El dilema: ¿Privilegios o tributación?

viernes, 23 de septiembre de 2016
Publicado en Portafolio el día 23 de septiembre de 2016

Tan arraigada está en Colombia la costumbre de tramitar reformas tributarias fiscalistas, que todos los sectores de la actividad económica, e incluso diversas instituciones al interior del mismo Gobierno, ya tienen elaborados los argumentos para limitar los alcances de las propuestas que puedan tocar en algo sus intereses.

Basta ver las reacciones desde algunos ministerios por el recorte del presupuesto para 2017. O las declaraciones de diferentes sectores ante las posibilidades de ampliar la base y aumentar la tarifa del IVA. Pronto manifestarán a la opinión pública (y especialmente a los congresistas a cuyas campañas aportaron) los apocalípticos argumentos de siempre: si tocan sus privilegios, pondrán en riesgo su actividad productiva y el empleo de miles de personas.

Es hora de cambiar esa mentalidad. El país necesita tramitar una reforma estructural con el principal objetivo de modernizar el estatuto tributario del país y acercarlo a las buenas prácticas internacionales. Es crucial tener en la mira el planteamiento de Luis Alberto Moreno, presidente del BID: “debemos encarar con rigor y decisión la reforma de nuestros actuales sistemas tributarios para que se conviertan en auténticos instrumentos de crecimiento y desarrollo inclusivo”.

Debe perseguir la reforma tributaria varias metas. La primera es bajar las elevadas tasas de tributación efectiva de las empresas y aumentar la de las personas naturales.

La segunda es sustituir los ingresos de la renta petrolera y, a la vez, aprender de la lección reciente; se deben crear los mecanismos para evitar la financiación de gastos permanentes con ingresos temporales, como los impuestos transitorios y las bonanzas de productos básicos.

La tercera es mejorar la eficiencia de la administración de los impuestos y luchar frontalmente contra la evasión y la elusión. Diversos cálculos muestran que los recaudos que se pierden por estos conceptos equivalen a varias reformas tributarias de las que se han cursado en los últimos años.

La cuarta, recuperar la capacidad de la política fiscal como instrumento efectivo de redistribución. El coeficiente de Gini de Colombia queda prácticamente inalterado antes y después de la política tributaria, mientras que en las economías desarrolladas se reduce sustancialmente.

El Gobierno y todos aquellos agentes de la sociedad civil interesados en mejorar la calidad de las finanzas públicas deben estar alerta a neutralizar la proliferación de cabildeos por parte de los intereses privados que querrán evitar el desmonte de sus privilegios, o “incentivos”, como eufemísticamente prefieren llamarlo los puristas.

Cada sector debe hacer un balance entre los beneficios de bajar su tasa de impuesto de renta del 43% al 30% o 35% y los costos de “perder” una exención o un subsidio específico. Hay que contrastar las ventajas de menores tasas impositivas en la competitividad y la ampliación de mercados, con los problemas de equidad horizontal que plantean los privilegios tributarios para unos pocos.

Si en esta ocasión el país no logra modernizar el estatuto tributario y la guerra del lobby se impone, repetiremos la historia de tantas reformas tributarias: el Gobierno habrá solucionado su problema de ingresos por unos pocos años, los dueños de los privilegios los mantendrán o los aumentarán, la tributación será más enmarañada que antes y el impacto tributario negativo sobre la competitividad se perpetuará. ¿Qué le conviene más a Colombia?

2 comentarios:

SALOMON MAJBUB MATTA dijo...

Este ha sido el dilema de siempre. y la verdad hay primacía de los intereses particulares. No existe una fuerza legislativa y gubernamental ajena a los intereses particulares y en pos del interés general. Por ejemplo que impide una fortaleza mayor contra la evasión...?,será que debemos ver mejores ejemplos de como se invierten nuestros recursos... Como manejar mejor los recursos y no permitir que la corrupción se los lleve ante la vista impávida de todos los colombianos. El impuesto de renta sobre las rentas de trabajo ya tiene un aporte anual de por lo menos 3,6 mensualidades, sin incluir los impuestos al consumo. cual debe ser la realidad...? y cual nuestra contraprestación, la oportunidad de una mejor salud. mejor educación, mejor nivel de vida, es claro que unos debemos ser solidarios con otros, pero el aporte se esta quedando en otros bolsillos. Todavía nos falta el cuento de los recursos del posconflicto, cuando no deberían faltar los recursos ya deben estar son los de la "guerra ha terminado..."

Hernán Avendaño Cruz dijo...

Salomón muchas gracias por sus comentarios y muy acertados. Trascendiendo el tema puramente tributario, la realidad es que la corrupción es el principal cáncer de Colombia. Así lo reconocen expertos como Daron Aecmoglu y James Robinson, cosa que a muchos en Colombia no les gusta.