.

Depresión

miércoles, 14 de julio de 2010
Artículo publicado en el diario La República, el 8 de julio de 2010

No acostumbro a citarme. Sin embargo, en esta ocasión lo justifica un artículo reciente del nobel de economía Paul Krugman que da fuerza a la idea central formulada en mi artículo "¿W?", publicado en Ámbito Jurídico número 298.

En "¿W?" se afirma que la reciente reactivación de la economía mundial puede ser efímera, porque hay síntomas de alerta que podrían repercutir en una reducción del crecimiento. El argumento se fundamenta en el bajo dinamismo económico de diversas regiones del mundo, en la expectativa de aumento de las tasas de interés por la aparición de presiones inflacionarias en algunos países, y en la compleja situación de la Unión Europea por el problema de los bonos soberanos.

En su columna del 27 de junio en el New York Times, Paul Krugman ve un panorama más sombrío, pues afirma que el mundo está en camino a la tercera depresión mundial; las dos anteriores fueron en 1873, la Larga Depresión, y 1929, la Gran Depresión.

Según Krugman: "Podría decirse que la recesión provocada por la crisis financiera terminó el verano pasado…, pero los historiadores del futuro nos dirán que ese no fue el final de la tercera depresión, de la misma manera que la recuperación de los negocios observada en 1933 no fue el final de la Gran Depresión".

Krugman califica como erróneas las decisiones de aumentar las tasas de interés y la adopción de políticas de austeridad fiscal en la coyuntura actual, pues ellas pueden llevar al mundo a una situación de deflación y a una depresión al estilo de la del siglo XIX. En su opinión, los países de la Unión Europea que han anunciado drásticos programas de ajuste fiscal sólo han logrado que los inversionistas los perciban como más riesgosos.

Y en el caso de Estados Unidos, "la Reserva Federal parece consciente de los riesgos deflacionarios, pero lo que se propone hacer frente a ellos es nada. La administración Obama entiende el peligro de una prematura austeridad fiscal, pero, dado que ni los republicanos ni los demócratas quieren autorizar en el Congreso las ayudas estatales adicionales, la austeridad llegará bajo la forma de recortes presupuestales tanto a nivel estatal como local".

En el caso de Colombia, en materia de política monetaria, las declaraciones recientes de un Codirector del Banco de la República sobre la necesidad de mantener bajas las tasas de interés, dan un mensaje de tranquilidad. Pero en la política fiscal las cosas son más complejas, por el aumento del déficit fiscal como consecuencia de la política contracíclia de 2009.

Aun así, ante el panorama de una probable tercera depresión, las autoridades colombianas deben mantener el pragmatismo que caracterizó las decisiones que permitieron al país salir bien librado de la reciente crisis mundial.

Inflación

miércoles, 30 de junio de 2010
Artículo publicado en la revista MisiónPyme No. 34 de junio-julio 2010


Las crisis financieras y económicas suelen tomar por sorpresa a los economistas. Esto se explica por la tendencia a minimizar los riesgos durante las fases de auge.

Así ocurrió con la reciente crisis mundial. Paul Krugman comenta en su libro “De vuelta a la economía de la Gran Depresión”, que a comienzos del 2007 el tema preferido en los foros profesionales era el triunfo de la macroeconomía sobre las recesiones. Se daba por descontado que los avances de la teoría económica permitían a los ejecutores de política anticipar las crisis y adoptar oportunamente las medidas para conjurarlas. Ya vimos que el descalabro fue mayúsculo.

El riesgo es que ese mismo comportamiento puede asumirse con relación a la inflación. El mundo se acostumbró a tasas bajas y, a pesar del sobresalto ocasionado por los precios internacionales de los productos básicos en 2007 y 2008, existe la firme convicción de que la inflación seguirá controlada.

De esta forma lo ratifica el Fondo Monetario Internacional (FMI) en su reciente revisión de perspectivas de la economía mundial, aun cuando asume cierta cautela con las economías subdesarrolladas: “Se proyecta que las presiones inflacionarias se mantendrán suaves, frenadas por el elevado desempleo y la capacidad excedentaria. La inflación fue más alta y más volátil en las economías emergentes, y por lo tanto las presiones podrían reaparecer allí con más facilidad que en las economías avanzadas”.

Las proyecciones del FMI indican que los precios internacionales de los productos básicos se mantendrán estables en niveles altos, pero por debajo de los alcanzados en 2008.

El problema es que, si bien la crisis dio margen para la recuperación de las existencias de algunos productos alimenticios, se mantienen los demás factores que presionaron al alza los precios internacionales de los productos básicos: producción de biocombustibles, aumento de la demanda en las economías emergentes de rápido crecimiento, efectos adversos del cambio climático, estancamiento de la oferta mundial de petróleo, y creciente escasez de agua, entre otros.

En Colombia tenemos inflación del 2% anual y la reciente reducción en 50 puntos básicos de la tasa de intervención del Banco de la República se fundamentó en la ausencia de presiones alcistas en el corto plazo. No obstante, la autoridad monetaria mantiene su meta en un rango entre el 2% y el 4%, previendo un aumento moderado en lo que resta del año.

Lo que no se puede perder de vista es que la inflación mundial de 2008 subió los precios de Colombia hasta 1.7 veces del techo meta. ¿Qué ocurriría si el Banco de la República se mueve a un escenario de crecientes precios internacionales de los productos básicos? Lo más posible es que generaría el aumento de las tasas de interés y la desaceleración de la demanda interna.

Es importante adquirir conciencia de que el escenario de bajas tasas de interés no es permanente, que se mantiene el riesgo de repunte de la inflación mundial y que ella impactará negativamente en Colombia.

Turismo redivivo

domingo, 27 de junio de 2010
Pubblicado en el diario La República el 24 de junio de 2010


Hay un país con muchos “atractivos naturales y culturales. Costas en el océano Pacífico y Atlántico, más de mil ríos, la montaña costera más alta del mundo, 53 áreas naturales… que representan el 9 por ciento del territorio nacional, cientos de lugares considerados bienes de interés cultural, entre muchos otros atractivos. Los mismos resumen toda la oferta turística del país en siete productos: sol y playa; historia y cultura; agroturismo; ecoturismo; deportes y aventura; ferias y fiestas y ciudades capitales (compras, salud, congresos, convenciones e incentivos)”. Además, los paisajes abarcan desde zonas desérticas hasta selvas y nevados, con amplia variedad de climas y una rica fauna y flora.

Para un observador desprevenido, se está describiendo la meca del turismo, pues ¿cuántos países del mundo pueden ofrecer esa gama de atractivos? La verdad es que muy pocos. Algunos sólo tienen desiertos, otros únicamente playas, o nevados para los deportes de invierno. Pues bien, como ya habrán adivinado, la cita (extractada de un trabajo académico de la economista María Such y otros colegas) se refiere a Colombia.

Y sabemos que el turismo colombiano, lejos de haber aprovechado ese enorme potencial, registró un profundo estancamiento desde mediados de los años noventa, en contravía de lo que ocurría con el turismo en el resto del mundo.

¿Las causas? Narcotráfico, guerrilla, paramilitarismo y delincuencia común, sumados al desbarajuste institucional –liquidación de la Corporación Nacional de Turismo, supresión del viceministerio de turismo, baja operatividad e impacto del Consejo Superior de Turismo– deprimieron la actividad del sector, alejaron el turismo internacional y condenaron a los residentes al encierro en las ciudades.

El panorama hoy es bien distinto, por las decisiones que adoptó el gobierno desde 2002: seguridad democrática, viceministerio de turismo, incentivos a la construcción y remodelación de hoteles, fortalecimiento financiero del Fondo de Promoción Turística, promoción internacional a cargo de Proexport, y acuerdos aéreos para aumentar las frecuencias de vuelos, entre otras.

Los resultados están a la vista. En 2009, la llegada de viajeros internacionales cayó en 4,3 por ciento en el mundo, mientras en Colombia creció 10,7 por ciento; volvimos a viajar por carretera; creció la oferta hotelera –14.259 habitaciones nuevas entre 2002 y 2010–; somos sede de prestigiosos eventos internacionales; volvieron los cruceros; y es notable el impacto de los eslóganes de las campañas turísticas nacional e internacional.

Recuperamos el terreno perdido. Ahora sí podemos aprovechar todo el potencial del país para desarrollar un sector turismo de clase mundial, que impulse a un mayor crecimiento de la economía y del empleo.

“Unbanked”

miércoles, 23 de junio de 2010
Publicado en el diario La República el 10 de junio de 2010

En la década del sesenta, los trabajos de Raymond Goldsmith, John Gurley y Edward Shaw establecieron la relación que hay entre el sector financiero y el desarrollo económico.

Desde entonces los gobiernos adoptan políticas orientadas a aumentar el indicador de profundización financiera (coeficiente de cartera o activos sobre el PIB).

Pero más recientemente surgió una nueva preocupación al observar que una parte considerable de la población no tiene acceso a los servicios financieros, incluso en las economías desarrolladas; a esa población se le denomina "unbanked", término que se ha traducido como "no bancarizada".

Usualmente los no bancarizados son las personas más pobres de la sociedad que no están en capacidad de asumir los costos de los servicios financieros (cuota de manejo, o retiro por cajero electrónico). Su situación se acentúa con la tendencia de los establecimientos financieros a no ubicar oficinas en los sectores más pobres; esto desanima a los potenciales clientes por los elevados costos de movilizarse a sucursales lejanas (transporte y tiempo).

En las economías que han implementado instrumentos para bancarizar esta población, se han observado mejoras notables en su calidad de vida. Mientras que los no bancarizados "ahorran" comprando activos (joyas, electrodomésticos, etc.) y deben asumir elevados costos para recuperar la liquidez cuando la necesitan, los bancarizados pueden proteger sus ahorros mediante diferentes productos de captación rentables y con bajos costos de liquidez.

Los primeros se vuelven esclavos del "gota a gota" para financiarse, lo que les impide cualquier mejora real de sus condiciones de vida. Entre tanto, los bancarizados pueden acceder al crédito formal, que les permite la adquisición de bienes o servicios difícilmente alcanzables de otra forma: vivienda, educación, mejoras locativas, vehículo para un negocio, y capital de trabajo para microempresas, entre otros.

Como consecuencia del convenio sobre microcrédito de 2002 entre el gobierno y el sistema financiero y del programa de Banca de las Oportunidades, en Colombia han empezado a mejorar los indicadores de bancarización. Las estimaciones más recientes de la Asobancaria señalan que los niveles de bancarización de la población mayor de 18 años pasaron del 47 por ciento en junio de 2006 al 57 por ciento en diciembre de 2009. Y alrededor de 1.6 millones de microempresarios recibieron por primera vez un crédito formal.

Es un avance notable, que mejora la calidad de vida de muchas personas y las conecta con los beneficios del crecimiento. Pero aún queda más del 40 por ciento de adultos sin acceso a los servicios financieros, lo que implica mayores esfuerzos y productos financieros novedosos para consolidar esta revolución silenciosa.

¿W?

Artículo publicado en Ámbito Jurídico No. 298, del 31 de mayo al 13 de junio de 2010

Hasta hace unos meses la discusión de los analistas económicos parecía de lingüistas, pues se hacía un parangón entre la recuperación de la economía mundial y el abecedario. En general las diversas posiciones se enfocaron en tres letras: V, las más optimistas, pues preveían una salida rápida de la crisis; W, las moderadas, que postulaban una caída después del rebote inicial; y L, las pesimistas, que anticipaban una repetición de la Gran Depresión, de la cual el mundo tardó casi una década en salir.

Al parecer ganaron las posiciones optimistas con la rápida recuperación tanto de las economías desarrolladas como subdesarrolladas; el resto del abecedario quedó relegado al olvido y hoy el mundo se está contagiando del optimismo que reflejan los indicadores.

Recientemente The Economist llamó la atención sobre el notable repunte de la economía mundial, que en poco tiempo retornó a crecimientos cercanos a los de pre-crisis. En abril, el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó su proyección de crecimiento del PIB mundial de 3.9% a 4.2% y, según la publicación, algunos analistas lo estiman en 4.5%. Para EEUU se cambió el crecimiento esperado de 2.7% a 3.1%; además, China está creciendo por encima del 10%, India bordea el 9%, y Brasil tiende al 7%.

En el caso de Colombia, la proyección oficial es del 2.5% y los analistas privados se habían ubicado alrededor de ese nivel. Pero los indicadores sectoriales están registrando dinámicas superiores a las previstas, lo que sumado a la decisión de la autoridad monetaria de reducir su tasa de intervención al 3.0%, está alimentando las expectativas de un crecimiento superior: Fedesarrollo revisó al alza su pronóstico del 2.1% al 2.7%, la Andi del 3.0% al 3.5%, Anif de 2.3% a 2.5% y Asobancaria de 2.0% a 2.4%.

¿Será posible que la crisis de 2008-2009, que se ha calificado como la más profunda desde la Segunda Guerra Mundial, haya quedado superada tan rápidamente? ¿Fueron tan efectivas las políticas monetaria y fiscal para asegurar la sostenibilidad del crecimiento recientemente observado? ¿Desapareció por completo el riesgo de las otras letras? En realidad, hay diversos síntomas en la economía mundial que llaman a la cautela.

- Como destaca The Economist, la dinámica del PIB no es similar en todas las regiones y es especialmente preocupante el bajo crecimiento de la Unión Europea, con una proyección de apenas 1.0%.

- En Brasil hay preocupación por el recalentamiento de la economía, por lo que se espera aumento de las tasas de interés. En muy poco tiempo pasó de una caída del PIB de 0.2% en 2009 a un crecimiento excesivo de la demanda, que generó expectativas de inflación.

- Adicionalmente el problema de los bonos soberanos en Europa se tiende a agudizar con el descubrimiento del “engaño” de las autoridades de Grecia sobre la verdadera magnitud de su déficit. Ya se vieron las primeras consecuencias con la reducción de la calificación a Grecia, Portugal y España. Aun cuando el paquete de ayuda de la UE y el FMI por 750.000 millones de euros tranquilizó los mercados, un número creciente de economistas cree que este es apenas un paliativo.

En el ambiente hay grandes inquietudes: la estabilidad de la unión monetaria; el potencial contagio a otras economías del mundo, por la vía de los bancos que dieron créditos a los gobiernos europeos o invirtieron en sus bonos de deuda; la capacidad real de los gobiernos para adoptar el drástico ajuste fiscal requerido. En este último caso, para tener una idea de la magnitud del problema, según el columnista Iván Duque en Portugal sería necesario un ajuste de 10 puntos del PIB en tres años.

- Por si fuera poco, los precios internacionales de los productos básicos retornaron a la tendencia ascendente de la pre-crisis. El barril de petróleo West Texas Intermediate, según el Economist Commodity-Price Index, se incrementó en 67% entre abril de 2009 y abril de 2010. El mismo índice muestra que los bienes industriales aumentaron en 82% anual, en ese periodo. El índice FAO de alimentos, que registró tasas anuales negativas de crecimiento hasta octubre de 2009, creció al 20% anual promedio en el primer trimestre de 2010; y productos como el azúcar se incrementaron en 81% en el mismo periodo, los lácteos en 64% y los aceites en 30%.

Ese panorama deja varios interrogantes. ¿El problema de la deuda soberana ocasionará problemas en otras economías de la Unión Europea? ¿Habrá un efecto contagio hacia el mundo subdesarrollado, similar al que ocasionó el incumplimiento de la deuda rusa a finales del siglo pasado? ¿Las reacciones de las bolsas del mundo antes del paquete de apoyo de la UE, no son un indicador de la sensibilidad al problema europeo? ¿Las tasas de cambio de las economías subdesarrolladas enfrentarán una mayor apreciación por los flujos de capitales que salgan del mundo desarrollado? ¿Qué pasará con las presiones inflacionarias ocasionadas por los precios de los alimentos y de las diferentes fuentes de energía?

Pareciera que el complejo escenario que presentó Kiril Sokolff en Colombia Compite, de aumento de la inflación mundial, altas tasas de interés y burbuja especulativa de bonos soberanos, estuviera haciéndose realidad antes de lo imaginado. ¿Qué pasará con el crecimiento económico? ¿Vuelve la lingüística al escenario?

Perlas

domingo, 30 de mayo de 2010
Publicado en el diario La República el 25 de mayo de 2010


En el pasado debate del Senado sobre el TLC de Colombia-UE, los opositores de los tratados no pasaron de repetir sus manidas críticas contra el libre comercio. Entre ellas hay varias "perlas".

Para la muestra un botón. Interpretan los críticos que según el coeficiente de apertura económica (exportaciones más importaciones sobre PIB), los países africanos más pobres y Colombia deberían ser más desarrollados que Estados Unidos. Como esa no es la realidad, concluyen que es falso que el libre comercio contribuya al desarrollo.

Olvidan las restricciones que tienen la mayoría de las mediciones en economía. Una lectura adecuada del coeficiente de apertura no puede desconocer la relación entre ese indicador y el tamaño de las economías. Los análisis básicos del comercio internacional muestran que en las economías grandes el coeficiente es bajo porque el mercado interno permite una mayor diversificación de la producción doméstica, especialmente si el ingreso per cápita es medio o alto; en cambio, las economías pequeñas necesitan más del comercio internacional.

También hay excepciones. Una economía grande como China, luego de "gozar" de 40 años de autarquía socialista, no podía fundamentar su crecimiento en el mercado interno por tener una de las poblaciones más pobres del mundo. Por eso dio un viraje de 180 grados en 1978 abriéndose al mundo parcial y gradualmente.

¿Es en realidad EE.UU. una economía más cerrada que Colombia? La respuesta exige examinar al menos dos indicadores complementarios.

El arancel nominal promedio de EE.UU. al término de la Segunda Guerra Mundial estaba alrededor del 40 por ciento; desde entonces ha disminuido continuamente hasta el 3,5 por ciento actual. El de Colombia era cercano al 30 por ciento en el primer periodo y 12,5 por ciento en el último.

Los módulos de comercio internacional de diversos índices comparan dispersión de aranceles, costo de importar y exportar, barreras no arancelarias, y obstáculos al movimiento de capitales, entre otras. En el Doing Business 2010, EE.UU. ocupa el puesto 18 mientras Colombia tiene el 97; en el del índice de libertad económica de Fraser el puesto de EE.UU. es 28 y el de Colombia 118; y en el de Heritage 37 y 103, respectivamente.

Si los críticos siguen creyendo que Colombia debe reducir su coeficiente de comercio internacional, porque presumen que EE.UU. es una economía cerrada, o que la apertura de los noventa nos volvió una economía abierta y esa es la causa de todos los males del país, no pueden estar más equivocados.

Ojalá recuerden que el abandono de la autarquía en China redujo en más de 500 millones su número de pobres. Según Martin Ravallion, del Banco Mundial: "El éxito de China apunta a un hecho genérico: Los mercados más libres pueden satisfacer los intereses de los pobres".

Si por aquí llueve…

lunes, 17 de mayo de 2010
Artículo publicado en el diario La República el 12 de mayo de 2010

El sistema tributario colombiano ha sido criticado en las últimas décadas por la maraña de tarifas y de exenciones. Coloquialmente, se dice que nuestro régimen tributario no lo entiende ni un brujo, lo que fomenta la informalidad y hace oneroso el pago de los impuestos.

Nadie niega la necesidad de una reforma estructural que simplifique tanto la parte de impuestos como la de gastos. El mundo ideal sería un régimen tributario limitado a pocos artículos estableciendo la tarifa de cada impuesto, que debería ser plana y de aplicación universal; por supuesto, estableciendo la progresividad en impuestos como el de renta. Una regla de oro en ese régimen sería que la política redistributiva y la de incentivos no se hagan con los ingresos sino con los gastos.

El problema es que no es tan fácil lograrlo. Basta recordar la propuesta del exministro Carrasquilla, que no pasó de los primeros debates en el Congreso. Por eso no tiene sentido la crítica de la supuesta incapacidad del gobierno para corregir el déficit fiscal.

Sobre este punto hay tres aspectos que vale la pena recordar. En primer lugar, entre 2002 y 2008 se lograron reducciones continuas del déficit fiscal, hasta el mínimo en muchos años en 2007 y 2008. En segundo lugar, la crisis mundial forzó a la mayoría de las economías al uso políticas fiscales expansivas, que obviamente incrementaron el déficit. En tercer lugar, los críticos, especialmente aquellos que fueron ministros de hacienda, no tienen en cuenta la historia de la cual venimos; se olvidan que antes de 2002 ni intentaron reformas estructurales ni la reducción de gastos, pero en cambio cedieron a la "reformitis tributaria" aumentando las tarifas de impuestos, que hoy hacen a Colombia poco competitiva en el contexto internacional.

Pero hablando de marañas tributarias, no somos los únicos en el planeta. Una nota reciente de The Economist muestra que esta situación por la que tanto se clama y se debate en Colombia es similar a la que se registra en Estados Unidos.

Señala The Economist que "el código tributario federal, que en 1913 constaba de 400 páginas, las aumentó hasta cerca de 70.000. Los estadounidenses gastan 7.600 millones de horas al año luchando con una incomprensible maraña de deducciones, vacíos jurídicos y confusos reportes requeridos... Cada año los contribuyentes piden al Congreso simplificar el sistema. Un increíble 82 por ciento de los contribuyentes está tan confundido que paga por ayuda. Cerca del 60 por ciento contrata un contador o un experto en impuestos, mientras que otro 22 por ciento usa un software de impuestos".

Lo cierto es que Colombia necesita simplificar su régimen tributario y bajar las tasas de tributación a niveles más competitivos. Esa es una tarea que no se puede perder de vista.

Futuro

martes, 4 de mayo de 2010
Publicado en el diario La República el martes 27 de abril de 2010

En Colombia Compite, un grupo de expertos de la firma 13D Research, dirigidos por Kiril Sokoloff presentó sus perspectivas sobre la senda que seguirá el mundo en las próximas décadas.

Estos temas son fuente de controversia y existen diversas opiniones. No obstante, los aportes de Sokoloff y sus colegas resultan valiosos por provenir de investigadores que llevan décadas estudiando estos fenómenos, lo que les ha dado prestigio internacional.

Según estos investigadores, en los próximos años el escenario se caracterizará, entre otros, por los siguientes elementos:

1. Aceleración de la inflación y altas tasas de interés a nivel global, junto con una burbuja especulativa en los mercados de bonos soberanos. A tal situación contribuirán los déficits fiscales de las economías desarrolladas. Como consecuencia serán cuestionados los esquemas de flotación cambiaria y las políticas de inflación objetivo.

2. El desabastecimiento relativo de combustibles fósiles, ocasionado por la creciente demanda, el estancamiento de las reservas y la reducción de las exportaciones. Las secuelas serán altos precios de las fuentes de energía e impactos negativos en el crecimiento de las economías más vulnerables.

3. El cambio climático tendrá graves repercusiones en la seguridad alimentaria de muchas naciones y el efecto sobre los precios de los alimentos golpeará a las economías más pobres. La productividad agrícola disminuirá como resultado de la creciente escasez de agua y del aumento de la temperatura.

Los escenarios lucen un tanto catastróficos, pero muchos analistas coinciden en mayor o menor medida, al señalar que estos problemas se podrían mitigar o evitar, si la humanidad adopta pronto las acciones correctivas necesarias.

Si bien es claro que Colombia no se podrá aislar, es evidente que tiene sólidas ventajas frente a otras naciones. Aún posee grandes recursos acuíferos; las reservas de petróleo han crecido, asegurando el autoabastecimiento; y cuenta con un amplio margen de crecimiento de la frontera agrícola.

Así, Colombia podría ser un jugador destacado en el comercio mundial como exportador de agua, energía y alimentos. Para hacer realidad ese potencial, se requieren decisiones tanto públicas como privadas, no sólo para amortiguar los impactos negativos, sino para no perder el crecimiento proyectado de las exportaciones de valor agregado.

Los grandes retos están ahí. ¿Cómo aprovechar esas potenciales ventajas sin sacrificar la economía no primaria y sin caer en los efectos negativos de la enfermedad holandesa? ¿Cómo frenar la deforestación indiscriminada que acaba con las fuentes de agua? ¿Cómo racionalizar el uso de las tierras aptas para la agricultura, actualmente subutilizadas en otros tipos de explotación?

Lecciones del pasado

viernes, 23 de abril de 2010
Artículo publicado en el diario La República el 15 de abril de 2010


La incertidumbre sigue siendo parte del entorno en el que se desenvuelven las empresas. Y ella, a la vez que hace a los empresarios menos vulnerables a las situaciones adversas, les permite aprender a sobrevivir en escenarios complejos.

Así parece comprobarse en el caso de las medidas discriminatorias que el gobierno de Venezuela adoptó desde mediados de 2009 contra las exportaciones originarias de Colombia.

Un argumento a favor de esa hipótesis es la comparación del impacto de tal decisión con el causado por la imposición del control de cambios en Venezuela en 2003. Aún cuando la caída de las exportaciones fue relativamente similar en los dos casos (33,5 por ciento y 38,2 por ciento, respectivamente), en 2003 el número de empresas exportadoras se redujo en 718 (27,5 por ciento del total); en cambio, en 2009 la reducción fue de 347 empresas, es decir, de 10,2 por ciento. Por lo tanto, es razonable conjeturar que las lecciones de la situación negativa de comienzos de la década han permitido a los empresarios sobrellevar de mejor forma el bloqueo comercial reciente.

Aún cuando es necesario superar la alta dependencia del mercado venezolano, lo cierto es que a nivel de empresas la situación no es tan grave, tal vez por el aprendizaje del episodio de 2003.

Una forma de evaluar ese punto es examinando la dependencia operacional de las empresas. Ella se mide como el cociente entre los ingresos operacionales que cada firma obtiene por sus exportaciones a Venezuela y los ingresos operacionales totales.

Se realizó un ejercicio con los balances contables de 2008 (últimos disponibles), reportados a la Supersociedades. Se obtuvieron datos de 43 por ciento de las 3.387 empresas que ese año exportaron a Venezuela; ellas vendieron 63 por ciento del total exportado a ese destino.

Los resultados muestran que en 83,9 por ciento de las firmas, menos de 20 por ciento de sus ingresos operacionales dependen del mercado venezolano, y que en sólo 7,5 por ciento de ellas dependen en más de 40 por ciento.

Esto significa que para la gran mayoría de las empresas exportadoras la fuente de 80 por ciento o más de sus ingresos operacionales es el mercado nacional y/o las exportaciones a otros países. En consecuencia, son menos vulnerables que las que tienen dependencia superior a 40 por ciento; y en el caso de aquellas que exportan a otros mercados, pueden reorientar con mayor rapidez las exportaciones que enfrentan obstáculos en Venezuela.

Colofón: la experiencia y el tesón de los empresarios amortiguarán los efectos del bloqueo mientras se restablece el derecho de los pueblos al comercio. Las exportaciones totales de Colombia en los dos primeros meses de 2010 son la más altas de la historia para el primer bimestre y están creciendo a 19 por ciento anual… sin Venezuela crecen a 40 por ciento.

Turismo de salud

jueves, 1 de abril de 2010
Artículo publicado en el diario La República el 31 de marzo de 2010


El turismo de salud es uno de los sectores nuevos en los que el país tiene un gran potencial de desarrollo. Por eso es parte de la estrategia de transformación productiva.

Los turistas médicos son personas que viajan a un país diferente al de residencia, para hacerse tratamientos de salud. Esta es una actividad dinámica en la que actualmente participan al menos 28 países, que reciben más de dos millones de turistas y generan 20 mil millones de dólares anuales de ingresos.

Se prevé que este mercado siga creciendo rápidamente en los próximos años. Un estudio reciente de Deloitte ("Medical Tourism: Update and Implications") muestra que en 2007 salieron de EE.UU. alrededor de 750 mil turistas médicos y proyecta que en 2012 superarán los 1,6 millones, con una tasa de crecimiento anual de 35 por ciento.

Entre los factores que están impulsando el turismo de salud se mencionan la calidad, menores costos, limitaciones de cobertura de los seguros médicos, largas listas de espera para algunos tratamientos o cirugías y facilidad y bajos costos de los viajes internacionales.

Según Becca Hutchison, de la Universidad de Delaware, "el costo de una cirugía en India, Tailandia y Suráfrica puede ser un décimo del que tiene en EE.UU. o en Europa Occidental o incluso menos" ("Medical Tourism Growing Worldwide").

Terry Grossman y Woodley Preucil presentaron en Colombia Compite algunas cifras que muestran el potencial colombiano en EE.UU: los costos de un reemplazo de cadera son 8.000 dólares y 50.000 dólares, respectivamente; y de una angioplastia 8.000 dólares y 35.000 dólares.

Hasta ahora Colombia participa marginalmente en el mercado de turismo de salud, pues, según los cálculos de la firma McKinsey, sólo 2,2 por ciento de los turistas extranjeros son turistas médicos. Pero con la estrategia de transformación productiva habrá un giro notable; se espera que en 2032 lleguen 2,8 millones de turistas y generen ingresos por 6.300 millones de dólares.

La fecha parece lejana, pero ya se están dando pasos importantes para cosechar desde el corto plazo: dos instituciones médicas obtuvieron la certificación de la Joint Commission International de EE.UU. y otras 25 están en trámite; se han aprobado seis zonas francas hospitalarias; y una clínica estableció un acuerdo con el Jackson Memorial Hospital de Miami.

La competencia internacional es fuerte, pero Colombia tiene el propósito de mejorar su competitividad, aprovechar las ventajas de cercanía al mercado norteamericano y sacar provecho del prestigio internacional en varios campos de la medicina.

El gran potencial de este sector ilustra por qué es conveniente para el país que la transformación productiva sea una política de estado. Por esta vía se podrá modernizar la economía y ponerla a tono con el siglo XXI.

Exportar o morir

Artículo publicado en Ámbito Jurídico el 29 de marzo de 2010


Los críticos de las negociaciones comerciales afirman que uno de los lemas del gobierno es “exportar o morir”; en su opinión, esto significa echar por la borda el fortalecimiento del mercado interno y condenar a la población a ser una simple consumidora de productos extranjeros ¿De dónde salió ese postulado?. Según ellos, el propio presidente Uribe lo acuñó; así lo afirmaron en un foro reciente en Bogotá.

Una revisión cuidadosa del discurso del presidente Uribe en el inicio de las negociaciones del TLC con Estados Unidos, de la famosa “Maratón del TLC”, de todos los documentos contenidos en la página de la presidencia y de los dos planes de desarrollo, arrojan un resultado nulo a los buscadores de estos términos.

En cambio, en varios documentos hay evidencia que demuestra la ausencia de una tesis tan simplista de la política de internacionalización del gobierno, pues lo que se formula es el necesario complemento. Por ejemplo, el Plan Nacional de Desarrollo 2002-2006: Hacia un Estado Comunitario (página 283) indica que la recuperación de la dinámica de la industria se basa en el crecimiento de la demanda interna y en el aumento de la participación de las exportaciones en los mercados internacionales. Ideas similares se formulan en el Plan 2006-2010 Estado Comunitario: Desarrollo para todos (página 506).

En una intervención en la Universidad de Santander, en abril de 2006, el Presidente Álvaro Uribe planteó esa relación de forma explícita, haciendo énfasis en su impacto positivo sobre la pobreza:

"La lucha contra la exclusión, la inclusión de los sectores pobres en las
corrientes dinámicas de la economía, es un imperativo nacional. Eso tiene
un contenido social y un efecto económico. El contenido social de reivindicar sectores excluidos, y la consecuencia económica de darles capacidad de demanda, con lo cual se amplían nuestros mercados.

Por eso no es incompatible con estos tratados de comercio. Al contrario, yo creo que se crea allí una convergencia necesaria. ¿Por qué? Porque nosotros solos o solamente en la Comunidad Andina no vamos a captar las inversiones suficientes que se requieren para poder darle a la economía la posibilidad de incorporar a sus corrientes dinámicas a los sectores más pobres".

Entonces ese dilema, que nos han tratado de proponer, entre la tesis económica de reivindicar a los pobres y ampliar el mercado interno por la vía de reivindicar a los pobres, que se opone a la tesis económica de buscar mercados de exportación, es un falso dilema.

A más mercados de exportación, más interés inversionista. A más inversión, mejores posibilidades de reivindicar los sectores pobres
históricamente excluidos".

Esto demuestra que el planteamiento del gobierno no ha sido fortalecer el comercio internacional abandonando el mercado interno. Las relaciones comerciales con el resto del mundo son una palanca de crecimiento con fuertes encadenamientos en la actividad productiva, que genera empleos y fortalece el mercado interno.

Si es tan evidente que el lema de “exportar o morir” no es una invención del gobierno actual, entonces ¿de dónde surgió? Según algunos analistas, la frase fue acuñada en la década de los noventa por Gonzalo Sánchez de Lozada, presidente de Bolivia en dos ocasiones (1993-1997 y 2002-2003), con referencia a la necesidad de vender hidrocarburos a los países vecinos. Mordazmente, un comentarista escribió que “el país meditó mucho, entendió el mensaje y decidió exportarlo a él”.

A partir de ahí, los movimientos de oposición a las negociaciones internacionales se “apropiaron” del eslogan para aplicárselo a cualquier formulación de política económica que haga referencia a la integración a las corrientes del comercio mundial. Una sencilla búsqueda de esa expresión en internet muestra que la mayoría de las referencias corresponde a opositores al libre comercio.

El problema es que no son consecuentes ni consistentes con sus argumentos. Basta que una figura destacada del panorama mundial diga algo que pueda ser utilizado para criticar al gobierno, para que los críticos criollos lo adopten como propio, sin tener en cuenta las contradicciones en que incurren.

En su discurso en la Cámara de Representantes el pasado 27 de enero, el presidente Obama señaló: “Debemos exportar más bienes. Porque, cuantos más productos fabriquemos y vendamos a otros países, más puestos de trabajo tendremos aquí. Por tanto, esta noche, vamos a fijarnos un nuevo objetivo: duplicar nuestras exportaciones durante los próximos cinco años, un incremento que sostendrá dos millones de puestos de trabajo en Estados Unidos”.

Las lecturas rápidas de estos anuncios han proliferado. Como en ese discurso Obama también hizo referencia a la importancia de aprobar el TLC con Colombia, los críticos interpretan la frase citada como evidencia del objetivo de Estados Unidos de invadir de mercancías a nuestro país; y deducen de ahí, que es un error del gobierno su empeño en la aprobación de ese tratado por parte del Congreso estadounidense.

En su afán se olvidan de calificar la propuesta del presidente Obama como una manifestación más del “exportar o morir”. También olvidan su calificación a Estados Unidos como una economía cerrada. Peor aún, no ven que la propuesta destaca los argumentos sobre el impacto que tiene el comercio internacional en el crecimiento económico y en la generación de empleos; son los argumentos que aportan la teoría económica y la evidencia empírica, pero que los críticos se niegan a aceptar porque se quedarían sin discurso.